NO DIGAS NADA

NO DIGAS NADA

Tus labios
golpeados por la invisible luz del miedo
se rompen en espejos
derramados a los pies de habitaciones vacías.
Ciudadano sin clase definible,
de alas caídas,
de segundos como cárceles,
de gritos que claman justicia.

Ya no hay paraísos
y los sueños poco a poco
se van secando.
Tu piel es como un mapa
de un continente al que le han robado el mar.
Y sin embargo…

Hernán Kozak


NO DIGAS NADA

Sacamos a la calle los carteles,
había vino y canciones,
mucha gente tratando de alejarse
del centro de la cuestión.

Caímos derrotados al comprobar
la imposibilidad de ser honestos
con nosotros mismos y nos marchamos
por donde habíamos venido.

Los carteles por el suelo o
cerca de una papelera.

La gente que pasaba no leía lo que decían
sólo les preocupaba el sinsabor de unas letras
sin dueño, perdidas o abandonadas
al inclemente tiempo de los huracanes.

Cruz González Cardeñosa


NO DIGAS NADA

Acalla tu voz, no preguntes ni por qué ni para qué,
observa la mirada, solo la mirada, lo demás se oculta
se sumerge en el silencio del miedo.

Los días caminan lentos pero la vida pasa a toda velocidad
¡Ven! Sube al tren del misterio, entre hoy mañana
sabremos algún destino, alguna parada que nos calme.

No digas nada, avanza sigiloso por la senda de los osos
en cuanto levantes la cabeza, te la cortan.
Suuuuuuuu, entre tantos muertos lo mejor es seguir viviendo.

MAGDALENA SALAMANCA


NO DIGAS NADA
No digas nada aunque no pueda adivinarlo.
Los suburbios crecen en la ciudad
y el recorrer oscuro hace luz del reloj de pulsera.
Un día cualquiera será el asalto,
pero ahora necesito del tiempo para agendar tu calma.

Voy escribiendo porque la colada está hecha.
No digas nada pero los difuntos están ahí,
en el cordel donde la ropa se seca,
riendo, hablando, lluvia de recuerdos.
Yo no tengo nada que darles,
solamente les dejo secarse.

Tal vez sea el entretiempo
o el entrecortado sonido del teléfono
o el amor, o la locura,
o las recomendaciones del doctor
pero no digas nada, ahora soy yo quien habla.

Laura López


NO DIGAS NADA

Apenas si el silencio tiene un precio.
El río portentoso discurre sin palabras,
que distingan su forma de lamer
las orillas sin descanso.
Nadie podría decir en qué piensa.
El sol lacerante hace su trabajo
sin pedir nada a cambio,
ni reclamar su salario.
El obrero mide su hambre
con el mismo reloj
con que piensa su sexo.
El tiempo bascula sobre las nubes
estrujando sus recuerdos.
Su pueblo era una gran marmita
que fraguaba las costumbres
como una campana lejana.
La hierba tenía allí otro olor,
otro sabor los labios en el beso.
Ahora no tiene palabras
para decir su nombre,
ni para nombrar al pájaro
que canta en la mañana.
Las frases encadenadas resuenan vacías
en el cóncavo ruido de la ciudad que se agita.
Haría falta más silencio
para escuchar algo que valiera la pena.
No digas nada. Escucha.
Todavía resuena aquella canción en mi cabeza.

Ruy Henríquez

NO DIGAS NADA

No digas nada que despoje del letargo a los colosos de la humanidad,
nada que tambalee los cimientos de la pálida ignorancia
acicalada con un manto lechoso, cristalino y poroso,
recio paño de armazón metálico, con aires falsos de seda infinita,
novia virginal del vergonzoso olvido, deshoja margaritas muertas
ofrecidas en un altar al nombre de un Dios cualquiera.

No digas nada que perfile el confín donde bailan fantasmas de ayer,
agonizantes entre el hambre y la guerra, paramos descarnados,
fisuras abisales, desbandada de mariposas volteando tiempos felices
antaños efímeros, corderos y cascabeles, pucheros en la lumbre.
La historia se repite, en el cruel invierno del campo de refugiados
hijos de la hambruna, sed de pan, de versos, de amor y de aroma a jazmín.

María González

NO DIGAS NADA

No digas nada de la luna
que nubla el sol,
de los meteoritos que caen
cerca de ti.

No pronuncies palabras
de la noche espesa,
de los ruidos inquietos
que te visitan.

No recites esa canción,
ni los versos ocultos que se esconden.

Arréglate la camisa
y empolva tu nariz,
y finge
la sonrisa.

Pino Lorenzo

NO DIGAS NADA

No digas nada,
solo calla el espacio
que rodea nuestros cuerpos.

Silencia el abismo
desde donde conocemos
el paso de nuestros gemidos.

Aguanta sin sonidos
estridentes y
todo estará hecho.

Desafía lo inquietante y
la incertidumbre sorda
será nuestro destino.

Yolanda Hernández


NO DIGAS NADA

Un fuego de banderas estalla en mi cara,
no huelo el humo,
las pavesas no ciegan mis ojos.
Un ruido inmenso atora mis oídos,
siento una amarga larva
ascender hasta el gaznate
pero antes de expandir el resuello
el retrato que tenía delante gritó:
¡no digas nada, escribe estas líneas!
Será como una lluvia de esporas
para poblar de verde
ese simulado ardor coreano.

Ana Velasco

NO DIGAS NADA

Tu mirada, una vez más,
atraviesa mis ojos extraviados
persiguiendo vagas imágenes
plasmadas en líneas discontinuas.

Y es un recorrido abierto
dispuesto a ser cerrado
el que me muestras.

Sin antes, ni después,
al margen de los días,
vuelves a ser presencia
sin carta de despedida.

Antonia López


NO DIGAS NADA

No digas nada,
observa el paisaje
que al fondo desaparece
entre brillos.

Canta a la mañana
que llueve.
Gotas de oxígeno.

Aplaude al oído capaz
de ejercer el silencio de la noche.
No, no digas nada.
Y dame tu mano augusta,
paciente del camino
para sentir la presencia
de esta necesaria compañía.

Sí, habla.

Ejército militante de milicias,
¿cómo saber de tus labios de púrpura
si aún no han nombrado palabra?

Darme cuenta,
puedo darme,
pero si callas,
tu presencia se hace imborrable,
Infinitamente austera,
Inapreciable.

Por favor,
no digas nada,
No.
Y nombra, al menos,
una palabra.

Paqui Robles.


NO DIGAS NADA

Entre la belleza del horizonte
y la esclava simpatía del desvío,
bailo sin rodeos la canción que me propones
y subo hasta la vertiente de agua
que desemboca en esta estación de la vida.
Te busco,
en los silencios de una nota,
debajo de la luna,
al borde del mar,
en una esquina oscura te busco.
No digas nada,
deja que el viento penetre tu piel,
hazte inmortal
y crea, esa próxima frase, que tienes por decir.
Déjame entrar en tu mirada,
voltea tus pasos hacia el futuro,
abre la puerta que nos separa,
déjame entrar…

Leandro Briscioli


NO DIGAS NADA

Es cuando el dolor vuelve a buscarme
que prefiero el silencio seco, sin aliados,
impregnada de los cruces de la espuma
rodando, lamiendo mi espejo,
tierra dulcemente encajada.

Y lloro el inevitable vaivén,
el susto vendiendo miedos a todo lo mío
y lo extraviado, que es el mar que no calla su desnudez.

Pido a las riberas altas que suban, inexpugnables,
para no verme en la sal filtrada ni en el horizonte indeciso.
Y para no ligarme a lo que digo, aprieto paisajes sin voz,
sigo el designio de la palabra primera: No digas nada.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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