HISTORIA LIBRE

HISTORIA LIBRE

Me dicen que cuente una historia libre, jajaja, ¿libre? ¿libre de qué? ¿de impurezas, de pensamientos, de nostalgias o de libertad?

Nadie es libre, nadie podrá escapar al escrutinio, algunos alcanzarán, por su veloz manera de vivir, alguna recompensa, pero la cárcel también está abierta.

Millones de agujas perforan las ilusiones y, sin embargo, nadie hace nada, todos aplauden nuevas dosis, y nadie hace nada. Daños irreversibles: impotencia, infertilidad, afectan al futuro, ¡qué bueno! Así tocarán a una mayor parte del pastel, bueno, mientras hay otra dosis, no hay que preocuparse. Sí, sí la economía pondrá a cada uno en su lugar, China no puede ser una amenaza, mucho chino, mucho chino, y mucho rico, y mucho ser humano queriendo vivir en libertad.

¡Qué no, qué no se puede tanta libertad! Hay que terminar con la libertad, y si alguno se le ocurre intentarlo, que lo haga solo en su casa, sin trabajo y sin posibilidad de viajar, que cuando la gente se mueve de un lado para otro, aprende demasiado. Jajaja e internet también lo controlamos, así nadie piensa. Dentro de poco las hogueras se alzarán frente a nosotros para terminar con las brujas (gente que piensa diferente) y con los libros (gente que alguna vez pensó diferente).

Menos mal que aún no saben que la poesía es un arma cargada de futuro.

Magdalena Salamanca

HISTORIA LIBRE

Hoy os voy a contar como pase diez años, desde el primer sonido de la tormenta hasta el último temblor de las hojas cuando llega el otoño, dentro de la palabra “caricia”.
Y como sus adjetivos vinieron a verme cuando supieron que iba a marchar para conocer otros océanos.
Y como “las noches” que la habían visto en acción, cuando se convertía en verbo, se acercaron a ofrecerme la siguiente palabra que inventara el hombre, si decidida quedarme.

Hernán Kozak.

HISTORIA DE PANDEMIA

Terminar un año no es como terminar un libro, al libro se puede volver. El año con sus ventanas cerradas y las lenguas desaparecidas parece una piel lustrada sin límites. Pero en el surco transitado, colgado el cuerpo de la arruga de mañana, se ha de ser piadoso y contar lo sucedido.
Cuando me dijeron que esa fiebre contemplativa y esa carraspera eran síntomas del covid, me sentí pillada. Pillada por el tiempo de una infancia viva, una escena de sueño que más que burbuja nocturna, es destino, destino mío. De golpe se instaló la tranquilidad de padecer la suerte de la mayoría, me tocó sin remedio, el virus me encontró y a la vez, encendida por mi carne preñada de virulencia, quise morir, yo también había sucumbido. Más allá de los ilustres cuidados que aplicaba en todos los órdenes de mi cotidiana vida, había sucumbido al poderoso e infernal contagio mundial.
De repente había entrado en lo que se hacía llamar la globalización. Ese globo que tanto observaba pensándome fuera, se había hecho nudo en mi boca insípida, mi vista turbia, y no podía distinguir las voces que me rodeaban. Bien lo había jugado este virus incisivo para hacerme saber que los brotes de tiempo también fluían en mi voz.
Magullada por ese contexto vital que me tironeaba, me enteré de que había contaminado a mi amigo Juan que tan lejos vivía. Me leyeron su mensaje digital. Que por haberlo nombrado reiteradamente en el libro recién publicado, se había infectado, no de la artesana prosa sino de mi futuro contagio. Imposible, pensé. Y no sólo eso, sino que me hacían saber que estaba en reanimación entubado y que no se sabía dónde la trenza de su vida iría a parar.
Así que son los hilos invisibles que los hombres, las mujeres tejen entre sí que… o las mujeres, los hombres son tejidos por esos lazos invisibles, que no respetan ni distancia ni tiempo ni sentimiento aunque en su vaivén invisible se explaya el contador apresurado. La cruel altanería del aire daba la cara en el balanceo de vivir.

Clémence Loonis

VÍSPERA DE REYES

Marina no se había dormido aún, desobedeciendo las órdenes de sus padres. Se despidió de ellos en el salón y se dirigió a su cuarto. Apagó la luz y espero hasta que todos se fueron a la cama. Entonces se fue al salón, donde habían dejado la leche y las galletas, y el agua para los camellos, y esperó. Sabía que la espera podía ser larga. Ya otros años había intentado el mismo propósito, pero no había conseguido mantenerse despierta.

Ese día había acordado con su vecina Patricia, pasar la noche en vela. Para ello robaron los transmisores del hermano de Patricia, y así poder mantenerse comunicadas.

Sonaron las dos, las tres, en el reloj de pared de la casa de Marina. Probó el transmisor, pero al otro lado no contestó nadie. Pensó que, como otros años, se había quedado dormida.

Marina empezó a pensar que su plan no había sido buena idea, y que por esta tontería, pasaría el día de Reyes con mucho sueño. Pero luego recordó que siempre era, en ese momento, cuando desistía y se volvía a su cama a dormir. Hoy tenía luchar contra el sueño.

Cuando estuvo a punto de dar una cabezada, oyó un ruido estruendoso que la despabiló. El ruido provenía de la terraza. Escuchó como rodaron la puerta que daba al salón. El corazón le empezó a latir a mil por hora, y sintió estar sola en ese momento. Le entró miedo. Había oído cientos de historias de niños a los que los reyes magos los habían descubiertos. Ya no había tiempo de volver a la cama.

Escuchó las voces de varias personas que hablaban en otro idioma. Una de las voces sonaba ronca y muy seria, como enfadada. Otra, daba ordenes, y una tercera no paraba de hacer comentarios que provocaban su propia risa.

Uno de ellos tropezó y calló al suelo. El taburete de mamá, pensó Marina, con el que todos siempre tropezaban. El serio empezó a decir palabras en un tono aún más enfadado, el que ordenaba, daba indicaciones, y el jocoso se tronchaba de la risa.

Durante varios minutos, que le parecieron horas, escuchó como iban dejando y depositando los regalos en distintos lugares de la sala, sin parar de hablar.

Marina se extrañó de que sus padres no escucharan todo el ruido que hacían, pero no se atrevió a comprobarlo yendo a su habitación.

Cuando terminaron con sus tareas, comenzaron a beber la leche y a masticar las galletas que sus padres les habían dejado. El enfadado resoplaba y parecía decir algo así como que aquellas galletas no le gustaban. El que daba ordenes, seguían dando indicaciones a sus compañeros, y al que se reía, un trozo de galleta se le fue por el caminillo viejo, y empezó a toser atropelladamente.

Entonces escuchó de nuevo la puerta de la terraza, y como uno a uno iban saliendo, hasta escuchar el golpe al cerrarla. Salió de su escondite corriendo al salón con el deseo de poder verlos, cuando sin darse cuenta tropezó, con el taburete de mamá con el que todos tropezaban, y cayó al suelo.

Cuando abrió los ojos, su madre la zarandeaba en la cama:

  • Despierta Marina. Los reyes ya han llegado.

Marina abrió los ojos sin apenas recordar lo que había pasado la noche anterior, y cuando fue a salir como un tiro de la cama, un escozor en la canilla le hizo dar un grito de dolor.

Pino Lorenzo

LA BALADA DE CRISTAL

Eran jóvenes, alegres. Pisaban por vez primera el suelo urbano de sus ancestros.
El temor a descubrir que sabían más allá de sus propios prejuicios marcaba en sus pasos un genuino ritmo. El sol apenas bañaba con su luz el horizonte. La ciudad todavía dormía.
El primero en hablar se extrañó de no escuchar ningún pájaro en los árboles que marcaban una suntuosa bóveda a la vía que recorrían.
El segundo recordó que a las diez estaban invitados, por el duque de Manzana.
El tercero, en voz baja, repasó la lista de las circunstancias que los habían llevado hasta este momento y todos asintieron cuando el cuarto sentenció que ya formaba uno de los acontecimientos más importantes de sus vidas.
Dentro de poco el telón va a levantarse y el público nunca conocerá la verdadera trama.

Sylvie Lachaume

CAPERUCITA OSCURA

El lobo salió de paseo, estaba hambriento. Llevaba varios días intentando dar caza a un cervatillo
que siempre escapaba. Oía unos silbidos cerca del río y encontró a una niña con una caperuza
oscura, los ojos negros como el ónix y los cabellos del color del fuego. Llevaba una cesta en la mano
con un pañuelo tapando el contenido.
La boca se le llenó de saliva viendo a esa niña joven y tierna, que sería como un manjar después de
días sin comer.
El lobo, un ser destructivo por naturaleza, interceptó a la joven en uno de los caminos.

  • ¿Estás perdida, peque? – preguntó con la voz más suave que pudo.
  • No soy pequeña, me llamo Caperucita y estoy pescando, así que… ¡shh…!
  • Eres muy pequeña, no sabes lo que dices. – y se acercó para agarrarla
    a lo cual ella se apartó y le propinó un puñetazo, el lobo acabó en el suelo de cuclillas
    sollozando.
  • ¿Te crees que no sé quién eres? Y cuánto daño haces, juegas a destruirte a ti mismo, no eres
    más que un ser que está solo, sin nadie que te dé cariño o le importe cómo estás.
  • ¡Tú no sabes nada! – le gritó esparciendo la espuma de su boca. – ¡Voy a comerte!
    Ambos forcejearon hasta que el lobo salió disparado chocando contra un árbol.
  • ¡Me vas a escuchar! – Caperucita alzó la mano y apretó el pecho del animal que no podía
    moverse, mientras la niña sacó un puñal de la inocente cesta y el pañuelo resbaló de sus
    manos.
    El lobo lloraba mientras Caperucita ensartaba el puñal en su pecho.
  • Ésta por el cazador, ésta por mi abuela, y ésta por mí, para que no hagas más daño a nadie.
    Y un charco de sangre les rodeó y bajó tiñendo de carmín el río.

Paty Liñán

NOTICIAS DE HOY

La noticia me llegó escuchando la radio, en la cocina, mientras preparaba una compota. Inconscientemente me senté, mientras la piel de la manzana inundaba la encimera, yo iba imaginando a nuestros futuros congéneres, todos seríamos no sólo amigos, sino hermanos de la Peppa Pig, pero seguiríamos siendo primates ¿me pregunté? Y…, el negocio de los zapatos se vendría abajo; no claro, se pondrían al día y los botines tendrían forma de pezuña. De pronto las lágrimas inundaron mi rostro, pero entonces lo de comer jamón sería un canibalismo, va a resultar que los judíos y musulmanes siempre han tenido razón. Pero qué sordos hemos estado, que nos lo estaban diciendo: “que roncamos como cerdos”, que “comemos como gorrinos”, que “nos comportamos como puercos”, que “somos rosaditos como lechones” y al fin nos dicen que también albergamos sístoles y diástoles de cebones. De pronto me vi llevándome a la boca la cáscara de la manzana y no pude callar el grito ¿qué es eso de que se puede trasplantar un corazón de cerdo a un simio?

Ana Velasco

HISTORIA LIBRE

Como si de un poema se tratase inventaba la historia al amparo de la frase de un profesor que explicaba Historia en la Universidad de Madrid. – Usted no es profesor de Historia, usted es un poeta frustrado – la bancada de la universidad quedó perpleja.
La Historia es un proceso, un trabajo, como toda ciencia, como toda disciplina que ocupa a los humanos. Como los humanos son cambiantes y viven y mueren continuamente, así también sus cuitas son cambiantes, hasta sus cambios son cambiantes. El profesor piensa que la historia es mentira porque la historia no se puede detener. Por eso la desprecia.
La historia es constante desde que la creó Herodoto, desde entonces no para de cambiar. El profesor de Historia tiene envidia de Herodoto porque él nunca ha creado nada inmortal como hizo Herodoto creando la disciplina de la Historia con su famoso libro.

-Me desperté de la pesadilla y fui a clase impaciente por saber si ese alumno del diablo iría a asistir hoy.

Kepa Ríos Alday


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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