POEMAS DE OTOÑO

HE PERDIDO

He perdido,

ya no quiero

levantar la voz

un peldaño más alto

de los muros que protegen tu nombre,

ni envolverme en futuras venganzas

cuando la injusticia

pregunte por mi sonrisa de pies descalzos.

Déjame aquí,

en la cárcel del ruido,

sólo necesito papel y carbón

para engañar al tiempo.

Hernán Kozak

ESTOY VIVA

Abrumada por el peso de las hojas caídas en plena primavera,

miro de soslayo de qué manos se fueron cayendo de repente.

Hubo manos que templaron una guitarra y me hicieron temblar;

hubo manos que se aferraron a otras manos para ser más fuertes;

manos que acompañaron una voz para acercármela al oído;

manos que me arrebataron el corazón sentada en una silla.

Y yo entrelazo mis manos con todas esas manos que me tocaron.

Y mi voz se apropia de sus voces para que no se las lleve el viento.

Y sigo temblando, porque eso es precisamente lo que me hace vivir.

Antonia López

ROSTROS VELADOS 

No es tan sólo un día más 

poniendo algo de afecto en mi anteojo. 

Veo edificios envueltos 

en un turbado eco, 

sostenidas apariencias acudiendo  

al ritual encuentro del gentío, 

al torrente de la palabra,  

al gozne de lo social. 

Miradas que indagan 

entre medianas de máscaras, 

acopladas a un tiempo 

extrañas en la usanza. 

¿Dónde fueron los labios,  

los carrillos,  

el hoyuelo de la barbilla? 

¿Acaso te has dejado bigote? 

Qué diría el poeta  

de estos rostros secuestrados   

cual velado espejo del alma, 

como aquellas figuras 

de los templos 

tapadas el Viernes Santo. 

Estamos en duelo, sí,

se olvidó que somos elocuencia 

que la voz es humana, 

y grita bajo un desatendido temor. 

Ana Velasco 

CURA

Restablezco mi equilibrio al verte vagabundear 

por las sombras. 

Me sabe a hechizo tu cuerpo,

y no padezco de dolores. 

Las sombras se nutren de fantasmas,

henchidos,

de otros tiempos.

Pero tú eres venido del cielo,

traído por algún dios

cómplice. 

Pino Lorenzo

AL CUERPO

Abrimos los párpados.

El silencio era ruidoso.

Caminamos hasta la colina.

Nos ilusionamos con el paisaje

que brindaban nuestras memorias.

Callamos sin pretender

pertenecer a ningún principio.

La historia ya había comenzado.

Sumergidos en los misterios,

las cataratas oxigenaron la vida 

sumando el reflejo del sosiego

al cuerpo. 

Paqui Robles.

NANA

Princesas vietnamitas florecen de milagrosos manantiales,

bailan descalzas sobre firmes glaciares metálicos y abisales,

danzan hechizadas en el trinar ahogado de verdirrojos ruiseñores

enredados en oraciones de dioses cimbreados por el viento,

voltean locas, infinitas, ajenas al doliente llanto de niños hambrientos

azotados por la pérdida de un amor efímero.

Sombras alargadas serpentean pagodas dulces y exquisitas,

como las frutas exóticas que aderezan tu nombre, 

Los pechos lánguidos y suaves de abuelas inexistentes,  

vierten agónicas lágrimas de antepasados tallados en bambú,

te mecen y susurran caóticos versos de amor en lengua extraña

fragancias de loto, nanas agridulces acompañarán tus lunas,

ante un universo rebosante de nuevos amores.

María González


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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