CABALGANDO LA MAÑANA

CABALGANDO LA MAÑANA

Cabalgando la mañana
algunos encontraron
altares sin dueño.
La pura verdad no existe.
Almas agonizando
por el sentimiento
de propiedad privada,
drogadictos del vacío.
Ignorancia decidida
en los brazos de la madre.
Fantasía infernal del suicidio
agonizando entre laureles.
Palomas de la libertad.
Madera quebrantada
hundiéndose y nadie,
absolutamente nadie
habla.

Paqui Robles

CABALGANDO LA MAÑANA

Soy un espectador de tu mediocridad
y de tu indolencia.
He aprendido que no tienes rival
y que no quiero serlo.
Cuando tus propios vasallos decidan
que ha llegado la hora de tu muerte,
tampoco estaré cerca y al menos dos
habrán sido tus derrotas.

Hernán Kozak

CABALGANDO LA MAÑANA

Despierta el día sin nada que hacer.
Los pájaros se aposentan en sus barbas,
le crecen las uñas sin dirección,
y los balcones se le incrustan en los oídos.
El rumor del mar le adormece y entona una canción.
Habla de hombres y mujeres que luchan por su destino.
La silueta de esos hombres, cabalgando la mañana,
despierta una emoción.
Una masa de polvo,
ceniza y lava
entierra hasta el último de sus enseres.
Escucha el sonido de las sirenas,
las voces de los lobos que vomitan noticias.
Bastará un día para acallar al volcán.
Otras bocas seguirán sonando.

Pino Lorenzo

CABALGANDO LA MAÑANA
Tal un jinete afgano,
monto en el autobús
de la mañana,
el autobús de mis sueños,
el que siempre me acompaña
en los días sublimes.

No conocí otro medio de transporte
tan social,
tan igual a un guante
para llevar adelante mi vida,
cabalgando la mañana,
entre otros.

Sylvie Lachaume

CABALGANDO LA MAÑANA

Hombre de palidez exhausta
urgido por el trote de los cuerpos
desde una aridez que no acaba.
Valle de angustia, lava sorda en llanura cerrada
donde se ven rodar los pórticos de la ciudad sin tiempo
La sombra de los lebreles se calza en abismos subterráneos.

Acuden almas absortas como un día marítimo
sus pechos-amapola se inclinan sobre la corteza
y sobre los hombros de una mujer anclada en el bote de conservas.
Hay un vacío a su alrededor mientras llena frascos como habitaciones.
Palpitan embriones bajo huéspedes arcanos.
Descenderá ese día con la calma de diálogos trémulos
cabalgando en la mañana de tallados lápices sobre mi mesa.
Volcán de letras, llama de cualquier día donde vienes
para consolar paraísos.

Laura López

CABALGANDO LA MAÑANA

Cabalgando la mañana
descubro tu rostro sin donaire,
las manos de la noche acariciando
sueños y delirios, y una luna inexistente
que se cuela entre las sombras
por donde apenas cabe un alfiler.

Cruz González Cardeñosa

CABALGANDO LA MAÑANA

Cabalgando la mañana pasó el frío
con sus botas de jinete apocalíptico.
Pasó pisando las flores con su risa
de general extraviado del combate.
De nada sirve disparar y disparar
balas en el desierto. Yo quiero, decía,
matar al otro ejército, pero en la bruma…
Pasó cabalgando la mañana el frío
general extraviado que disparaba
para matar al otro ejército en la bruma.

Kepa Ríos Alday

CABALGANDO LA MAÑANA

La mentira nos embriaga y la luz de las farolas
emite virutas de tiempo que como gotas de rocío
se esparcen sobre los enmascarados destinos de la noche,
guarecidos por el reflejo subterráneo de otras vidas.

Destartalados y con hambre de minutos no vividos
salimos cabalgando la mañana en nubes de almidón.
Brotaban esquirlas atómicas traídas de oriente
mientras los tanques de agolpaban en el cielo.

Eran años de confusión, sí, pero la vida no se detiene.
Zumbidos de traidores arrepentidos eran la marca definitiva
había que renunciar al milagro y sentir la fuerza desconocida
que habitaba los libros más condecorados.

En ellos las tumbas se abren para que entren los verdaderos culpables.
Rezuman regias historias que acicalan las almas más confundidas,
hay misterios que aún nos hacen necios de barba blanca,
pero cabalgar la mañana vence las compuertas a la ignorancia.

Magdalena Salamanca

CABALGANDO LA MAÑANA

Recomponerlo todo,
después de la disolución nocturna,
no es tarea fácil.
El esfuerzo de la resurrección
pronto se olvida,
y la fe en el tiempo nos restituye
como la memoria restituye
los más perdidos recuerdos.
Cabalgando la mañana
el más efímero corcel del alba,
atravesamos el infinito espacio
en el que respiran sin motivo
los que hace tanto partieron.
Debajo de la luz
y de la confianza en las cosas
que inocentemente vemos,
están ellos, repitiendo en sus gestos
los antiguos encuentros,
como el que besa sombras amadas.

Ruy Henríquez

CABALGANDO EN LA MAÑANA

Cabalgando en la mañana, recuerdo lo que me decías.
Consejos que obraban en nombre de una moral envanecida
a los cuarenta y pocos años.

Mientras ahora los coches avanzan,
dibujando sobre el asfalto sus estelas de humos grises,
algo me dice que va siendo hora de cambiar de ciudad.

El horizonte aguarda el momento.
Su luz, gentil peso de quien construye
dejando en paz a la gente, se torna amarilla y verde
resplandeciendo sobre las calles mojadas.

No hay paso atrás sino hacia adelante siempre:
«Vive y deja vivir» como dirían los clásicos.
«Siempre y cuando no te vengan a matar”.
«Siempre y cuando sepas ganar tu dinero».

Tú viniste a asesinarme, pero para mí nunca fuiste
un peligro, mucho menos de muerte, porque no me das miedo.
Y aunque a otros amedrentes con tu barriga de trol,
en el fondo no eres más que el colesterol que te comes,
y la webcam por la que me espías.

Atacar por la espalda no es de hombres
(ni a los veinte, ni a los treinta, ni a los cuarenta años, nunca resulta).

Solo los niños vigilan a sus mayores, así que, se mire por donde se mire,
no dar la cara es incompatible con ser un hombre.
Aún no lo has aprendido y sigues ensoberbeciéndote,
apipado en la prosapia de la que vienes,
donde los grandes próceres ofrecían siempre
sus manos a los desconocidos,
mientras tú los espantas entre exabruptos groseros.

Es así que nunca comprenderás nada,
porque aunque naciste con ventaja,
la perdiste al infatuarte con la comida.

Cabalgando en la mañana,
mientras el sol gobierna en lo alto del cielo,
mientras la gente a la que extorsionas
deambula por la calle pensando que eres
un buen camarada,
dejo para ti las excelencias del dinero fácil,
porque yo solo me dirimo entre la ley de los hombres
cuyo éxito funda el arte de sobrevivir
sin necesidad de abusar de nadie.

Para seguir siendo rico, basta con darse cuenta
de que en realidad hay de sobra para todos
y que es bueno empezar a olvidarse de la comida basura.

Manuel Ortega.

CABALGANDO LA MAÑANA

Hoy abro la mañana con la plata del universo,
vierto un café y escucho que nada atraparé.
Es mi voz perdida en la construcción de llanuras,
naufragar e incendiarse sobre el vacío perfume
con los aullidos de una historia soñada.
No soy el recuerdo de la cordura,
soy una levadura que enciende equinoccios
y trasnocha en la perpendicular letra de mañana.

Estamos brotando sobre el sortilegio del trabajo,
vapor ancestral que olvidó la semilla
pero no las flores húmedas de los hombros,
eminentes fuentes de palabras a tierra,
partituras y pan para los hambrientos.

Sellados los pactos, aventuramos el brillo
de una geometría con cauce frondoso.
Acantilados y sombrías cicatrices para el observador
sin fronteras, subsuelo de guarismos amontonados.

Cabalgando la mañana con el cataclismo de lo nuevo,
vierto los instantes en mi voz profunda y canto.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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