DUENDES EN LA MADRUGADA

DUENDES EN LA MADRUGADA

Aúllan las bestias en la noche
irrumpen en corrientes verticales.
Llaman a la puerta tras el alumbramiento
e inundan el paisaje oscuro.
Tras la ventana un golpe,
un ritmo en el cinto del alba.
Y fuimos ríos, lava
en un día con nombre de santo.
Marcamos líneas en la azucena
y de los tréboles arrancamos su gracia.
En el filo del fuego todo es carne,
pájara de un coro de semillas.
Germinan ladrillos y tablas
de este paisaje de cemento.
Dónde la entrega,
dónde el ombligo de la cúspide de las letras.
Me quieres blanca pero también soy oscura,
mestiza de todos los duendes de palabras.

Laura López

DUENDES EN LA MADRUGADA

Orquestan los latidos de la madrugada
con un lenguaje sordo a nuestros oídos.
Entes secretos, misteriosos, esotéricos
pulsan los sueños narcotizados del día,
roen el hueso de nuestras conciencias
resueltas en fotogramas desordenados
que en nada se parecen a tu película.

Antonia López

DUENDES EN LA MADRUGADA

De colores visten la ciudad en horas intrépidas
en la madrugada.
Salen de escondrijos recónditos
alcohólicos, drogadictos, poetas, difuntos,
soñadores de mescalina, consumidores de barbitúricos,
y obsesivos jadeantes del paso perfecto.
En recorridos circulares buscan compañía
torturadores de la palabra,
boxeadores arrepentidos del último golpe,
dibujadores de perfiles inquietos.
Todos seducen en el baile de máscaras
con la luna por testigo.
Incitan conversaciones,
encuentros sedientos,
ser inmortales
por una noche.

Pino Lorenzo

DUENDES EN LA MADRUGADA

Venían con sus canciones saltando
pero como yo dormía se fueron.
Venían con sus amores hablando
pero yo no quise abrir la boca,
se fueron de madrugada los duendes
que enhebraban la aguja del cuento,
los que zurcían de noche los mágicos
augurios de compañía y no me hablan
la fuente ni el árbol envidioso,
fundieron las ideas como grasa
y se secan los estanques sin isla
con su princesa en el medio.
Quién llorará conmigo para celebrar
el orgullo de ser discreto, el orgullo
de tener final en vez de finalidad.
Yo no he sido creado por máquinas,
a mí me escribieron seres limitados
y me subieron al cielo infinito para que
brillara entre las estrellas como los otros
millones de millones de poemas olvidados.

Kepa Ríos Alday

DUENDES DE MADRUGADA
I
Me andan las tensiones del cuello
pero dispongo de madrugadas,
de sueños de pianos, del alquitrán
que suspira elevándose en mi ruta.

¿Quién tendrá el sulfato de presa, el miedo
que se apresura y no regresa al pie del tiempo?

Quisiera apelar a los versos
de una mujer que ilustró mi camino.
A la tristeza que pasea su silueta pasajera,
mitad fuego de espuma, mitad alegría de cuento.

Nadie coloca mi potencia entre los árboles
ni acuesta mis ojos para llorar,
soy la que nace, sonríe y solventa la percha de la mano.

Tendré noches lejanas sin fondo
e invitaré a esa vieja idea de murciélago
a olvidar conmigo la promesa del columpio.

II
Cerré los versos al confundirlos con un aleteo nocturno.
Pospuesta, salté a la silla del decorado
y aplasté los ruidos del denigro.

¿Quién canta a la luz sino el deslumbramiento?
¿Quién se hace llamar y pierde su sombra de cascabel?

Duendes de madrugada apalean a los sin fin,
juntos para la exterminación. Virus del sí,
virus conmocionado por el tesoro corporal,
vienen a detener al sensacional sexo de palabras.

Y lustran sus premios, se regocijan en el mar roto
y cuando los subterráneos de la tierra mugen
con los duendes flotando ¿inocentes?
se arrepiente el pie y se cierra como un verso.

III

Yo sé que la tierra no es redonda ni parca
que hay cosas que sustituyen valores, avaras,
lunas enfrentadas en medio de la salud asesinada.

Y como en el juego está la vida, absurdamente, elijo la fiera diestra.
Ya no pregunto, ni interesa la inocencia guardada.
Voy rodando entre versos como el tiempo que canta.

Clémence Loonis

DUENDES EN LA MADRUGADA

El néctar produce las sombras en las acequias,
las partículas son el polvo en el camino,
luminarias que la luz plaña en la aurora, lágrimas
de un rocío en el pedestal que aúlla,
y el viento ávido de sueños, recompone en pirámides
de otra edad en el jardín del Edén.
Huesos como filigranas soldadas a la hendidura,
relatos de la inocencia que pisotean la geología,
ráfagas del aleteo, óxido en las manos.
Testigos del presagio, de la muerte de la claridad
de esta luna sin argén, sin su erigido ciclón,
señora de la flora, en las nervaduras del invernáculo.
Son seres que pestañean sobre el mórbido
ataúd, entre los retratos de fantasmas, destellos
que zumban y abrazan el vacío.
La fuga de personajes cotidianos, rebelión
entre las estatuas de sal, agua clara
entre los meandros…
Una árida lágrima solitaria
el aura alcanza y yace junto al reflejo
de ebrias olas en las grietas.
El loco carcelero de la angustia, una pátina
cubre la dentellada de espumas del pretérito
en las constelaciones,
veneno que acuña en las órbitas de la llama,
enramadas legiones, rehén del tambor, del pólipo
que respira los tubérculos del sepulcro.
¿Y qué reina querría la mordedura de las calaveras?
¿Qué tienta a las fauces a abrir
sus puertas de par en par,
desgastar su enigma de lámparas efímeras
con la traición como bandera?
Conspiran los coleópteros sedientos del crimen,
trafican hambrientos con gomosas
sortijas prometidas.
Abandonan los caminos los duendes
en la madrugada, las profecías del muestrario
de tinajas que guardaban la bruma, los ojos
de ángeles exhumados, las alegorías
pavorosas, el quebrar del vidrio en la espalda
de los soles…
un recuerdo nace de la savia cana,
llega hasta las manos hosca, sabor agrio
carcome los columpios de caramelo.
¿Qué pesa más en el equilibrio de esas poblaciones
engalanadas con suspiros de cartón,
si tiznan el curso subterráneo del oro,
si envuelven con vendajes el fuego de los tiempos?
¡Ay, cuánto invierno en el infierno han de pasar!
Cuando la recámara es enorme lleva túnicas
osadas, sudorosas del fulgor, de esta dueña
sin su perro, que ladró en cada uno de los costados,
que esfumó deseos embalsamados en las pavesas,
juramentos de falso rubí,
migraciones de las cenizas de latón áureo,
¿Qué sucede con la lluvia, con el humo de la víspera,
árboles ocre huérfanos de la tierra inerme?
Te hiciste víctima de tu propia muerte,
de tu nido de cuervos endebles, de la sinrazón
de los seres adormecidos, tu propia fuente
de enjutas estrellas, cortesana del rumor
en la techumbre de la luz.
Caminas entre espíritus, abejorros de arcilla,
sobre yertas galerías, anagramas de las lenguas lívidas,
que transmutan el silente de las membranas,
en campanas del génesis, en el ápice
sonrisas en letárgico sitial.
Letanías de un león hambriento que en el foso
aguarda, se rige por los embates de la espesura
del temblor, pertenece a una trampa que vuelve,
rebota y anuncia realidades ojerosas, la tensa cárcel
en el subsuelo de los miedos, apartada
entre cabelleras y alianzas de los huesos rencorosos.
¿Y no es cierto, que remar en otros días
al nacer, no es más que un sueño que anhelas,
lleno de ratas mortíferas, trampas y truenos
que pertenecen a los fantasmas del averno?
Son aquellos que moran entre el sabor del sombrío
sepulcro, la memoria del tizón en la noche,
alimañas crecientes en la espesura y la vigilia del alba.
¿Y no será que te vas donde hiere y hierve el portal
de la casa, te da de comer agujas y puñales
en el revés de la escarcha lunar?
¿Es cierto, ángel de invierno que el paréntesis
de la metralla dulce, alimenta el interior de
la nieve pura, prístina y rosácea?
Y puede que en visiones recorras el azul del tapiz,
que botines y distancia no sean más que un metaverso,
un dolor aquí en la orilla, que cubre el cortinaje
que reclaman las espinas, un volcán de heridos amuletos,
un jadeo de la tejedora fanática, la versania
que se cuela en el túnel despeñando a los héroes,
gemidos en la llave del frío, cerraduras vetustas
y se cuelan por su cáscara el brebaje y la hechicera.
Y tú dejas que el emisario te alcance, el curso de las sílabas,
el pulso de los vocablos, esta farándula bravía,
la carátula del éxtasis, una lágrima recóndita,
el ábaco calculando la feroz fauna en el reluz
donde la gangrena te eriza y proyecta en ti la cerrazón.

Paty Liñán

DUENDES EN LA MADRUGADA

Silencio hondo de lugares vacíos.
Espacios abiertos de tiempo perdido.

Frágil humanidad…

Anuncio del fin del mundo.
Arrebato que late apenas, polvo y ceniza.
Simuladores hambrientos de la madrugada.

Eterno retorno…

Amanece, y el conjuro de tus sueños será olvidado.
Rayos de luz, salvadores repetidos cada amanecer.

Anuncios de otro inicio, recién comienza.

A la frágil humanidad,
con la misma soga que la ataban, ahora…
la rescatan.
En nuevas escrituras, en otras historias…

Carla Bianco

DUENDES EN LA MADRUGADA

Duendes en la madrugada
de algún insólito verano
atravesado por el tiempo
de nuestro trabajo
y de nuestras vacaciones.

Distraída de mí
observo entre los colores
tu cuerpo desnudo
entre las letras,
produzco con ellas
un futuro.

Cruz González Cardeñosa


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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EL OLVIDO FATAL

EL OLVIDO FATAL

Me pregunto cómo se puede olvidar algo sin que se note. Podemos servirnos desde un maremoto, o una caída desafortunada, o la muerte de un familiar. Lo primero es un hecho verificable, tenemos que descartarlo ¿quién puede fingir semejante catástrofe con lo que la prensa y la televisión se valen de ´tan sustancioso alimento para sus audiencias?
Una caída desafortunada deja huellas, marca un hito en la carne y es una huida clara al precipicio del deseo. Cómo delata una pierna rota, una muñeca torcida, un moratón que asoman en la ridiculez de no poder hacerse cargo del deseo.
¿Y un familiar? Hay quien mató a su abuela hasta diez veces, vive embalsamada en todos sus jugos y aparece como una veleta en cada evento. ¡Más vidas que un gato!
¿Cómo se puede olvidar algo sin que se note? Basta, claro que no me olvidé. Lo siento, no hice la tarea, porque gozo, porque sufro porque qué se yo lo que me pasa frente a la página en blanco.

Laura López

EL OLVIDO FATAL

Al salir del ascensor, atravesé el pasillo que distaba de la puerta de mi casa entre sonidos de televisores encendidos y el repiqueteo de huevos batidos a la hora de la cena. Ahí estaba, de nuevo, la gata de los vecinos de la Europa del Este, esperando a que le abrieran la puerta.
Llamé al timbre, pero no sonaba, como si hubiesen desconectado la corriente eléctrica. Volví a llamar golpeando con los nudillos, pero no hubo respuesta. Me pareció que el animal me miraba con ojos lastimeros. Abrí la puerta de mi casa, cogí una lata de atún y nada más abrirla noté que en una exhalación había entrado en la cocina. Pensé que una vez que se la zampara volvería a su puerta, pero parecía resistirse a marcharse. Pasaron unos días y ni atisbo de los dueños de Masha, que así empecé a llamarla porque me había acostumbrado a su compañía y pensé que era un nombre que hubiese encajado en su ambiente familiar.
Al cabo de un mes volvieron los dueños. Pensé que Masha se alegraría de volver a verlos y al decirles que tenía a su gata en mi casa, se dieron cuenta del fatal olvido y corrieron a su encuentro mientras gritaban ¡Juanita!, ¡Juanita!
La gata saltó por la ventana y aún la estamos buscando.

Antonia López

EL OLVIDO FATAL

Le rogó que trajera doscientos euros para la conversación. Hasta que no aparece algún dinero por alguna parte no se sabe quién es quién. Había aceptado trabajar con presidiarios pero no convertirse en uno de ellos. Sus ideales comunistas le habían llevado a rechazar puestos en bufetes importantes. Quería ser útil a otros, aunque no fuesen su familia, aunque no fuesen sus amores, había decidido, como Ifigenia, dar su sangre a Grecia. Su sangre sí, pero no su inteligencia. No podía sacrificar algo que no era suyo. Si aceptaba hablar con sus clientes sin que ellos le pagasen perdía su inteligencia y comenzaba a pensar como sus clientes, de forma tosca torpe e inconveniente.

El olvido fatal hizo que la reunión quedase aplazada hasta que el convicto consiguió el dinero. Doscientos euros no era mucho en aquella prisión de lujo. En seguida apareció con los billetes en la mano. Uno de los guardianes le había prestado. Entonces el olvido no fue tan fatal, lo que murió fue la ingenuidad, la ilusión de sentirse iguales. No eran iguales: realizaban funciones distintas.

Kepa Ríos Alday

EL OLVIDO FATAL

Al olvido de todo, hay una memoria, marchita, trastabillada como la luz. Al olvido del corazón vuelve el mirar del amor. Al olvido del abandono, vuelve el crimen y todas las historias rotas parecen un arcos iris, un páramo, una bota tan pesada que la verdad es un lodo pegajoso, un retazo de abanico que desconoce el movimiento.
Al olvido de todo, está el estado de guerra, aquella de alarma y prevención en toda España. La censura que dominaba la prensa de todo el país, de todos los medios, la censura de la derecha pesaba tan severamente y durante tánto tiempo… Es decir que quien no conocía al pueblo, no sabía que la revolución que había comenzado en 1934, todavía no había terminado.
En aquel entonces no rulaba la red de datos en casa de cada letrado. En aquel entonces se burlaba la censura que decía, «Aquí no ocurre nada. Todo está tranquilo. Los delincuentes están en la cárcel. El gobierno tiene el control de la situación. No haga usted caso de las historias que le cuentan». De Barcelona a Andalucia, de Castilla al País Vasco, en los puertos levantinos, en Oviedo capital, flotaba el clima revolucionario.
¿Y saben cómo circulaba la información de los periódicos de izquierdas que no podían hablar?
Pues de muchas maneras, por los payasos de los circos, por una multitud de hojas clandestinas; en los mítines, en las confesiones frente a las fábricas, en los teatrillos de títeres, muchos panfletos y poemas de exaltación a los héroes y sucesos de Asturias, por todas las peñas y centros obreros e incluso los intelectuales de Madrid, todo ello recorría la península, todo significaba agitación revolucionaria.
Al olvido de todo, está el olvido fatal.

Clémence Loonis

EL OLVIDO FATAL

El peor olvido que puede haber…
Esto requiere hablarte de una noche …
¿Estrellada?
No, más bien cubierta de una pátina furiosa, bruma del día donde los lobos aún aúllan, donde los colores no se olvidan, máscara de plumas donde tú aún me querías… Olvida quién era, cuál era mi sitio, solo junto al tuyo.
Olvidar quién se es, creyendo que la noche la pertenecía y que la poderosa luna debe arrollarse a tu paso. Creer ser dueño de las fulgurantes estrellas, dueña de las fauces de aquellos lobos que controlan toda la montaña y me precipité de cabeza hasta despeñarme. Mientras aullaba en silencio en mi burbuja y un nudo crecía fuerte en mi interior, se hacía fuerte.
El olvido fatal fue dejarme llevar, arrastrar por tu sol, a pesar del camino pedregoso, sin creer en cada paso que daba, sin pensar en mí. Descalza de sueños tras tu melodía, detrás de la brisa de tu melena hasta que me quemé con tu rayo. Y cuando irradié mirando atrás, tú ya no estabas, solo quedaban las piedras teñidas con mi sangre, demasiado veneno, demasiada gangrena cubriendo mi cuerpo.
Amputar toca, cuando no hay nada que salvar, ni si quiera el olvido de tus pasos.

Paty Liñán

EL OLVIDO FATAL

Juan y Julio, hermanos gemelos, JyJ, los solía llamar su abuelo, Jaime. La tercera J.
Los hermanos JyJ, «de buen oído desde pequeños», llamaban la atención, tanto de la familia, como de los vecinos.
Ellos eran los que avisaban, si estaban golpeando la puerta, si ya llegaba el pedido del almacén, o si el gato, nuevamente, estaba siendo atacado por el perro de la otra cuadra.
Entre la escuela y el rol de avisadores múltiples solían estar muy ocupados, de todos modos se hacían tiempo para la pelota.
¡El fútbol! la gran pasión familiar.
Imaginando que ya estaban jugando en primera, repetían la entrada triunfal a la cancha, sentían a las personas aplaudiendo paradas, alentando al equipo para llegar nuevamente a ser campeones.
Apenas nacidos, los anotaron primero en el registro civil, y enseguida, aprovechando a los testigos, en el club de los amores.
Pertenecer a ese club, y defender su camiseta, era parte de la identidad, otra patria, una extensión de la familia, en palabras del abuelo.
J y J, inseparables, fueron descubriendo que sus habilidades para «escuchar, avisar o advertir», era una forma de» llenar la lata», cada vez con más monedas. Es que la gente, generosa y agradecida, alguna que otra monedita les regalaba, por sus favores.
La función de advertir, era de aplicación especial en los fines de semana, cuando los hombres de la casa, iban al club.
Sábados en la tardecita, después del mate, y domingos al mediodía, para el aperitivo, mientras la abuela hacía la pasta.
La primera vez fue casualidad, vieron que la abuela se inquietaba mirando el reloj, escucharon «esas palabras», las que corresponden a: Se está por armar.
En general, la abuela subía de tono emocional como el agua, que ya estaba en la olla, ¡pronta para recibir la pasta!
Con las manos en la cintura, y mirando desde la puerta para un lado y para el otro, era una promesa de peligro inminente.
Así que se fueron, corriendo como un rayo, las dos cuadras que separaban a la casa del club, a avisarle al abuelo y demás hombres que volvieran ya! La abuela estaba armada, o sea se estaba por armar, el lío!
Con aquel primer domingo, se ganaron más la confianza de todos, el negocio crecía, el de las monedas!
Lo del fácil olvido, se supo aquel sábado fatal…
La abuela se fue a la peluquería, así que el abuelo decidió ir al club, mucho más temprano que lo habitual, allí se encontró con dos o tres amigos, y se inició flor de campeonato de truco, otro de sus amores!
JyJ estaban por armar un partidito.
El abuelo los miró directo a los ojos y les dijo:
-No se olviden de avisarme cuando la abuela esté llegando.
Ellos sacudieron la cabeza, diciendo:

  • ¡Si!
    muy seguros, pero entre partidos, alguna que otra discusión, y los sueños de cada día… no vieron llegar a la abuela, tampoco le avisaron al abuelo Jaime.
    Fue tremendo aquel olvido, quedará grabado en la retina y en el registro sonoro de cada uno. El tenor que, en la abuela y en su bendita voz, se perdió la opera…
    Un caso muy especial es el de los gemelos, dijeron el Doctor y doña Clementina, (la señora que santigua).
    Con el tiempo se supo que tenían un déficit en atender. Parece que eso afecta al oído o al olvido.
    O a ambos.
    Entre el Doctor y Clementina siguieron buscando remedio y consuelo a las tres J, y a la abuela.
    Gemelos, varones, de buen oído y fácil olvido.

Carla Bianco

EL OLVIDO FATAL

Era viernes por la noche, estaba cansada y decidí acostarme temprano. Me puse el pijama, me lavé los dientes y me acosté. Un ruido extraño me despertó. Miré el teléfono por si hubiese alguna llamada perdida, o una alarma que se me hubiera olvidado quitar. Nada. El silencio era abrumador. Estaba muy intranquila, sentía como si hubiese alguien en la casa, pero no había nadie más que yo.
Me levanté a tomar un poco de agua pues notaba la boca seca y hacía mucho calor. Después de beber, me refresqué un poco y más tranquila fui al salón.
-Si no fuese tan tarde llamaría a mi amiga del alma para charlar un rato con ella, pero a estas horas estará dormida…
Entonces vi la fecha en el calendario.
-¡Menos mal que no había sido mi entierro, vaya olvido fatal!

Cruz González Cardeñosa


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

HE VISTO PASAR

HE VISTO PASAR

Tenía las manos escondidas en sal,
el cielo cubierto de piedras volcánicas.
La tormenta esa noche
llevaba un vestido de lágrimas rojas.
Agonizaba la sed,
la gente sin rostro cambiaba de mascara,
los trenes transportaban un ruido de huesos rotos.

Hernán kozak

HE VISTO PASAR

He visto pasar infelices.
Roían plazas con su sueño sin retorno
Desnudos, dentudos,
requisaban pieles y hacían de ellas
céspedes en sus piscinas.
Eran como de terciopelo con claroscuros
y de vez en cuando irrumpía un esqueleto
o una alondra embalsamada.
Puede que fuese domingo
La consigna : no llegar tarde al plenilunio de sus areolas,
vivas pero cobardes, salvajemente libres al tacto,
al almendrado y a la flor que se había quedado sin trino.
Usureros de la lluvia
ponían anzuelos a las latas de sardinas,
descabezadas nadando en los versos del mar dorado
prendidas, abiertas al trueque y a la boca.
He visto pasar a miles de ellas
no pude cubrir la fuga de sus escamas
un puño creció y creció a la altura de los ojos
más arriba, más.
He visto pasar muy dentro de los ojos.

Laura López

HE VISTO PASAR

Como un río vacío y tumultuoso,
he visto pasar el tiempo,
es decir, he visto pasar el día
con sus agónicas catástrofes
y sus trágicos ocasos.
Pues el tiempo es un círculo
que vuelve siempre al mismo punto,
atravesándome de lado a lado,
circundando mi cabeza con su corona
de preguntas inconclusas.
He visto pasar al muerto
que no seré nunca (pregunto),
saludando a uno que, de espaldas,
fui solo un minuto.
Tanta espera para tan poca gleba.
Tanta espera para morir en el último segundo.
El hombre genitivo se afanaba en ser dos,
y no le crecía la esperanza, sabiéndose que la madre
ha de mirar el mundo como si viera
a un hombre desnudo.
Tenía entonces una llave en la mano
que no abría ninguna puerta.
Tenía un anillo en el perfil de su garganta.
Tenía un día, un sol, un año entero
para bañarse en un río vacío y tumultuoso,
que abría en él sus cálidas marismas.
Tanto esperar para tan poca cosa.
Tanto aguantar para morir cada segundo,
sin que nadie dijera ¡Qué pena! ¡Eso era todo!

Ruy Henríquez

HE VISTO PASAR

He visto pasar a la muerte
atravesando continentes, océanos
y estrellas. Buscaba una isla desierta,
un lugar donde descansar del ruido de metralla,
de las inútiles bombas aeroestáticas que estallan
antes de llegar a tierra porque matan en el aire
por el puro placer de esparcir el mal sobre la tierra.

He visto la vida florecer por doquier
a pesar de los fuertes vientos
que a veces azotan el mundo,
de las noches sin luna
triste por el anochecer.

Por último, te he visto pasar
más hermosa que nunca,
y al volverte para decirme adiós,
regresaste, feliz,
para decirme que me amabas.

Cruz González Cardeñosa

HE VISTO PASAR

He visto pasar el abultado vientre de la codicia
tras su última transfusión en la estación de servicio.
Una caravana de viajeros con resignación elefantina
rumia sus inútiles perjuros apisonando el asfalto.
Aplastados, asfixiados, pero porteadores irremisibles
de ese oro negro con el que la codicia del domador
de circo no deja de saciarse.

Antonia López

HE VISTO PASAR

Mido mis palabras en este juego
que nos encierra en un poema futuro.
Resisto la tentación de seguir esquivando la vida,
y permito deslizar mis dedos
bajo tu falda.
Es una reliquia, impronta en el sueño de la mañana,
con puntuaciones de maquilladas esperanzas
y socorros dichos al unísono.
Me parto en dos, como los espejos,
me agarro al sigilo de la costumbre,
y escribo,
porque he visto pasar la nada
en un escalofrío,
verde que late más adentro
justo donde está
el silencio.

Pino Lorenzo

HE VISTO PASAR

Cargado de conversaciones, un barco
surca el horizonte, oteo su frondosa proa
con mano temblorosa. Lo veo pasar y sigo
quieto, en el muelle muerta roca.
Eso no es esperar, me digo, un viento
si no que es preciso izar a mi vez
mis propias velas. He visto pasar cargas
de naturaleza misteriosa, con recelo
he creído vencer en mi estática losa
las verdaderas lápidas que pesan
sobre quienes en ellas gravaron
nombres, quimeras sigilosas…

He visto pasar gloriosos buques
desde la arrogante chimenea industrial,
desde la mísera playa del asceta.
Han pasado filas de naciones,
ejércitos dispuestos al más alto
sacrificio, dispuestos al abandono
del brazo protector de supremos órdenes.

Y me he quedado contigo, volemos ahora
los dos con tus alas majestuosas
de albatros color niebla. No pases de largo
como si yo fuera una cosa muerta
y frente a mi vista te pierdas en la curva
superficie de la esfera. Llévame
contigo por los aires que yo te abriré
toda mi tienda de manjares y podrás
tomar lo que tu quieras. Bebe con tus ojos
absorbe así mi anatomía y llévate de mí
tu propia idea.

Kepa Ríos Alday

HE VISTO PASAR

He visto pasar al hombre lágrima en su rueda,
rueda de memoria de sol,
rueda de cuchillo inventado por la huella.
Eje lastimado en las arrugas de los profetas.

¡Calla! dijo la unidad tormentosa.
Erizar al hombre del zaguán, al del sueño
que clava sus cabellos en la tormenta.
A mi amigo que, de tanto esperar,
ha perdido el ala de sus párpados.

He visto pasar, sí, tantas pieles felices
por el poema, el diente de león que agita
el golpe y devora el astro que lo esconde.

Clémence Loonis

HE VISTO PASAR

El valor de lo impugnable, de la sombra
que no alcanza, el gemir de lo invisible.
Tengo fuerzas y rodeo con mis ganas
la esperanza, la fe bucólica del amanecer
más prístino, contradicciones momificadas
en el lugar del poniente, fructuosas orillas,
lenguas deshojadas, huérfanas
recámaras que crearon un mensaje,
perdieron el Norte y el frasco en alta mar.
Acunaron las calaveras, letanías
de unos seres en penumbra, que arrojaron
al vacío sus pétalos, máquinas letárgicas
acompasan la marcha, la masa de las cenizas
de los hombres.
-Y no encuentro el camino-
¿Para dónde dirigir las ávidas arenas,
de este árido sueño?
Una fotografía que todo lo para,
lo envuelve con pincitas de amapolas negras,
una flor de cactus, envenenada con las espinas,
prisionera del hechizo, deshace las colgaduras,
escenarios de estos muertos caballeros.
¿Cuánto de mi hálito sombrío necesitan?
Soy cautiva, rehén de la estación, del ego
sobre las llamas, de la era del estío purpúreo,
atrapada en el glaciar de nubes, alambradas
que esconden en la gaveta, el féretro
tintan de una pátina hosca.
He visto pasar el coraje de los miedos,
el asedio de las porcelanas en el espejo ciego,
fanáticas espadas, emigrar el cráter
gomoso del día, mecer la aurora en lecciones
acartonadas, el plumaje de la lumbre
en el éxodo de las pavesas, que llegaron
a la techumbre a través de la hendidura del lacre.
Y vi morir en los rincones, el rugido del rayo funesto,
y vi danzar, bajo la lluvia, el deseo primitivo,
el aleteo de las quimeras, la hijastra de la misión,
rendir al perfume, el curso invisible del óxido
en la carne, temblores en el andamiaje,
rielar los corales de la reina,
explotar el alfabeto bajo las estrías
carmín de los nudos, el asir carcelero del huracán,
engañar al reflejo del diluvio,
trazos enjutos que respiran,
entre las nervaduras de las grutas.
Me reconocen los espejos en la congoja,
en su exacto fruncir de labios, piratas ebrios,
huéspedes de astríferos hábitats, de olas indómitas.
Visiones que proyectan
dulces moldes de fuego secreto, cerillas
traicioneras como ratas, cobijando
el crimen del oráculo. junto al azote del viento.
En la noche las manos aúllan, cuando el cazador
respira el látigo polizón de la frontera,
la fatuidad del fulgor tizna la colmena,
dardos malévolos de la hechicera,
un férreo anhelo, la farándula en el desértico
del cuadro cerúleo.
He visto pasar por tu puerta la endechadora,
descorrer la turba del fuselaje del miedo,
abrir las verjas en fauces poderosas
en la cripta, por donde dejaron los fantasmas
las corolas embalsamadas de la cordura.
¿Y sabías que la contradicción del enigma,
besaba tu casa con su falso beso de lacra?
Y las alas pesan, y la amistad duele,
se clavan sus filamentos como las mentiras,
hierve la beatitud enterrada en la bruma.
Un reloj leproso me ataca con su ejército
de víboras agujas, impío pisa los castillos
que erigías, embruja las alegorías
y deja volver la profecía, los retoños
del relámpago, la llama del gladiador,
urdir malezas en las sílabas de las semillas,
donde converge el revés de las mareas,
el éxtasis del patíbulo sobre pólvora
y balas de un efímero paraíso
que guardamos en la recámara
La cerrazón del ser, del patíbulo inyectando caramelos,
el deshielo del agravio, gangrena que consume
este cementerio, este inframundo incautando
a la vigilia los argumento a los cenicientos esqueletos.

Paty Liñán

HE VISTO PASAR

El perfil de su figura, en sonrisa amplia.
Alegría de instantes, ilusión de eternidad.
El perfume de primavera en promesa,
en reinicio.

He visto pasar las horas,
en sueños vacíos, de noches pobladas…
De caricias suaves
en otro amanecer.

Obrero hilando notas, artesano de los días,
vuelve a pasar,
vuelve a empezar.

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

AQUEL CHISTE

AQUEL CHISTE

Somos graciosos hasta que dejamos de serlo o nunca la somos y comenzamos a serlo. Nada sabía de eso el hombre que reía en el último vagón del tren de cercanías. Tenía una boca sublime. Se abría y cerraba como una escotilla y dejaba ver con esplendor toda su dentadura. Varios amigos alrededor se provocaban unos a otros con sus comentarios. Hacían bromas de aquí, de allí pero sobre todo de sus noches de picos pardos. Uno de ellos iba pasado, más contento de lo normal. Le pasaba siempre que se reunía con ellos. Su timidez en estado de sobriedad le impedía involucrarse con el ambiente, siempre con la cabeza agachada y en un segundo plano, expectante, escuchando, observando. Pero no lo conseguía. Llamaba demasiado la atención en aquel grupo. Era como una nota desafinada y se convertía en el blanco de casi todos los chistes y las bromas. Además era feo. Más bien difícil de ver. Un tipo raro, con la cara medio descolgada, con una asimetría que rozaba lo fantástico. Varias collejas le llovieron antes de bajarse en la estación. No se enteraba de nada, vaya pedo que llevaba.
Unas ganas tremendas de orinar le llevaron a ir al primer sitio solitario. Le acompañó su amigo el que reía y reía con su boca de escotilla. Se paró en una esquina y un alivio se dibujó en su rostro. Una voz de mujer le hizo girar la cara.

  • ¡Qué horror, qué bestia, que monstruosidad!
    El, con sorna le dijo:
  • Pase tranquila, hip, señora, que lo tengo agarrao por el pescuezo.
    Su amigo el de la escotilla no volvió a cerrarla. Su estatus cambió desde ese día en el grupo.

Laura López

AQUEL CHISTE

-¿Te acuerdas de aquel chiste?
-¿Cuál, el del cura despistado que en lugar de entrar a la iglesia entra en el prostíbulo?
-No, hombre, qué bruto.
-Pues entonces ¿De qué chiste hablas?
-Del que contó tu prima el otro día.
-Ah, el de la virgen que tuvo quintillizos cada uno con un tono de piel diferente.
-Pero ¿qué te pasa hoy?
-A mí no me pasa nada, eres tú el que no se explica.
-¿Qué tengo que explicarte?
-Explicarme, nada, pero podrías decirme de qué chiste hablas.
-Es que no me acuerdo cómo era, por eso te dije a ver si tú te acordabas para contarlo esta tarde en la reunión de vecinos.
-¿Os reunís para contar chistes?
-Nos reunimos para hablar de los gastos generales y las cosas que habría que hacer y que no hemos hecho porque siempre hay algún vecino que no paga, y de que de nuevo hay que subir la cuota mensual porque, si no, no va a ser posible arreglar las pequeñas averías que fueron surgiendo durante el año y no se arreglaron por falta de presupuesto, y…
-¿Y para qué quieres llevar un chiste?
-Siempre es mejor que se rían conmigo que de mí.

Cruz González Cardeñosa

AQUEL CHISTE

No se si tuvo mucha gracia pero yo me reí porque lo necesitaba. Después me di cuenta que no había sido un chiste si no que realmente él creía en sus propios pensamientos como si de una doctrina se tratara. Aseguraba tener en su poder a otra persona, no porque esperase cobrar ningún rescate, la tenía en su poder en el sentido de poder disponer de ella cuando quisiera. No me llegué a enterar de si era su mujer o una empleada. Pero contó como ella era capaz de beberse un cubo de pintura sí él se lo ordenaba, igual que los eunucos de los antiguos emperadores chinos. Me reí porque lo necesitaba, porque llevaba meses sin reír, pero él me miró como preguntando: ¿Tanta gracia a tenido lo que he dicho?
En estas situaciones yo suelo recordar algún chiste o refrán, algún cuentito que explique porqué me he reído, pero no me vino ninguno a la cabeza, entonces me di cuenta que yo sólo decía lo que él quería oír. Le miré a los ojos tratando de escudriñar sus pensamientos, pero en seguida me percaté de que no lo necesitaba: hasta con los ojos cerrados podía escuchar sus pensamientos: la conexión telepática entre los dos había quedado establecida. Oí cómo me interpelaba mentalmente diciendo: ¡Vamos! ¡Explícate! Explica qué te ha hecho tanta gracia- Así que yo le respondí, también mentalmente: Me impresionó la brutalidad de tu frase, por momentos pareciste un ser prehistórico con tu pensamiento onmipotente, es decir, con poder sobre mí. -Es que…- respondió- mis vigilantes, mis amos, me prefieren prehistórico, con pensamiento omnipotente. Pero tú -continuó él- ¿porqué me has respondido telepáticamente antes de que yo pronunciase la pregunta?
Ahí fue cuando me quedé petrificado de terror. Tal vez él me estuviese ya controlando. ¿Porqué si él era el que había comenzado la conversación telepática, ahora se hacía el ingenuo?
Tratando de ganar tiempo para pensar me metí un dedo en la nariz en la creencia de que así introduciría una suerte de ruido blanco que ofuscaría las ondas mentales. Entonces empecé a pensar si, tal vez era yo en realidad quien le estaba controlando sin darme cuenta.Había comprendido que no existía ninguna conexión telepática si no que toda la conversación había tenido lugar en mi mente. Tampoco es tan fácil distinguir entre mi mente y la de otra persona que con la que hablo fonética, visual o telepáticamente. Cuando me relaciono con alguien ¿hasta qué punto los pensamientos de cada uno son de cada uno?
Como fuera que un atisbo de duda empezase a campear en el silencio de la sala de espera en la que estábamos los dos, volví a dirigirme a él telepáticamente. Le dije: Si es verdad que se ha establecido la conexión, la conversación telepática entre nosotros, por favor, di algo que lo confirme, necesitaría una prueba evidente para estar seguro de lo que está pasando. Entonces el señor abrió la boca mirándome fijamente y, antes de pronunciar su frase, una risa nerviosa, entrecortada, le interrumpió. Sin embargo pudo recuperar el aliento y decir:
Tenga cuidado, hombre, en estas salas modernas hay cámaras infrarrojas, inteligente, o no sé cómo, que detectan y graban TODO, hasta lo que estás pensando.
Me giro de golpe y veo tus ojitos insaciables captándolo todo, te sorprendo leyendo mis pensamientos. Pulso el botón de STOP.

Kepa Ríos Alday

AQUEL CHISTE

“Yo no le veo la gracia”
Una locura de las muchas de mi amigo Oscar.
Tengo un amigo que siempre comenta que este mundo está lleno de etiquetas, y si lo miras un poco también de mini etiquetas.
Él me mira y dice “¿A todo tienes que poner una?”
Lo reconozco a mí me encanta, tengo el cuarto lleno de ellas, el baño, pero la que más lleva es la cocina. Me mantiene cuerda, me mantiene estable.
Le dedico todos los días unos minutos, cinco minutos, mis minutos.
Es un ritual sagrado, a las cinco de la tarde en punto.
Él dice “¿Pronto le pondrás una al gato?”
Sí, la llevaba con su nombre, otra con su apellido, con su nacimiento…
Bueno vale, quizás me pasé con el animal.
Aquello dolía un poco, pero no dejaba mi orgullo, ni mis etiquetitas en mala posición.
De todos los colores las conseguía, una por una, revisaba las marcas de la tinta en el papel, las fracturas del pegamento, haciendo nuevas, tirando viejas. Todos los días. Cinco minutos.
Aquel chiste me molestó.
Óscar no tenía ni idea del caos que desató en mi cabeza. Un día, una noche, una copa. ¿Te acompaño a casa?
No debería haberle dicho que sí. Me tiró todas mis etiquetas mientras yo dormía plácida, llenó dos bolsas. Dijo que necesitaba ayuda, que no pasaría nada, que se quedaría a mi lado. Estaba enamorada, le perdoné. Le admití que me había pasado y que haría caso. Todo iba más o menos bien, hasta que llegaron las cinco y mi mente se quedó vacía en busca de su ritual. La casa me parecía desierta sin mis papelitos. Cuando Óscar volvió yo estaba enferma arrancando hojas de mi libreta. Se reía porque él creía que era una tontería y salieron varios chistes de su boca. Pero uno se me clavó, aquel chiste me dolió más qué ninguno, más qué la broma del gato. Óscar se percató buscando mi mano para abrazarme. Nos fundimos en cuerpo, las lágrimas brotaron solas de mis mejillas. “
• No lo volveré hacer -susurraste- ¿Amigos?
• Amigos -y esbocé una sonrisa.

Paty Liñán

AQUEL CHISTE

Para mí madre y sus hermanas, son cuatro, el día sábado es sagrado. Desde que tengo memoria viene siendo así.
Se reúnen para tomar el té, tarde «de chicas».
De chica, mis primas y yo, somos siete, contábamos los días que faltaban para que llegara nuestra tarde. El tiempo parecía pasar despacio, jugábamos a las escondidas, saltábamos a la cuerda, charlábamos sentadas en el muro rodeadas de rosas, jazmines y malvones.
Son tantos los recuerdos…
Muchas veces, cuando nos reunimos, y surgen historias, anécdotas y aventuras, todas recordamos algo diverso, así que vamos componiendo el cuadro.
Igual a los rompecabezas, así le llamábamos a los puzzles.
Nos encantaban, los armábamos entre todas. Luego de jugar en la vereda y merendar.
A las tías y a mamá, a todas en conjunto, les rompía la cabeza, lo que ellas llamaban «está a la vista», o «rompe a los ojos», o «es obvio».
Siempre admiré sus dotes entre adivinas, brujas y… observadoras recurrentes en vida y obra tanto de familiares, como de todo aquél que estaba cerca o vinculado de alguna forma, permanente o casual con la familia.
Eruditas en el análisis de las más diversas situaciones del diario vivir, desde la organización de los gastos, pasando por la gastronomía y finalizando en “el novio que convenía, o» la mejor opción», de lo que fuera, desde la carrera futura de cada uno de nosotros, al médico que debía ir la abuela, o el color y corte de pelo que le sentaba mejor a no sé quién.
Siempre pensé en ellas como poderosas, entre espías e inspectoras de todo lo que transitaba en el mundo familiar, como en el mundo en general.
Otra expresión común, y muy atractiva para mí, era cuando decían: «Es un chiste».
Me llevó tiempo el análisis de esas tres palabras, ya que variaba mucho su aplicación e interpretación. Dependía del contexto y sus circunstancias.
Tanto podía venir con tono amable y comprensivo, de:

  • Qué gracioso, es un chistoso, cómo me hace reír, qué ocurrente!
    Como podía tener otro significado muy diferente, algo así como:
  • ¡Sos un chiste, mira con lo que salís! Ya era otro sentido, ¡grandes para las lecciones existenciales!
    Yo aprendía mucho cuando, en los días de lluvia, jugamos más dentro de la casa, y escuchar las charlas, los temas y sus disertaciones sobre diferentes temáticas vitales, era una experiencia atemporal.
    De aprendizajes muy variados.
    Cuando analizaban un tema, como expertas, hacían una serie de gestos que acompañaban con el té, las masitas, la tarta casera. Además del tejido, bordado o pintarse las uñas.
    Siempre admiré la capacidad de estar en tantas actividades a la vez…
    Los gestos eran diversas expresiones faciales, con algún suspiro en ocasiones, apertura excesiva de los ojos o palmaditas en la mesa o en el brazo de la que estaba sentada más cerca.
    Les molestaba, en especial, y tenían reacciones severas, o sea, nos podían poner en penitencia, si gritábamos o nos peleábamos «mal», lo que significa incluir tirones de pelo, zancadilla o «malas palabras», (nunca me quedó claro si las palabras eran malas, o nosotras al combinarlas las convertíamos en malas… es un tema aparte).
    En especial, se producía un alboroto si la única respuesta como defensa, frente al tribunal de la mesa redonda de las cuatro, era:
  • Nos reímos porque nos acordamos de un chiste que nos contaron.
    Esos eran momentos de tensión extrema, la seriedad de ellas era total, y a nosotras se nos daba una contradicción, ya que sabíamos que se venía la penitencia con todo el peso de la moral, y a la vez, nos daba más risa ese gesto de frente arrugada que cada una de ellas ponía.
    De modo que más nos tentábamos de risa, el chiste eran ellas, y un enojo, para nosotras, fuera de la medida…
    Pasó el tiempo, algunas de mis primas estudiaron cerca, otras más lejos.
    Unas se casaron, otras no. Algunas tuvimos hijos, otras no.
    La vida en mil colores y experiencias variadas.
    Las tías y mamá siguen al pie de la letra la tradición.
    Y nosotras las acompañamos en ocasiones especiales.
    Ahora somos parte, la mesa se agrandó, se nos otorgó ese lugar de privilegio en la familia.
    Han variado los temas, la política es más flexible, y los chistes también.

Carla Bianco


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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

ESA VOZ QUE ANUNCIA

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Toco con mis dedos de aire y papel,
la montaña que antes no tenía
una sola grieta dibujada
en su voz, en su piel o en sus pupilas
llenas de hilos de ceniza y acero.
Recojo las palabras que un segundo antes
había desperdiciado arrojándolas
a los tanques de hielo.
Escribo mi nombre y apellidos
para luego olvidarlos.

Hernán Kozak

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Interna y fértil,
esa voz conocida
acompaña mis andaduras,
desde siempre.

Se hace fuerte
con los años,
irremediablemente.

Escapar, puedo.
Anuncia el alba
de todo lo deseado:
una vida no conocida
si no me siento
y dejo que me dicte
este poema.

Sylvie Lachaume

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Deja que te brinde mi levadura,
fermento de todas las hogazas
altura del amor y del divorcio de la sangre
del coágulo y su sombre, del tiro de piedra
de la lanza de los cuatro siglos
y del cascabel del universo.
Soneto de los días y las noches
voz que suena en un grito
viento que mueve los dólmenes de la partida
del colapso de la carne y el pericardio
vístete con las aliteraciones y los retrueques
mira que si no son huella y reflujo torácico
de la expansión de la tierra,
de los nudos de tus pozas
y de los jirones de tus pies.
Orquestas vacías son el iris de tus poblados.
Sírvete del mejunje, olvida, no calles.

Laura López

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Dejo mi voz caída
del camino tortuoso que anuncia
presagios de muerte.
Es juventud, divino tesoro,
que buscan,
entre las plantas grisáceas
dispuestas a entrometerse.
Simulo sin piedad por la vida,
anunciando canciones de cuna
para los niños que no duermen.
Es como un juego de naipes,
uno no sabe
quién es el impostor.

Pino Lorenzo

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Esa voz que anuncia tu regreso
no es voz, es misterio,
causa de mi quebranto
y de mi desconsuelo.

Voz que traes las voces
del recuerdo,
que retornas sombría,
y te vas en silencio.

Cruz González Cardeñosa

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Esa voz que anuncia
atrapó las vocales de cada palabra
para dejarlas salir todas de golpe.
Los nudos se desnudaron
uno a uno,
los suspiros incorporaron
silencios,
los silencios eligieron,
cada vez,
su espacio.
Mil grietas hundidas
en la humedad de la noche
Acompañando para recordarles
que la vida se escapa,
si no la hablas,
si no la conversas,
si no la haces.
Abriendo el vuelo,
aparece la aurora
que anuncia lo venidero.
Cánticos de humanos
que por fin han muerto
en su alcoba vacía.
No dicen nada.
Nosotros, tampoco sabemos
qué será de nosotros.
Ni lo más sombrío,
ni qué decir,
ni qué queremos
cuando se cierran los ojos
para no ser ciegos.

Paqui Robles

ESA VOZ QUE ANUNCIA

¿Esa voz que anuncia, qué debe tener con los páramos
y asir las amapolas que quedan en la orilla?
Nubes rojas, mortecinas, se aproximan
entre los médanos, carreteras ávidas
hacia esta baldía estatua, estos corruptos
esqueletos, esta cerrazón que anuncia
el diluvio en el pecho,
una gota subterránea en el existir
de los miedos, de las granates agujas,
de un pelícano en el ápice
de las grutas, ríos que arrastran
los fantasmas de las penas en el segundero.
Y otra vez, aprisiono los muros,
otra vez inspiro esta tierra ignota,
una y otra vez entre cerillas,
la mordedura del ataúd me lleva
entre violines que cantan, relojes tempranos,
auroras que bordan, amistades que transmutan.
-Silentes alfombras de arena-
Sopla su sentencia el tribunal,
al filo de mil cuchillos, pócimas que fueron
pactos en el infierno, sin respuesta . . .
-La mudanza del lapislázuli
de tus ojos-
¿Qué escuchan los impíos
tras los arcángeles sangrientos?
La penitencia invade sus dominios,
sortijas de cartón, lo cotidiano del desierto,
con sus palmeras errantes, férreos
oráculos indomables, órbitas ebrias
en paraísos ínfimos que escudriñan
exhumadas calaveras, aquellas poblaciones
que erigieron entre torbellinos
el torreón de las mentiras, el castillo
de barro entre lágrimas del adiós.
Este juego de azar con el que bailas,
junto a extrañas cabelleras. . .
Pasó de largo el cochero que portaba los dados,
trenzó los matorrales, penetró entre las
sábanas la enredadera, en las entrañas de la cama,
temblor de hojas carbón, la levedad de los seres,
de la llama sin su aliento, conquistando
palabras yertas, como zombis entre la mala hierba.
Respiro entre brumas de leyes osadas,
comarcas carnosas entre el fulgor
de los vientos pavorosos, alquimias
de un crimen de cáscaras salvajes,
de la fuga de los ángeles
colgaduras de burbujas,
pompas inocentes que cubrieron el inventario,
flora maligna, las vociferaciones que desnudan
letanías en las criptas, que zumban en los telares
para verse reflejo en lo profundo.
El anuncio de las voces en exoplanetas
de las sábanas de fuego en tu cama.
¿Cuánto camino entre el incendio y las cenizas
de plata queda entre nosotras?
Pavesas, pétalos impuros en fuentes sagradas,
marismas fecundas de algas y corales,
máscaras de los ecos hambrientos,
soplos que desgarran vidrios, hojalatas
espumantes de dinastías engarzadas
en los caminos, incrustaciones minúsculas
en la carótida, en las caobas galerías,
bocanadas escarlatas en el letargo del vértigo.
La oratoria del conjuro en lucientes
encrucijadas, anagramas miserables de ausencias,
lenguas de las edades y los verbos dispuestos
a danzar como dos amantes errantes.

Paty Liñán

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Anuncio de vida,
es el primero, ha llegado.

La tierra apasionada se abre
en surcos, sube en tallos,
van hacia la luz.

A tientas las letras arman cadenas,
de la mano, en la oscuridad…
Se quiebra el sentido,
se anuncia otro umbral.

Anuncio de vida,
es el primero, ha llegado.

Amor en todos los días,
en cada gesto el amor,
no al límite ni a la rendición.

Amor en todas las voces,
en cada palabra el amor,
no al límite ni a la rendición.

Anuncio de vida,
es el primero, ha llegado.

Carla Bianco

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Esa que anuncia subidas de dalias
en los precios del carburante interestelar
es mi voz favorita no puedo acallarla.
La que emite el polen que ávido olfatea
mi enjambre electrónico en el dial
de las tristezas del sol. Dulce fragancia,
excita los lúbricos componentes
lógicos donde engrana
voraz la nariz que te rastrea.
Estoy buscando tu voz en la oscuridad
de las bocas lascivas, de los ojos traidores,
tu voz a la que vibra el puente de estaño,
arco voltaico, tendido de lenguas.

Kepa Ríos Alday

ESA VOZ QUE ANUNCIA

Comienzo en el caminar de una escolopendra,
largo todas las playas, el agua es mi ruta.

Esa voz propone hombres de calor,
de rocambolesco pasado insumiso,
de trenes de viento sumido en el asombro.

Es mi espacio, me digo, liviano,
donde tejo estallidos de grandeza
y pisando rocas en las preguntas
se deslizan los posibles cielos.

Con algo de silencio en los oídos
diagramo esa mujer que rima con mano.
¡Cuerpo! Cantan los choques de luz,
las salivas juntas, arabesco del agua.

Clémence Loonis


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EL DIVORCIO

EL DIVORCIO

Toda la vida deletreando mi nombre, repitiéndolo una y otra vez.
Explicando que tengo seis hermanos, que a mí ya no me esperaba ni el sereno y que por esos giros simpáticos del destino, mi padre se emborracho para celebrar o quizá para olvidar mi nacimiento.
Al día siguiente se despertó en una casa que no sabía de quien era, desconociendo como había llegado hasta allí. Cuando pudo recodar ciudad y país en el que vivía, se marchó al registro civil, con resaca, mala hostia y algo de culpa, no sabía bien por qué.
Esa frase lo definía bien, “no sabía bien porque”. Por lo que cuando volvió al hogar y le dijo a mi madre que me había puesto el nombre de VORCIO, ella tampoco le pregunto mucho.
Ahora que tengo doce años estoy decidido a encararlo y decirle si no se daba cuenta que estaba poniendo en juego mi salud mental, pues la crueldad infantil es muy suelta y más si se le da un caramelito como ese.
“Venga, contesta, DI VORCIO” me decían y todos se reían.
“¿VORCIO es nombre de persona o de burro?” Y seguían riendo.
“¿VORCIO Es un órgano del cuerpo o un embutido gallego? Y las risas cruzaban los muros del colegio para estallar sobre mis lágrimas.

Hernán Kozak.

EL DIVORCIO

Nada más coincidía entre ellos. Los vientos de la tierra se congregaron para insuflar un nuevo aliento a sus vidas.
Despertaron con nuevas miradas, rompiéndose las ilusiones que los mantenían fundidos en un solo ser.
El pacto invisible roto los lanzó hacía nuevos horizontes.

Sylvie Lachaume

EL DIVORCIO
Silencio. Escuchaba una jaula de grillos. Más allá del umbral de la puerta pareciera que varias personas hablaban acaloradamente ¿O discutían? Hay momentos en que era difícil de distinguir. Una fina línea separaba la pasión de la ruptura. Y no es que fuese lo que se dice precisamente una persona curiosa, pero sabía que iba a ser un momento crucial en esas vidas e irrumpió decidido a proponer algo. Abrió con tanto ímpetu, llevado por tal enredo en su cabeza, que las piernas se le hicieron un ocho y cayó redondo en mitad de la sala.
Se acercaron y una enorme barriga irrumpió en todo el campo visual. La sotana se echó como la noche, tan oscura, tan encima de todo… De nuevo la censura ¡cuánta moralidad! Otro divorcio en los cursillos prematrimoniales. ¡Pero qué noche de pasión!

Laura López

EL DIVORCIO

Formaban una de las parejas más estables de la sociedad canaria. Sus familias eran amigas desde que eran niños, y eso hacía que un conocimiento profundo se estableciese entre ellos.

Pasaron por diferentes etapas. Cuando pequeños eran inseparables. En los primeros años aprendieron a jugar juntos.

En el despertar sexual, tuvieron su primer noviazgo.

Luego en la etapa escolar, se refugiaban en la amistad asexual, compartiendo con otros niños o niñas, según su sexo.

Pero llegó la adolescencia, y Daniel empezó a mirar a Olivia de otra manera. Las trenzas de Olivia se transformaron en una abundante y morena cabellera, y la estrechez de espaldas de Daniel, empezó a tomar proporciones considerables.

Un día Daniel invitó a Olivia al cine. En la última butaca, deslizó suavemente su mano por su rodilla. Ella, como si lo esperara, no se sorprendió; aquella era la misma mano con la que tantas veces jugara. Pero aquella mano siguió subiendo, falda arriba, y un calor desconocido comenzó a sofocarle.

Ella puso su mano sobre la rodilla de Daniel. Un instinto le llevó a ir ascendiendo, y el mundo se detuvo en ese instante.

Durante veinte años homenajearon aquel encuentro.

Un día Daniel no volvió a casa después del trabajo.

Una carta en el buzón, firmada por su abogado, le informaba a Olivia sobre sus planes de divorcio.

Pino Lorenzo

EL DIVORCIO

-El divorcio es lo peor de lo peor. Te lo digo yo que me he divorciado cuatro veces y no aprendo. Cada vez que me caso, me digo: “Esta es la definitiva”. Y no hay caso. No sé qué pasa y ya estoy divorciado de nuevo. Tengo cuatro hijos, cada uno de una mujer.
-¿Y cómo haces para pagar las cuatro pensiones?
-No las pago, las encontré trabajadoras incansables con ambiciones y, claro, no tienen inconveniente, cuando nos divorciamos, en dejarme los niños para que yo los cuide. Ellas vienen a buscarlos el sábado por la mañana y los traen el domingo por la noche.
-¿Y tú no trabajas?
-¿Trabajar habiendo cuatro mujeres que me pagan por cuidar de mis hijos? Ni hablar.

Cruz González Cardeñosa

EL DIVORCIO

El divorcio había desencadenado algunas nostálgicas sonrisas que nunca existieron. Cuando ella abrió los ojos aquella mañana todo, o casi todo, había cambiado. Durante el sueño, tuvo la impresión de separase de algo. Al despertar seguía la misma sensación ¿De qué se habría divorciado? ¿Por qué se sentía tan libre y nostálgica a la vez? Aquel misterioso estado le hizo ver el mundo con otros ojos ¿dónde estaba ella, la que antes era? Prefirió no buscarla más y firmar.

Paqui Robles

EL DIVORCIO

Pues tenía que hacerlo, tenía que separarme de ti. Con tantas cosas que nos unen. Aquella última visita al médico así lo indicaba.
“¿Cómo iba a poder? Se consiguen más cosas cuando uno quiere, pone toda su fuerza y su ímpetu en conseguirlo. No cuando está en contra. Bueno, son pequeñas indicaciones, para estar mejor. Pero el ritual que nos lleva todos los días a estar juntos, siempre me pareció que sería eterno.
El caso es que separarse de seres y cosas que quieres siempre es difícil. Cómo se me haría a mí aquella mañana, sin una gota de mi líquido negro favorito, sin su amargor y dulzor mezclado.
¿Qué haría con aquellas tazas, que inundaban los armarios de mi cocina?
No tenía apenas platos, ni cazos, pero tenía muchas de esas pequeñas tacitas en todos los colores, con sencillos dibujos, con un nombre o un lugar escrito. También: pequeñas, anchas, ovaladas, altas, de porcelana, de plástico…
Vamos, que mi cocina bullía con todas sus formas y colores. Ellas son parte del ritual, junto al cuenco de azúcar, y un muestrario muy digno de la realeza de cucharas.
Tenía que divorciarme de todo. De la extraña bruma que ahora rodeaba el día, de los niveles altos de azúcar, nada de cafeína, que no viene bien. El cuerpo me pesaba y me pedía a gritos un café, la espuma de la leche, el tintineo de la cuchara en mi taza de lunares azules favorita.
¿Cómo afrontará mi médico el día sin café? Seguro que él está en este momento disfrutando de su taza, mientras que yo me hallo ansiosa de una gota. Miré de soslayo mi cafetera, suspiré y angustiada la guardé en un cajón. La máquina parecía mirarme sin entender qué pasaba, por qué había dañado la complicidad que nos unía, por qué la separaba del lugar privilegiado en la cocina. El primer paso estaba dado, aunque mi tentativa de guardar todo para evitarme tentaciones no duró mucho. Cada rincón era para nosotras, como las fotografías, recuerdan la vida con una pareja pasada, hasta tu olor estaba impregnado en mi ropa y en mi casa.
Te pedí perdón en un susurro. Cuando salí de la consulta aquel día firmé la sentencia de dieta y divorcio pero, quién sabe si algún día nos podremos dar, una segunda oportunidad.

Paty Liñán

EL DIVORCIO

Querida Andreina:
¿Qué tal? ¿Cómo estás? Aquí me dispongo a escribirte este mail, y ponerme al día contigo y las últimas novedades.
¡Qué complejidad la vida… de un profesional, por favor!. Extraño nuestros días de estudiante, aquellas horas largas de charlas y planes. De risas, paseos y chicos lindos.
Bueno, sí, ya sé, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Es que se me mezclan algunas, ¿te pasa? te sigue pasando? Ya ves, por momentos escribo como si estuviéramos aquí, cerca, como antes.
Dejemos eso, ya sabemos que extraño mucho, y pronto volverás. ¿Volverás Andreina?
Sé cuánto te gustan los detalles, intentaré mencionarlos uno a uno.
El lunes, estuvimos temprano con Javier, por si acaso la otra parte se demoraba.
Repasé con él, más de una vez, los detalles.
A ti no te puedo mentir, ¡qué nervios!
Los días anteriores estudié el protocolo por enésima vez.
Subida en los tacones nuevos para ablandarlos, recorría la casa recreando las posibles situaciones a enfrentar, el modo de responder a la jueza, hasta la sonrisa ensayé frente al espejo.
Te estarás preguntando sobre la ropa, y el maquillaje… también le dediqué su tiempo, colores, combinaciones, accesorios y demás.
Sin dudas exageré un poco… es que, como las dos sabemos, todos los detalles suman.
Al fin llegó la Doctora, tan oronda y desenvuelta como quien se sabe en ganador, no se si será por el cargo y su poder, o porque ya ha tenido en sus manos… ¿cuántos divorcios?…
¡Claro! Así cualquiera, mientras que a mí ya me estaban transpirando las manos. Por favor, pensaba, basta ya! Te digo que le supliqué al Olimpo entero, y lo decreté además… que todo salga como lo previsto, ¡por mi, claro! Sin sorpresas!
Al fin entramos, pasaron segundos y nos dicen:

  • Doctora, lamentablemente la Sra Evangelina Ramírez, -o sea la esposa, la ex pareja de Javier, listo! Siguió hablando- no fue notificada de esta primera audiencia del proceso de divorcio, de modo que lo aplazaremos.
    Mientras ella miraba su agenda, yo me derretía, por el enojo y el zapato derecho, que no se ablandó lo suficiente.
    Supongo que el gesto de mi rostro fue testimonio suficiente, ya que ella, la Sra Jueza, con gesto más comprensivo, me dijo:
  • Doctora, le sugiero su intervención para asegurarse que llegue la notificación.
    Y fijó día y hora nuevamente.
    Será exactamente en un mes.
    ¡Lo peor! ¡Mi primer divorcio! ¡Y se suspendió! ¡Increíble!
    ¡Toda aquella preparación quedó en el aire!
    Javier, desorientado, estuvo inmóvil por varios minutos.
    ¿Qué cuadro formábamos los dos? Épico.
    Le expliqué lo que pude, y le llamé un taxi. Ya veremos como sigue, nunca se sabe.
    Fue durísimo el golpe, esa noche no me podía dormir, daba vueltas en la cama y tenía un solo pensamiento:¿por qué? No es justo, yo, la mejor alumna de mi curso.
    Con la humildad que me caracteriza Andreina, tú me conoces.
    Es una pena que justo estés de viaje, te echo de menos… Ah sí, me repito, lo sé, sin ánimo de presionar… volverás amiga?
    Al día siguiente, pensé en esa frase que siempre nos inspiró: «A grandes problemas, grandes soluciones».
    Pedí turno con Elena, si, la Psicóloga.
    Mi terapeuta, ex terapeuta, en fin, me dio hora.
    Fue un alivio, temía que me rechazara, ya era suficiente de fallidos.
    Aquella época de finales de la carrera fue compleja, tanta presión siempre me alteró. Por eso faltaba a las consultas, no había otro motivo, ni hablar.
    -Te dejo por aquí, con un abrazo. Disculpame las insistencias, gracias por escucharme.
    Responde pronto, por favor. En cuanto puedas, claro.

Pasaron los días, Andreina me envió unas cuantas frases motivadoras. Se lo agradecí, necesitaba sentirme apoyada.
Fue muy «lo justo y necesario», claro, está de viaje. Lo entiendo, o al menos eso creo.
Al fin va llegando el nuevo «gran día».
Javier estuvo inestable, pero decidido, así que esa actitud me dio aire.
Sumado al que me devolvió tirarme en el diván, más que aire, ¡es oxígeno!

La noche anterior «al gran día»,dejé todo en su sitio: el traje impecable planchado en la tintorería, los tacones más flojos a fuerza de uso de todo un mes, la cartera y las carpetas, el celular cargando, hasta el maquillaje y el perfume dispuesto.
Por supuesto que del pelo y de las uñas se encargaron en la peluquería esa tarde.
Sería un acontecimiento: mi primer divorcio en su segundo intento.

El último paso fue el despertador, todo planeado, me despertaría hasta con el tiempo de un café.
Esa noche será inolvidable por dos grandes razones, en primer lugar conocí a un hombre tan bello como pocos, viajé y disfruté muchísimo… en el sueño, claro.
Segundo: Nunca sonó el bendito despertador!
Otra escena épica, a las corridas, con exactamente media hora para toda aquella ceremonia imaginada de preparación, imposible estar en todos los detalles. No me daban las manos.
Tropezaba con todo, cuando ya estaba saliendo me doy cuenta que me faltaban los lentes, imposible avanzar sin ellos, ¡no veo nada sin ellos!
Indudablemente el primer divorcio en la vida de una persona es inolvidable… en la de Javier, mi cliente, cuya cara de espanto, parado tieso en la puerta del Juzgado formará parte de los detalles a recordar.
Pensó que no llegaba, y por un poco no entró en pánico.
Así como en mi vida, yo, la mejor de su curso, sin ninguna humildad… yo cometiendo un acto fallido tan común y corriente como no poner la alarma la noche antes de mi primer divorcio…
Ya veremos qué dice mi analista, o yo, cuando llegue mi turno de asociar libremente. Creo que elijo recordar el sueño, será más grato recordar a aquel chico tan, pero tan lindo.

¡Qué complejidad la vida! Ya veré como sigo… si despierta o soñando.

Ah, la Doctora, o sea la Señora Jueza, se demoró,obvio. Así que Javier recuperó los colores y yo me tomé un café y me pinté los labios.
Todo en orden.
-Pasen a la sala por favor…

Carla Bianco

EL DIVORCIO
Fue un divorcio prematuro, aún no se habían conocido y ya estaban repartiéndose cada uno las cosas del otro. Después se encontraron en la vida y se abandonaron sin ni si quiera divorciarse. El reparto ya estaba hecho y en tales condiciones no merecía la pena casarse. No hubiera servido de nada.

Kepa Ríos Alday


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BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Bajo el manto negro de la tarde
aún puede verse un resquicio del día.
No es el oro reluciente de la tierra prometida,
pero un hilo de luz puede salvar aún
a quien la noche acoge en su seno;
hacer de él un extranjero que descubre
su hogar en un lugar remoto y desconocido.
Mirar atrás, como quien recuerda un sueño,
pensar en las tardes de soledad y de lluvia,
en la tierra removiéndose salvaje,
desprendiendo sus olores feraces,
no le hace añorar más el tiempo perdido.
Ya sabe que morir morimos todos,
que ése es nuestro único destino.
Sufrir por no volver a ver los sitios queridos,
no tiene sentido.
Basta cerrar los ojos para comprobar
que sigue siendo el niño que,
subido a lo más alto de su casa,
soñaba con viajar lejos y descubrir
su propio camino, desafiando a su madre.
Las estrellas que antaño divisara,
en la noche desnuda y abierta,
han cambiado de lugar en el cielo.
Pero el hombre sigue temblando,
como ya hiciera en su infancia,
ante el lejano fuego que parece llamarlo
en la oscuridad de tan vasto océano.

Ruy Henríquez

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Al corazón de la tarde
le han robado sus alfombras
y ya no puede volar
pues ha olvidado
cómo se deletrea la palabra amor
cuando se mira a los ojos
y no se ven más que lagos inmensos
abrazando ese calor.
Como si el llanto de las gaviotas
pudiera con esos muros…
Como si el ruido de los cementerios
en el chocar de lapidas
pudiera detenerse en las nubes
antes del diluvio.

Hernán Kozak

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Bajo el manto negro de la tarde
tus manos parecen mariposas asustadas
queriendo protegerse de no sé qué fantasma,
de no sé qué ilusión desenfrenada o maltrecha.

¿Quién vendrá esta noche?
¿Quién dejará su marca en mi piel?
¿Bajo qué máscara surgirá el poema?

Cruz González Cardeñosa

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Gritaban un número en la cafetería
y no podía levantarme de tu recuerdo
no podía renunciar a tus manjares rosas,
tal vez se referían al número final.

Era fácil alimentarse de ti en aquella
cafetería para pollos amarillos, allí
todos comíamos avena industrial pero
a mi amor se le había metido el virus

hasta tal punto que el demonio la usaba
para mirar la televisión impunemente.
Era fácil comer de todo pero a cambio
teníamos que dar envidia a los pobres.

Teníamos que vestir ropa democrática
y hablar sin matar, sin atravesar corazones.
Era fácil protegerse de los peligros externos,
a cambio teníamos que enviar plagas.

Nuestra plaga se llama «pagar lo mínimo»,
ella devoró nuestros campos de flores
por eso este silencio ensordecedor, ella
hizo que las luciérnagas se apagasen.

No hay pirámides para todos, cada cual
debe construirse hoy en día sus propias
inscripciones a no ser que se conforme
con el monótono plañido de las máquinas.

No hay versos para todos, cada cual
debe traer el hueso ya roído de memoria,
debes aprender tu número para cuando
te mencionen para morir en la cafetería.

Kepa Ríos Alday

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Desde este plano cenital soy un minúsculo
punto amarillo en un claro de montaña,
apenas visible para ese avión que atraviesa
un firmamento plano y celeste,
sigo su estela y en su evanescencia
me escucho decir,
¡ojalá lleguen bien!
No sé quiénes son los pasajeros ni su destino,
pienso en la observación y el plagio a la naturaleza
como herramientas humanas de entrañas despiertas.
Una rapaz ha ocupado el ángulo, me observa
no sabría decir por su distancia si es águila o buitre
para ambos podría su presa
no espero, me levanto de un salto
zarandeo enérgica los brazos a modo de saludo,
un vecino me mira atónito
quizás sea él la arista de una coma
bajo el manto negro de la tarde.

Ana Velasco

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Cómo afincar en algún lugar de malvas
los sueños, el paseo de ídolos,
indomables venus cáusticas,
en los vetustos cristales del fértil
despertar, de esta luna enlutada,
en el frágil resplandor del cielo astrífero.
¿Dónde dispersan las tentaciones,
este paraíso que enjaula,
lleva en sus médanos tu nombre
junto a tu enjuto apellido ahogado?
Las porcelanas zumban en el páramo,
anuncian tu perfume secreto,
de dulces sombras tiernas,
sobre la geología de este cuerpo,
en el ardor inexorable
de las hojas, del malévolo
túnel lleno de vendajes,
retratos que pisan el azul de las visiones,
de la lección en las cortinas de la ventisca,
del irrisorio olvido, pilares que erigieron
las ratas con su pátina, el coraje de sus muertos
heredades de los seres, azules hervideros.
¿Qué esperas bajo el manto negro de la tarde,
los años del tapiz, de la aventura y a deshora?
¿Qué cruje en ti?
Si no el deseo de cubrir el hormiguero,
de cuidar el panal de abejas oxidadas,
del rolar de los vientos en el centro
del jardín, entre las furias
del plumaje de la penitencia, del ánimo.
De las paredes blancas de este filamento,
esta telaraña que nos cubre, alimenta
la sangre de los faroles, de la copa rota
que se balancea, entre el espesor del andén,
la oscuridad del beso, que nace entre las vías.
Quiebra, tu pecho, ya roto.
Una excursión ignorante, donde claman las olas,
los corales de la esperanza, las pruebas
del tesoro en la isla de las risas,
levantan las manos tras el sollozo
y el quejido de la rama, entre las sílabas
del amado y lo perdido, encontraron panes
en la techumbre de las manos, un temblor
en la nieve, en las piernas del alba,
canciones en la diana.
¿Para qué proyectan las humaredas,
los posos que infectan este adiós en la piel?
Me cuentas, entre susurros,
en la zozobra de este barco,
entre los rígidos de la madera,
los nudos del olvido fraguan destinos,
espejismos en la gruta,
rebelión de la que emigran,
las ráfagas del hechizo,
grietas que atrapan el tiempo,
desvanes de leyes invisibles
y del polvo férreo agarrando la muerte.
¡Sí, ese polvo que creció entre las ruinas!
¡Ese final, esas migajas en el ápice
de la mentira elaborada!
Dejaste que te arrastrara, te llevó por el cuento,
grano a grano, desmenuza tu sonrisa.
Fue ese humo blanco, el que traspasó,
deshiló tus telarañas, los muros
indomables que poseías.
Y una vez más, me pasó de largo
entre los suspiros, las bocanadas,
esta llama ardiente, cerillas de humedad,
nervaduras de los ángeles,
fauces en la levedad de este juramento,
estas sirenas que avanzan, desenhebran
los jirones, las hebras leprosas que roen
las luminiscencias de la oscuridad.
Los humanoides cercanos tiemblan,
entre cadenas de arrecife, dunas de cera
en un estío caduco, lejanías en las sombras,
en las siluetas de las lenguas,
murallas que carcomen los siglos de maletas,
de un infierno temprano.
El perdón es un brebaje, emisario entre las balas,
una espesura gomosa, exhumada,
un férreo veneno adherido entre voces,
que condenan la maleza de estas letras,
este laberinto errante, burbujas de nubes
yertas, una instantánea de los pilares
del temor, monedas que trenzan
sobre la mordedura de la luz.

Paty Liñán

EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

Cada paso será novedad,
ella me lo dijo
no podrás volver,
no te opongas ni lo intentes.

Seductora tentación irreverente,
humanidad empecinada,
humanidad al fin…

Mientras lates, mientras sonríes,
sin promesas, sigue…
Viaja…
Sin recompensa, sin mañana.

Seductora tentación irreverente,
humanidad empecinada,
humanidad al fin…

¿Solo fiesta o puro festín?
Marca del final que da inicio,
del abismo a la luz,
del silencio a la voz.

Cada paso será novedad,
ella me lo dijo,
no podrás volver,
no te opongas ni lo intentes.

Carla Bianco

BAJO EL MANTO NEGRO DE LA TARDE

¿Quién impulsa el manto negro de la tarde?
¿Con qué sombra de cartílago humedecemos
el jardín de ese paraíso delirante?

Ya hubo humo, fiebre del agua y se quedó mudo.
Ya hubo boca ardiente con la sangre pelada por sus propias amarras.
Secretos, arenas que izaban mantos con manantiales convertidos.
Manos, siluetas de estanques, mordiscos de cielo.

Bajo el manto, yace un verdugo con mis labios de viento.

Clémence Loonis


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IRONIAS DE LA VIDA

IRONIAS DE LA VIDA

Estábamos tan acostumbrados a la derrota, a que la tristeza fuera la única estación del año, a que la noche hiciera dos turnos en nuestros relatos, a que el frio fuera la temperatura habitual, que nos costó elaborar, digerir y anunciar, que aquella la tarde la vida nos hizo un guiño, quizá el primero.
El avión que perdimos sin alterarnos, pues era normal el olvido, el fallo y el desequilibrio, nunca llegó a su destino.

Hernán Kozak

IRONÍAS DE LA VIDA

Trabajé hasta tarde, antes de cerrar el ordenador definitivamente, fui a la cocina a prepararme algo caliente.
Mi esposo dormía profundamente. Me asomé a la habitación de los niños, casi contigua a la nuestra, y me quedé un instante disfrutando de sus dulces caras infantiles, su aparente paz me daba una paz que borraba las asperezas de un día cargado de preocupaciones.
Era delicioso al tiempo que inquietante la casa en silencio y semioscuridad. ¿Quién quiere dormir en estas circunstancias?
Me preparé un té con naranja y lo acompañé de unas galletas que habíamos estado preparando los niños y yo y que después de varios intentos poco fructíferos, esta vez salieron deliciosas.
Fui al ordenador, abrí una hoja nueva y vi cómo el cursor parpadeaba una y otra vez como pidiendo que pusiera fin a esa incertidumbre de cuál sería la palabra que iniciase la serie. Tomé el té con parsimonia, como si fuesen las nueve de la mañana y tuviese todo el día por delante para comenzar lo que no tenía forma ni aún seguridad de llegar a ser algo más que una fantasía.
Ese pensamiento me molestó y dejando la taza sobre la mesa me dispuse a colocar mis dedos sobre el teclado como si en verdad fuese una escritora comenzando su próxima obra.
¡Ironías de la vida! El que quería ser escritor era él, yo deseaba triunfar como actriz en Broadway. Mañana se presenta mi quinta novela en una de las mejores librerías de la ciudad y él no podrá venir porque tiene un concurso de arquitectura a trescientos kilómetros de distancia.

Cruz González Cardeñosa

IRONÍAS DE LA VIDA

Se sentaron al lado mío hablando en inglés. Yo no tengo por costumbre irme o hacerme el serio. Estoy solo pero estoy escribiendo. Son dos chicas demasiado jóvenes así que no podría entablar una amistad. No hablan casi nada ni si quiera en inglés. Una de ellas tiene un gran escote ondulante.
Según entraron en la cafetería se pusieron a bailar y su desvergüenza me hizo arrancar una sonrisa.
Ya intenté decirles algo y no entendieron. Les felicité por el bonito baile y sonrieron pero no sabían decir nada en castellano o eso me dieron a entender.
Ahora están poniendo videos y diciendo que si estaba muy delgadita o no se quien muy gorda y se ríen en altas voces a mi lado. Pero nunca me dicen nada ni me preguntan. Yo puedo intentar comenzar una conversación una vez, pero una segunda vez ya es ser un pesado a no ser que alguna circunstancia externa lo permita. No, tendrían que ser ellas las que me hablasen. Yo ya las he hablado y no han respondido así que ahora ya no puedo volver a intentar.
Lo que tú tienes que hacer es aprender a hablar en vez de quejarte de que esas pobres niñas americanas no lo hagan.
Probablemente lo único que sucede es que realmente no hablan una palabra de castellano. Son así de salvajes.
Ellas pueden ser salvajes, después gastarán mucho dinero en abogados y carniceros para trocear a los bebés.
Tú tienes que aprender a agradecer que se hayan sentado a tu lado. Son simpáticas aunque sean salvajes. No te acostarás con ellas ni te harás amigo ni nada. Ellas tienen miedo de los que no son militares americanos. Ellas son militares americanos con las tetas grandes y los vestidos cortos.
Bueno, espera dos minutos más a ver si da comienzo alguna conversación y si no ya lárgate porque esto que estás escribiendo no tiene nada que ver con el título…
Ironías de la vida: ellas solo querían sentarse a mi lado e intercambiar algunas miradas traviesas. El que quieres amar eres tú, pero tú estás escribiendo, tú ya estás amando aunque no lo creas o no te des cuenta.

Kepa Ríos Alday

IRONÍAS DE LA VIDA

¡Imagínate! Le decía Adela a María, ella que siempre había militado en el feminismo más radical, que echaba pestes de los hombres que piropeaban a las mujeres por soeces y resulta que cuando escuchó a aquel enfermero diciéndole “te has realizado análisis últimamente, puede que tengas algo de diabetes, me lo dice tu dulce mirada”. Tal como nos dijo casi se desmaya. Entonces, ¿siguen juntos? Y tanto, con esas deleitables palabras….

Ana Velasco

IRONÍAS DE LA VIDA

No es una palabra tan difícil. “¿Me estás entendiendo? Solté el bufido al ordenador, pero no me respondió”.
Ironía podía llamarse lo que yo tenía en esta vida. Me encontraba escribiendo ese maldito artículo, con lo feliz que me hacía escribir y no era capaz de añadir una buena frase. Estaba en ese punto muerto, otra vez, o quizás en uno muy arrugado. Me dio la risa, resultaba increíble que la mujer del blog, la que escribía para una prestigiosa revista, no fuera el mejor ejemplo para hacerlo. Ironías de la vida, dar consejos a mujeres y hombres para unirse, para ser una pareja feliz, cuando la persona que te da el consejo no consigue hacerlo.
Había tenido mis altos, y muy altos placeres, en lo que se llamaría una relación estable, pero en los últimos tiempos mis relaciones con el sexo opuesto habían decaído bastante. Desde luego había estado enamorada, reído, disfrutado, pero también acabé asqueada, abandonada y románticamente agobiada. Las noches en esta ciudad, no hacen más que darme la razón, es donde encuentro placeres carnales, pero nada que se asemeje al terror de verme de nuevo atrapada en la espiral del amor.
Cogí mi taza de café, saboreé el amargo en la boca, el paladar me ardía y tuve ganas de escupir al ordenador, desnudarme y llorar en la cama durante días. Me tragué las ganas. Tenía que acabar el texto y responder a varias cartas en la sección preguntas “consejos para ser más feliz con tu pareja”.
En lugar de eso observé cómo se activaba el salvapantallas y me mostraba una pareja posando sonriente, varias fotografías más se movían por la pantalla una y otra vez. “¡Dios! Tengo que quitar ese salvapantallas”
Como te habías marchado ya era difícil pero no tenía ganas de verte, aunque anhelara cada poro de tu cuerpo y deseara tus besos. Suspiré.
Ni siquiera odiar esas fotos me sirvió. La vibración del móvil me sacó de mis cosas, mi mejor amiga escribía dando ánimos y al ver que no respondía me llamó. Al cogerlo para contestarla me di cuenta de que a ella le iba mejor en la que era la relación más sana que conocía. Su marido era tan amable, que una sólo podía soñar con algo que se parecía un poco.
• ¿Vienes a tomar una copa?
• Tengo que terminar el articulo- contesté.
• Vamos, acaba y vente. – suplicó mi amiga. – Vendrá Nacho, lo pasaremos bien y así te distraes.
• Hoy no creo…
La verdad es que no quería, no me apetecía verla con su flamante marido, lo felices que eran, sus sonrisas cómplices, y las miraditas. No me apetecía.
Sólo quería pensar en mi dolor y en porqué Dani me había engañado y dejado tirada después de tantos años. Nunca me dio una explicación de el motivo. Con la rabia me dediqué a acostarme con los tíos y usarlos a mi antojo, aunque era yo la que me engañaba. Cada caricia de esos chicos me hacía daño, pero a mí misma. Estaba triste y a ratos enfadada, desde entonces, no encontraba estabilidad de pareja sólo daba tumbos y hasta vueltas de campana. Apenas me quedaba una migaja a la mañana siguiente.
• ¿Sigues por ahí? – preguntó mi amiga al otro lado del teléfono.
• Esta noche no. – susurré y colgué la llamada.
Decidí ir a cenar, un poco de aire me vendría bien y luego volvería al ordenador. Mientras pinchaba el tenedor en los macarrones se me ocurrió algo con lo que podría al menos iniciar el texto. “¿Cómo no lo había visto antes?” Era perfecto, basaría el nuevo artículo en la relación estable de mi amiga. Solté el tenedor y me puse a escribir de inmediato. Las palabras salieron solas y al acabar no pude evitar pensar en celebrarlo. Cogí el teléfono y llamé a mi amiga, al final sí, tomaríamos esa copa.

Paty Liñán


IRONÍAS DE LA VIDA

Gervasio, el Señor Pereira, como lo suelen llamar con todo respeto, siempre ha sido ordenado y previsor.
Halagado por esa cualidad, la viene defendiendo como bandera, en todos los ámbitos de su vida.
Siempre atento a no tener pendientes, a resolver los temas con rapidez, amante de lo productivo, práctico y útil.
En temas personales, también gusta de los pendientes… como regalo, no hay dama que se resista a semejante presente.
En todas las épocas, presente y pasado, los pendientes funcionan. Él lo aprendió muy bien.
Hombre resuelto, con ese “don de gentes” que cae tan bien a todos.
Ahora, guarda una peculiaridad… que está en relación íntima con sus características, su modo de andar.
Además de que es tan delgado, que se cuela por todos los sitios, más rápido que ligero. Con sus manos largas, finas y ansiosas de hacer, de hacer algo… lo que sea.
El punto es que Gervasio, el Sr. Pereira, tiene un pensamiento fuerte sobre “aquella”, la innombrable, un temor súper marcado de que se le aparezca, sorpresivamente, y lo encuentre con pendientes. O sea, con temas sin terminar, o sin iniciar, en fin…
¡No! No la puede nombrar, así que la llama de muchas formas, a ver si así la aleja. ¡Desde hace tanto le pasa! Ya no recuerda cuándo se inició en este laberinto.
Así que todo el tiempo, intenta distraerse o distraerla, de modo que cuando ella salga por ahí, en busca de almas, no golpee su puerta.
Asimiló todas las premisas que le enseñaron, para “estar listo”, “uno nunca sabe”.
Se repite, habitualmente, en todos los pasos, en el manual de las buenas costumbres, las que te allanan el camino, “por las dudas”.
Moral hay una sola, suele decir. La que él sabe, la que vale.
Aun así, Gervasio suele repetir en su pensamiento estas frases, algo sucede, que aún no acierta a entender, pero se le van…
Las repite por eso, “por las dudas”, que justo aquella, «la parca”, lo agarre desprevenido, y ahí, ¡Zas! Lo pesqué “en falta”, y lo sume a su lista, o se lo lleve directo y sin darle ni una tregua.
¡Cómo asimilar lo que comía, poco, medido y sano, con ese trabajo diario en todito su interior, sin descanso ni salario vacacional!
¡Pobre hombre!
Ahora, en el trabajo siempre entero, afeitado y derechito. Manteniendo la compostura.
La ironía de la vida, es que el Sr Pereira, tan ocupado siempre, y temeroso, como ya sabemos, asociaba el sonido de una llamada con queja, problema o “algo le puede haber pasado a un familiar”.
Así que, cuando sonaba insistentemente su teléfono, un domingo en la noche…¿Quién podría ser? ¿A esa hora? Agitado y tembloroso atendió cómo pudo…
¡Había ganado la lotería!

Carla Bianco


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ANTIGUOS PENSAMIENTOS

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

El agua mansa, la ingenua quietud
de tus manos tanteando el olvido,
y esas maneras de bordear
el esqueleto insomne de tu nombre.

Antiguos pensamientos vuelven una y otra vez
a adornar las horas de mi vida con sutiles
semánticas insoportables, golpean
las aristas de mi voz produciendo arcoíris
de inquebrantable sutileza.

Todo tiene que ser perfecto, todo se tiene que mover
en una acuosa sin razón, sinfonía del sinsentido,
desesperando las teclas que armonizan la vida
el sabor de la vida, su claridad.

Cruz González Cardeñosa

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Viven en mí, como condenas que se suman a la gravedad de la tierra
y se desplazan sobre ella recorriendo mi pecho en su latido.
Son como restos de un pasado mantenido en cada respiración,
en la rectitud de la masacre que se duele en las frases no dichas.
Ellos invaden la codicia de ser presente y luchan empecinados
contra la corriente que desemboca en la normalidad.
Antiguos pensamientos teñidos de confusión han encallado
en las márgenes de mi piel y el conflicto ha comenzado.
Millones de palabras vencerán las pausas no entendidas
y los silencios serán un nuevo paraíso para la mente.
Hoy he comprendido que el tirano, aunque tenga la solidez del sabio,
también puede ser un pensamiento antiguo que habita mi verdad.
Desnudaré mi alma en cada encuentro y si no hay pacto posible
beberé la sed de sus callejuelas en busca de una nueva frase.
Hay pasos que, si los das, te ayudan a decidir la acción del verbo,
por eso hoy confieso haberte mantenido en antiguos pensamientos
y decido empezar de nuevo nuestro amor.

Magdalena Salamanca

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Uno conserva los viejos zapatos
aunque ya no le lleven a ningún lado.
La fuerza con que se hizo un trabajo
sigue apretando en el puño
el inútil anhelo de verlo acabado.
El alma se aferra a la vieja costumbre
que dio luz a su pena.
Rumiar, no solo rumia la bestia en el establo.
También el hombre que piensa
en la oscuridad de su cuarto,
remueve en su pecho la rabia de antaño.
Pensar siempre lo mismo le enferma,
aunque no se dé cuenta.
Antiguos pensamientos,
que agostan el alma que sufre,
vuelven a tejer la trampa
en la que con gusto se cae.
El abrazo de lo ya conocido
tiene un regusto de perdidos placeres,
que endulza los labios.

Ruy Henríquez

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Dos hojas más adelante
del centro geométrico,
los versos gritan,
extienden sus manos
y les gustaría huir,
pero la casa no tiene
puertas ni ventanas,
es una palabra
que surca nuestros latidos.

Hernán Kozak

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Vivo entre dos pausas, de la noche se pasó al grito.
Llevaba dolida la entraña
y el corazón abrazado a la oscuridad.
Era triste como una maraña, todo encogido
y la sonrisa rebajada a un sorbo de coñac.
Tronó la noche en vela y los helechos se le pegaban
por las esporas y los tallos
y teniendo en el estómago olvidado el patio
con un ojo abierto prendió la luz del costado de aquella mujer
y se confesaron todas las ternuras verticales sobre la tierra.
Anduvieron siglos de cavernas
y camino a sus cuerpos giraron los ojos
y se vistieron con el manto de la noche
Llenos de estrellas dijeron que ya se conocían de antes
de frente, de cara sin antiguos pensamientos.

Laura López

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Tenía pensamientos obsoletos de la época
en que se desmenuzaba la tierra en busca
de una verdadera onza virgen, época sucia
donde el color más puro era el de la sangre.
Aquellos pensamientos caducados que nadie
había querido comer ni tirar a la basura,
se agolpaban en su corazón obturando
el óptimo funcionamiento de la pintura.
No podía ver los colores puros como el barro
ni los colores negros de la materia condensada,
su pánico temblaba tras la cortina de lágrimas
que había bordado sin saber, imitando,
probando la comida, saludando y durmiendo.

Kepa Ríos Alday

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Sobre vuela la estancia mostrando su esplendor.
Los colores parecen salirse del cuadro.
Son maneras de decir,
de entregarnos a la palabra
y dejar que afloren antiguos pensamientos.
Asocie libremente,
hunda su estampa en el diván,
solo así sabremos.
Se agolpan las ideas buscando un refugio en el que vibrar,
dar curvatura a tanto delirio.
Es fácil equivocarse,
dejarse llevar,
elevar los prejuicios de los que uno parte,
sacudir las alfombras de los polvos malditos,
acostumbrarse a un nuevo hacer.

Pino Lorenzo

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Todo lo mudará la edad ligera
nos advertía el soneto del poeta.
¿Y cómo es que el pasado viene
a hablarme de asuntos futuros?
Antiguos pensamientos son hoy
un ayer que no se fue del todo,
y un empuje hacia el futuro que
entre versos otro poeta escribirá.

Antonia López

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Surgen como las mariposas en los prados
al serenar un cajón de sus papeles
abrir un libro olvidado del anaquel más alto
escuchar un toc, toc, toc en un viejo frontón
o pronunciar de repente un añejo vocablo.

Me pregunto qué fina membrana
custodia estos remotos pensamientos
y qué canales se apoderan del tiempo
para acoplar matices a los párpados
irrumpiendo en mi almanaque
sin estar expectante o salir a su encuentro.

Ana Velasco

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Un leve rumor en la estocada, en las sonrisas
del clamor, prisas subyugadas en dos tiempos,
el inciso de las algas, providencias
de un sueño difunto, ángeles letárgicos
de ópalo, braman con sus alas
las ausencias del camino.
Temblores en las aguas, en la falda
de la reina que se acuesta entre ampollas.
Antiguos pensamientos de los seres,
entre las pecas de las flores
y el comienzo de un día
que guardamos en el desván maldito,
posesiones entre los visillos de latón.
Un reino seco…
Ahogan las vidas
en las fuentes de esta ciudad,
cántaros a quema ropa del péndulo,
ladrones en el templo disuelven
al filo de vetustos calendarios,
un rugido clandestino, viejos jinetes
entre fértiles soles, en el elixir
del rayo funesto, inyectando su fragancia.
¿Ya sientes su indomable sabor, colmando tus puertas?
¿Abraza ya tu regazo la ponzoña,
en la negra oscuridad, fabricando estrías
de sal yerta sobre tu cuerpo?
Abandonan los coleópteros las cáscaras,
los filamentos de tu alfabeto de porcelana
leyes de carbón en fragmentos,
antesala llena de retratos de venganza.
Sueños rocambolescos, crisálidas pavorosas,
áridos azules penetran en la fauna,
reflejos de una venus amordazada,
la sanación rota es culpable.
Pisa una alfombra fría, cose rubís
en la memoria, cicatriza los ojos de papel.
Un minúsculo brillo, el yerto destino,
los insolubles astros, la cera que cubre las hiedras.
Cantos de formón en las mejillas,
lunas acuosas en la recámara,
la lengua de los fantasmas, maleficio
invisible tras el huracán,
telones que crecen en semillas en aguas de cieno.
Y vaga, recoge los vidrios enlutados,
los espejos en ruinas, la cerrazón
es una batalla de momias carnosas, de lívidos
insectos, un lacre de ratas,
en los jardines subterráneos.
Azucenas purpúreas y huesos
nieve, emigraron
hacia la órbita de la llama.
¿Ya respiras sobre inscripciones
de galaxias prisioneras?
Ya la mordedura alcanza las corolas,
hizo rehenes las sortijas de tu inocencia.
Tiene los cañones en posición
y no dudará en roer las túnicas
de tu estirpe, enjuiciar
todo aquello que posees.
El dolor es un desierto en la boca,
un tubérculo que aprisiona la razón,
se fortalece en los ardores de la conquista.
Es esta neblina la que no llega a cubrir,
toda la pena rosácea,
todo este mar de cristal, que en el pecho
se queda perenne, este tímpano
extraño, de huérfanos de deseos
que tiñen las letras de esta pizarra
de barro, de mórbida flora
en la gruta de las constelaciones errantes.

Paty Liñán

VIEJOS PENSAMIENTOS.

Habitantes de la oscuridad,
adherencias pegajosas.
Ilusionistas de la sombra.

En las curvas,
en los márgenes o
en los bordes,
deambulan rayos de luz.

Quiebran el orden repetido,
Iluminan (quitar coma)
suave terciopelo de alas…
que a tientas buscan
una brisa,
otros rumbos.

Menos prisa,
en horas tibias de juegos,
despertar al asombro,
recibir la novedad.

En las curvas,
en los márgenes o
en los bordes,
deambulan rayos de luz.

Atmósfera soberbia,
en máscaras de justicia.
Se vuelcan talismanes,
se anulan las contraseñas.

Hacia el umbral
de otro tiempo,
en algún horizonte
envolvente,
sigue, se mueve,
camina…

Carla Bianco

ANTIGUOS PENSAMIENTOS

Esplendor de un cuerpo iridiscente,
antorcha cóncava atravesando el universo de la palabra.
¿Qué sé yo de tu pulmón retratado,
de tu capricho febril en el simple saludo,
de tus insignias que palmo a palmo acunan tu historia?

Y lo sé todo, el abrupto porvenir de tus besos,
tu mano deslizada en la pasión de la geografía pulsada,
alegrías mojadas de color y llantos por muertes múltiples.

Una piel lúcida repartida de un extremo a otro saludo,
un paisaje neutro lleva la audacia de lo nuevo, acosar la voz.
Antiguos pensamientos declinan su ruta.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

LA MUDANZA

LA MUDANZA

-Qué tarde, y mañana más.
-Menos mal que existe un mañana.
-Muy gracioso. Te quiero ver aquí a las ocho. -Y miró la habitación llena de cajas-. Imposible terminar mañana la mudanza.
-Pues tenemos que conseguirlo, es el único día que podía venir el personal a ayudarnos.
-Descansa bien y mañana echamos una carrera a ver quién desembala más cajas mientras montan las estanterías.
No le dije nada más, sólo pensé para mis adentros que, justo mañana, mejor que no se durmiera.

Cruz González Cardeñosa

LA MUDANZA

-¡¡¡¡Me mudo, me mudo, me mudo!!!
-¿Que estás desnudo?
-No, que hoy me mudo.
-¿Que tienes un nudo?
-Que no, en unas horas empezamos la mudanza.
-Ah, que hoy te toca danza.
-ME MU DO…
-Pues no pareces estar mudo.
-Abuela, que me voy, me mudo.
-Hijo, si lo que llevas puesto te queda bien.
-Te voy a echar tánto de menos, abuela.
-Yo a ti también, ¿pero por qué me dices eso?

Magdalena Salamanca

LA MUDANZA
Tomó el lápiz labial y dibujó una dalia en sus labios. Las cajas apiladas le daban un solemne paisaje de papel. Fue hermoso aquel momento, esperando, abierta a los filos de la tarde a que todo y nada sucediera. Pasaba página a tantos momentos que no podía menos que sonreír. También hubo días oscuros pero prefirió arrugarlos y arrojarlos a otro rincón de aquella tarde. Su mirada ¡se perdió. No estaba. El timbre comenzó a sonar y una especie de delirio sordo la llevó a creer que la policía había activado las sirenas. ¿A quién buscarían? Se asomó y no vio nada. Bueno, nada exactamente no, un grupo de hombres fornidos la miraban y parecían decirle algo. Iban de negro, con una camiseta de manga corta que dejaban ver unos brazos bien definidos. Uno de ellos comenzó a agitarlos y aún más extrañada miró hacia la cornisa de arriba intentando buscar otro interlocutor de una situación tan incoherente. Una paloma revoloteaba por las alturas y ¡plof! Se desprendió una de sus defecaciones más magistrales, cayéndole en el brazo aquella mezcla repulsiva. La miró, se le ocurrió no se qué cosa del pasado, con un hombre, en un parque, en las alturas, con Paloma, su amiga y volvió a arrugarlo y arrojarlo al rincón de la tarde. ¡Los hombres de la mudanza! ¿O qué pensaba? Se había caído de bruces en la realidad.

Laura López

LA MUDANZA

Cambiaba de casa casi a diario, no tenía un sitio fijo donde dormir y siempre estaba de mudanza. Tenía un camión de mudanzas pero no le gustaba dormir en el camión sino que solía quedarse unos días en la casa que quedaba vacante después de la mudanza hasta que llegaba el nuevo inquilino. No es que fuese okupa ni pobre, simplemente era aficionada a las mudanzas. En toda la comarca la conocían. Ella estaba bien relacionada así que se enteraba de todas las mudanzas que iba a haber cada día y se presentaba para ayudar voluntariamente. No es que cargase armarios y mesas, ni si quiera cuando cargaban el mueble entre varios agarraba de una esquina, no, nada de eso, ella era una especie de capataz, una súper especialista que de un vistazo podía calcular si un armario iría a caber en un ascensor sin necesidad de desmontarlo.
Al terminar el bachillerato ya sabía que no iba a ir a la universidad, ella ya había elegido su profesión. «La mudanza es una de las experiencias más estresantes de la vida de una persona», había escuchado a su madre conversar con las amigas. Y desde entonces una especie de obsesión de la mudanza se había apoderado de Ainhoa, que así se llamaba ella por cierto. Empezó por cambiar ella misma de habitación todo lo posible. Primero se mudó al baño pequeño alegando que era más fresco. Después, cuando sus padres se separaron, exigió vivir dos años con cada uno, de ese modo tenía que hacer mudanza como mínimo cada dos años. Se compró para ello una furgoneta y eligió al chico más fornido de la clase como novio. Su vida estaba en marcha.
Al principio sí que tenía que colaborar ocasionalmente en los portes ya que su novio no podía cargar él solo más que algunos muebles muy sencillos. Pero pronto se dio cuenta que no podría seguir trabajando de anciana en tan duro oficio así que hizo algunos cambios importantes en su vida. Cambió al novio por dos inmigrantes ilegales y, como fuera que el novio ya quería empezar a formar una familia, tras un delicado proceso, logró reasignarlo con una amiga suya, morena, que lo aceptó en su casa. Ainhoa solo dormía con ellos de vez en cuando, según coincidieran las mudanzas. Pero se las apañaba para evitar la fecundación con diversos subterfugios de tipo fisco, químico y psíquico. Ella estaba disponible en cuerpo y alma para las mudanzas, pero estaba ocupada cuando alguien pretendía su corazón. Su corazón era de la mudanza.

Kepa Ríos Alday

LA MUDANZA

El espíritu demuestra
lo inefable
de la desdicha humana,
cuando el horizonte
se hunde,
vertiginosamente,
en el antro del futuro.

El relevo de la Poesía
alumbra este vacío,
y la mudanza
baila un nuevo vals.

El hombre, más que animal,
es lenguaje
y la torpeza de su condición
genitora del trabajo,
de la escritura.

Me sostienen millones de versos,
tantos como estrellas en el mar.

Sylvie Lachaume

LA MUDANZA
• Existen tres tarifas para realizar los servicios ¿Quiere que le informe yo o mi compañero?
La voz de la chica sonaba a máquina, y Oswaldo respondió algo frio:
• Usted misma.
• Muy bien. ¿Quiere cremación, cremación directa o cremación social? En las dos primeras plantamos un árbol en su honor. Los precios oscilan entre los 1645€ de Cremación, 1305€ de Cremación directa y 1055€ de Cremación social.
• Bueno, no sé- respondió Oswaldo- es la primera vez que contrato uno de estos servicios.
• Nosotros aconsejamos el servicio de Cremación, porque tendrá a su disposición una sala de vela.
• Sinceramente, no sé lo que él hubiera preferido.
• Si quiere cuénteme cómo era él. Quizás conociéndole un poco pueda orientarle.
• Bueno, la verdad es que era un poco cabrón; nunca hacía favores a nadie.
• En ese caso podemos dejarlo sin sala de vela, que sería la Cremación directa.
• Ya, pero no sé, no estoy seguro. Él tampoco se hubiera gastado mucho dinero en su incineración. Nos hubiera dicho que empleásemos ese dinero en los pobres.
• En ese caso puede contratarle el servicio de Cremación Social, sin árbol que plantar.
• Claro pero lo del árbol es bonito, tener un lugar donde ir a hablar con él.
La chica de la funeraria se empezaba a desesperar. Era el tercer cliente indeciso de la mañana.
• Sí, lo del árbol lo suelen contratar- respondió.
• Aunque luego, claro, habrá que irlo a regar, ¿no? -preguntó Oswaldo.
• Sí, claro, pero eso no entra en el contrato.
• No sé, la verdad. Me han dejado el muerto, nunca mejor dicho, y me cuesta tomar esta decisión.
La chica le pidió que se tomara el tiempo que necesitara para pensarlo, mientras ella respondía a una llamada insistente en el teléfono:
• Funeraria La Mudanza, buenos días.

Pino Lorenzo

LA MUDANZA

La mudanza. Sí, esta palabra puede significar muchas cosas: un deseo, un anhelo, un “me largo a empezar de cero”. La mudanza puede ser tus ojos frente a los míos mudando a un brillo especial al mirarnos.
Mudarse de ropa, de casa, de trabajo o de vida. Esto produce lágrimas de tristeza o de alegría, según el lado por donde se mire o quién lo mire.
Mudanza, sinónimo de traslado, pero también de cambio.
La primera que recuerdo fue un gran cambio, de una casa pequeña con algo de terraza, a un chalet con tres plantas y un gran jardín. La casa nueva olía a madera y a pintura reciente. Casa amplia, urbanización elegante, piscina comunitaria.
Al cambiar de casa, también lo haces de barrio, en mi caso, tierra por asfalto.
Para algunos significa hasta de cuidad. Afortunadamente eso no pasó.
Lo que implica sin darte cuenta una muda en tus rutinas…
No es lo mismo bajarte en la primera parada del bus que en la última, no puede ser igual apearse en la misma parada del chico que te gusta, que en el fin del mundo sin verle. Cuando empiezo a amar el barrio, el pensamiento muta y lo odias.
Las distancias, antes cortas, sufren una metamorfosis y tus amigas viven más lejos que nunca. Y a pesar de tener una casa más grande, más baños, más armarios, lo que anhelas es pisar el barro de los días de lluvia, la vieja sombra del árbol en la ventana de la habitación y llamar a gritos a la amiga de turno para que baje a charlar. Y ver pasar su mochila azul, sus morenos rizos, del chico que te gusta y que antes iba contigo charlando hasta casa. El barrio nunca volvió a ser el mismo.

Paty Liñán

LA MUDANZA

Una frase, dos palabras, y toda una historia guardada.
Como en el suspiro de la tía Clara, que parecía decir, tantas cosas…
Bueno, durante mucho tiempo de mi infancia imaginaba qué guardaban sus suspiros.
La querida tía, de piel tan clara, como su nombre. De figura delgada, sutil, parecía, y era, de una delicadeza de porcelana.
Mucha porcelana adornaba la casa de mi abuela, la madre de mi tía, y de mi madre, claro.
Para nada claro fue el tema del noviazgo de la tía y el bueno de Mario, (así lo llamaba mi padre, que lo conocía desde niño, por el fútbol).
La tía Clara, cuando se enamoró, fue ¡tanto, tanto!
La abuela Celeste no lo podía creer, lo llamaba “ese muchacho”, por mucho tiempo no lo nombró. Y repetía casi a diario:

  • Todo estaba tranquilo, ahora mis nervios se alteraron, ¡no sé qué será de mí!
    Continuaba:
  • Ahora tú y esas ideas raras, Clara. ¿Qué es eso del amor y la libertad? ¡Cuánta cosa nueva desde que apareció “ese muchacho”!
    Cuando conocí a Mario me atrajo mucho su pelo, era muy rubio, mucho. Tanto así, que lo apodaban “el rubio”.
    Todo aquel alboroto se debía a que la suave y delicada tía Clara, plantó bandera y le dijo a su madre, de frente y mano, sin pelos en la lengua ni duda alguna, la decisión que había tomado,(cuatro meses después de conocer a su amor).
  • Me mudo con Mario mamá, él tiene ese nombre, es hora de que lo aprendas.
    ¿Se imaginan el momento colosal?
    A la abuela se le borró el Celeste de su nombre, hizo un cambio radical de posición. Pasó de madre dolida, ajustada a la política del sabotaje emocional, a madre furiosa que desplegó batalla.
    ¡Con todo y más!
    Ella, viuda desde joven, del querido y respetado Alberto:
  • ¿Qué diría tu pobre padre si te viera?, abandonando la casa que te vio nacer. En esta familia digna y de buenas costumbres. ¡Por favor! Caería al suelo, mí pobre Alberto.
    Respiraba agitada, según cuentan, se recostaba en la pared, rechazaba ayuda, agua o lo que fuera.
    -Te desconozco Clara, ese hombre te cambió, eres otra, y siguió…
    Parece que por horas y largos días, nadie daba con la forma ni el remedio para que se detuviera.
    Ella y su discurso de quejas, reproches y larga lista de malos augurios para su hija menor.
    Cuentan que se “le cerró el estómago”, y temían todos “ que pasara lo peor”.
    Clara, a pesar del revuelo, siguió con las ideas claras. No se le movió un pelo de su larga cabellera castaña.
    Ella y el rubio, alquilaron un pequeño apartamento, fijaron fecha de dos grandes acontecimientos:
    La mudanza.
    ¡Y el casamiento!
    -Tanto lío y tragos amargos, -decía mi madre, agitando las manos como la abuela- tantas lágrimas de la pobre mamá… y seguía y seguía… Todo para que? ¿Para que la señorita ahora se case?
    Ésa siempre fue una de las partes que más me confundía de aquel relato.
    Si todos estaban tan escandalizados, y al fin y al cabo la palabra o el hecho de casarse era tan sanador, mágico o correcto para Dios y el Estado y en la memoria del abuelo Alberto. Además.
    ¿Porque seguían todos tan inquietos, con la catarata de reproches?
    Aunque pusieron “todo en orden”, no alcanzó. La deuda ya se había instalado.
    Así que Celeste decretó:
  • Mucha agua tendrá que pasar bajo el puente, fue mucho el dolor y la amargura que me hicieron pasar.
    En fin, a muchas de mis preguntas encontré alguna que otra respuesta, y a otras tantas le ando aún, muchos años después, buscando lógica o consuelo, respuesta o algo parecido.
    Creo haber llegado a una conclusión: para mi tía lo más importante era iniciar el proyecto de vivir juntos, de construir su pareja con Mario. El casamiento era secundario, un trámite que eligieron hacer, pero pudieron no haber hecho.
    ¿Qué hubiera cambiado?
    Clara y Mario fueron felices, en alguna ocasión comieron perdices.
    La descendencia fue abundante, así que antes de partir, la abuela les levantó los castigos, deudas morales, malos presagios y demás yerbas…
    A mi madre le costó más, pero está mucho más encaminada…

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero