UN REMOLINO DE VIENTO

UN REMOLINO DE VIENTO

¡Sumérgete! ¡Con eso basta!
Diluidas las formas en la espesura del aire
pareces un niño o un anciano que se rebela.
¿No tienes palabras?
¿No sabes expresar lo que te desafía
delante de tus ojos?
Tendrías que caminar descalzo
sobre las piedras limosas bajo el agua.
El río oscuro lamería tus pies con avaricia.
¿Eres la sombra del pájaro de la mañana?
Cuando lo dabas todo por perdido,
ave fénix, renaces de tus cenizas.
Los días están contados, sin embargo.
No mires como todo un propietario
este cúmulo de amaneceres.
El cielo descansa su pesado vientre
sobre las casas.
En medio estás tú
y tus ambiciones domésticas.
Con una cuchara y una taza de café
intentas redimir tus pecados.
Aquí tienes un remolino de viento
para poner el mundo en marcha.
¡Sumérgete! ¡Con eso basta!
Desde el fondo turbio del río helado
emergerás tiritando a un nuevo día.

Ruy Henríquez

UN REMOLINO DE VIENTO

Hay una dirección que da al mar y tiene entre sus vertientes
pétalos de rosa azul, soleados por las entrañas
de los volcanes.
Curiosas enredaderas con jirones de chocolate
en una gran taza, para que tú también puedas caminar
por algodones de colores y estampes tu firma.
Un remolino de viento vertido en una copa de champagne
que esparce burbujas
por las orillas.

Pino Lorenzo

UN REMOLINO DE VIENTO

En los albores
de la difamia
rejuvenece el ámbito
propicio a la vida.

Siglos en vigilia
abordan el universo.
La palabra lo expande.

Sylvie Lachaume

UN REMOLINO DE VIENTO

Cuando un pataleo sostenido perdura
porque un atropello
esquilmó los haberes de armonía,
es como arrojar las promesas a los gases,
crece un tirabuzón en la entraña
hasta enraizarse en arrebato.
Sus vapores se ensamblan a la ira
creando un remolino de viento
que arrastra manos abiertas
y blancas batas con el pálpito
de miles de pulmones como eje.
Somos hijos de Hipócrates
y nuestro juramento es social
¿No viste cómo aplaudía la gente?
¡Ay! de los que nos quieren débiles
el calor de primavera está cerca
y el tornado incipiente os puede cegar.

Ana Velasco.

UN REMOLINO DE VIENTO

Aquella tarde en el río
un remolino de viento
se llevó nuestro albedrío.
Quedamos desprotegidos.

Ven, devuélvenos lo nuestro
y no seas un mal nacido
que cuando el remolino cese
el viento se hallará perdido
y más que perdido.

Cruz González Cardeñosa

UN REMOLINO DE VIENTO

Un remolino de viento fresco,
hemos perdido mucha hojarasca
buscando una aguja que en realidad
no era más que una paja.

Un remolino de viento azul marino
para que lloren en nuestra cabeza
los pájaros sobre las olas de sangre
para que estalle otra vez el sol,

para que las estrellas vuelvan a pensar,
las nubes vuelvan a hablar su lenguaje
de gestos exacerbados y vuelva el agua
a bajar por nuestra piel hacia la luna.

Un remolino de gritos en la mañana
me ha despertado como viento tu día
urgente como fuego, amable como
este remolino de tierra elevada que dice.

Kepa Ríos Alday

UN REMOLINO DE VIENTO

El viento del cuerno,
de la calle ascendente,
de un mirar que retumba.
Alguien grita en el hueco
y de la sombra del remolino,
caigo, caigo sin vacilar.

El tiempo con sus estrofas,
piel de tierras ancestrales,
piel bajo la luz,
piel del zaguán
que escupe un nombre.

Ahí, adentro del muro,
respira el remolino.
Se marcha el pájaro
de la tempestad,
las hormigas aprenden español
con la velocidad
del caballo vegetal.

Salen de los poros del asfalto,
ojos carcomidos por
una alta esperanza.

La tierna lengua cotidiana
gime en la puerta de casa.

¡Ven! Los pechos abundantes
han vestido letras embriagadas.
Está el antiguo corazón
y mi cuello ennoblecido por el canto.

Clémence Loonis

UN REMOLINO DE VIENTO

La atmósfera de mi boca respira
donde se secó el tabaco.
Con corazón de lino claro
hubo una ausencia de venas y de escaparates.
El disparo fue certero y como una herida
profunda se fugó el calendario.
Recibí una negrura en la noche
aún más honda que el pescado.
Aprieto los dientes pero el rostro va pálido
¡Ahí va el loco derrotado!
Con su molino de viento, sin fecha en el calendario.

Laura López

UN REMOLINO DE VIENTO

A veces, en el instantáneo paraíso, aparecen furtivos
sortilegios, que atraen a las ratas y dispersan el formol.

No quiero que acabe esta soledad…

Que la leyenda de los objetos de cera me juzgue, rosácea
arena del tiempo fugaz, la tímida geografía
fecunda, ángeles del fin… Besos de la cólera
prisionera del cráter gomoso, fanáticas crisálidas
en el hueco, que tiemblan en el ático de las medusas.

¿A caso no entiendes de tinieblas, y está dispuesto,
este destino así, para provocar a los ecos, hasta su vértice?

Palmo a palmo, saboreo el deseo, la cerrazón
de esta sepultura aún caliente entre los médanos,
entre sus pirámides consagradas de idolatría narcótica.

¿Qué queda de ti, entre las malezas de los días de pedrerías?

Nada más que una mortaja, nada menos que un sillón
encadenado, tu piel deshojada de fantasías,
despojada hasta las vísceras, ni una ración del edén,

¿Qué sueña contigo?

Un rubí escondido en la memoria, los hálitos de la guerra
y los retazos del esplendor de los años.
La contradicción de un ejército de núbiles maniquís.

Un reino inalcanzable de ámbar, un dios del corazón
de óxido, la desnuda cámara de ojos impíos,
juzgando, entre los reflejos y los fértiles miedos que erigías,
sobre el pulso de las hojas raídas de esta farándula.

¿Dónde crece el paraguas de tu pena?

En la caída al arrecife, ni una cáscara en el jadeo
de la cascada, tejida entre las lámparas del mediodía.
Lenguas frágiles persiguiendo un destino de látigos
salvajes, en el éxtasis de las bocanadas, jirones y pólvora
en la sinuosa corriente de las puertas áureas.

Las que abren las raíces del olvido, del pétreo
lunar en las vociferaciones, entre ramas mortíferas,
hambrientos filamentos, que vagan esculpidos
por los conjuros de la hechicera
y las furtivas letras de la galería.

No quiero que acabe esta soledad…

Y volar con la libélula,
arrastrarme al vacío de alegorías…
Con los lápices en la mano, trazar mi camino:
una brújula caótica,
en un remolino de viento,
y fundirme en el éxtasis de su llama carmín.

Paty Liñán

UN REMOLINO DE VIENTO

La tarde se puebla de aromas cálidos,
de risas despreocupadas,
de brisa fresca.

El cielo se continúa en el mar,
la invitación al goce,
la tentación de lo efímero.

La vida en segundos,
pasión desordenada,
instante pleno.

Se transforma la delicia,
se desvanece la calma.
El poder natural,
intenso remolino que altera,
asoma a otra realidad.

Carla Bianco


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SIN LÍMITE

SIN LÍMITE

El alba traza sus designios;
el rugido del mar los aprueba,
sin límite.

Te miro a los ojos y, sin límite,
me pierdo en mi corazón.

Los ángeles anunciadores
se olvidaron del mensaje
y vagan, sin límite,
en el confín de mis deseos.

Aprobaré el silencio sin ternura
que glorifica tu ausencia.
Estoy, sin límite, frente a mi destino.

Sylvie Lachaume

SIN LÍMITES

Los olores de las ciudades se llenan de tristeza.
De los solitarios almendros advierte
el itinerario nauseabundo de majaderos inhóspitos,
emponzoñando los recuerdos de los viejos.
Litros de furia se desvanecen debajo de sus sesos.
El perfume destila su hombría
y quisiera abrir todos los corazones.
Pero una voz le dice “no sin límites”,
que ya auscultó el viento,
y se dejó la piel en muchos atardeceres.
Ahora frecuenta los bares en busca de nuevos almendros
que le diviertan la tarde.

Pino Lorenzo

SIN LÍMITES

Que no hay verdad
ni en el viento que cruza tus vocales.
Que el corazón te late
en trenes de espuma que llueven sobre los espejos.
Que el frio golpea tu sonrisa
en la tierra que rodea tus pies de lana sucia.
No se trata de hablar
sino de que alguna vez digas algo.

Hernán Kozak

SIN LÍMITES

¿Dónde vas, vanidoso desdichado?
¿Te crees águila de encanto sibilino?
O quizá, te confundes, con los vientos
que se acumulan en tus ojos de cadáver malherido,
agnóstico delirante, mastuerzo de la lírica
que gira y gira, mientras los más valorados
se esconden en tus intentos de salud,
aplaudidos entre bambalinas,
por las místicas cadenas de lo igual.

Afrentas de mujeres sin límites
que de nada se lustran,
pero se vanaglorian de clamores olvidados,
odaliscas vencidas por la paz
cuando estallan las balas
que bombean el almidón de la guerra
entre acordes de eterna juventud,
desaliñados y maltrechos.

Alcantarillas donde habitar las penas:
descomposición de gritos solitarios
de muertes abandonadas entre los escombros
como fósiles de hombres sin palabras
que miden sus armas con sangre.

Magdalena Salamanca

SIN LÍMITES

No tenía límites aquel abismo
por el que había comenzado
a caer. Bajaba como en círculo,
hacía muchos años que bajaba
el nivel de vida en su país.
Las empresas hacían guerras
para mantener a los poetas
a las puertas, siempre en ellas
esperando el brillo del final.
Pero el final nunca se abría
y sus palabras seguirán cayendo
en el saco roto de la felicidad.
Caía de red en red como si abajo
más abajo fuese a encontrar
finalmente el punto donde
desemboca la existencia, el punto
donde confluyen los abismos,
punto final del poema es:
el punto negro que brilla en tu mejilla
el punto negro que brilla en el pozo
insondable de tus deseos. Punto
porque en él termina mi mirada
en él termina mi tiempo, y negro
porque en él terminan,
las luces de nuestro universo.

Kepa Ríos Alday

SIN LÍMITES

Todo empezó por un gesto
su mirada atrajo mi soltura
sin darme cuenta se llevó mi sonrisa,
hasta lucí una calva de tanto tomarme el pelo,
a punto estuvo de dejarme sin palabras
pero cuando quiso robarme el corazón
un tsunami hizo vibrar los timbales
hasta desencajar su arrogancia.
Hoy la resaca acicala mis manos.

Ana Velasco

SIN LÍMITES

Sin límites era tu amor,
no ilimitado, arriesgado
como cascada sin fin
o roca sin orillas.

Busco dónde asirme,
a quién decir mis palabras
y, bajo una máscara de inocencia,
una voz sin armonía
va marcando los días.

Cruz González Cardeñosa

SIN LÍMITES

Sin esperas, sin límites
en el cadalso para la ejecución del verbo.
Sin escindir la cerilla o el viento atrapando la fonética
de los siglos más caóticos.

En la ceguera del árbol, en el recorrido lento
de las aguas del río, del arpón del médano,
en la sinfonía del murmullo, el jadeo lejano
de la escarcha, entre los escalofríos…
Sortilegios del tiempo a tientas, sin dejar escapar
las burbujas del glaciar más prístino.

Hemos creado la guerra entre nuestros cabellos…

Es angosto el deseo de llenar con luminarias, las dentelladas
que nos persiguen, es la puerta débil y sonámbula,
rodeada de lobos hambrientos, fabricando las brechas
y los muros de vociferaciones en que tropezamos,
a veces, en nuestra odisea de légamo.

Hemos condecorado la soledad, la hemos llenado
de un canto ávido, en el equinoccio afónico de este otoño.
De coágulos secos que envuelven toda la cerrazón
de un inventario póstumo…

Sin lenguaje de hierro, sin símbolos,
ni ecos de plomo, en una telaraña líquida, cáscaras de vísceras
extraídas del pliegue de ausencias, del tacto ácido,
de las garras del silencio.

La guerra en los reflejos de los vidrios,
carnoso el deseo minúsculo, instantes en el fulgor de la lepra,
que roe el plato vacío
donde yacían, en el anagrama, los jirones del diálogo.

¿Acaso es el cielo, o el final de este río, el límite próximo?

Quizás creímos rozar el arma o la huella de la sinfonía
frustrada, de los telones ajados, el vocablo y su vértice
embrujando las letras, urdiendo entre lámparas
fantasma, los clamores de la profecía al alba.

¿Dónde el lugar de esta necrópolis lunar?

¿A dónde iremos a parar, si no al territorio de hechizos,
de consagradas vociferaciones y galerías
anunciadas, dispersando las balas del séquito,
emisarios en el universo ciñendo los lazos de esta anatomía,
esta caverna vigía entre tus manos, acunando el frágil conjuro?

No dice nada de ti, el salvaje océano,
solo que empujemos las olas aspirando su quejido
en la orilla, su última ración del huracán,
y arrastremos a puerto seguro, los dolidos corazones.

Atravesar la pólvora, el jardín de fósforos,
las gomosas figuras del frío vapor, la condena
inflamada y leprosa en la garganta nebulosa del anfitrión,
que vive escondido e inmóvil, en la recámara vacía.

Paty Liñán

SIN LÍMITES

El tiempo se inicia,
sin marcas ni fronteras.
Pura piel,
queja, goce…

El tiempo continúa,
llanto, ruidos y silencios.
Va cerrando la boca,
a veces…
Va surgiendo la voz…

El encanto de cada gesto,
en las manos que buscan,
tocan… descubren…
Bulle la sangre,
emerge la vida.

Carla Bianco


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UN LUGAR ÚNICO

UN LUGAR ÚNICO

Me instale en esa lágrima,
en las fotos donde la vida
se giraba para mirarnos.
Quise detener el tiempo
y se me rompió entre las manos.
Vi tu inocencia de parques y muñecas,
comprendí que cuidarte era cuidarme.
Las palabras puestas a secar al sol
desbordaban las fronteras invisibles de la prisa
por llegar a ningún lugar.
Empecé a ordenar los colores de la página en blanco,
las escaleras de sal de lo desconocido,
mi traje de los buenos días y hasta mañana,
los guantes del golpe y el verso.
La fiebre se detuvo ante mi risa
y al darse cuenta de que era momento de partir,
se fue, no sin antes hacerme prometer
que le escribiría un poema.

Hernán Kozak

UN LUGAR ÚNICO

Amplios anocheceres cubren de lodo lo que encuentran a su paso,
sin más destino que destruir la flor,
elixir de juventud, que antes fue novedad.
No es presagio ni es estampa,
ni adivinanza de futuro.
Los árboles crecen más allá de sus nostalgias,
alumbrando el verde de los días venideros.

Pino Lorenzo

UN LUGAR ÚNICO

Estamos aquí nosotros inquietos
en un lugar que sólo es nuestro.
Un lugar que empieza en mi boca
y termina en la tuya, empieza
en este poema y termina en aquel.
Es un lugar desierto, aquí podemos
caminar que es muy sano y hacer
contorsiones de pequeñas alimañas
que no saben lo que hacen. Aquí
podemos no saber lo que hacemos.

Estamos aquí nosotros inquietos
en un lugar que no nos pertenece.
Un lugar sin límites que siempre existió
y no tiene principio ni fin, estaba
antes que todos los lugares y estará
cuando desaparezca el universo.
Aquí ángeles y demonios,
basura interestelar, el oro y las heces,
aquí está la palabra de Dios y el improperio
del joven rebelde públicamente ajusticiado.

Estamos aquí nosotros inquietos…
este es el único lugar donde estamos.
Este es nuestro lugar, por favor,
escúchame cuando te escribo
desde este lugar desconocido
donde no paramos quietos, este lugar
que es ahora y nunca. Y es donde
nos hallamos siempre de paso
eternamente pasando como vidas pasando
por la ventana de este tren que corre.

Kepa Ríos Alday

UN LUGAR ÚNICO

Es urgente. Hay estrofas en las cornisas.
Con porte arbóreo y acento inconfundible
toman la quietud del frío.
Se posan en el ruido de vidas subterráneas,
en pedazos de ciénagas oscuras
en el ojo ciego del mundo.
Dénles de comer que en sus grandes llanuras y grietas
hay crepúsculos y mares
amasen la vida con levaduras
que los silencios homicidas circulan
y hay que aventar las parvas
arrancarle ya a la noche las gramíneas
y nada más que vivir.

Laura López

UN LUGAR ÚNICO

Era esmeralda y rubí
un turbio espejo que desorientaba
la mancha que enciende tu corazón.

Amatistas buscando la perla perdida,
un lugar único,
innombrable.

Cruz González Cardeñosa

UN LUGAR ÚNICO

En un lugar único, muy lejano, ya estará atardeciendo…

Esta oscuridad que me persigue,
esta luz que me atenaza, entre los azules
del ventanal.

Hay una boca oscura que se escurre por mi melancolía,
un carnoso pentagrama, entre el tic tac
de las agujas del reloj escarlata, que desbordan
a través del embudo fantasma, una ceniza furtiva
en el depósito de los vidrios lunares.

Esas pequeñas criaturas de luz que pertenecen
a los vuelos de las estelas, al muestrario fantástico
que muda entre las sílabas de una estación temprana.
Es el último haz de luz entre los cadáveres,
crea ejércitos caóticos, en el desértico
escenario de hambrientos musgos de carmín,
brasas dóciles que trajeron los ángeles,
lagunas de siglos, anagramas de selva,
sortilegios nebulosos de la cólera.

Bajo la sima de la necrópolis
de este mar profundo, esta brisa que jadea,
se mueve, retuerce por inhóspitos paisajes
de este muro de vociferaciones nocturnas, océanos
de espuma atrapada que inyectaron olas fecundas
en sus aguas cerúleas…
En el lodo, el negro estío, un escalofrío, un mortal resplandor
en la combustión irracional, en el tejado orgánico
una lima en lenguas inmóviles, que contemplan el patíbulo,
en los sortilegios del prado último de la creación.

Y ese mar, esa arena rosácea germinó
en corrientes rubí, atravesaron los centelleantes
misterios, hambrientas galerías, rocas que sudan
entre antorchas que reclaman la gran fonética,
la estirpe que canta, pliegues nebulosos del látigo.

Ahora, están en mí, en este adiós
que abre la brecha, certeras dentelladas que proclaman
la rebelión, en masa, de la tribu.

Paty Liñán

UN LUGAR ÚNICO

La mañana trae noticias cada día.
Sereno diálogo del viento entre las hojas.
Caricias en trinos, aliento a despertar.

Fluye la vida, sin pasado ni futuro.

Presente alargado,
absuelto de todo pecado,
las plantas y sus flores se entregan cada día,
cada estación, cada momento.

Un lugar donde el invierno es verde
y el verano muy azul.
Sin descanso continúa, con cada mañana,
belleza sin fin.

Carla Bianco


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POEMAS A MIGUEL OSCAR MENASSA EN SU CUMPLEAÑOS

POEMAS A MIGUEL OSCAR MENASSA EN SU CUMPLEAÑOS

LA PELEA
A Miguel Oscar Menassa en su 82 cumpleaños

En la pelea con la vida el poeta se sube al ring
y sacude versos con piruetas inmortales.

Dale, Menassa, dale.
Este cuadrilátero que te habita
descubre la bondad de un sabio
cuando los golpes se hacen poemas.

Aplástalo, Menassa,
la campana suena en cada resurgir
y la luna advierte ser tuya
buscando los vértices de la palabra.

Se suceden los aplausos,
el sudor invade los días,
los golpes son caricias que sueñan
la magnitud inconmensurable de tu canto.

Fajador de destreza máxima
no existe contrincante que te derribe,
siempre una palabra combate la verdad:
“Un menassiano siempre cae parado”.

Nunca tiras la toalla, nunca en ti hay vencido,
un hombre de danza y puño que no renuncia
al baile donde los pies juegan para distraer al réferi
mientras los asaltos convalidan tu éxito.

Permanecen la diestra y la siniestra en un empate
donde la mirada abre los recuerdos,
frases certeras que tumban al más soberbio
pero el tiempo toca la campana que nos salva.

Sparring de tantos, vistes los trajes más brillantes,
conquistas las puntuaciones más altas, sin golpes bajos,
no juzgas, no permites un noccout porque la lucha
siempre está encaminada al progreso, al avance, al amor.

Y luego, desde una esquina neutral, sentado en alguna metáfora,
promueves la suerte a tu rival mientras el árbitro hace la cuenta.
Cutman transformado en médico del alma, compartes generoso
enseñanzas, para que la contienda de la vida nos mantenga en pie.

Magdalena Salamanca

AL DOCTOR MENASSA EN SUS 46 AÑOS EN ESPAÑA

46 años en España,
tampoco es moco de pavo.

Agarrarse a la meseta castellana
es tan valioso como cualquier reloj de arena,
cada día, cada hora.

El Poeta llegó,
hace 46 años,
a un lugar del mundo
donde pudo crecer,
sembrar versos
que hoy,
hacen de nuestras vidas
un lujo inédito.

Dejarme llevar
por la Poesía
es una de sus enseñanzas
que quiero ejercer hoy,
para celebrar sus 82 años, Miguel.

El brillo de su nombre
trasluce mi vida.
Le deseo un muy feliz cumpleaños,
lo quiero vivo.

Sylvie Lachaume

PARA MENASSA EN SU 82 CUMPLEAÑOS

Escribirle a un maestro del trabajo
un soneto que no quiere trabajar…
la rima en la belleza es un atajo
fácil que a Menassa nunca vi tomar.

Menassa llega pronto y va sin prisa,
escribe pronto también, sin cavilar.
Ileso sale, cual mago escapista,
del poema justo cuando va a estallar.

Cantaré sus poemas que me cantan
y que dicen lo que yo quería decir.
A veces se hace un nudo en la garganta,

algún beso se hace eco de elixir
amargo, eco que el polvo levanta
y solo el poeta me ayuda a seguir.

Kepa Ríos Alday

A MIGUEL OSCAR MENASSA EN SU 82 CUMPLEAÑOS

Te iguala la margarita en su marcado designio
de decidir los amores que se cuecen.
Los pétalos arrancados son las lecturas
de los que te seguimos.
Tus síes y noes conforman un mundo al que agarrarse
en tiempos de guerra,
y tu voz sobresale para acallar las dudas
de fantasmas dormidos.
Festejo desde la distancia tu 82 cumpleaños,
marmórea roca
que alza su figura donde el poema esculpe.
Hoy, 19 de septiembre,
celebro la vida en todas sus formas.

Pino Lorenzo

A MENASSA EN SU 82 CUMPLEAÑOS

Te vi cerca del mar disfrutando de las olas,
cantando Tangos: subido a una mesa,
subido al escenario de un teatro,
y al lado del piano celebrando tu cumpleaños.

Sentada en los escalones, porque no había sitio,
te escuché recitar tus poemas y los poemas de grandes poetas.
Sin que nos diésemos cuenta
nos distes clases de puntuación, de dicción, de estar frente al público.

Abriste las ventanas del mundo, de par en par,
para que respiráramos el aire fresco
que nos esperaba en los libros, tantos libros,
tantos autores nombraste con una sonrisa en tus labios
haciéndonos sentir la vida en tu decir.

Hiciste el trabajo de cien hombres y otras tantas mujeres
sin que hiciese falta que movieses tus manos,
sólo un poco de trabajo y tus palabras.

Cuadros, que disfrutamos viéndote pintar,
libros que nos leías mientras los ibas escribiendo.

Tu legado sigue en marcha, ya escuchaste a Freud,
sigue escribiendo, pintando, cantando, haciendo cine…
que el reconocimiento ya llegará.

Cruz González Cardeñosa

FELICIDADES Y 82 REDOBLES
(A Miguel Oscar Menassa)

Un verso
nacido de tus manos
grita el deseo
que lo habita.
Un capote, media vuelta
y te marcas un tango
con la bella dama
que ruge en tus entrañas.
Suenan 82 campanas
desde la catedral de los días,
su regocijo levanta el vuelo
de cientos de páginas
cual vencejos de panza blanca.
El peso de las palabras
apenas las detienen en el aire
y van cayendo sobre tu público
que recoge tu legado
estremecido de tan gran capital.
Se levantan las copas,
es hora de brindar:
¡¡por este aniversario y que sean muchos más!!

Ana Velasco


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“EN LA NOCHE VETERANA” (Benedetti)

“EN LA NOCHE VETERANA” (Benedetti)

Ya no te reconozco,
cambiaste tu perfil por una patria beligerante,
al lado de una nada coclear,
dimensión venida del mal.

Con sarcasmo te has convertido en lo inesperado.

He recorrido las batallas más adineradas,
esas que sin hacer la digestión se hacen desecho.

Su perfume me sigue sorprendiendo,
encuentro manchas de ti entre las sábanas,
y quiero huir, correr, dejar los sueños de lado
y empezar a verte tal y como tú lo has decidido.

Áspero en el contorno de la palabra e
insistente en la persecución,
eres un perro herido, viejo, maltrecho,
abandonado a la desidia de tu propia codicia,
una rata de alcantarilla que ya no tiene alcantarilla.

Pero esto te da igual,
no puedo dejar de pensar en el silencio de tus ojos,
ahora alarmas lucifer
cada vez que se cruzan nuestras miradas.

Almacenamos secretos que nadie ha de saber,
si se descubren cambiarán el rumbo de la humanidad,
ven cerdo indígena, lame tus propias heridas
si quieres que, al menos, pueda perdonarte.

Magdalena Salamanca

EN LA NOCHE VETERANA (Benedetti)

No sé cuándo fue la primera noche.
Le he preguntado al viento y al mar,
al hombre y a la piedra,
al color verde y a las calles
y nadie responde.
La observo y me da la impresión
de que hasta dormida podría abrir su capa
y comenzar el trabajo.
Lleva tanto tiempo
pintando y despintando
las paredes de aquí y de allá,
que sus lágrimas o sus alegrías
han perdido importancia para nosotros.
Palabras unidas a otras palabras
que caen al precipicio.
Pequeños reyes vacíos de tumbas,
ella nos va a sobrevivir.

Hernán Kozak

EN LA NOCHE VETERANA

Veo tus símbolos, escarcha,
en el frío fino de tus quebrantos
en la capa con la que vistes la noche veterana.
Supe de ti en este silencio desconocido
y asomé mis bosques a tus dedos
¡oh escarcha!
se posaron sobre tus hondos bálsamos
y escribí las riberas de un sueño.
Qué distante de mí el día
y qué centella con el aire a tu medida.
Un combate de guijarros mella la noche
y carnívoros tus labios por el trance
se deshielan sin remedio,
Ya es de sangre y de carne y amanece el día.

Laura López


EN LA NOCHE VETERANA
( Verso de Benedetti )

El silencio de la noche
despierta los sinsentidos
de la razón.
Volar hacia la tumba
del Universo.

En un giro estrambótico
perder el norte,
bajo la lluvia nuclear
de tus sueños.

El esplendor del pasado
es un espejo roto,
con ilusiones de marfil.

Sin imagen
el fluir de las palabras
construye un imperio
más allá del cuerpo.

Distribuyo la esencia
de mis vivencias
en un tapiz blanco,
enamorado de sí mismo.

Es violación a la pureza del silencio
que anida en tu pecho.
Siembro estrellas de mí misma
que nunca alcanzaré.

Sylvie Lachaume

EN LA NOCHE VETERANA (Benedetti)

No quieres que oscurezca,
y emites una queja para engañar a la noche, veterana,
y dejarla en sus aposentos.
Todos te miran, como si supieran.
Tu solo descansas, como no sabiendo,
pero el sol te ha dicho un secreto.
El día es más que la luz,
el agua más que el mar,
el aire, más que el oxígeno.
No te das por vencida
y sonríes,
sabiendo que extrañaras
la mano que tiembla.

Pino Lorenzo

LA REINA

Había nacido maniatada como Gullivert
cuando despertó en el país de los enanos,
desde su posición no podía valerse
de los más modernos subterfugios.
Los reyes no engañan, son nobles.
Tenía un tesoro, murió sin tocarlo.
Atada junto al tesoro de la corona
los enanos financieros le daban
el alimento necesario. Las miradas
amorosas de sus súbditos, hilos
que inmovilizan la sangre real,
tiraban de sus sonrientes comisuras,
tiraban de su mano de títere cuando
desde el coche alzaba oscilante saludo.
La mano de escribir se la habían cortado
y cuando habría la boca era para implorar
un poco de comida a los enanos.

Kepa Ríos Alday

UNA MAÑANA LÍQUIDA

Yo quiero una mañana líquida
de sábado,
disolver el silencio somnoliento,
sorber lentamente los alcoholes
de su luz,
despertar un trino en mi garganta,
que no se me atragante la alegría,
y atreverme a pintar en el muro:
“prohibidos los días duros de roer”.

Antonia López

EN LA NOCHE VETERANA (Verso de Benedetti)

Antes de romper el alba
la noche recoge su escueto diario
donde sigue anidando secretos
que finge la mañana,
pocas novedades detienen sus notas:
algún gemido pasional que desclava
el sopor de la vigilia,
apenas una línea al rugir del hampa
que perdió su interés,
casi desterró señalar la clemencia
pues el dolor arquea sus atisbos,
lamenta sin embargo
la profusión de luciérnagas
que invaden su organismo.

Cierto es que creó costra frente
a la desnudez de tantos nómadas
más sigue asidua al honrado faenar
que escolta la luna,
como nadie conoce el raudal
de membranas que callan el insomnio.
Hoy registró con mueca triste
cierta desazón en los murciélagos
y el vibrar de torres de misiles
que husmean su ámbito.

Ana Velasco

«EN LA NOCHE VETERANA»
Mario Benedetti

Suave, tu voz, arrinconaba la nostalgia
en la noche veterana y me sumía
en un ir y venir por los paisajes
de nuestra amada tierra,
con los seres queridos
celebrando nuestra vuelta
y nosotros… ¿alegres?

Pasaron tantos años,
la vida fue dejando su marca
en nuestras manos, la luna
es otra luna porque tus ojos miran más allá
y mis manos llegaron a tocarla.

Me uno a tu melodía y canto contigo
una letra imposible, poesía.

Cruz González Cardeñosa

EN LA NOCHE VETERANA (Benedetti)

La humedad de los cuerpos los envolvía,
con su calor inundaban la escena.
Ardiente síntesis humana,
goce mentiroso de lo eterno.
Desnudos en la bruma de la ilusión,
los amantes despiertan.

Fugaces rayos de luz,
el día se inicia, es hora de partir.

El mundo los espera, los sonidos de la ciudad,
otras voces, otros amores, otros.
El ciclo se reinicia, no hay después,
solo posibilidad y mañana.

Fugaces rayos de luz,
el día se inicia, es hora de partir.

Carla Bianco

EN LA NOCHE VETERANA (Benedetti)

Mi corazón lo sospecha,
pero mi alma lo sabe.

¿Ya no crees en los cuentos?

Apenas tu cuerpo en el caldero tras una madrastra
de trapo, que solo sirvió para tener miedo al obstáculo,
al gran muro de la travesía al paraíso.
Y en el reverso del sollozo entre ácido
y oxígeno, encontraste la verdad.

¿Ya no crees en el parto mágico
de la princesa prometida?

La maestría del deseo ante los tentáculos,
inyectados en las pupilas rubí del ocaso,
en navegantes murciélagos en la caída,
frente al fulgor instantáneo, un nuevo día
que desfonda hacia el dolor
en el tiempo de la encrucijada, el caótico
relámpago que oprime, presentación de la brújula
de los deseos, ojeras en el reloj . . .

¿Qué pecar satisface tu duelo?

¿Quién imprime el vuelo en la retina?

Duele ausencia, salvaje, en la veterana noche…

Y otro día vuelves, otra hora rota,
el brebaje eterno de la salvación . . .

Y peco cómplice entre los jirones del cuerpo,
bajo las estelas de tus vértices,
divido la hoguera en manos y ayer,
disperso las visiones que confunden la llama.

Otra vez, carcomen las rutinas, paladeo los pilares que erigimos
en este profundo universo, y reto a las agonizantes
estrellas que aún lo pueblan.
Dibujo con el lápiz
carcajadas en la galería embrujada, donde lucientes
balas juegan con la contradicción de este mundo,
creado entre mi yo y mi yo.

Entre el temblor y las marejadas,
una asamblea de seres juzga los alambres del pecho,
lo volátil del ser, la disyuntiva de laberintos y cáscaras
que exiliaron con la profecía.

¿Cómo escribo sin aliento?

“Soy tu niebla” susurró el viento en la noche,
¡” yo el vértice sobre el rocío”! habló el rosal,
encaramado a las ofrendas del agua,
a la lírica de las guardianas de plata y ceniza.

Sopla la vela del ayer, pulsa el botón incierto, un ávido
remordimiento entre el frágil jardín de las máscaras
y el látigo lunar que lo envuelve.

Y ahora …
¿No temes al conjuro que urden entre los matorrales
cerca de tu número exacto, de la profecía que envolvió
el rayo con tu paraíso?

Los pétreos lugares que pisaron, los vértigos
de esos pies descalzos, esa pálida arcilla
que dispersa en las manos…
El minúsculo símbolo
punza el modelo lleno de rapiñas, las roídas
huellas carbón de la pólvora desprendida.

Paty Liñán


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DUENDES EN LA MADRUGADA

DUENDES EN LA MADRUGADA

Aúllan las bestias en la noche
irrumpen en corrientes verticales.
Llaman a la puerta tras el alumbramiento
e inundan el paisaje oscuro.
Tras la ventana un golpe,
un ritmo en el cinto del alba.
Y fuimos ríos, lava
en un día con nombre de santo.
Marcamos líneas en la azucena
y de los tréboles arrancamos su gracia.
En el filo del fuego todo es carne,
pájara de un coro de semillas.
Germinan ladrillos y tablas
de este paisaje de cemento.
Dónde la entrega,
dónde el ombligo de la cúspide de las letras.
Me quieres blanca pero también soy oscura,
mestiza de todos los duendes de palabras.

Laura López

DUENDES EN LA MADRUGADA

Orquestan los latidos de la madrugada
con un lenguaje sordo a nuestros oídos.
Entes secretos, misteriosos, esotéricos
pulsan los sueños narcotizados del día,
roen el hueso de nuestras conciencias
resueltas en fotogramas desordenados
que en nada se parecen a tu película.

Antonia López

DUENDES EN LA MADRUGADA

De colores visten la ciudad en horas intrépidas
en la madrugada.
Salen de escondrijos recónditos
alcohólicos, drogadictos, poetas, difuntos,
soñadores de mescalina, consumidores de barbitúricos,
y obsesivos jadeantes del paso perfecto.
En recorridos circulares buscan compañía
torturadores de la palabra,
boxeadores arrepentidos del último golpe,
dibujadores de perfiles inquietos.
Todos seducen en el baile de máscaras
con la luna por testigo.
Incitan conversaciones,
encuentros sedientos,
ser inmortales
por una noche.

Pino Lorenzo

DUENDES EN LA MADRUGADA

Venían con sus canciones saltando
pero como yo dormía se fueron.
Venían con sus amores hablando
pero yo no quise abrir la boca,
se fueron de madrugada los duendes
que enhebraban la aguja del cuento,
los que zurcían de noche los mágicos
augurios de compañía y no me hablan
la fuente ni el árbol envidioso,
fundieron las ideas como grasa
y se secan los estanques sin isla
con su princesa en el medio.
Quién llorará conmigo para celebrar
el orgullo de ser discreto, el orgullo
de tener final en vez de finalidad.
Yo no he sido creado por máquinas,
a mí me escribieron seres limitados
y me subieron al cielo infinito para que
brillara entre las estrellas como los otros
millones de millones de poemas olvidados.

Kepa Ríos Alday

DUENDES DE MADRUGADA
I
Me andan las tensiones del cuello
pero dispongo de madrugadas,
de sueños de pianos, del alquitrán
que suspira elevándose en mi ruta.

¿Quién tendrá el sulfato de presa, el miedo
que se apresura y no regresa al pie del tiempo?

Quisiera apelar a los versos
de una mujer que ilustró mi camino.
A la tristeza que pasea su silueta pasajera,
mitad fuego de espuma, mitad alegría de cuento.

Nadie coloca mi potencia entre los árboles
ni acuesta mis ojos para llorar,
soy la que nace, sonríe y solventa la percha de la mano.

Tendré noches lejanas sin fondo
e invitaré a esa vieja idea de murciélago
a olvidar conmigo la promesa del columpio.

II
Cerré los versos al confundirlos con un aleteo nocturno.
Pospuesta, salté a la silla del decorado
y aplasté los ruidos del denigro.

¿Quién canta a la luz sino el deslumbramiento?
¿Quién se hace llamar y pierde su sombra de cascabel?

Duendes de madrugada apalean a los sin fin,
juntos para la exterminación. Virus del sí,
virus conmocionado por el tesoro corporal,
vienen a detener al sensacional sexo de palabras.

Y lustran sus premios, se regocijan en el mar roto
y cuando los subterráneos de la tierra mugen
con los duendes flotando ¿inocentes?
se arrepiente el pie y se cierra como un verso.

III

Yo sé que la tierra no es redonda ni parca
que hay cosas que sustituyen valores, avaras,
lunas enfrentadas en medio de la salud asesinada.

Y como en el juego está la vida, absurdamente, elijo la fiera diestra.
Ya no pregunto, ni interesa la inocencia guardada.
Voy rodando entre versos como el tiempo que canta.

Clémence Loonis

DUENDES EN LA MADRUGADA

El néctar produce las sombras en las acequias,
las partículas son el polvo en el camino,
luminarias que la luz plaña en la aurora, lágrimas
de un rocío en el pedestal que aúlla,
y el viento ávido de sueños, recompone en pirámides
de otra edad en el jardín del Edén.
Huesos como filigranas soldadas a la hendidura,
relatos de la inocencia que pisotean la geología,
ráfagas del aleteo, óxido en las manos.
Testigos del presagio, de la muerte de la claridad
de esta luna sin argén, sin su erigido ciclón,
señora de la flora, en las nervaduras del invernáculo.
Son seres que pestañean sobre el mórbido
ataúd, entre los retratos de fantasmas, destellos
que zumban y abrazan el vacío.
La fuga de personajes cotidianos, rebelión
entre las estatuas de sal, agua clara
entre los meandros…
Una árida lágrima solitaria
el aura alcanza y yace junto al reflejo
de ebrias olas en las grietas.
El loco carcelero de la angustia, una pátina
cubre la dentellada de espumas del pretérito
en las constelaciones,
veneno que acuña en las órbitas de la llama,
enramadas legiones, rehén del tambor, del pólipo
que respira los tubérculos del sepulcro.
¿Y qué reina querría la mordedura de las calaveras?
¿Qué tienta a las fauces a abrir
sus puertas de par en par,
desgastar su enigma de lámparas efímeras
con la traición como bandera?
Conspiran los coleópteros sedientos del crimen,
trafican hambrientos con gomosas
sortijas prometidas.
Abandonan los caminos los duendes
en la madrugada, las profecías del muestrario
de tinajas que guardaban la bruma, los ojos
de ángeles exhumados, las alegorías
pavorosas, el quebrar del vidrio en la espalda
de los soles…
un recuerdo nace de la savia cana,
llega hasta las manos hosca, sabor agrio
carcome los columpios de caramelo.
¿Qué pesa más en el equilibrio de esas poblaciones
engalanadas con suspiros de cartón,
si tiznan el curso subterráneo del oro,
si envuelven con vendajes el fuego de los tiempos?
¡Ay, cuánto invierno en el infierno han de pasar!
Cuando la recámara es enorme lleva túnicas
osadas, sudorosas del fulgor, de esta dueña
sin su perro, que ladró en cada uno de los costados,
que esfumó deseos embalsamados en las pavesas,
juramentos de falso rubí,
migraciones de las cenizas de latón áureo,
¿Qué sucede con la lluvia, con el humo de la víspera,
árboles ocre huérfanos de la tierra inerme?
Te hiciste víctima de tu propia muerte,
de tu nido de cuervos endebles, de la sinrazón
de los seres adormecidos, tu propia fuente
de enjutas estrellas, cortesana del rumor
en la techumbre de la luz.
Caminas entre espíritus, abejorros de arcilla,
sobre yertas galerías, anagramas de las lenguas lívidas,
que transmutan el silente de las membranas,
en campanas del génesis, en el ápice
sonrisas en letárgico sitial.
Letanías de un león hambriento que en el foso
aguarda, se rige por los embates de la espesura
del temblor, pertenece a una trampa que vuelve,
rebota y anuncia realidades ojerosas, la tensa cárcel
en el subsuelo de los miedos, apartada
entre cabelleras y alianzas de los huesos rencorosos.
¿Y no es cierto, que remar en otros días
al nacer, no es más que un sueño que anhelas,
lleno de ratas mortíferas, trampas y truenos
que pertenecen a los fantasmas del averno?
Son aquellos que moran entre el sabor del sombrío
sepulcro, la memoria del tizón en la noche,
alimañas crecientes en la espesura y la vigilia del alba.
¿Y no será que te vas donde hiere y hierve el portal
de la casa, te da de comer agujas y puñales
en el revés de la escarcha lunar?
¿Es cierto, ángel de invierno que el paréntesis
de la metralla dulce, alimenta el interior de
la nieve pura, prístina y rosácea?
Y puede que en visiones recorras el azul del tapiz,
que botines y distancia no sean más que un metaverso,
un dolor aquí en la orilla, que cubre el cortinaje
que reclaman las espinas, un volcán de heridos amuletos,
un jadeo de la tejedora fanática, la versania
que se cuela en el túnel despeñando a los héroes,
gemidos en la llave del frío, cerraduras vetustas
y se cuelan por su cáscara el brebaje y la hechicera.
Y tú dejas que el emisario te alcance, el curso de las sílabas,
el pulso de los vocablos, esta farándula bravía,
la carátula del éxtasis, una lágrima recóndita,
el ábaco calculando la feroz fauna en el reluz
donde la gangrena te eriza y proyecta en ti la cerrazón.

Paty Liñán

DUENDES EN LA MADRUGADA

Silencio hondo de lugares vacíos.
Espacios abiertos de tiempo perdido.

Frágil humanidad…

Anuncio del fin del mundo.
Arrebato que late apenas, polvo y ceniza.
Simuladores hambrientos de la madrugada.

Eterno retorno…

Amanece, y el conjuro de tus sueños será olvidado.
Rayos de luz, salvadores repetidos cada amanecer.

Anuncios de otro inicio, recién comienza.

A la frágil humanidad,
con la misma soga que la ataban, ahora…
la rescatan.
En nuevas escrituras, en otras historias…

Carla Bianco

DUENDES EN LA MADRUGADA

Duendes en la madrugada
de algún insólito verano
atravesado por el tiempo
de nuestro trabajo
y de nuestras vacaciones.

Distraída de mí
observo entre los colores
tu cuerpo desnudo
entre las letras,
produzco con ellas
un futuro.

Cruz González Cardeñosa


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BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Bajo el manto negro de la tarde
aún puede verse un resquicio del día.
No es el oro reluciente de la tierra prometida,
pero un hilo de luz puede salvar aún
a quien la noche acoge en su seno;
hacer de él un extranjero que descubre
su hogar en un lugar remoto y desconocido.
Mirar atrás, como quien recuerda un sueño,
pensar en las tardes de soledad y de lluvia,
en la tierra removiéndose salvaje,
desprendiendo sus olores feraces,
no le hace añorar más el tiempo perdido.
Ya sabe que morir morimos todos,
que ése es nuestro único destino.
Sufrir por no volver a ver los sitios queridos,
no tiene sentido.
Basta cerrar los ojos para comprobar
que sigue siendo el niño que,
subido a lo más alto de su casa,
soñaba con viajar lejos y descubrir
su propio camino, desafiando a su madre.
Las estrellas que antaño divisara,
en la noche desnuda y abierta,
han cambiado de lugar en el cielo.
Pero el hombre sigue temblando,
como ya hiciera en su infancia,
ante el lejano fuego que parece llamarlo
en la oscuridad de tan vasto océano.

Ruy Henríquez

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Al corazón de la tarde
le han robado sus alfombras
y ya no puede volar
pues ha olvidado
cómo se deletrea la palabra amor
cuando se mira a los ojos
y no se ven más que lagos inmensos
abrazando ese calor.
Como si el llanto de las gaviotas
pudiera con esos muros…
Como si el ruido de los cementerios
en el chocar de lapidas
pudiera detenerse en las nubes
antes del diluvio.

Hernán Kozak

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Bajo el manto negro de la tarde
tus manos parecen mariposas asustadas
queriendo protegerse de no sé qué fantasma,
de no sé qué ilusión desenfrenada o maltrecha.

¿Quién vendrá esta noche?
¿Quién dejará su marca en mi piel?
¿Bajo qué máscara surgirá el poema?

Cruz González Cardeñosa

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Gritaban un número en la cafetería
y no podía levantarme de tu recuerdo
no podía renunciar a tus manjares rosas,
tal vez se referían al número final.

Era fácil alimentarse de ti en aquella
cafetería para pollos amarillos, allí
todos comíamos avena industrial pero
a mi amor se le había metido el virus

hasta tal punto que el demonio la usaba
para mirar la televisión impunemente.
Era fácil comer de todo pero a cambio
teníamos que dar envidia a los pobres.

Teníamos que vestir ropa democrática
y hablar sin matar, sin atravesar corazones.
Era fácil protegerse de los peligros externos,
a cambio teníamos que enviar plagas.

Nuestra plaga se llama «pagar lo mínimo»,
ella devoró nuestros campos de flores
por eso este silencio ensordecedor, ella
hizo que las luciérnagas se apagasen.

No hay pirámides para todos, cada cual
debe construirse hoy en día sus propias
inscripciones a no ser que se conforme
con el monótono plañido de las máquinas.

No hay versos para todos, cada cual
debe traer el hueso ya roído de memoria,
debes aprender tu número para cuando
te mencionen para morir en la cafetería.

Kepa Ríos Alday

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Desde este plano cenital soy un minúsculo
punto amarillo en un claro de montaña,
apenas visible para ese avión que atraviesa
un firmamento plano y celeste,
sigo su estela y en su evanescencia
me escucho decir,
¡ojalá lleguen bien!
No sé quiénes son los pasajeros ni su destino,
pienso en la observación y el plagio a la naturaleza
como herramientas humanas de entrañas despiertas.
Una rapaz ha ocupado el ángulo, me observa
no sabría decir por su distancia si es águila o buitre
para ambos podría su presa
no espero, me levanto de un salto
zarandeo enérgica los brazos a modo de saludo,
un vecino me mira atónito
quizás sea él la arista de una coma
bajo el manto negro de la tarde.

Ana Velasco

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Cómo afincar en algún lugar de malvas
los sueños, el paseo de ídolos,
indomables venus cáusticas,
en los vetustos cristales del fértil
despertar, de esta luna enlutada,
en el frágil resplandor del cielo astrífero.
¿Dónde dispersan las tentaciones,
este paraíso que enjaula,
lleva en sus médanos tu nombre
junto a tu enjuto apellido ahogado?
Las porcelanas zumban en el páramo,
anuncian tu perfume secreto,
de dulces sombras tiernas,
sobre la geología de este cuerpo,
en el ardor inexorable
de las hojas, del malévolo
túnel lleno de vendajes,
retratos que pisan el azul de las visiones,
de la lección en las cortinas de la ventisca,
del irrisorio olvido, pilares que erigieron
las ratas con su pátina, el coraje de sus muertos
heredades de los seres, azules hervideros.
¿Qué esperas bajo el manto negro de la tarde,
los años del tapiz, de la aventura y a deshora?
¿Qué cruje en ti?
Si no el deseo de cubrir el hormiguero,
de cuidar el panal de abejas oxidadas,
del rolar de los vientos en el centro
del jardín, entre las furias
del plumaje de la penitencia, del ánimo.
De las paredes blancas de este filamento,
esta telaraña que nos cubre, alimenta
la sangre de los faroles, de la copa rota
que se balancea, entre el espesor del andén,
la oscuridad del beso, que nace entre las vías.
Quiebra, tu pecho, ya roto.
Una excursión ignorante, donde claman las olas,
los corales de la esperanza, las pruebas
del tesoro en la isla de las risas,
levantan las manos tras el sollozo
y el quejido de la rama, entre las sílabas
del amado y lo perdido, encontraron panes
en la techumbre de las manos, un temblor
en la nieve, en las piernas del alba,
canciones en la diana.
¿Para qué proyectan las humaredas,
los posos que infectan este adiós en la piel?
Me cuentas, entre susurros,
en la zozobra de este barco,
entre los rígidos de la madera,
los nudos del olvido fraguan destinos,
espejismos en la gruta,
rebelión de la que emigran,
las ráfagas del hechizo,
grietas que atrapan el tiempo,
desvanes de leyes invisibles
y del polvo férreo agarrando la muerte.
¡Sí, ese polvo que creció entre las ruinas!
¡Ese final, esas migajas en el ápice
de la mentira elaborada!
Dejaste que te arrastrara, te llevó por el cuento,
grano a grano, desmenuza tu sonrisa.
Fue ese humo blanco, el que traspasó,
deshiló tus telarañas, los muros
indomables que poseías.
Y una vez más, me pasó de largo
entre los suspiros, las bocanadas,
esta llama ardiente, cerillas de humedad,
nervaduras de los ángeles,
fauces en la levedad de este juramento,
estas sirenas que avanzan, desenhebran
los jirones, las hebras leprosas que roen
las luminiscencias de la oscuridad.
Los humanoides cercanos tiemblan,
entre cadenas de arrecife, dunas de cera
en un estío caduco, lejanías en las sombras,
en las siluetas de las lenguas,
murallas que carcomen los siglos de maletas,
de un infierno temprano.
El perdón es un brebaje, emisario entre las balas,
una espesura gomosa, exhumada,
un férreo veneno adherido entre voces,
que condenan la maleza de estas letras,
este laberinto errante, burbujas de nubes
yertas, una instantánea de los pilares
del temor, monedas que trenzan
sobre la mordedura de la luz.

Paty Liñán

EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Cada paso será novedad,
ella me lo dijo
no podrás volver,
no te opongas ni lo intentes.

Seductora tentación irreverente,
humanidad empecinada,
humanidad al fin…

Mientras lates, mientras sonríes,
sin promesas, sigue…
Viaja…
Sin recompensa, sin mañana.

Seductora tentación irreverente,
humanidad empecinada,
humanidad al fin…

¿Solo fiesta o puro festín?
Marca del final que da inicio,
del abismo a la luz,
del silencio a la voz.

Cada paso será novedad,
ella me lo dijo,
no podrás volver,
no te opongas ni lo intentes.

Carla Bianco

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

¿Quién impulsa el manto negro de la tarde?
¿Con qué sombra de cartílago humedecemos
el jardín de ese paraíso delirante?

Ya hubo humo, fiebre del agua y se quedó mudo.
Ya hubo boca ardiente con la sangre pelada por sus propias amarras.
Secretos, arenas que izaban mantos con manantiales convertidos.
Manos, siluetas de estanques, mordiscos de cielo.

Bajo el manto, yace un verdugo con mis labios de viento.

Clémence Loonis


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ALMA EN DESORDEN

ALMA EN DESORDEN

Acaso el temblor en las manos
presagie otro temblor más oculto.
La inquietud porfía en el estómago,
acosado por la incertidumbre.
Querría apartar de sí pensamientos,
que parecen recuerdos, pero que no
son más que viejas costumbres.
Piensa si será muy tarde para aprender
todo de nuevo, como al abrir los ojos
después de un largo sueño.
La noche trastocó con sus dedos ardientes,
los lugares comunes; las certezas que
una vida de rigores ordenó en el tiempo.
Y, sin embargo, qué limpio parece todo
cuando no sabes aún que estás despierto.
El sueño perdura en los labios que beben,
o en la lengua que dice frases sin importancia.
La disolución de tu rostro en rostros extraños.
Tu cuerpo se ofrece a unas manos que tiemblan.
El alma en desorden se diluye en la noche,
mientras las estrellas guardan silencio.

Ruy Henríquez

ALMA EN DESORDEN

Fíjate cómo el arrebato de mi alma naciente
escapa por los agujeritos negros de lo cotidiano.

En el desorden de mi día,
lejos de sueños esculpidos
en el mármol de mis ilusiones,
me topo con lo brillante de la vida:
hablar, nadar en el eco de mi voz.

Sylvie Lachaume

ALMA EN DESORDEN

Tratas de desordenar mi alma con extraños
razonamientos de origen animal, tu alma
es un amasijo de frases grandilocuentes,
la mía son estás líneas externas, venas
que suben por mi piel desde el ondulante lecho
portando su negra carga de remotos sudores,
nerviaciones por donde fluye la sabia de ella,
su sabor jugoso de desenfreno palpitante.

Si tu la hubieses padecido, si la hubieses
dejado de sentir por un instante no podrías
volver a caer sin final aunque caigas
en el fondo de tu nacimiento está ella
con su nombre color carne y sus piernas
abiertas hacia aquel lugar donde ya no estás.

Kepa Rios Alday

ALMA EN DESORDEN

Prefiero habitar allí,
en la incertidumbre
del continuo reinicio.
Cada día…
tolerar el no saber,
dando pasos, solo pasos.
Prefiero habitar allí,
donde es tentador el vacío,
su carne y su forma.
Prefiero vivir allí…
en el fondo del desorden.
Fuera del mapa.
Fuera de los indultos.
Sin tregua, dando pasos,
solo pasos…

Carla Bianco

Fíjate cómo el arrebato de mi alma naciente
escapa por los agujeritos negros de lo cotidiano.

En el desorden de mi día,
lejos de sueños esculpidos
en el mármol de mis ilusiones,
me topo con lo brillante de la vida:
hablar, nadar en el eco de mi voz.

Sylvie Lachaume

ALMA EN DESORDEN

Acuñan purpúreas quimeras, un glaciar mortal
esconde entre las azucenas, un polizón
que aletea en la marmita de los sueños quebradizos.
¿Para cuándo la muchedumbre unirá sus pasos
y raíces hambrientas, a los grados enredados
de los corazones de las negras mariposas?
¿Cuándo será que la seda del viento
deslumbrará tus ojos adheridos
a los filamentos sedientos de las fauces?
¿A caso no les creen todo poderosos,
de ese anfiteatro cerúleo?
La cortina toma las encrucijadas,
sopla la fauna osada, el plumaje tormentoso.
-Tiene cautivas la flauta y el veneno-,
el discurso hasta los huesos, mórbido,
invernáculo de fronteras férreas,
alfileres del mes de abril,
huecos en la rosácea nieve de las cabelleras,
de las lunas de sangre.
Son cúpulas donde santiguar, un antídoto
para inyectar en las venas,
en las vetustas visiones que zumban
leyes del ágata más poderoso
que braman la lección heredada de los carceleros.
Calaveras del fantasma que creció
tras la soledad, estelas cenicientas en bocanadas
de un cuento que se desliza en el acantilado
de las lágrimas, una hosca soga
en el último día, del último atardecer.
El frágil mástil insomne que sacudió
el pálido musgo de las profecías
en el revés de las sombras,
en el rescoldo sombrío que oscila
entre el látigo de la sanación
y el sollozo que erigió castillos
y puentes hasta quedar afónico.
-Un conjuro, la llama y el mar-.
Y es tu lengua prisionera de aquel embrujo,
son las manos leprosas, miserables,
muerden la tregua en graneros vacíos,
en el monte de las desgarraduras.
La alcoba que sabe las ganas
de alcanzar la techumbre, del inmenso universo,
juego del mundo, que clava nostalgias.
¿A caso eres culpable, dime, de esta pena
de arcilla solapada en mi pecho?
¿Culpable, en silencio, de la bestia indomable
de la áspera raíz de la esperanza?
Pregúntate, pero hazlo rápido
no vaya a ser que el latir de estas ascuas
me sobrepase, rompas puentes férreos
siendo el adiós de la nube, del destierro
fehaciente que invade la necrópolis
de piedrecitas de ópalo girasol.
Fuimos testigos de las estrellas robadas,
del crimen del amor, de cómo el légamo
penetraba en el curso del río.
Nos carcomió como un cáncer,
sobornó a los ángeles, exhumó anagramas
perdidos en las edades, paladeó verbos
malditos, entre las espesuras de la noche.
Soplos inconscientes en la levedad,
almas en desorden, botines que pisotean,
olvidaron su misión.
Hierven los jirones de un tiempo en desuso,
una explosión en la sima de las lamentaciones,
del fuego efervescente en las almenas,
un estival resumen, un vértigo en el festival
de las espumas escarlata, mágicos coágulos
en el hábitat de la vanidad que hacen rielar
el averno, crepitar los flecos,
lejanías de un nombre en la arena
alarmas que dan puntadas sobre el tapiz,
telares yertos, exilio de remolinos
en el cadozo, bombas fétidas.
Felinos enjaulados en los ecos,
canas medusas sobre el oráculo,
se ciñen a un laberinto de hierro,
lazos emigrantes miembros de la sal
junto a las mareas bravías en el clamor,
un número en el rayo al alba.
Viudas sirenas llegan ataviadas de nácar,
descansan en el sitial de los deseos,
espejos caminan tras el muro,
esponjas de oro se esconden
tras el vendaje de la neblina.
El viso de las túnicas, junto a los ataúdes,
la inmensidad alígera de los pétalos,
perlando las calles, en este día,
en esta hora tardía.
¿Qué sientes en esta boscosa inalcanzable
de cielo y nubes que cae sobre tu tiempo?
Crece ya la sangre, entre los meandros
de tu cuerpo desnudo de vida,
entre los resplandores fugaces,
donde un ardiente polvo remueve las entrañas,
atrae al viento en una diástole glaciar
y abandona tus ojos de garzo.
Un paréntesis se crea entre la metralla
funesta, una pátina que ya cubre
tu féretro, cautivos pliegues que salieron
de tu boca de mimbre, del pecho de molino,
de esas manos pétreas con las que erigías
castillos tras el rumor del sol.
Retratos de cera que, palmo a palmo,
fui guardando, entre soplos de luminarias,
fabriqué brebajes de cantos,
grazné escondida en la máscara
de dinastías y ofrendas, siendo hechicera
y guardiana, de esta urdimbre de telares secretos.

Paty Liñán

ALMA EN DESORDEN

Llegué por los crepusculares vientos del otoño
¡Cómo te busqué sin encontrarte!
con tu chaleco de ocasos y el silencio de las flores.
Los rastros que tu espíritu contienen
aguardan al fondo de las citas.
En el humor, gota de luz,
agua y espuma,
inventaste los colores.
Y yo soy los segundos de los tránsitos
que se detienen y la pulsación del símbolo.
Silbo en las riberas contra el torpe muro
y yo sé que en lo sombrío
nada saben y atónitos me miran.
Poblada de vetas en una noche solar
custodio todos los misterios
de esta alma en desorden.

Laura López

ALMA EN DESORDEN

Alma en desorden
subiendo hacia la estación del sur
donde las muecas,
apisonadoras del destino,
pretenden cambiar la luna.
No os confundais,
la luz atravesará desorbitada
todo el conjunto de luciérnagas
hasta llegar a lo más profundo
de vuestra alma,
el que no la haya construido,
se quedará sin ella.

Paqui Robles

ALMA EN DESORDEN

Un día cualquiera sin escusa
o quizás sí,
con pretexto,
o quizás no
se dejó llevar por un recelo animal
y la irá atravesó una página
que no debía escribirse.
Nada lo detendría,
es así como los westerns
muestran a los villanos:
morir con las botas puestas
es el símbolo texano.
¿Por qué tus pequeños hermanos?
¿Acaso escuchaste la tormenta
de un desamor descarrilado?
¿Qué sabe hacer un ahogo
con un rifle en la mano?
Preguntas resbaladas
en el llanto de un acordeón.
¡Tanto dolor, aúllan los chacales!
No caben certezas para la desazón,
alma desordenada
el viaje no debió acabar así.

Ana Velasco


ALMA EN DESORDEN

Soy una mujer de frente.
No cobijo al pájaro, vuelo.

Ancha de sistemas solares, pongo
colores en la bandera de la dicha
como quien extiende el himno
de un aire general en el cosmos,
como quien ha largado sus huesos,
su piel colectiva,
su raza decididamente atrasada.

Que murmuren las ventanas del espejo,
que soplen los viajantes del barco infinito,
que echen rosas, centavos o serenidad,
repetiré con la lengua de la estatua.

De frente han instalado el incendio derramado,
de frente claudican en el último compás.

¡Ay de mí, ay de nosotros!
Latigazos del guante.
Se esfumó en el silencio el tacto de la mano,
caen los pañuelos como nieve,
caen los caballos de los cuerpos alisados,
caen las almas en desorden,
cae el adiós.

Soy una mujer de frente,
No cobijo al pájaro, vuelo.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

TU SOMBRA AL TRASLUZ

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Parece solo eso, una sombra.
Pero la luz le ha dado una forma
y ahora es una silueta que avanza
incansablemente hacia ti.
Y su rostro sin ojos te roba la mirada
y su inexistente boca te interpela
y su aparente quietud te ha tocado
y ha conmovido tus contornos.
Y tus costuras se terminan sellando
con sus invisibles hilos de luz.

Antonia López

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Para apreciar algunas cosas
hay que levantarse temprano,
renunciando al sueño y sus encantos.
Después de todo, también se sufre
con los ojos cerrados y dar vueltas
en la cama sin hallar consuelo,
termina amargando a cualquiera.
El alma se agita buscando sin término
y el cuerpo, aunque duerma, no tiene descanso.
Más vale levantarse y desafiar las sombras
que aún se extienden más allá de las manos.
Los ojos, ardiendo todavía por el sueño,
se esfuerzan por encontrar el camino.
Pero conocer el camino no sirve de mucho,
pues aún en los lugares conocidos
se vuelve a sentir que eres un extraño.
La luna, fría como una moneda gastada,
escapa con la noche, enseñando sus últimos dones.
Da gusto lavar la mirada en su agua helada,
sintiendo no haber bebido suficiente de ella.
Tu sombra al trasluz se va deslizando inquieta,
hasta desaparecer en la herida que el sol
va dejando en el cielo.

Ruy Henríquez

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Tu sombra al trasluz
hacia dibujos en mi corazón de estrella
perdida en la noche.
Miles de voces tratando de encontrarte
y tú jugabas a no estar, a no ser
sino ese equilibrio entre las letras,
esa posibilidad.

Cruz González Cardeñosa

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Es tu sombra en mis ojos un eclipse
que no me deja ver lo que hay detrás,
tu presencia lunar opaca el astro
que lanza miradas de volcán

hacia el valle donde pastan los becerros
de oro falso, de baño de oro. Era trasluz
la dorada viruta que saltó del ojo y no
compacto valor de acrisolado sello,

era trasluz, obturación del fruncido ceño,
del avieso pastor de sus ganados y no
regadío de riqueza húmeda en el alma.

El alma era verde, descubrimos en ella
una necesidad de raíces y hojas, necesidad
también de polen y amables insectos.

Kepa Ríos Alday

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Tu sombra al trasluz viste de siglos la historia,
da de comer a los que se acercan,
peregrinos,
a tu palacio.
En dibujos divulgas
los sentimientos de los hombres,
que depositan lágrimas en las esquinas.
No son hombres cobardes,
que huyen del silencio.
Son hombres temerosos,
que se refugian en decires cotidianos,
que balbucean su hombría,
no sea que las ovejas
le vean las orejas al lobo.

Pino Lorenzo

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Y entonces sucedió, llenó el candor
de alas y anunció su resistencia.
En los tiempos, el espesor de las orillas
fabricadas de poesía incompleta,
de anhelos ilusorios,
atrapar el objeto azul,
paneles ignorados en el recreo,
en la búsqueda, que late en las hojas
de esa flor que consume viejas enredaderas,
tierra que respira errantes corazones fósiles.
En esta habitación cerrada
tú no puedes mirar, tú no puedes entrar.
Tú,
la que osó ser adulta y es solo una niña,
que oscila entre los columpios,
salta todos los cuadros del juego.
Solo, una niña,
que parte en un viaje galán,
en la espesura de la tarde.
¿Te atreves a bailar
en la oscuridad con las nubes,
a despertar junto a los perros de la noche,
que gritan en el reverso de luz?
Tu sonrisa junto al muro
de las desgarraduras,
tus falsos besos a esta hoguera
que palpita.
¿Dónde está ahora tu piel de oso?
¿Dónde los huesos en soledad,
analfabetos, de este inventario soterrado?
Y dime, ¿Dónde puedes ahora pisar,
sin que se derrumben las edades de esta herida?
El recinto es una trampa,
una comarca de trazos y escamas.
¡Estás maldita!
Cubierta de un musgo blanco
que te arropa, roe tu membrana.
¿Para quién la orilla de reliquias
y sudarios hambrientos?
¿Para qué los indecisos mares
de espuma caliente salvaje, que alimenta
el curso de las crónicas del agua?
En alguna oportunidad desvalijaron
los rostros, transmutando
en oscuros astros,
el sello de la muerte en tiempos
donde nos aferramos a los soles,
que giran con los deseos
de este frágil sueño.
Los siglos de este maleficio
carcomen tu verdor,
y el tiempo plaña las cáscaras,
entre la mordedura, del lacre
de las cicatrices, de las lamentaciones.
Los vientos queman la techumbre,
los sudarios en el falso cielo
envuelven las almas de los mortales.
Renglones y visiones en el túnel,
tu sombra al trasluz,
demasía del lacre ante los patíbulos,
legiones de arcángeles terrosos.
La beatitud se envuelve
en cavernas de porcelana,
entre los cuadros del jardín
blanquecino de los huesos,
telares de un ácido mortecino.
Entre personajes que descorrieron
letanías de un crimen,
un enjuto tentáculo retrata
en el nácar de la fábula,
férreas nervaduras en el vergel
que anidan en la crisálida del viento,
que turba el cautiverio de la pantera.

Paty Liñán

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Las líneas de su silueta,
los bordes de su cuerpo,
a pura promesa… de otro encuentro, tal vez…
Camina, apura el paso, aumenta la inquietud.
Desborda su deseo,
acaricia la imagen que se hace cada vez más nítida
a medida que se acerca.
¿Será? ¿Es ése su balcón?
Las manos se adelantan, torpes, húmedas…
Insisten en explorar sus pliegues,
insisten en hundirse en toda su humanidad.
¿Qué ambición tan alta será aquella…?
¡Ah, sus palabras!
¿Tendrán la suavidad de su piel?
¿Tendrán el ardor…?
Ambición de poder,
ansiedad de eternidad.
El instante de estar uno en el otro…

Carla Bianco.

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Yo acepto, acepto que tus ojos
dirigen la luz que envuelve el mar,
la catástrofe acuática perdiéndome.
La agresividad de ayer recorriendo
la tierra de tus arterias en ese gigantesco sismo,
viento sin pudor, un viejo grito atrapado, agarrado
por otro grito, flotando, cadeverizándose.

Yo acepto, acepto que la sombra
resuene en el mapa de una estrella,
en los corales infinitos, inesperadamente.
Prolifera en los días el trasluz
invadiendo la deriva de esta sombra.

Clémence Loonis

TU SOMBRA AL TRASLUZ

Tu sombra al trasluz
entre la ternura
y las palabras
nombra posibilidades
poéticas,
abiertas.
Aquel balcón
donde las miradas
encontraban algún motivo
para no olvidar
rememora tu presencia
en el color de las lilas
que florecen en él.
El presente se hace libre,
tu sombra al trasluz,
también.

Paqui Robles


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

PEQUEÑAS ORQUESTAS

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Sinfonía que vuelas buscando dueño,
hoja sin nombre, disparatada,
vives en cada uno y tu voz,
es el ansia motora de nuestra ilusión.

Pequeñas orquestas tocan tu canción,
sinfonía de sueños, de tristeza y amor.

Cruz González Cardeñosa

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Tuve que construir un lugar,
lejos de los empedernidos comedores de basura,
de los miserables que protegen su pequeño trozo de pan mojado,
de los que nada quieren para otros ni para ellos mismos.

Permanecer, pero no a cualquier precio.
Permanecer y que la vida sea eso.
Permanecer y que el amor abra por fin sus alas.

Para que hubiera camino encontré
discípulos de la generosidad que siempre me ofrecían una palabra más,
sonrisas que traspasaban el miedo,
la piel abriéndose paso sobre una página en blanco.

Hernán Kozak

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Sílabas desdibujadas
en el antro
de mi memoria.

Silencios vacíos
abiertos a la
infamia.

Nada invade
el horizonte;
se abre el telón.

Los opúsculos
engrandecen
el olvido,
y mientras, caminan
olas de rebaños.

Sylvie Lachaume

PEQUEÑAS ORQUESTA

Mientras camino, historias del tiempo
surgen en esta henchida mente,
asociaciones sin matices que
cual pajaritas de papel
se abren a mi paso.
De pronto un paréntesis recoge el canto de un mirlo,
es primavera, me digo
y otro enredo se cruza en mi camino,
un patinete pasa a mi lado y me estremezco,
¡cada vez más ruedas en la acera!
exclama una íntima pirueta,
sin duda el invento de la rueda se extiende
más allá de los días.
Un giro volátil y mis pasos
sincronizan de nuevo otra cavilación
que cae sobre pequeñas notas
en la melodía de un paseo,
un aplacado día de mayo.

Ana Velasco

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Siglos de historia derrotan los sonidos.
Lumbres sin fuego, que solo dejan ceniza.
El mar no alcanza a saber las notas.
En el atardecer una voz
conduce la música.

Pino Lorenzo

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Hay cantos que conmueven
y llevan mil años de orillas,
de insurgencias y cadáveres
en la pupila azul.
Me pregunto dónde aletean los pájaros
mientras esa agua profunda embiste las sombras.
Pasa que con el mismo rostro
se disuelven las flores de todos los campos
y permanecen en el litoral cientos de gargantas
con la pedrada justa hacia el umbral del silencio.
Los prisioneros que elevan corazones en las ciudades
calman el latido de la noche
y agrupan todas las resonancias del cuerpo.
Hay cajas vacías que anidan huecas en los pantanos del alma
pero otras que son pequeñas orquestas
vibrantes, dispuestas a sonar.

Laura López

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Pequeñas orquestas de marfil lucen tambores
afilados en las voces de una intimidad ampulosa.

Una gran boca de cuerdas hincha
los sonidos de una destreza pasada.

Los vientos aturdidos por robar al océano
el folklore de su oxígeno, esperan.

Metales pulverizados en una indecisión
escalan para resbalar en las páginas de la historia.

Pequeñas orquestas de marfil perdieron, en su danza,
al ladrón por forzar el camino hacia el mar.

Clémence Loonis

PEQUEÑAS ORQUESTAS

La vida es una silueta extraña.
¿Qué lleva en ese carruaje, el olvido?
Tal vez, ese olvido, arrastra la espesa capa
de cenizas que atrae el aire.
Nace con las primeras huellas,
de un atardecer ceniciento.
¿Qué ciclón cambia membranas por tentáculos?
Tentaciones de una diosa,
doblan tal vez las campanas
que lloran sobre la memoria.
¿Y qué envuelve las sombras,
en su hábitat perenne de zafiros irrompibles?
Carnosos ataúdes, que prisioneros,
se instalan entre los ángeles leprosos
del carbón, jardín
de las almas vagabundas
entre los acordes de violín,
que empuja a la muerte.
Pero olvido
es mucho más que la tierra
removida del cementerio,
más que los esqueletos
huesudos,
más que los pasos entretejidos
del humo y las calaveras.
¡Es trocar el Génesis!
-un final de aleteo en el muro,
un ladrido nostálgico-
un bosque de intrusos que, en legiones
de podredumbre de soplos, late.
¿En qué lugar te juzga el tribunal,
que ahoga las agujas del reloj
soterradas en el tiempo?
Cuán preciso es el peldaño,
las rejas siderales del vértigo,
donde aparece la razón del ser,
que desnuda las alas de las polillas,
que encrespan el agua de los manantiales.
La fila del olvido,
dioses eternos en alguna estrella,
brillos que cantan,
salpican la arena, el médano
de los insectos que, en su zumbar,
claman las profecías al alba.
Llegaron para cruzar la luz,
una pesadilla los impide crecer.
Señales en las coronas
del clamor, en las cavernas,
en el poniente de los puños.
La asamblea soñolienta,
del néctar que esculpen
las enredaderas en su dialecto.
Un número pequeño las atrae,
brillan en la lujuria
de los días, que atenazan la brisa,
la espuma que las envuelve.
¿Qué galería escarlata las atrae,
de nuevo a mí?
Yo, las veo.
Llegan en oleadas,
en pasos de gigante,
hasta la orilla de esta cama.
Vienen con el fulgor,
entre carcajadas,
entre el vapor despegan en raíces ávidas.
Maldiciendo las pelusas en los vidrios
del ayer, en rincones translúcidos.
Rebelde fue el carruaje
que las atrajo, la borrasca entretejió
los vértices azules, el humo grisáceo
de los candelabros en el calendario.
La aurora empapa
las mercancías de cartón
de la demencia, en bocanadas
de incienso, o que buscan
en la recámara los restos mágicos
de los dátiles que anochecen.
Duermen como los pétalos,
en la pupila de las fendas.
Resuena como un mantra
la melodía en las galerías
herederas de ese olvido.
La inocencia en el firmamento
reclusa enramada de alquimias,
pequeñas orquestas en las gotas rosáceas,
crean una camisa de fuerza
que aprisiona el coraje.
Ya notas cómo oprime
con sus botones dorados,
sedientos,
allá donde nace el musgo.
¿Dónde se encuentran
las cicatrices narcóticas,
espirales que vigilan
desde las grandes sílabas gomosas?
Bajo las greñas de los claveles
en el sopor del exilio
y un graznido hambriento
abre sus fauces feroz,
se balancea para que sus alas
puedan llegar a libar.
La leyenda de la savia
será la condena del presagio,
donde emergen los abismos,
caracolas incendiadas
de suspiros indomables.
Lejanas ofrendas taciturnas
engarzadas en rosarios,
en mentiras que desgarran,
infectan aquellos acordes
de un cuento de invierno
en el vientre que atesora perlas
y su soledad imperfecta
en el lodo del sendero vetusto.
Y asir a la torre perfecta,
la urdimbre del vergel,
perseguir los huecos, los colores
que ha dejado abandonar
en las aguas del menguante
la pujanza de las olas,
campanillas prisioneras
bajo el salino sabor
de aquellos surcos
que bailan en mapas negros
coreografías de hoscas tormentas
que desataron el delirio del olvido.

Paty Liñán

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Dueño de la música y del ritmo,
llegaste para marcar otro inicio.
Se va transformando el horizonte.
Ya son otros los frutos,
ya es otra la Vida.
Pequeño capitán de aventuras,
mago de colores.
Paseo cotidiano, refugio que repara,
festejo de melodías permanentes.
¡Ya llega!
Se siente la orquesta,
es la música que nos recibe,
nos acerca a unos con otros.
Pequeño maestro,
marca de la alegría, que abre
el camino,
que abraza el porvenir.

Carla Bianco.


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