REVOLUCIÓN

REVOLUCIÓN

  • Señor, tenemos doscientos antidisturbios esperando.
  • Perfecto, puede darles luz verde.
  • ¿Para qué?
  • ¿Qué le pasa? Para que no rompan las calles, para que no se llene todo de basura, ¿le parece poco?
  • Es que…..
  • ¿Qué? ¿Se ha olvidado de todo lo que aprendió en la academia? ¿Pero que le sucede?
  • Señor, están todos sentados en la plaza. Siguen un orden, cada vez se levanta uno de ellos y lee un poema. La verdad, no sabemos qué hacer.

Hernán Kozak

REVOLUCIÓN

¡Revolución! ¡Revolución! Gritaban. Y nadie se veía. ¡Revolución! ¡Revolución! Se escuchaba y nadie había. ¿Dónde están los revolucionarios? ¿Quienes son? ¿Qué quieren? Solo gritan revolución, pero están huecos de palabras, son vacíos al oído, se les escucha nada. ¿Los viste? ¿No? Yo tampoco los vi. Revolución, pedían revolución, sin ningún fin.

Paqui Robles

LA REVOLUCIÓN
La tierra ancha se llenó de soledades. Rumores iban de boca en boca y una palabra callada ardía de forma clandestina en las faldas de la montaña. Se congregaron bajo la dura verdad como un paraguas, cubiertos de galopes se llenaron de propaganda. Las paredes se rompían, ya nadie callaba. Se apartaban las cárceles de las zanjas y el pueblo salió en los límites marinos, en los tibios metales de crianza. Ahí va la revolución, cada cual que se suba a la grupa y a volar en su sangre. Hoy puedes salir del sopor y de la lección bien recordada.

Laura López

REVOLUCIÓN

<<Cuando los jóvenes machos de la horda se alían para asesinar al protopadre, al macho dominante de la horda, parece ser que eso es la primera revolución. La vida en la horda cambia por completo, ahora hay una ley, hay una leyenda para cantar, símbolos del padre asesinado y símbolos del pacto entre hermanos. Así se creó la civilización humana y así es como progresa… En el supuesto caso de que progrese, claro. El ser humano ha conseguido vivir más años en promedio, ha conseguido volar, comunicarse a grandes distancias, ha conseguido llegar al espacio … y todo eso qué, qué le importa todo eso a un grano de arena del fondo del mar, qué le importa todo eso del hombre al sol o a las galaxias. No, el hombre no sabemos si ha progresado con tanta revolución. Lo que sí que ha progresado es la revolución en sí. Hoy en día ya no hace falta asesinar a nadie, es un discurso, un conocimiento, una ley… Que es vencida por otra nueva.

Una revolución es también una vuelta, una oscilación. Un movimiento para que después de un periodo, el sistema vuelva a quedarse exactamente igual que estaba. ¿Será eso la revolución?

La humanidad como especie animal ha no sabemos si ha mejorado, pero sí sabemos que se ha multiplicado en número y que ha conseguido infinita ventaja con respecto a todas las especies que podían competir con los humanos por el sustento, el hábitat o cualquier recurso natural.>>

Uno de los estudiantes levantó la mano: Estimado profesor, hemos decidido que vamos a poner una queja a la empresa que nos lo envió. Nosotros habíamos pedido un profesor de cocina.

Muy bien, dijo el profesor, esa era la lección de hoy. Ya sabéis cómo cocinar profesor en su salsa.

Kepa Ríos Alday


REVOLUCIÓN

El silencio se escuchaba por todo el barrio. Un silencio ligero como la espuma de una caña recién servida.
Todos, estábamos a la espera de su llegada. Desde hacía semanas, se murmuraba que su salida de la imprenta estaba programada por el 18. Y estábamos sólo al 15 del mes, pero era delicioso estar pendiente de esta revolución: un nuevo libro, una nueva vida escrita, para todos.

Sylvie Lachaume

REVOLUCIÓN

El profesor de matemáticas en su clase semanal con 4º de la ESO, explicaba a sus alumnos las tres revoluciones científicas más importantes en la historia reciente de la humanidad.
La primera revolución, la copernicana. La tierra no es plana, como creían los seguidores de Tolomeo, sino redonda, como una nuez o una naranja.
La segunda revolución, la de Darwin. El hombre no es el centro del universo, no es más que un eslabón de una cadena de seres vivos, donde, hasta el momento, ocupa el lugar más avanzado.
Y la tercera revolución, la de Sigmund Freud. La conciencia no es el centro del yo, sino el inconsciente.
Un alumno que escuchaba atentamente levantó la mano, y dijo que había una cuarta revolución. A ver, le preguntó el profesor, en qué consistiría. En que el hombre no es el ser vivo más inteligente del planeta. Y cuál es entonces.
El móvil, profesor, el móvil.

Pino Lorenzo

REVOLUCIÓN

Nada más dar las cuatro en el reloj, Fermín se levantó tratando de no despertar a Molly, se vistió en la penumbra y caminó hacia el salón donde había dejado la cartera y las llaves; luego se tomó un café en la cocina y salió en silencio, casi andando de puntillas. El invierno había comenzado a azotar y el frío cielo poblado de estrellas, le recordó un viaje que hizo al Himalaya.
Guardó las llaves en el bolsillo y atravesó el jardín observando las formas muertas de la hojarasca acumulada bajo los setos. Estaba acostumbrado a trabajar de noche y se sentía a gusto caminando en el silencio de la madrugada, así que cerró el pequeño portón de madera y enfiló hacia los soportales escuchando el lejano murmullo de un camión errante transitando por la autopista.
No tardó en hacerse invisible mimetizándose entre las sombras (hacia el oeste, más allá de los garajes). Olía a mar y rocío, a tierra mojada y cubo de basura, olores muy distintos a los del día, entre los que se dejó llevar hasta llegar a las inmediaciones del puerto. Nunca hubiera imaginado que algo así pudiera sucederle, pero allí estaba, zigzagueando entre el laberinto de calles que conformaban el barrio de los pescadores, donde los últimos borrachos desfilaban dando gritos buscando un lugar para dormir la mona.
Cuando llegó a los muelles, vio la silueta de una mujer esperando bajo la tenue luz de uno de los faroles.
-No me ha defraudado, sabía que iba a venir.
Era inmensamente guapa, morena, con ojos negros y brillantes, tez blanca y labios carnosos como los de una vampiresa (vívidamente rojos obviamente, pero también naturales, aunque la tenue luz de los faroles no permitiera verlos en su plena hermosura).

  • ¿Qué quiere?
  • Que nos ayude a hacer la revolución.
  • ¿A las cuatro y media de la madrugada? No estoy para jueguitos.
  • No es ningún juego, lo necesitamos para una tarea muy grande
  • ¿Cuál?
    -Poner fin a la tiranía informática que amenaza en el mundo.
  • Siendo así, cuenten conmigo.
    La historia continúa de aquí en adelante, pero eso ya no importa, porque lo fundamental está dicho (cómo se conocieron y el motivo que les unía). Añadir que esa misma noche terminaron haciendo el amor como locos y que antes de que Fermín abandonase la ciudad, le pidió a un primo suyo que por favor se hiciera cargo de Molly hasta su regreso.

Manuel Ortega

LA REVOLUCIÓN

¡La revolución, la revolución, la revolución!
Hoy los gatos, los perros, las tortugas y hasta los piojos tienen derechos, es nuestro camino a la humanización. Ya les infligimos bastante dolor durante siglos.
¿Habla usted de los esclavos?
No, hablo de los animales.
De nosotros entonces, o de una parte de nosotros.
No me cambie usted de tema
Pero si yo sólo hablo de la revolución que no fue.
Pues deje el pasado donde está, ahora ya hemos alcanzado la luna
Vale, pues ayudemos a los perros y gatos en su revolución e incluso a contar con su propia declaración de derechos.
Ya sabe que los derechos se articulan con obligaciones…
Claro, claro ¿y qué obligaciones le damos al piojo? ¿de qué será responsable la tortura?
Pues de no lastimar las playas, por ejemplo.
Creo amigo que estamos abriendo un gran melón y el negocio de los seguros se va a poner las botas.
Pues… habrá que lanzarse a esa piscina…

Ana Velasco

REVOLUCIÓN

-Llega la revolución.
-¿Qué revolución? ¿La de los sentidos?
-Es muy serio. No se te ocurra bromear.
-¿Ha pasado algo y yo no me he enterado?
-Tienes razón quizás llega para mí y a ti no te toca, al menos de manera directa.
-¿Solo dime si debo preocuparme?
-No. En todo caso ocuparte de posicionarte por si llamase a tu puerta.
-No sé de qué estás hablando, es como si hablaras en un idioma que no entiendo, aunque entienda las palabras.
-Pues si ahora te parece eso, vas a ver cuando comience a hablar.

Cruz González Cardeñosa


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

UN FUEGO INTERIOR

UN FUEGO INTERIOR

Cuando silencioso
o diciéndotelo por la radio
se despierte preguntando por ti.
Cuando con la fuerza
de un elefante comiendo piedras
te estrangule con dos dedos.
Cuando tu nombre sea
el de cualquier ciudadano
y te hunda en un lago congelado.
Respira, tiembla, vuelve a sonreír,
su sorpresa es la señal,
sigues en el juego.

Hernán Kozak

UN FUEGO INTERIOR

En el silencio se adivina
la turbación del mundo.
En él está brotando,
magma reverberante,
la tierra informe
y el inexplorado espacio
incapaz de ocupar el tiempo:
el día al que aún no abres los ojos.
Las palabras, en la jaula de los dedos,
como un pájaro que no sabe volar,
se agitan sobre las paredes
con sus sombras confusas.
La ciudad es un hormiguero
donde se estrangula al hombre.
La proximidad de los cuerpos
hace imposible distinguir
lo que ayer se dijo
de lo que hoy se piensa.
El espejo repite, como un reloj,
un único retrato
ensartado en un minuto.
En la atestada calle,
nadie distingue
la prisa por volver a casa
de la urgencia por escapar de ella.
Un fuego interior que emerge
por la cólera o el llanto,
llena las gargantas con su espasmo sonoro
y todo son gritos, aullidos,
la voz de un ser que está naciendo
o que tal vez agoniza.

Ruy Henríquez

UN FUEGO INTERIOR

Un fuego interior
se apodera por instantes
de aquella bruma
marina
haciéndose piel.
Canto de sirenas
revoloteando
sobre el paisaje
de nuevos desiertos,
abiertos,
sobre el horizonte.
Magnífica esfinge
calmando la sed de años,
nostalgias encarceladas
entre barrotes
de bruma y hierba,
enterradas por los siglos
que conducen
a la presente palabra.
Paladar de sinfonías
armónicas
caldeando el aire
que una y otra vez
envuelve los sentidos.

Paqui Robles

UN FUEGO INTERIOR

Ese fuego interior que provoca
el aleteo de tus párpados
nos obliga a mirar el cuadro
donde el bosquejo de un sueño
va tomando forma en cada instante
que el tiempo se deja capturar por
tus manos.

Antonia López

EL FUEGO INTERIOR

Si pudiera salir de allí donde el vacío
estalla y se baten las espuelas de la muerte,
rompería un cristal y uniría sus pedazos.
¡Aquí está la rajadura del hombre,
el vuelo del colibrí sobre un corazón hinchado!

Asoma una alcantarilla en la calle de mis océanos,
se traga todo, con sus aristas, sus vértices
y se resuelve en penacho,
cresta de feroz absorto que desafía acrobacias
¿Oíste el disparo?

El miedo cambia la forma de las hojas:
aeroplanos, barcos, una pajarita…
Se abre la tumba y al fondo, el otoño.
Mátenme de nuevo a la difunta,
déjenme correr por lo campos
que los peces no han de beberse los océanos.
Sin disculpas.
Hay fuego, y hay que alimentarlo.

Laura López

UN FUEGO INTERIOR

Va por dentro de las venas la fuerza
del amigo que inunda la tierra.
Sus manos pueden mirar. Cuando tocan
los objetos, éstos se calientan y viven
convirtiéndose en aliento y sangre.
Es la fuerza de tu amistad
una mole enviada por los cielos,
es el cielo mismo precipitado
de su brillo como un cometa.

Una cometa es signo de lo humano,
volando inteligente y amorosa
en la inmensidad sin palabras del viento,
como tu eres signo de la eternidad
con tu fuego fresco, bullente manantial,
fuego interior de mis huesos.
Serás una boca abierta en la tierra
algún día que escupe su fuego póstumo
y engulle misterios itinerantes.

Va por dentro tu fuego herido,
sabia de mis palabras; tu fuego,
dios del sol, el fuego que irradian
tus ojos, rayos de tu mirada incendiaria.
Es el andamio interior de mi proyecto.
Tu eres mi fuego interior, sol de mi tierra,
mi amigo extranjero, mi sueño,
tu, sólo tu, eres quien que me conoce,
solo tú, Dios: mi lector.

Kepa Ríos Alday

UN FUEGO INTERIOR

Sobreviviente del holocausto,
desprendimiento de la razón,
vago por los cielos
dibujados en una infancia inolvidable.

¿Cómo volver?
¿Dónde volver?
¿Qué es volver?
Se abren nuevos caminos
blancos como la página
que permite echar humo.

Por el alba efímera de mis sueños
toca un tambor universal,
cuando las golondrinas me anuncian
que la vida sigue, a pesar de todo.

El halo invisible que me transporta
deja pasar burbujas de alegría;
el transeúnte me sonríe.

Sylvie Lachaume

UN FUEGO INTERIOR

De azufre color rojizo
conduce incesante por los caminos,
sin ver la luz.
En su origen confía
y arrasa por donde pasa.
Proviene de muy adentro,
de donde nadie quiere escuchar,
se impone como una mirada.
Es cavilosa, remilgada,
traduce los designios
a esqueletos.
Si la ves acercarse,
no lo dudes.
Sal corriendo.

Pino Lorenzo

UN FUEGO INTERIOR

¡Fuego interior que nos quema!
¡Oh la poesía! ¡Disfraz oculto
bajo el que gravita la Tierra!

Antiguas quimeras tal vez agotaran sus ritos,
pero en lo concerniente a ti,
el calor abrasador se hizo encarnadura eterna
(incluso llaga).

¡Rabdomante lengua de la saturación ígnea!
¡Frescor de los mares que levantan al cielo!
¡Fumarola gris de la conflagración universal!

Eres fuerte como para pensarlo todo
y nada te paraliza porque el fuego te lleva.

Tampoco tienes miedo a la muerte
porque tú, no eres sino que su causa
y motivo.

Los transeúntes seguirán petrificados
y tildarán de locos a los poetas,
quienes seguiremos cantando
yéndonos la vida en ello.

Manuel Ortega.


UN FUEGO INTERIOR

Como el magma de un volcán silente
arde mi alma en su interior,
siento que me arrebatan palabras
que el léxico se desencaja
que lo que ayer me hacía fuerte
hoy me exime de inmunidad.

Calcina mi corazón ese insensato poder
que arroja a la noche la leyenda de los siglos,
que sin contemplaciones
usurpa la potestad de gozar
dirigiendo mis cabriolas al piélago.

¡Dejadme con mis costras!

El deseo flambea entre mis poros
la pasión es más dulce y quizás
el arrebato más templado
que en mi lozana juventud,
la llama no es menos ardiente
mientras haya ascuas que la abriguen.

Ana Velasco

UN FUEGO INTERIOR

Quise decirle que aún lo amaba
que no quería otra vida para mí.
Un fuego interior impidió
esas palabras mágicas
que varaban mis ganas de vivir.

Cruz González Cardeñosa


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

LA GUITARRA SOLA

LA GUITARRA SOLA

Nacida de la madera de un árbol,
aprendió del sonido de los pájaros,
del aire en sus caricias,
de la especie animal.

Antes de ser guitarra,
era naturaleza viva,
porvenir de los sonidos,
rugidos del silencio,
alma con cuerpo de la vida.

Ella sola,
despega sensaciones únicas
en el tacto de la piel,
nos permite una vida diferente,
aprendemos a escuchar
para salir de uno mismo.

Cuerpo de mujer,
alma de árbol,
tensión afinada,
gracias por existir.

Leandro Briscioli

LA GUITARRA SOLA

Yo me encargo
de quitarle las cenizas del tiempo,
de cortarle una a una las ideas
que tiene amontonadas sobre los huesos.
Yo lo salvo de ese bosque
de luces que nacen de los espejos,
le saco de los bolsillos las avenidas
y las calles sin dueño.
Te lo siento a la mesa,
convoco al silencio
y tú guitarra sola,
le dibujas en el aire
una muralla con los colores del viento,
para que escriba,
“esto no es ningún lamento”.

Hernán Kozak

LA GUITARRA SOLA

Niego la aparición de los nombres abstractos
y de las furias positivas.
He olvidado, es verdad, las habitaciones con efigies
Si es que olvido extrañamente.
Como un ser mecánico jamás doblegado por sus válvulas,
sin horizonte ni piedad, con un peso forestal en la cabeza
sin basílicas ni estruendo,
entro y os ofrezco mi primicia de hojas nuevas .
Es otoño y nunca comprendí las alarmas de un gato encerrado
ni las lánguidas lagunas que adormecen a los patos.
Soy el trance del adjetivo hondo
y una boca de clavelinas con labios.
Si el viento me llamara, alistaría a mis cabellos
para enmarañar paisajes turbios
pero como es desde la torre de comando
que el temblor acalla a las macetas,
enrosco una cuerda de guitarra y
tomo un sorbo del café, de aquella música, del aire.

Laura López

LA GUITARRA SOLA

Suena la guitarra, sola,
como el quejío de los fantasmas
o el murmullo de los dioses.
Suena grave, como en cientos de lustros.
No es mal de muchos,
solo unas notas que se repiten,
que traen augurios.
Suena la guitarra, sola.
Hoy no la escucho.

Pino Lorenzo

LA GUITARRA SOLA

Cuerdas aflojaron
la vibración
de ondas sonoras marinas
al ver el cantar del vuelo.
Agujero sujeto
entre curvaturas
sigilosas insinuantes.
Silbidos del manto gris,
terciopelo en una noche
de verano,
topacios rodando
sobre mariposas multifrutas.
Alas esplendorosas
en manos encantadas
produciendo aquello
que la guitarra sola,
no pudo.

Paqui Robles

LA GUITARRA SOLA

Cubierta de polvo, como el arpa del poeta,
a solas la guitarra piensa que podría bailar,
saltar a la cuerda, desatarse en palabras,
desenvolverse en giros, salir de su rincón.

En silencio, ha sentido lástima del hombre
que acalla su voz, que ignora su canto y
peor aún, que ignora el coro de otras voces.

La guitarra sola espera felizmente que suene
la orquesta.

Antonia López

LA GUITARRA SOLA

Junto al acantilado, una flor solitaria,
una diminuta flor en medio de un desierto de piedras
a las que no puede llegar el agua desde la tierra.

Dejo el susurro del mar y me adentro
paso a paso en la gran ciudad que me contiene
como a miles de hombres y mujeres
que cada día van a sus trabajos
y vuelven a sus casas
sin que ninguno haya podido imaginar
ni por asomo
una diminuta flor solitaria
en medio de un desierto de piedras.

Cruz González Cardeñosa

GUITARRA SOLA

Solía despertar con baladas de los años sesenta
pero hoy el fuego se incrustaba en la retina,
la estridencia de sus cuerdas se sumó al rugido
de un dragón enloquecido, soltando la vehemencia
que llevaba dentro, vomitando el infierno.

Un tornado de conmoción se ciñó a los trastes
sus clavijas no resistieron el furor,
los acordes cedieron las hebras,
todo se derrumbaba en derredor.
A la sazón, la mano de la musa sujetó el diapasón
luego acercó la atónita caja a su auditorio:
una niquelada mesa de vidrio.

Ana Velasco

LA GUITARRA SOLA

La guitarra sola estaba sola,
tanto que ya había muerto
y era un cadáver lleno de odio.
Un día lloró y lloró como si
las lágrimas fueran agua pero
ningún árbol brotó de ellas.
Se desconocía el destino
de aquel dolor musical,
de aquella música en vivo.
Ya que nadie sabía si podría
respirar debajo del agua
la guitarra sola.

Kepa Ríos Alday

LA GUITARRA SOLA, CANTO FINAL

Enaltecida por el fulgor de una infinita tumba sedienta de sangre,
recorre los lugares más inhóspitos buscando algún rico manjar.
Abriles de cuerdas muertas se abren sobre el canto ciego de la guadaña.
Han pasado 500 años y morir tiene los mismos colores.
La sequedad de sus membranas debe de ti.
El aire denso, concentrado, de un pasadizo subterráneo
es caldo de cultivo, para el encuentro final.
Con su sonrisa vívida, entreteje sus caricias, tendida sobre la luna,
mientras agoniza la última partida y rasga su guitarra sola, la parca.
Ocultar la mirada tras la sombra de la muerte
hace entrever la agónica desaparición del destino.

Magdalena Salamanca

LA GUITARRA SOLA

Ya no canta la guitarra
porque está sola en la noche.
Por soleares que no canta
al no haber nadie que la toque.

Al no haber nadie que la toque
no puede cantar la guitarra
y vuelve a preguntar a las sombras
que no le responden.

Se siente desesperada
(aunque resiste y se aguanta).
“No vendrán a buscarme”
piensa atribulada.

Entre brumas insondables
va pasando la noche
cuando el viento la recoge
empezando a acariciarla.

Sonaron los acordes
y los silencios quedaron mudos.
La guitarra estaba embrujada
por un viento sumo.

El duende se despertó
y no quiso irse a la cama
así que la guitarra cantó
hasta que llegó la mañana.

Manuel Ortega.

LA GUITARRA SOLA

Sin pésame entredicho
la guitarra vuela al encuentro
de su público.

El ritmo lo impone el cielo,
el universo, palabras del hombre.

Un silencio se escucha yendo al carajo,
abre el porvenir de la (una) nueva vida
sostenida por el arte de sus cuerdas.

Sylvie Lachaume

LA GUITARRA SOLA

El aire es más denso
cuando se guarda silencio.
La luz que rasga la ventana
deja ver el tiempo que cae.
La guitarra sola aguarda
las manos y el peso de un cuerpo
que resuena en el eco,
como un recuerdo.
La madera cruje y se agrieta
como una mujer
que en vano espera
la caricia y el beso de un hombre.
El deseo la mantiene en vela,
despierta en la noche.
Sabría buscar y encontrar
a cualquiera que supiera entenderla,
si pudiera salir y andar las calles
sin perder la paciencia.
Pero esta noche la rabia y los celos
la satisfacen con un fuego que quema.
La guitarra sabe canciones
que nadie jamás ha escuchado.
Pero hacen falta unas manos,
y un pecho que sufra,
para hacerla gozar
como solo una mujer sabe.

Ruy Henríquez

LA GUITARRA SOLA

Es un horizonte de mueble seco
que alarga el vestido de la luna.
El potro necesario de la balanza,
el agitado dedal de la exploración.

Aprendí, del pequeño arpegio
que envuelve voces de frutas
al oído del cuerpo y lanza la belleza
triunfal en su tristeza desnuda,

que eran mías las cuerdas veladas,
el tórax del mundo en la sombra
y, cuando me daba la espalda el juego
del caminar, me volvía joya del viento.

El jardín del aire atado al yugo mineral
se levanta y alumbra los secretos del trombón,
la columna vertebral de la inmensidad
que alerta la vecindad del tambor.

Marismas de orquesta, calor de soledad.

Clémence Loonis


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

EL JINETE

EL JINETE

Entonces, de los tres jinetes, ¿cuál era el que llevaba el cofre de las monedas?
El miedo jugaba entre las gargantas de los cuatro elegidos. Minutos antes habían visto como un tajo seco, milimétrico, perfecto, seccionaba la cabeza de su compañero.
Tardo algo en caer, después se decidió por la parte de atrás y antes de que llegara a verse los talones y tocara el suelo, todo su cuerpo se fue tras ella como queriendo volver a juntarse.
El mayor de los chicos comprendió que de ese viaje algunos no podrían volver. Había que mirar al dueño del juego a los ojos y entregarse para que alguien pudiera contarlo.
Unos segundos después, aunque fue algo casi instantáneo, pudieron escuchar como la espada comenzaba por cortar el viento.

Hernán Kozak

EL JINETE

Fue una noche insólita, desmembrada de sueños. Las interrupciones acompasaban los cortes del suministro eléctrico y los corazones inquietos viajaban hacia ritmos africanos. Hacía un calor insoportable. La noche caía como manto de lana. La luna, esponja de luz, permanecía oculta tras los hilos del destino solar.
Era temprano aún para tanto crepúsculo, y ella no podía dormir. Su cuerpo se llenaba de sudor, como una lluvia intensa. Pensó en los cultivos de los campos y salió al zaguán de la casa. Prendió un cigarrillo y la noche. Un trote lejano retumbaba en las sienes. Su rostro se iluminó ¿y si fuese…? ¡Toda la vida esperando aquel encuentro! Nerviosa alisaba su pelo, se componía la blusa, la falda.
Cada vez más cerca y su corazón se desbordaba.
Pasó como el relámpago. La decepción fue mayúscula. No era él, era un jinete sin cabeza y siguió quieta, en el zaguán, esperando, de noche.

Laura López

EL JINETE

Abres las puertas de tu casa, me invitas a pasar. Dejas que me adentre entre tus olores, entre los aromas que reúnes en los mediodías, entre tus cosas ordenadas que me hablan de ti, de tus quehaceres, de los planes que están por venir.
Las habitaciones se suceden, y como siguiendo un mapa quiero recorrerte, festejar cada rincón, doblegar las esquinas que entorpecen, forcejear, si es necesario, con los obstáculos, y cubrirte de mí, llevarte a mis adentros, fundirnos hasta no poder sobrevivir más que en esta página en blanco que se escribe en silencio.

Pino Lorenzo

EL JINETE

Galopaba como cualquier jinete. Sin embargo, frente al son de los rayos solares aparecía y desaparecía. Una tarde, el jinete, quiso mirar fijamente aquella estrella. Pensó en llegar a ella. Con ayuda de su caballo, lo lograría. Nunca más se supo de él.

Paqui Robles

EL JINETE

El jinete de ojos azules y pelo entrecano, miraba al público buscando algo mientras el caballo algo alterado por la reunión con otros caballos y tener que entrar en la cabina y el disparo de salida, tomó rumbo al infinito guiado por el hombre que hoy se despedía de ese mundo alucinante de las carreras. Había disfrutado cada minuto, había sufrido, se había divertido y nunca se arrepintió de haber elegido esa profesión contra la que estaba toda su familia. Ellos no entendían de pasiones ni de sueños. Él sin embargo, se entregó sin ambages y fue feliz.

Cruz González Cardeñosa

EL JINETE

Era la noche de perseidas y el Carro estaba listo para recoger los deseos de todos los que miraban a la cúpula centelleante de San Lorenzo, eso sí estas estrellas no eran como las de cine, se hacían esperar y a veces incluso conseguían que alguna cervical se quejara si el deseo a ejecutar era valioso. Súbitamente una centena de haces cruzaron el firmamento, el espectáculo era deslumbrante, luego cual galaxia surgió una figura, parecía Aquiles con aspecto amenazante, realizando un torbellino recogió las bridas del Carro Mayor emprendiendo una tal galopada que éste volcó, los deseos fueron cayendo de la cúpula, incluso algunas estrellas se cegaron por su afán de recogerlos, pues sabían que ya no volverían a los mismos dueños. Desde entonces, los terrícolas han cambiado su temple, son más resolutivos y no necesitan lanzar antojos al cielo.

Ana Velasco

EL JINETE

Se dice que Alejandro Magno domó a Bucéfalo haciéndolo marchar de cara al sol para evitar que se asustase de su propia sombra. Alejandro era un gran conocedor. Conocía la naturaleza del caballo y la del humano, los estudiaba simultáneamente a ambos como animales. Uno era un animal de manada ávido de cobijo frente a cualquier peligro, el otro un animal de horda capaz de retorcer sus necesidades vitales hasta el desagarro siguiendo ciegamente los designios de dicha horda.
Conocía los resortes que mueven a los distintos hombres en las diversas situaciones. Él supo ver el animal que hay detrás de cada hombre. Manejaba a los generales de los ejércitos enemigos, mucho más fuertes y numerosos que el suyo, igual que un domador circense a sus fieras con ayuda de un simple látigo.
Con las mujeres no tuvo tanta suerte. Ninguna podía desear a un rey tan arrogante, un rey que sólo se amaba a si mismo y no sabía comportarse con ellas.
Las insultaba y ofendía sin querer, por pura torpeza de niño que nunca. A su esposa Barsine, la hija del emperador persa Dario III, le regaló todo un cargamento de telas y paños preciosos pensando que a ella le gustaría tejer todo tipo de bellos vestidos y magníficas prendas con ello, pero para la princesa persa esto fue un gran insulto, ya que sólo se regala telas a las esclavas, nunca a una princesa. Así pues, Alejandro fue especialista en organizar bodas que duraban poco, ni un año. Organizó múltiples bodas entre sus generales y las mujeres e hijas de los generales abatidos en combate. Pensaba las bodas desde el punto de vista científico, Aristóteles le enseñó mucha ciencia. Alejandro quería un imperio de la civilización, de la ciencia y el pensamiento aristotélicos, un imperio, en definitiva: griego. Era como los norteamericanos actuales. Él no quería invadir con su amor, robar a las mujeres persas, como hacían los antiguos griegos, no, Alejandro amañaba siempre matrimonios mixtos para enviar a los conquistados el mensaje de que su pueblo no iba a ser aniquilado. Era magnánimo. La intención era aparentemente elogiable. Sin duda la presa actual lo hubiera encomiado por tratarse de un acto favorable a la diversidad cultural, la fusión étnica y el amor global; pero los historiadores pusieron buen cuidado en informarnos de que dichos matrimonios no duraron más de un año. En cuanto a las propias bodas del joven monarca tampoco duraron mucho ya que él murió muy joven y, al poco tiempo de morir él, una de sus mujeres asesinó al resto.

Alejandro poseía varias concubinas, alguna de ellas famosa por su belleza, pero no sabemos si alguna vez amó a alguna mujer. La leyenda del nudo gordiano puede ilustrar a un lector freudiano acerca de cómo reaccionaba Alejandro ante los misterios y enredos femeninos, igual que con el famoso nudo del simpático labrador frigio. Alejandro no tenía paciencia para enamorar a una mujer. La famosa cortesana Tais, instigadora de la destrucción de Persépolis es una buena muestra de los efectos que el trato con el grandioso emperador producía en el carácter de sus mujeres.

Fue en buena parte merced a los desmanes de Alejandro que en Grecia, en Occidente, la ciencia y la técnica predominasen sobre la poesía y la narrativa. Puesto que los ganadores de una guerra no tienen necesidad de mucho más. Mientras que en todo oriente (medio y lejano oriente) la poesía y la narrativa nunca perdieron su valor en todas las áreas de lo humano, la sabiduría, la política, la economía…

Kepa Ríos Alday

EL JINETE

  • ¿Quieres que te de una buena noticia?
  • Soy toda oídos
  • Cabalgaré de nuevo.
  • No…
  • Mañana nos veremos allí a las ocho.
  • Hasta mañana cariño.
    Antes de apagar la luz, Cindy salió de WhattsApp y puso el modo avión en el teléfono. Aquel contacto jamás aparecería en el registro de llamadas, ni tampoco en el de facturas, mucho menos en el de su propia agenda, donde la foto de perfil de su interlocutor había sido suplantada por la de un caballo salvaje. Carlos dormía plácidamente y no se enteraba de nada, así que cuando terminó, Cindy apagó la lamparilla y se arropó hasta la barbilla en completa oscuridad y silencio.
    +++
  • Estoy hasta los cojones de estas tortugas! Avisen al Jinete.
  • No está legalizado aún, nos denunciarán por fraude a la seguridad social.
  • Tampoco sería la primera vez que falsificamos los partes. Mañana le quiero aquí y punto.
    A las siete de la tarde, Molly le había dicho a Jimy que todo aquello le olía a huevo podrido y que, desde su separación, Bob estaba insoportable, también más gordo e hipertenso y que de seguir así terminaría dándole un infarto. Hablaron junto a la máquina de agua, mientras revisaban las bicicletas y esperaban los siguientes pedidos.
    +++
    Quizás ahora sea jueves por la mañana aunque eso de lo mismo, podría ser cualquier otro día porque los pedidos vuelan mientras los repartidores no paran de entrar y salir a toda prisa para no llegar tarde al reparto del correo. El jefe Bob ya se ha fumado ocho cigarrillos y justo cuando está sacando el cuarto café de la máquina expendedora, su secretaria se acerca hasta él para decirle que debe atender una llamada muy importante: es el presidente de la compañía.
  • ¿Ha leído la prensa?
  • No señor, pero estoy al tanto.
  • Las autoridades buscan a un ciclista que ha sumido la ciudad en el caos circulatorio y que se ha escapado de la policía saltándose los controles. Dicen que lleva alforjas y mochila verde y que parece ser un mensajero, aunque las imágenes de las cámaras de seguridad no reflejan ningún logotipo que lo relacione con ninguna empresa del sector. ¿Va comprendiendo?
  • Perfectamente.
  • Lo que si han captado ha sido la palabra jinete grabada en la parte superior del casco junto a la fotografía de un caballo salvaje de color negro zaino. Recompensan con mil dólares a quién ofrezca datos sobre su paradero.
  • Menuda alegría, hasta en los medios hemos salido.
  • Buen trabajo Bob, los accidentes merecieron la pena.
  • Gracias señor, no podíamos permitirnos ningún fallo.
  • Felicite a Jinete de mi parte y a todos los chicos allá.
  • Lo haré sin duda.

Manuel Ortega.

EL JINETE

Siempre iba despacio al llegar a la orilla de sus sueños. El murmullo silencioso, que rodeaba su llegada, era como un dulce canto de perlas, encontrándose alrededor del cuello de una novia.
Los que lo vigilaban se sorprendieron no divisar su sombra, a pesar del sol de plomo que caía sobre este universo nuevo, al cual, de ahora en adelante, pertenecían. Nada se les había comentado sobre esta posibilidad, que, más que sorprenderlos, les atemorizó.
El jinete siguió su camino, sin despertar más confusión, en los prejuicios de los fantasmas que abandonó.

Sylvie Lachaume

EL JINETE

Siempre busqué ver grandes aperturas en el mundo y no vi nada. Bestias atrapadas salpicaban sus tugurios. Entonces, miré y todo se había hecho espectáculo universal alimentando y a la vez haciendo a los niños de la tierra, a la esposa del rincón de la igualdad, igualando la felicidad al terror y el espectador al actor.
Los cuerpos son gruesos y confusos, así que sin esperar más que al aire, Juan abrió una puerta y entró una corriente de palabras, fluidos sin dirección, moléculas separándose y extremadamente más veloces que el liquido vital.

Adentro, un diminuto ventrílocuo decía y decía y cuando se aquietaba, el afiche titilando desmantelaba el programa.
Juan no se lo podía creer y, sin embargo, podía explicarlo: Eran grandes bocas satélites responsables de ese fuego propagandista, una sola cámara para todos sin revés ni derecho. El tiempo, un círculo infinito que dejaba cadáveres al pasar y cuando tocaba la orilla era música, nos envolvía sobre sí misma y se hacía llamar “esperanza empecinada a bajo precio o viaje largo sobre la ilusión”.
Pero ¿qué decir? Si uno prefiere que todo se juegue en la piel del prójimo, el juego, el lazo tendido, el grito, la tristeza y también el asesinato. Ni qué decir del sistema capitalista. Dicen que desciende en los bajo fondos de una modalidad alternativa y
que su único propósito es el vértigo del beneficio.
¡Un sistema al que le guste el vértigo! a Juan le daba cada calambre esa desconexión.
Juan, como espectador de todas las vidas, pues no necesitaba matar lo que no entendía, me decía:
— Yo también tengo la vida de mi sangre, la de mis poetas, la del amor. Yo también aprendí que el sol se prendía por el este y partía hacia la noche al oeste, que la dirección del agua floral en un río es la dirección hacia la gran madre, el mar, y si se detiene en tu mirada un ave en medio del mar es que hay tierra donde vuela. No hay pérdida. Todos los caminos tendrán sus palabras sin que sea necesario tatuarse amores eternos.
Lo miraba exaltada. Juan lo había conseguido, él podía ser cualquier jinete.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

EL SOL

EL SOL

  • Quién sabe si algún día conquistarán el sol.
  • Imposible, intervino su amigo.
  • ¿A qué llamas sol?
  • Pensaba que te referías a la estrella con luz propia sobre la que gira el planeta tierra.
  • Un poco, sí, la verdad. Pero yo ya sé que llegar hasta el sol, literalmente, no se puede. Entonces, supongo que algún otro sentido tendría la pregunta.
    La música celestial incluye la nota sol, sol podría, también, ser aquella mirada en la que te sumerges o, simplemente, la templanza de tus manos cuando con el pincel acaricias el lienzo. Sol, puede ser un nombre propio, ya sabes.
    Además, podría decirte que con solo nombrar la palabra sol puedes sentir cómo el latido de tu corazón caldea tu cuerpo en una fría noche de verano. Sol puede estar en todos y en nadie, su conquista puede ser tan fugaz y tan constante como su brillo.
  • Entiendo, contestó el amigo.

Paqui Robles

EL SOL

¿A quién se le ocurrió encerrar un sol dormido bajo la tierra?
Imagínate que fueras tú el que estuviera rodeado por toneladas de piedra y el corazón te latiera con la fuerza de un millón de caballos galopando una llanura infinita.
¿Quizá sería demasiada crueldad?
Un día, como un tigre en una jaula de sangre, se despertó y derramó su sed dejando una huella de nada y de tristeza.

Hernán Kozak.

EL SOL

Si usted tiene un plan vitalicio, disfrute de él. Las cosas se están poniendo feas, y el trabajo es escaso. Llevo años tratando de incorporarme al mundo laboral, y no sale nada de lo mío. Mucha churrería de ciudad, bar de carretera, restaurante de poca monta, pero de higienista mental nada.
Será higienista dental, le corrige el entrevistador.
Ay sí, disculpe. En qué estaría yo pensando…

Pino Lorenzo

EL SOL

No se esconde el sol. Me mira, me cuida y cuando lo vigilo, desaparece. Es un astro, uno más, el primero que conocí. Vinieron otros, miles de otros, pero él se queda en el regazo de mi infancia.
Llamarlo no sirve, siempre está aquí, fiel. Es la única presencia que me acompañará hasta el final.
El suyo, es su suerte.

Sylvie Lachaume

EL SOL
Enciende un fósforo tras la ventana. Iba a prender un cigarrillo, como una mecha que inicia el día, un consumir del aire en un vuelo de cigarras. Un palomo en el alféizar de la ventana le sorprendió tras el visillo. Hipnotizado con la llama, perseguía con sus ojos-botón la órbita de aquel sol. Jugó con los movimientos ¡era un astro! En su delirio solar, un calor súbito alimentó sus explosiones de júbilo. El palomo se movió, aleteaba, se precipitó al vacío. Y allí quedó el pobre infeliz rodeado de llamas, mientras un camión de bomberos se abría paso bajo la mañana que irrumpía en el barrio, en la ciudad y en todo el hemisferio de ese lado de la Tierra.

Laura López

EL SOL

Voy caminando hacia ningún lugar. Caminando veo la variedad de cuerpos y rostros que me muestra el paisaje. El sol hace estragos sobre mis ojos. Decido buscar alguna sombra protectora y no encuentro sino migajas de oscuridad semidesnuda.
Sonrío al ver pasar un niño jugando a ser mayor. Yo ya crecí. Ahora ¿qué? El trabajo, los libros, algún alma hermana o compañera, alguna ilusión, proyectos. Sentir que los proyectos seguirán adelante cuando no esté, me hace bien.
Un hombre, sentado en una tabla que cuelga de la pared me distrae por un momento y tropiezo. Me río y sigo adelante. Pegados a una pared, una fila de cartones haciendo de habitaciones y hombres y mujeres de mediana edad, durmiendo o conversando en un banco cercano. Les pasa que tienen mucho tiempo libre y ningún sitio a donde ir. Cada tanto viene la policía para detener el tráfico y un camión que limpia la zona y supongo que a ellos también. Los asean y los mandan otra vez a la calle, un poco más limpios, más presentables a la sociedad.
Al llegar a mi destino me doy cuenta de que el sol, poco a poco a ido apagándose hasta desaparecer.

Cruz González Cardeñosa

EL SOL

Nosotros somos religiosos por el día, creemos en Dios solamente de día. Por las noches no, por las noches escribimos y nos damos cuenta de que algún día del futuro no existiremos y nadie recordará ni siquiera nuestro nombre. Por las noches no creemos ni en la escritura, por eso escribimos. Los escritores de las regiones septentrionales escriben solamente en los meses de noche.

Por eso me fui de Suecia y vine a España. Antes estuve en Dinamarca. Son países donde hay trabajo y dinero… Pero no hay sol y no podía escribir durante todo el día. La única forma de soportar la ausencia de sol es escribiendo.

Cuando llegué a España sentí que había nacido aquí. Los españoles son creyentes durante el día y pecadores durante la noche. Yo siempre fui así, como los españoles, a pesar de haber nacido en Escandinavia.

Recuerdo a los siete años haber descubierto las cartas de mi madre con un italiano que la escribía versos. Si las tenía tan escondidas es que eran muy importantes para ella. Le pregunté y se hizo la despistada, como si no supiese qué eran o no fuesen nada. Después no volví a encontrar esas cartas por mucho que registré toda la casa.

En realidad, vinimos a España porque mi mujer es española. La conocí en Estocolmo. Pero yo también podría haber vivido en Italia, en Marruecos, en Grecia… En cualquier país con Sol. Tengo un alma buscadora del sol. Por el día soy bueno, me porto bien, y por la noche escribo.

Kepa Ríos Alday

EL SOL

Se estremecían los días en un punto de confluencia que nadie conocía, había habido múltiples intentos de captura, pero los ejecutores fracasaron una vez tras otra.
No era culpa suya pero cuando se trataba de buscar la fisura exacta donde la gravitación se mezclaba con la clara línea que se desprende el décimo rayo de sol en el mes de septiembre, los que contaban tal acontecimiento, al parecer, habitaban cierta confusión.
Era algo inaudito, cómo el absurdo se había convertido en un ritual para los ciudadanos, no es que no se pueda, es que no se quiere, cualquiera es capaz de capturar ese rayo.

Magdalena Salamanca

EL SOL

CARA CALVA: Disculpe ¿El sol…?
BIGOTE CEÑIDO: Allá arriba.
CARA CALVA: Me refería al periódico.
BIGOTE CEÑIDO: Allá arriba también, en el primero segunda.
CARA CALVA: Gracias.
BIGOTE CEÑIDO: A usted.
CARA CALVA: Buena tarde.
BIGOTE CEÑIDO.: Buena tarde amigo.
CARA CALVA: Adiós
BIGOTE CEÑIDO: Hasta la próxima.
CARA CALVA: ¿No será usted…?
BIGOTE CEÑIDO: ¿El sol…?
CARA CALVA: Allá arriba
BIGOTE CEÑIDO: Me refería al periódico.
CARA CALVA: Allá arriba, en el primero segunda.
BIGOTE CEÑIDO: Gracias.
CARA CALVA: A usted.
BIGOTE CEÑIDO: Buena tarde.
CARA CALVA: Buena.
BIGOTE CEÑIDO: Adiós.
CARA CALVA: Hasta la próxima.
BIGOTE CEÑIDO: Recuerdos a Laurita
CARA CALVA: De su parte.
BIGOTE CEÑIDO: Dame mi pasta.
CARA CALVA: No la tengo.
BIGOTE CEÑIDO: Pues la pintas.
CARA CALVA: Aquí tienes.
BIGOTE CEÑIDO: ¿3000 pavos?
CARA CALVA: ¿No estás de acuerdo?
BIGOTE CEÑIDO: Vale más.
CARA CALVA: La concha de tu madre.
BIGOTE CEÑIDO: La de la tuya
CARA CALVA: No, la de la tuya siempre.
BIGOTE CEÑIDO: No, la de la tuya para toda la eternidad.
CARA CALVA: La tuya. zurulla
BIGOTE CEÑIDO: La tuya capulla.
UNA POLIZONA QUE PASABA: Así no pueden estar todo el día.
CARA CALVA: Tiene razón.
BIGOTE CEÑIDO: Sí que la tiene.
POLIZONA: Gracias, pero me tengo que ir, me persiguen los gendarmes.
CARA CALVA: Hasta luego entonces.
BIGOTE CEÑIDO: Que le vaya bien amiga, suerte.
CARA CALVA: ¿Qué hacemos entonces?
BIGOTE CEÑIDO Lancemos una moneda al aire.
CARA CALVA: Me parece justo
BIGOTE CEÑIDO: ¿Cara o bigote?
CARA CALVA: Bigote.
BIGOTE CEÑIDO: Ha salido cara.
CARA CALVA: 3500 pavos justos..
BIGOTE CEÑIDO: Deuda saldada.
CARA CALVA: Definitivamente.
BIGOTE CEÑIDO: Como cuando sale el sol.
CARA CALVA: Hazañas de la anfibología.

Manuel Ortega

EL SOL.

Él esperaba una palabra, aquel abrupto sonido que le devolvería a la superficie, ese sonido de cabeza raída que arrastraba las historias despojada de tiempo, que se aferraba también a lo que huye y vuelve como una flor. El germen de los árboles futuros.
En el instante del acantilado susurraba una melodía y hacía un viaje redondo, el sol suyo, sus fiebres de cuerpo a cuerpo, un río alejándose de los sueños más custodiados.
Convenía tomar la pregunta en su centro, averiguar sus nombres, desfilar por las ilesas catacumbas y desnudarse del calor que todo lo enciende.

Pero mi vanidad de vida ciega los intentos. No soy un rumor de luz, soy la luz para la semilla, para la cosa exacta, para la presencia de la sombra. Gravito en caminos eternos y me asombro del céntrico oro que hospeda a mis hijos y da aliento a las comunidades de moléculas que, más allá del ardor brinda la multiplicidad de su extensión.
Soy esa sed permanente, no padezco. Mujer y hombre de finas manos, deletreo el escenario donde la música de los bosques, el misterio de la dimensión inaudita se estrella en esa estrella enamorada de la vida.

Cuerpo aglutinado, caminas y todavía puedes soñar, alcanzas palabras inmortales, indelebles, cadenas de palabras, cadenas de bocas de cualquier siglo. Constelaciones de historias para liberarse del amor venidero.

Clémence Loonis


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

CABALGANDO LA MAÑANA

CABALGANDO LA MAÑANA

Cabalgando la mañana
algunos encontraron
altares sin dueño.
La pura verdad no existe.
Almas agonizando
por el sentimiento
de propiedad privada,
drogadictos del vacío.
Ignorancia decidida
en los brazos de la madre.
Fantasía infernal del suicidio
agonizando entre laureles.
Palomas de la libertad.
Madera quebrantada
hundiéndose y nadie,
absolutamente nadie
habla.

Paqui Robles

CABALGANDO LA MAÑANA

Soy un espectador de tu mediocridad
y de tu indolencia.
He aprendido que no tienes rival
y que no quiero serlo.
Cuando tus propios vasallos decidan
que ha llegado la hora de tu muerte,
tampoco estaré cerca y al menos dos
habrán sido tus derrotas.

Hernán Kozak

CABALGANDO LA MAÑANA

Despierta el día sin nada que hacer.
Los pájaros se aposentan en sus barbas,
le crecen las uñas sin dirección,
y los balcones se le incrustan en los oídos.
El rumor del mar le adormece y entona una canción.
Habla de hombres y mujeres que luchan por su destino.
La silueta de esos hombres, cabalgando la mañana,
despierta una emoción.
Una masa de polvo,
ceniza y lava
entierra hasta el último de sus enseres.
Escucha el sonido de las sirenas,
las voces de los lobos que vomitan noticias.
Bastará un día para acallar al volcán.
Otras bocas seguirán sonando.

Pino Lorenzo

CABALGANDO LA MAÑANA
Tal un jinete afgano,
monto en el autobús
de la mañana,
el autobús de mis sueños,
el que siempre me acompaña
en los días sublimes.

No conocí otro medio de transporte
tan social,
tan igual a un guante
para llevar adelante mi vida,
cabalgando la mañana,
entre otros.

Sylvie Lachaume

CABALGANDO LA MAÑANA

Hombre de palidez exhausta
urgido por el trote de los cuerpos
desde una aridez que no acaba.
Valle de angustia, lava sorda en llanura cerrada
donde se ven rodar los pórticos de la ciudad sin tiempo
La sombra de los lebreles se calza en abismos subterráneos.

Acuden almas absortas como un día marítimo
sus pechos-amapola se inclinan sobre la corteza
y sobre los hombros de una mujer anclada en el bote de conservas.
Hay un vacío a su alrededor mientras llena frascos como habitaciones.
Palpitan embriones bajo huéspedes arcanos.
Descenderá ese día con la calma de diálogos trémulos
cabalgando en la mañana de tallados lápices sobre mi mesa.
Volcán de letras, llama de cualquier día donde vienes
para consolar paraísos.

Laura López

CABALGANDO LA MAÑANA

Cabalgando la mañana
descubro tu rostro sin donaire,
las manos de la noche acariciando
sueños y delirios, y una luna inexistente
que se cuela entre las sombras
por donde apenas cabe un alfiler.

Cruz González Cardeñosa

CABALGANDO LA MAÑANA

Cabalgando la mañana pasó el frío
con sus botas de jinete apocalíptico.
Pasó pisando las flores con su risa
de general extraviado del combate.
De nada sirve disparar y disparar
balas en el desierto. Yo quiero, decía,
matar al otro ejército, pero en la bruma…
Pasó cabalgando la mañana el frío
general extraviado que disparaba
para matar al otro ejército en la bruma.

Kepa Ríos Alday

CABALGANDO LA MAÑANA

La mentira nos embriaga y la luz de las farolas
emite virutas de tiempo que como gotas de rocío
se esparcen sobre los enmascarados destinos de la noche,
guarecidos por el reflejo subterráneo de otras vidas.

Destartalados y con hambre de minutos no vividos
salimos cabalgando la mañana en nubes de almidón.
Brotaban esquirlas atómicas traídas de oriente
mientras los tanques de agolpaban en el cielo.

Eran años de confusión, sí, pero la vida no se detiene.
Zumbidos de traidores arrepentidos eran la marca definitiva
había que renunciar al milagro y sentir la fuerza desconocida
que habitaba los libros más condecorados.

En ellos las tumbas se abren para que entren los verdaderos culpables.
Rezuman regias historias que acicalan las almas más confundidas,
hay misterios que aún nos hacen necios de barba blanca,
pero cabalgar la mañana vence las compuertas a la ignorancia.

Magdalena Salamanca

CABALGANDO LA MAÑANA

Recomponerlo todo,
después de la disolución nocturna,
no es tarea fácil.
El esfuerzo de la resurrección
pronto se olvida,
y la fe en el tiempo nos restituye
como la memoria restituye
los más perdidos recuerdos.
Cabalgando la mañana
el más efímero corcel del alba,
atravesamos el infinito espacio
en el que respiran sin motivo
los que hace tanto partieron.
Debajo de la luz
y de la confianza en las cosas
que inocentemente vemos,
están ellos, repitiendo en sus gestos
los antiguos encuentros,
como el que besa sombras amadas.

Ruy Henríquez

CABALGANDO EN LA MAÑANA

Cabalgando en la mañana, recuerdo lo que me decías.
Consejos que obraban en nombre de una moral envanecida
a los cuarenta y pocos años.

Mientras ahora los coches avanzan,
dibujando sobre el asfalto sus estelas de humos grises,
algo me dice que va siendo hora de cambiar de ciudad.

El horizonte aguarda el momento.
Su luz, gentil peso de quien construye
dejando en paz a la gente, se torna amarilla y verde
resplandeciendo sobre las calles mojadas.

No hay paso atrás sino hacia adelante siempre:
“Vive y deja vivir” como dirían los clásicos.
“Siempre y cuando no te vengan a matar”.
“Siempre y cuando sepas ganar tu dinero”.

Tú viniste a asesinarme, pero para mí nunca fuiste
un peligro, mucho menos de muerte, porque no me das miedo.
Y aunque a otros amedrentes con tu barriga de trol,
en el fondo no eres más que el colesterol que te comes,
y la webcam por la que me espías.

Atacar por la espalda no es de hombres
(ni a los veinte, ni a los treinta, ni a los cuarenta años, nunca resulta).

Solo los niños vigilan a sus mayores, así que, se mire por donde se mire,
no dar la cara es incompatible con ser un hombre.
Aún no lo has aprendido y sigues ensoberbeciéndote,
apipado en la prosapia de la que vienes,
donde los grandes próceres ofrecían siempre
sus manos a los desconocidos,
mientras tú los espantas entre exabruptos groseros.

Es así que nunca comprenderás nada,
porque aunque naciste con ventaja,
la perdiste al infatuarte con la comida.

Cabalgando en la mañana,
mientras el sol gobierna en lo alto del cielo,
mientras la gente a la que extorsionas
deambula por la calle pensando que eres
un buen camarada,
dejo para ti las excelencias del dinero fácil,
porque yo solo me dirimo entre la ley de los hombres
cuyo éxito funda el arte de sobrevivir
sin necesidad de abusar de nadie.

Para seguir siendo rico, basta con darse cuenta
de que en realidad hay de sobra para todos
y que es bueno empezar a olvidarse de la comida basura.

Manuel Ortega.

CABALGANDO LA MAÑANA

Hoy abro la mañana con la plata del universo,
vierto un café y escucho que nada atraparé.
Es mi voz perdida en la construcción de llanuras,
naufragar e incendiarse sobre el vacío perfume
con los aullidos de una historia soñada.
No soy el recuerdo de la cordura,
soy una levadura que enciende equinoccios
y trasnocha en la perpendicular letra de mañana.

Estamos brotando sobre el sortilegio del trabajo,
vapor ancestral que olvidó la semilla
pero no las flores húmedas de los hombros,
eminentes fuentes de palabras a tierra,
partituras y pan para los hambrientos.

Sellados los pactos, aventuramos el brillo
de una geometría con cauce frondoso.
Acantilados y sombrías cicatrices para el observador
sin fronteras, subsuelo de guarismos amontonados.

Cabalgando la mañana con el cataclismo de lo nuevo,
vierto los instantes en mi voz profunda y canto.

Clémence Loonis


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POEMAS DEL VERANO

DIFÍCIL FINAL

Atormentado,

va camino a la agonía del silencio
donde los árboles no crecen,
donde no hay nadie allí,
en ese lugar sórdido y sin espejos,
habitando la nada sin otros,
combatiendo con su propio yo desamparado.

¿Cuántas veces se ha escuchado que el amor
solo tiene sentido cuando dos almas aparecen?

Al borde del pasado, sentado contemplando el infinito,
ve cómo caen todas las piezas del tablero, una a una
y no es capaz de reaccionar,
no puede recordar sus mejores pasos, no está ni aquí ni allá.

Difícil final entre sus propias cadenas,
alma sin duende que no sabe respirar,
te busco de alguna manera y no te puedo encontrar.

Leandro Briscioli

POEMA

¿Cómo hacía para apartar de mi la vida
y convertirme en versos ajenos?

¿Cómo era que los dedos se transformaban
en pistolas hechas de nubes
y llovía a lo largo de todo el cuento
desde su final?

¿Cómo se doblaban las palabras,
se preguntaban por sí mismas
o se tropezaban papel abajo?

Hernán Kozak

EN EL HOSPITAL

Esperando a ser llamado, las piedras acechan.
Al parecer tengo dos, una en cada riñón, son puñales de arena.

Nadie puede evitar que pasen los minutos
y ahí siguen las piedras: silenciosas, amenazantes,
burlándose de mí.

¡Oiga, usted, el señor de marrón, el que anda escribiendo,
pase al box número dos y quítese la camiseta!

La enfermera lo deja claro desde el principio:
tumbado sobre la camilla, con los brazos estirados,
Los dos bien junticos ¡por encima de la cabeza!

Hecho el escáner, paso contrito hacia la consulta.
Creo que, de seguir así, todo se irá a la mierda.

¡Vamos deprisa, los cálculos regresan!
¡Las piedras, las piedras! ¡Las malditas piedras!

Piedras que no se sabe si son de hachís,
o de hojas de hierba.

“Pronto estará usted como nuevo amigo, no tema”
me dice bravo el doctor, al otro lado de la mesa.

No sé qué pasará cuando me hagan las litotricias,
pero las dos serán en septiembre, a la hora de la siesta.

Y aunque el cólico nefrítico resulte inevitable,
y el dolor del oxalato me retuerza

esperó que no haya infección y que, tras las noches de horror,
vuelva a pisar la carretera.

Manuel Ortega

ABRIRSE A LA NADA Y DESPUÉS, ESCUCHAR

Amenazado por la lluvia
en esta atroz fuga,
el fuego escandinavo
atraviesa la hermandad
para dar significado
al espíritu lejano que suspiró.
Vacío de tus manos
abrimos camino
hacia la tormenta.
Canta,
voz aguda de sufrimiento
y torpeza.
Los sollozos del vacío
son tan grises
que en la noche
se perderán.
Se difuminan los pantanos.
A los lejos el mimetismo
hermético y transeúnte.
Cuidado.
El abrigo del mayordomo
en la aspereza griega del plagio está.
Insoportable virtud,
egodistónica hambrienta
que busca su hogaza de pan
entre caracoles vacíos.
Abrirse a la nada y después,
escuchar.

Paqui Robles

TENGO Y TIENES

Tengo los huesos sedientos de fuego
cuando el fósforo interior, fatua
substancia que me orienta
hacia el húmedo subsuelo,
quiere deshacerse de mí.

Tengo los huesos llamados
a irradiar mi semilla en nocturnos
remolinos de lechuzas. Ellos
fulgirán sobre mis exequias
su alma inorgánica.

Tienes mi cuerpo prometido,
diosa de la verdad profunda,
sólo te pido en adelanto una dosis
de la eterna negrura, de aquel silencio
que necesitan mis ojos para florar.

Tienes mi lengua para serpentear,
frío mineral sobre las pieles
de los díscolos hijos de mujer.
Mi lengua morada se agita lúbrica ya
sólo te pido una sola, única dosis
de valor.

Kepa Ríos Alday

CUÉNTAME

Cuéntame la historia de este fantasma
que puebla las autopistas del sol.

Cuéntame por qué las ninfas no tienen alas,
por qué el ruido de sus pasos
alberga dulces cantos de misterio.

Cuéntame,
no tergiverses en descubrir el hilo conductor,
no me importa de dónde vengo;
es el aire que necesitamos cada día
el misterio que me lleva
más allá de mis propios sueños.

Sylvie Lachaume


ME ABANDONO

Bajo la pantalla de un cielo fundido a negro, sin estrellas,
arrojo a las bajas esferas viejas palabras que salieron
a mi encuentro por una senda que sufre de esclerosis.
Ante una huida imposible, me alejo de mí y me abandono.
Miro al exterior para que de mis ojos se desprendan
imágenes nuevas, mientras una nube de palabras a punto
de ceniza se cierne sobre mis manos para emborronar
una página más.

Antonia López

EL FARO

Imponente ante el océano,
cual gigante arrecife
vagabundas olas vienen a buscar tu regazo.
Atalaya de arboladuras y velas
es tu prismático cuerpo la seducción
que decanta baladas de sirenas brigantinas.
¡Cuántos marinos han implorado tu tea!
En más de dos mil años de historia
legiones de bergantines cruzaron tu mirada,
en tu vientre infinidad de tobillos
siguen cargando el andar y desandar
de tus doscientos setenta y seis peldaños.
Bajo tus pies, mitos romanos y celtas
surcan laberintos y concordias,
algunos trotamundos siguen buscando
la magia de la Wicca.

Sobre los acantilados que le escoltan,
acostada a sus faldas,
este prodigio me ofreció un gran día de verano.

Ana Velasco

MI VOZ RESTALLA CONTRA LA MAÑANA

Hoy contemplé la cara invisible de la luna
cráteres vacíos eran bocas asombradas.
besaban mis heridas siderales
e imploraban a la sumisa bestia inclinarse
al sepulcro de las palabras.

Y tú, con tantos glaciares en el cuerpo, Tierra,
barriga ecuánime que oficias ante la noche
hinchada de jugos gástricos y poderes supraeconómicos
presides en la acidez de suburbios tristes,
mientras vagabundos del espacio buscan el prestigio del sol.

¿Dónde están?
Yo los vi conquistar constelaciones y elevarse poblando misterios
con mi beso de apicultor y mi vestido de colmena.
Retrocedo y mis manos son terrones y hay lluvia.
Despierto de un sueño voraz y mi voz restalla contra la mañana.

Laura López

POEMA I

Anidada en el hueco perpetuo de un orificio efímero
se desvanece la calma entre el leve murmullo de la ciudad,
algunos se ciegan para no sentir el amor palpitando
mientras otros enmudecen sus silencios y permanecen autistas.
Se vislumbra en el horizonte una franja de libertad
pero su inalcanzable línea quiebra la esperanza:
las piernas bailan sin ritmo cuando el avance es nulo.
Desnúdate, las posibles salidas son túneles angostos,
canales que eclosionan los miedos más ancestrales,
memoria de aquellos partos abandonados entre la maleza.

Magdalena Salamanca

HOMENAJE A FEDERICO GARCÍA LORCA

Ay capitán de palomas
más cerca que el cielo,
desde las ramas del banquete,
luna, luna de perla,
estallan caballitos de metal.
100 años en la mejilla de tus versos
como el tiempo con el mar,
puntas sorbiendo los rincones de la historia.

Ay capitán de palomas.
Nací en tu rostro de futuro en la esquina de todos,
alfiler de boda,
siempre viva en la aurora de las escalas.
Con el pecho desmesurado, anda jaleo, jaleo,
más cerca de la sangre,
existes como riberas de oxígeno.
Y mi amor es el desfiladero que saluda formas de traje,
viaje devorado porque no caben pieles de retorno.

Ay de ti, capitán de palomas.
Son soles del revés, aires de muerte en tu herbolario metafísico
y comprendemos que tus venas son vidrios de nieve
que se apresuran por verter diminutos rostros
bocas de paisaje que vuelven entre las lagunas del ojo.

Mi capitán, oh, capitán de los altos versos
que seguirán deslumbrando el futuro de los hombres venideros.

Clémence Loonis

ANDABA DESCALZA POR LA SELVA

Andaba descalza por la selva
pisando cocodrilos y canguros
que saltaban de Londres a Edimburgo.

Inclinada la cabeza, vi un dinosaurio
que pedía un sandwich de jamón y una cerveza
mientras pequeños ratones se bañaban
disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Clavo en la desesperación del silencio
sorpresas con cerrojos incrustados
y bajo el soportal de tus ojos
inmensos, encuentro un corazón
barrido por el viento.

Cruz González Cardeñosa


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

Visita nuestra web:
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

POEMAS DEL VERANO

DIFÍCIL FINAL

Atormentado,

va camino a la agonía del silencio
donde los árboles no crecen,
donde no hay nadie allí,
en ese lugar sórdido y sin espejos,
habitando la nada sin otros,
combatiendo con su propio yo desamparado.

¿Cuántas veces se ha escuchado que el amor
solo tiene sentido cuando dos almas aparecen?

Al borde del pasado, sentado contemplando el infinito,
ve cómo caen todas las piezas del tablero, una a una
y no es capaz de reaccionar,
no puede recordar sus mejores pasos, no está ni aquí ni allá.

Difícil final entre sus propias cadenas,
alma sin duende que no sabe respirar,
te busco de alguna manera y no te puedo encontrar.

Leandro Briscioli

POEMA

¿Cómo hacía para apartar de mi la vida
y convertirme en versos ajenos?

¿Cómo era que los dedos se transformaban
en pistolas hechas de nubes
y llovía a lo largo de todo el cuento
desde su final?

¿Cómo se doblaban las palabras,
se preguntaban por sí mismas
o se tropezaban papel abajo?

Hernán Kozak

EN EL HOSPITAL

Esperando a ser llamado, las piedras acechan.
Al parecer tengo dos, una en cada riñón, son puñales de arena.

Nadie puede evitar que pasen los minutos
y ahí siguen las piedras: silenciosas, amenazantes,
burlándose de mí.

¡Oiga, usted, el señor de marrón, el que anda escribiendo,
pase al box número dos y quítese la camiseta!

La enfermera lo deja claro desde el principio:
tumbado sobre la camilla, con los brazos estirados,
Los dos bien junticos ¡por encima de la cabeza!

Hecho el escáner, paso contrito hacia la consulta.
Creo que, de seguir así, todo se irá a la mierda.

¡Vamos deprisa, los cálculos regresan!
¡Las piedras, las piedras! ¡Las malditas piedras!

Piedras que no se sabe si son de hachís,
o de hojas de hierba.

“Pronto estará usted como nuevo amigo, no tema”
me dice bravo el doctor, al otro lado de la mesa.

No sé qué pasará cuando me hagan las litotricias,
pero las dos serán en septiembre, a la hora de la siesta.

Y aunque el cólico nefrítico resulte inevitable,
y el dolor del oxalato me retuerza

esperó que no haya infección y que, tras las noches de horror,
vuelva a pisar la carretera.

Manuel Ortega

ABRIRSE A LA NADA Y DESPUÉS, ESCUCHAR

Amenazado por la lluvia
en esta atroz fuga,
el fuego escandinavo
atraviesa la hermandad
para dar significado
al espíritu lejano que suspiró.
Vacío de tus manos
abrimos camino
hacia la tormenta.
Canta,
voz aguda de sufrimiento
y torpeza.
Los sollozos del vacío
son tan grises
que en la noche
se perderán.
Se difuminan los pantanos.
A los lejos el mimetismo
hermético y transeúnte.
Cuidado.
El abrigo del mayordomo
en la aspereza griega del plagio está.
Insoportable virtud,
egodistónica hambrienta
que busca su hogaza de pan
entre caracoles vacíos.
Abrirse a la nada y después,
escuchar.

Paqui Robles

TENGO Y TIENES

Tengo los huesos sedientos de fuego
cuando el fósforo interior, fatua
substancia que me orienta
hacia el húmedo subsuelo,
quiere deshacerse de mí.

Tengo los huesos llamados
a irradiar mi semilla en nocturnos
remolinos de lechuzas. Ellos
fulgirán sobre mis exequias
su alma inorgánica.

Tienes mi cuerpo prometido,
diosa de la verdad profunda,
sólo te pido en adelanto una dosis
de la eterna negrura, de aquel silencio
que necesitan mis ojos para florar.

Tienes mi lengua para serpentear,
frío mineral sobre las pieles
de los díscolos hijos de mujer.
Mi lengua morada se agita lúbrica ya
sólo te pido una sola, única dosis
de valor.

Kepa Ríos Alday

CUÉNTAME

Cuéntame la historia de este fantasma
que puebla las autopistas del sol.

Cuéntame por qué las ninfas no tienen alas,
por qué el ruido de sus pasos
alberga dulces cantos de misterio.

Cuéntame,
no tergiverses en descubrir el hilo conductor,
no me importa de dónde vengo;
es el aire que necesitamos cada día
el misterio que me lleva
más allá de mis propios sueños.

Sylvie Lachaume


ME ABANDONO

Bajo la pantalla de un cielo fundido a negro, sin estrellas,
arrojo a las bajas esferas viejas palabras que salieron
a mi encuentro por una senda que sufre de esclerosis.
Ante una huida imposible, me alejo de mí y me abandono.
Miro al exterior para que de mis ojos se desprendan
imágenes nuevas, mientras una nube de palabras a punto
de ceniza se cierne sobre mis manos para emborronar
una página más.

Antonia López

EL FARO

Imponente ante el océano,
cual gigante arrecife
vagabundas olas vienen a buscar tu regazo.
Atalaya de arboladuras y velas
es tu prismático cuerpo la seducción
que decanta baladas de sirenas brigantinas.
¡Cuántos marinos han implorado tu tea!
En más de dos mil años de historia
legiones de bergantines cruzaron tu mirada,
en tu vientre infinidad de tobillos
siguen cargando el andar y desandar
de tus doscientos setenta y seis peldaños.
Bajo tus pies, mitos romanos y celtas
surcan laberintos y concordias,
algunos trotamundos siguen buscando
la magia de la Wicca.

Sobre los acantilados que le escoltan,
acostada a sus faldas,
este prodigio me ofreció un gran día de verano.

Ana Velasco

MI VOZ RESTALLA CONTRA LA MAÑANA

Hoy contemplé la cara invisible de la luna
cráteres vacíos eran bocas asombradas.
besaban mis heridas siderales
e imploraban a la sumisa bestia inclinarse
al sepulcro de las palabras.

Y tú, con tantos glaciares en el cuerpo, Tierra,
barriga ecuánime que oficias ante la noche
hinchada de jugos gástricos y poderes supraeconómicos
presides en la acidez de suburbios tristes,
mientras vagabundos del espacio buscan el prestigio del sol.

¿Dónde están?
Yo los vi conquistar constelaciones y elevarse poblando misterios
con mi beso de apicultor y mi vestido de colmena.
Retrocedo y mis manos son terrones y hay lluvia.
Despierto de un sueño voraz y mi voz restalla contra la mañana.

Laura López

POEMA I

Anidada en el hueco perpetuo de un orificio efímero
se desvanece la calma entre el leve murmullo de la ciudad,
algunos se ciegan para no sentir el amor palpitando
mientras otros enmudecen sus silencios y permanecen autistas.
Se vislumbra en el horizonte una franja de libertad
pero su inalcanzable línea quiebra la esperanza:
las piernas bailan sin ritmo cuando el avance es nulo.
Desnúdate, las posibles salidas son túneles angostos,
canales que eclosionan los miedos más ancestrales,
memoria de aquellos partos abandonados entre la maleza.

Magdalena Salamanca

HOMENAJE A FEDERICO GARCÍA LORCA

Ay capitán de palomas
más cerca que el cielo,
desde las ramas del banquete,
luna, luna de perla,
estallan caballitos de metal.
100 años en la mejilla de tus versos
como el tiempo con el mar,
puntas sorbiendo los rincones de la historia.

Ay capitán de palomas.
Nací en tu rostro de futuro en la esquina de todos,
alfiler de boda,
siempre viva en la aurora de las escalas.
Con el pecho desmesurado, anda jaleo, jaleo,
más cerca de la sangre,
existes como riberas de oxígeno.
Y mi amor es el desfiladero que saluda formas de traje,
viaje devorado porque no caben pieles de retorno.

Ay de ti, capitán de palomas.
Son soles del revés, aires de muerte en tu herbolario metafísico
y comprendemos que tus venas son vidrios de nieve
que se apresuran por verter diminutos rostros
bocas de paisaje que vuelven entre las lagunas del ojo.

Mi capitán, oh, capitán de los altos versos
que seguirán deslumbrando el futuro de los hombres venideros.

Clémence Loonis


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

HISTORIAS DEL VERANO

NO TE LO VAYAS A CREER O TAL VEZ SÍ

Ahora que nadie me escucha, he de reconocer que los dos primeros sábados después de las vacaciones del taller, me sentaba frente al ordenador a los doce y media, con la esperanza de escuchar el sonido del Skype avisándome que comenzaba la fiesta.
Pero nunca, ni por error, saltó la llamada. El encuentro con los versos y las historias que me acompañaron durante todo el año ya no estaba.
Es cierto, tuve las playas de Ibiza, los museos de París, el ritmo de Bs. As., pero siempre con la sensación de que algo faltaba.

Hernán Kozak

EL PERRO

Pasaron muchos días desde la última vez que Fermín viese al perro, así que empezó a sospechar que tal vez el animal se hubiera ido y que la historia habría terminado para siempre. No obstante, anduvo unas cuantas manzanas con la esperanza de verlo caminar por las aceras, pero no halló ni rastro. Preguntó a Camila, a Lolo y a Mateo y como ninguno supo qué decirle, no le quedó otra que empezar a aceptar la situación.

Pasaron los días, las semanas, los meses, diez largos años en los que Fermín no pudo dejar de preguntarse por el paradero de su amigo, llegando algunas veces incluso a ponerse en lo peor. Molly le había estado animando. “Seguro que no le pasó nada”, le decía todos los días al despertar. “Sabe cuidarse, es muy listo, quizás haya regresado con su antigua familia, en ese caso, estará bien, no hay por qué preocuparse, tú tranquilo”, pero Fermín odiaba la incertidumbre y no fue capaz de superar sus miedos.

Finalmente, una tarde de jubilosa primavera, cuando sin ninguna explicación sobre cómo ni de dónde había salido, igual que un muerto que resucita, ladrando entre las escaleras por las que se ascendían al portal de Fermín, mientras este regresaba procedente del bar de Matías y a punto estaba de enfilar el último tramo que lo conducía a su casa, el can se abalanzó sobre él, siendo en ese momento cuando los dos se despertaron dando un respingo sobre la cama en la que dormían junto a Molly. Ella seguía roncando plácidamente y aunque no le gustaba que Ulises le lamiera el rostro, a Fermín no le importó al comprobar que su camarada estaba en perfecto estado de salud. Desde aquel sueño los tres siguen siendo inseparables, pero ahora siempre que pueden, acuden a todas partes, juntos.

Manuel Ortega

LA MUERTE

Parecía mentira que hubiese llegado tan lejos. Con tan solo mover un dedo y levantar el teléfono tuvo a su alcance el mayor arrecife de corales. Llevaba años buscando la razón de tanto ingenio, pero no puedo averiguarlo hasta la hora de la cena. Después, cerró sus ojos lentamente y murió.

Paqui Robles

HISTORIA
Apenas llegar al antro, los echó atrás el olor hediondo que reinaba. ¡Sólo un fantasma puede habitar este lugar, pensaron, ningún ser vivo puede sobrevivir aquí, es la puerta de entrada al infierno, Hierápolis!
Pero no tenían otra opción. Empujados por el hambre de saber más allá de lo que les correspondía, se animaron a entrar, pues sabían que el ser humano se adapta rápidamente a cualquier olor, cualquier ruido, cualquier extravagancia. El ser humano se adapta, sí, a todas las latitudes, longitudes y vergüenzas.
El jefe de la banda ordenó que todos se callaran. Un ruido se percibía desde el fondo de lo que parecía, ahora, una iglesia, una basílica, quizá, de ésas, romanas, apostólicas y mediterráneas. El suelo parecía inundarse debajo de sus pies, como en un apocalipsis desmesurado.
Por altavoces les llegó su verdad: “Aquí, no hay tomate, idos, cobardes, habéis puesto el dedo meñique demasiado alto para que podamos permitir que les demos la cara”.

Sylvie Lachaume

LA MALETA

Aquella maleta que encontró Leonor al final del rellano llevaba sus iniciales, era de cartón recubierto de una cuadricula fina, no estaba cerrada con llave. Aunque supo que era para ella, la dejó fuera hasta el final de la tarde, a penas la tuvo delante se adentró en ella como quien traspasa el marco de una puerta sigilosamente. Cenefas del pasado salpicaron su mirada: un pequeño rosario de laca que había desaparecido el día de su primera comunión – con el disgusto que se llevó su madre -, una muñeca con unos zapatos rojos con la que se escondía en el desván para contarle que de mayor quería volar como los pájaros, una raqueta de tenis que no pudo estrenar y el hasta mini short que le trajeron de Londres y tanto escandalizó a la abuela, lágrimas prendidas a la foto del chico de la biblioteca, con quien estrenó su ingenuidad. También estaba el bolsito que compró para asistir a su primera boda, que luego lució su hermana. El polvo erupcionaba su entorno. Uno a uno fue destapando aquellos despropósitos viejos hasta que un gran estornudo la estimuló. Buscó la papelera de ficticios deseos y fue dejando caer los diversos objetos. ¿Quién habrá traído esta maleta se preguntó? ¿En qué trastero habrá estado tanto tiempo? Solo podía ser alguien que la quería, mostrándole lo quimérico de cualquier añoranza y que el verdadero deseo le había llevado por otros derroteros.

Ana Velasco

UN SEÑOR

Un señor atiende en una terraza. Las mesas bailan alrededor del pavimento. Grupos de siete, seis, tres, dos personas y hasta una, son piernas de tango. Alguien se inclina y desaparece. Bajo la mesa hay una paloma y el señor que atiende la terraza se percata de la ausencia. Busca entre los ojos de las sombrillas que discretas auguran una inundación solar. Aparece. Pero ya no es la misma. Ahora es un montón de personas como hojas de un diario. Los sucesos, la subida de la luz, el tiempo… Sube el tono y arriesga: un café con leche de hierba. Sabemos que, en los diarios, nunca hablan de lo verdaderamente importante.

Laura López

EL TIEMPO DEL POETA

El poeta lo había anunciado sin saber realmente de qué tiempo venía la anunciación. El tiempo que habían inventado los humanos era seco, poco ilustrativo y su función principal era recordar. El tiempo del poeta, en cambio, silbaba con una cadencia propicia al baile, y boom en un pie y zas con el otro, se deslizaba hasta toparse con una palabra nueva. Era cruel ese instante pero como podía correr por las praderas disminuía su nivel; el tiempo aquél se notaba por el aire que hacía crecer a los niños. En el pueblo más cercano se decía que los hijos de la Mari se habían refugiado en el bosque para evitar ser capturados. Ya tenían la edad de la guerra y de la libertad, sabían subyugar a los animales e incluso a las plantas para que se abriesen al paso del joven virgen que todo lo desea.
La frase que más se repetía entre los conciudadanos era: van a venir por nosotros.
Cada uno tenía la razón de sus temores, los niños grandes, como los llamaban, se iban multiplicando.
En la casa del Paco, eran los primeros en haber tomado medidas, había rodeado la casa de metralletas. Sí, se corría la voz de las metralletas y con los ojos palpitando explicaban que su castidad, la de Paco y su mujer, les habían privado de descendencia.
Hablaron con la policía. Siempre un agente del orden puede tener una idea para pensar el fenómeno. En fin, el alcalde se ocupaba de describir el fenómeno, en la farmacia buscaban los orígenes y habían cerrado prontamente todas las iglesias. Las riquezas aglutinadas en esos santuarios debían ser protegidas, tenían superiores que no tolerarían la afrenta.
Cada uno se concentraba en su temor a ver si le podía encontrar una solución. Al multiplicarse los niños grandes, se multiplicaban los temores, claro, pero no se comprendía del todo por qué Paco seguía siendo el único con su arsenal de defensa.
Creían que su amor había sido bueno, que algún que otro cuidado habían dado, y los sacrificios ¿de quién y para quién?
Pero dudaban de su amor y temían. Temían como los guardaespaldas cuando dudan.
Los niños grandes se organizaban no para desplegar un ataque a la antigua sino para pensar qué harían si el crecimiento no se detenía. Ellos veían largo y tendido los instrumentos para el desarrollo. Como habían amaestrado las fuerzas naturales, a la lluvia por ejemplo, le pedían que fuera voluntad de riego, se habían hecho potencialmente históricos.

Nunca más se volvieron a ver. Los niños grandes habían emprendido tantos proyectos como ilusiones, así pudieron vivir 200 años. Los que los habían engendrado murieron de temor, enfermedad producida por la confusión de los periódicos.

Clémence Loonis


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

UNA PASIÓN

UNA PASIÓN

Una pasión infernal
me abre el horizonte invernal
soñado en mi infancia.

Cada día que pasa
lubrifica mis pensamientos
y sólo un abrazador sol
calma la armonía encontrada.

Los años poco tienen que ver
con los signos que se desenlazan,
abriendo una nueva partidura.

Sylvie Lachaume


UNA PASIÓN

Indómita luz que arranca de mí
los sentidos del tacto y la locura,
se estrella sin piedad sobre tu piel
para caer, otra vez entre tus sábanas.

Vamos recorriendo el camino,
despojándonos de todo lo que no suma,
aprendiendo a volar libres,
a respetar los silencios,
a cuidarnos mutuamente,
vamos soportando el frío de los idiotas,
el olor que nace de una flor,
el sonido de tus labios,
esa mirada que penetra,
las llanuras universales del canto,
descubriendo en el nuevo amanecer,
la complicidad que vive entre nosotros
para volver al origen del todo,
para encontrarte cada vez entre palabras.

Abre la ventana y deja que el aire entre,
que acaricie tu perfil azul,
déjame esta pasión, que todavía tengo ganas de ella.

Leandro Briscioli

UNA PASIÓN

Te fuiste por donde llegaste,
contra el viento luchando
vestido de mono, con la espalda
oxidada por el abatimiento
y esa triste luz sin sombra
de cualquier pasión vencida.
Hoy has vuelto a recuperar
la sonrisa y en nombre de tu
lesa humanidad, continúas
solo y proscrito como un pregón
sin anuncio, o un ardid solitario
más acá de la muerte.

Manuel Ortega

UNA PASIÓN

Dejo sobre la mesita de luz las gafas
que me permiten reconocer las letras
de esa historia entre maravillosa y perversa
con que alientas la búsqueda infinita
de lo que rodea cada cosa
y permite el deslizamiento,
a veces apasionado,
otras lento y preciso,
como deleitándose en el recorrido,
sabiendo que cada final es un comienzo.

Cruz González Cardeñosa

UNA PASIÓN

        Para Carmen Salamanca

A esa voz
le fue añadiendo versos,
donde Dios era una palabra más
y las lágrimas se doblaban con su cuerpo.

Le dio templanza,
para caminar por el palacio,
eligiendo las puertas que llevaban a la página en blanco,
ignorando los espejos que nada sabían del amor,
fotografiando lo invisible.

Le dio futuro,
para seguir ayudando a crecer
lo propio y lo extraño.

Nos dio un lugar
donde volver
cuando el silencio duela,
cuando la alegría se siente a nuestra mesa.
Nos puso frente a frente con ella
y nos acompañó
para que ese temblor no nos aniquile
al mirarla a los ojos.

Hernán Kozak.

UNA PASIÓN

Luego de prisas y subastas y de hábitos torrenciales
regresando sin temor de un cielo de vientre de Eurídice
vuelvo hacia la noche como llama seca,
sobre el ciego hombro y la lengua oscura.

Duerme, porque dormir es como el mar,
silencio sordo donde arriba está el viento
como una flor seca en un búcaro de cristal
agitada, meciéndose, aborrecida en su helecho.

Impenetrable, ebrios los soles se alejan.
Se ha disipado el lago del corazón
las ondas abyectas de un día cualquiera
Al fin la locura: un latido más alto la ahueca.
Se tañe un ciprés y desnuda, mítica,
se abren las puertas de la noche.

Laura López

UNA PASIÓN

Si dejándote amar, aún sientes que el sol brilla poco,
mira por el telescopio de la pasión y quizá alguno de sus rayos
penetre tus pensamientos y se multipliquen las ansias
de nacer a un nuevo mundo, a una vida abierta al amor.

Descompón las frágiles acequias de tu cuerpo,
necesito embriagarme de tus néctares,
tambalearme en los límites de lo prohibido,
sexo desconocido entretejido en las manos de la muerte.

Magdalena Salamanca

UNA PASIÓN

Reverbera en la sangre y calla en la lengua.
Su angustia multiplica las sombras
como un espejo cóncavo deforma las imágenes.
Te sacrifica al espejismo de ser único y distante.
Un rumor de voces, de ruidos nocturnos
que entrechocan, se contradicen a destiempo,
te alejan del sueño y te mantienen despierto.
El espectro de lo que nunca ocurrió te desvela.
Su sombra ata tus manos y tu corazón con un hilo negro,
con una rabia lasciva, con el mercurio de sus besos.
Estás preso de su tinta, de su esfera rodante.
Su amniótica sustancia deja tras de sí una estela.
Su abrazo tórrido, su sexo hambriento
dilatado en las marismas de una ciénaga
en la que naufragan todos tus intentos.
Una pasión encerrada en un órgano
que palpitaba sin ninguna esperanza.
Primero fue un golpe en el centro del pecho.
Después el eco resonó con idéntico reclamo.
Un diálogo entre dos mundos a punto de desaparecer.
Un monólogo con una única palabra
y la obligación de seguir viviendo.
Así se forjó esta contradicción
entre aspirar y soltar el aire,
sin tiempo para morir,
sin tiempo de vivir del todo.

Ruy Henríquez

UNA PASIÓN

Emerge súbita de la profundidad de un terreno ignoto,
la lava que se extiende a las dunas de tu canto,
ondas de colores naranjas, ocres, rojos, azules,
se elevan más allá de las flores del abismo,
y una tierra desatada de pasiones fulgurantes
vocifera tu nombre en el exilio.

Se hace la nada,
un silencio sordo escamotea cada recoveco
de una galaxia de reliquias estériles y estrellas suplicantes.
Vago ausente en busca del espíritu del dios abandonado,
de la tierra herida dónde nadie pudo habitar,
de la quimérica hornacina repleta de palabras,
donde el poeta nutre su alma.

Compañero de fatigas, no sientas desasosiego,
no existe el adiós definitivo, somos nómadas del tiempo,
recorremos desfiladeros milenarios,
tallados por antepasados de paulatino desapego.
Con un destino inexorable y silencioso,
se volverán a cruzar nuestros caminos.

María González

UNA PASIÓN

Una pasión te ha arrojado
hasta este mar de palabras.
Atrás quedó el silencio
donde te gustaba asomarte,
ese abismo estéril
de sueños agostados,
naufragio sin tabla de salvación,
isla sin tesoro.
Te rindes ante esta pasión
que no puedes doblegar.
Perderte en sus vericuetos,
que se abren para ti,
será tu ganancia.

Antonia López

UNA PASIÓN

Una pasión, casi humana,
roza el límite de la indulgencia.
Se desliza como gota de agua
sobre el infinito cristal terráqueo.
Ablanda las miradas de los que,
sin saberlo,
lo traspasan.

Paqui Robles

UNA PASIÓN

Tenía una pasión, se ha recogido
bajo la corriente de los labios.
Una pasión latina, de César amando
a la grave Cleopatra. Pasión árabe,
tormenta del desierto sofocante.
Tus floridos senos de arena,
gajes de la metamorfosis cuando
el hombre pasó el umbral de aquella
puerta en que apoyabas tu peso,
quedaron sencillos, musicales
campanas de lujuria. Era tu dulzura
verde y picante sabor de puesta
en la pradera de los arrebatos sanguíneos.
Colores anfibios transidos de sangre,
tu pasión era encontrarme para conversar.
Yo te quería replicar y era imposible
sortear la certeza del abismo.

Kepa Ríos Alday

UNA PASIÓN

Una pasión acabó conmigo,
quizás no eran mi cara, ni mi cuerpo
los destinatarios de aquel arrebato
sí los que tenía más a mano,
de los que repudiaba sus caricias
-en su catarsis hedonista-
y a los que descubrió su cobardía.

Fue llegando poco a poco
como llega el equinoccio de otoño.
Al principio una abortada pelea
incrustaba sus puchos en la mesa,
luego cualquier desazón brotada en el pub
captaba mis brazos en rehenes,
un penalti en el campo del rival
clausuraba su estima,
mi pecho temblaba su respuesta.

Aquel día de lluvia mansa
en Wimbledon se descolgó el reloj,
una apuesta perdida
junto a la ingesta de alcohol
desataron la furia del hooligan,
su flaqueza cayó sobre mi vida
tal vez, a sabiendas,
también sobre la suya.

Ana Velasco

UNA PASIÓN

La luna luce un blanco contrario
sobre los peces amenazados.
Dando agrios brincos al aire
rodean la mar, agua de reyerta.
Pasión de moneda falsa gime,
cubre las dos mañanas del poniente.
Aquí pasa lo de siempre.

Golpean el pecho del puerto
y ruge la sangre del sueño.
Hasta las altas pasiones del fuego
sobre el filo de la cubierta
se mece de pie la esperanza.

Mira la pasión su piel eterna
y despega gritos célebres.

Hay llagas de cien voces,
versos empinados, inquebrantables.

Clémence Loonis


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Carmen Salamanca Gallego
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