LO QUE DICEN LOS CAMINOS / Poesía

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Hoy tenía antenas de acero
repletas de ojos amaestrados por la duda,
¿quedarme como estoy o vivir?
Busque en varios libros las montañas
y pude estirar las piernas,
respirar algún verso de aire puro
que daría color a mi rostro detenido sin tiempo.
Al llegar a ninguna parte,
desde aquel vacío encerrado en dos mitades,
pude volver a pronunciar nuevas palabras,
mis dedos recuperaron la agilidad de la espada y la caricia.
Terminó el día,
limpio, no ya del virus,
y si del temor que golpeaba la puerta de mi casa.

Hernán Kozak

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Hay caminos de vertientes olvidadas
que susurran misterio entre sus pasos.

Caminos de sal que conservan las leyendas de los pueblos
aquellos donde sus habitantes tarareaban canciones a los infantes
que sin miedo ni perdón corrían alborotados como si los tiempos
se destruyeran entre sus huellas, restos de aquella infancia.

Lo dicen los cantos y pedruscos
en las líneas ocultas de los rostros de los ancianos,
sí, hablan los senderos confinados en el silencio de las calles.

Avenidas y parques claman la paz de la distancia.
¡Quiero vivir, quiero vivir, quiero vivir!!!
Pero la ausencia, nada escucha.
Nada late cuando el sinsentido de la urbe ciega su horizonte.

Lo que dicen los caminos es tan abrumador.

Las cimas despliegan su grandeza de novia
abandonada frente al altar con eco lúgubre y solemne.

Ven, acércate ahora que no puedes,
ven, pisa mis verdes ojos, ahora que no ves.

Algunos caminos lloran la erosión continua de la humanidad.
Sus llantos apaciguan las vírgenes playas
que aún nada saben de la furia atroz del hombre.

Magdalena Salamanca Gallego

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Mi espejo, corriente por las noches,
se hace arroyo y se aleja de mi cuarto
Vicente Huidobro

Salen, se abruman, se decantan, suspiran,
caen por la abullonada manga del crepúsculo
y pueblan ciudades, pero vuelven siempre
tras el culmen de las sombras.
Apátridas sin sueño vagan por estrías y montañas .

Destilan desaparecidos con el vaho de los caminos
porque inventaron juegos de agua.
Permíteme una escolta de nubes que sumerja el ocaso
en una cortina de espectros mojados.
No hay tiempo que perder, ya viene la aurora.

Si las violas tocan, los icebergs entran
en el sempiterno de los ojos.
Bestias que caminan solas y héroes desalojados
naufragan tras el ejército de piedras
Ahí una mano. y una mecha lasciva
que enciende la llama para ciegos.

Lo que dicen los caminos es que hay que salir
al abordaje de un barco trasatlántico que patee el horizonte,
pero la sequedad del asunto impone un cielo de llantos
ya vienen los rútilos rostros que se limpian y escarchan
con el insomnio y las habitaciones vacías,
¡Llega la aurora!
Los caminos gritan ¡al abordaje!¡Al abordaje!

Laura López

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Cascadas de bondad inutilizada
en labios deformados
por la costumbre de blasfemar
en la puerta de los templos.

Entrego mis manos al horizonte
y mis manos vuelan lejos de mí.

La tierra es ese globo en el espacio
y mi voz, las ondas que viajan
por todo el universo tocando los planetas
hasta llegar a las estrellas.

El tiempo es otra historia en la galaxia,
letras que recorren tu nombre junto a otros nombres,
arrebatos de luz engarzados entre palabras.

Cruz González Cardeñosa

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Cae la tarde y la terquedad
absorbe el tenue violeta del camino,
se derrama una pluma rojiza
entre campos hostiles
cegando las de exhaustas del viajero.
Callan los cantos de caliza
la ausencia de bicicletas dibujando piruetas,
mientras burlescos socavones
rememoran el rugido de los fornidos motores.
Entre amapolas y fusarium,
cóncavas cunetas desangran metáforas
al largo tiempo de espera,
que unas tumbas sin lápidas
vienen reclamando.
Hay caminos cansados
del vuelos de los drones buscando desertores,
también los que respiran grafito,
caminos que han aprendido a balar
reclamando el recorrer trashumante.
Aunque todos los caminos llevan en su estrofa
una alusión a Roma,
yo hoy amparada en la soledad
trasiego los que me llevan a tu voz.

Ana Velasco

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Dicen los caminos abiertos
a las feroces dunas
que los animales errantes
tropiezan al descender
por las nubes
de colores intensos.

Viajes expuestos,
en el telar de una vida
en blanco
desliza el nacimiento de
todo aquello
qué está por llegar.

La incertidumbre se rinde
a sus pies,
dejando de lado
los senderos ya previstos.

Yolanda Hernández

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Serpenteo lánguidas veredas anegadas por nostalgia,
zurcen bisectrices, tangentes en la resaca amarilla de espigas altaneras,
equidistantes, infinitas, primigenias, vibrantes y vitales.
Ilusiones de un vergel artificial, espejismo de naturaleza muerta,
vía láctea que alborota milagrosa secarrales polvorientos y agónicos,
constelaciones de pan que endulza el hambre del alma en pena.

Enigmáticos ecos musitan pertinaces, en miserables arroyuelos,
susurran sonetos en las cárcavas friables, infecundas, impermeables.
Repique de campanas sempiternas, lastimeras rocían los caminos,
estrofa amarga de los santos que llaman a vísperas,
remembranza de vida y muerte, acordes de sueños perdidos,
inconclusos, imposibles tejen las sendas de la inexorable existencia.

Maria González

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Hay un paraguas colgado de una nube
Y un cartel que señala los caminos

Están las barrendera, las que limpian la ciudad que hacen
que el brillo del sol se refleje en los asfaltos mojados por la lluvia.
Y aquí están, aquí están también esos músculos que alzan carretillas,
esas manos callosas que amasan la piedra,
el martillo clavando en el corazón de Madrid tu nombre.
Madrid tierra abierta,
tierra de los brazos abiertos a la calidez del amor.
Amo al conductor del autobús
que transita por las calles que son caminos
abiertos a la selva ciudadana
al clamor de un pueblo que valiente en su confinamiento
espera, escucha lo que dicen los caminos.

Habrá que construir nuevamente todos nuestros sueños.

Paola Duchên

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LO QUE DICEN LOS CAMINOS

Dicen que todos los caminos
conducen a Roma.
Debo haber tomado
el camino más largo.
Resplandecientes letreros
anuncian furtivas direcciones.
Destellos de luz cuentan
y recuentan los kilómetros
que aún faltan para llegar
a tu destino.
Hay quien se detiene
a mirar el paisaje,
mientras hace memoria.
¿Hacia dónde voy?
¿A qué me lleva todo esto?
Muchas veces pensé en renunciar.
No entiendo muy bien
lo que dicen los caminos.
Sus signos brillantes
¿Son favorables o adversos?
En un desvío o en un retorno
muchos se pierden antes de llegar.
Los caminos hablan entre sí
mandándose señales promisorias.
Son trampas para confundir
al viajero.
Dicen que todos los caminos
conducen a Roma.
Debo haber tomado
el camino más largo.

Ruy Henríquez

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PÉTALO SIN COLOR / Poesía

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PÉTALO SIN COLOR

Punto de luz sin aire,
todo fuego fatuo,
cansancio inespecífico,
dolor.

Cae la tarde y el otoño, la nieve
cubre los tejados y el corazón.
Los colores se tornan grises,
la esperanza un pétalo sin color.

Cruz González Cardeñosa

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PÉTALO SIN COLOR

Había una vez un pétalo sin color

crecía en un siglo asolado

desierto de amor y, también, de odio.

Solo podía ceñirse a la pálida tez del sol

mientras la fotosíntesis se reinventaba

para no quedarse sin trabajo.

Nadie nunca escuchó sus lágrimas

pero aquel pétalo se encontraba triste

sus colores, esta vez, serían mudos.
Seguro que las lunas de agosto

pronto encontraran algún porqué,

pero las sombras no descansarán este año.
Voces, gritos, aullidos de luz

ciegan la consigna de los pétalos mudos

mientras el mundo llora sus colores.
Magdalena Salamanca
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UN PETALO SIN COLOR

¿Reconoceríais una ola sin salitre,

un barbo sin escamas,

un otoño sin hojas

o una concordancia sin su verbo?

El carmesí de la rosa es el fuego del amor,

me acerco a ti con el olor de las lilas

mientras los lirios transitan

en el deseo sexual de los amantes.

Vuelve el mirlo con el crisol de tulipanes

honra del imperio mandarín.

Petulancia de colores jugueteando

entre el sol y la córnea,

los pigmentos son el trance del pintor

ante el universo.

Un pétalo sin color
es una burla de la paleta al tallo mutilado

al no poder sostener su flor en la tarima.
Ana Velasco

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PÉTALO SIN COLOR

Era amarillo y rojo mi país
Como el fuego en invierno
O el rojo pétalo de la sangrante
Amapola de los rubios campos
Pero mi patria no tenía no tenía

Un color era el rojo, el azul,
el naranja, el morado, el verde…
estallaban en amargos debates
en mi país mojado de pintura electoral
Pero mi patria no tenía no tenía

De la antigua roma un color griego
pulcro mármol del pensamiento y el ocre
que trajeron los moros en sus oraciones
como brillante arena del desierto. El verde
húmedo de los vascos recolectores de frutos
en los frondosos bosques o el azul de aquellos
pueblos celtas que viven en el mar.
Pero mi patria no tenía no tenía.

Mi patria era un pétalo que no tenía
un pétalo sin color con qué brillar.
Kepa Ríos Alday
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PETALOS SIN COLOR
Pétalos sin color atrapados en los versos de la página en blanco

se cobijan en el anverso y reverso de hojas desteñidas y caducas.

Océanos colosales e infinitos dónde convergen las lágrimas vertidas

por doncellas de ojos cegados por la locura del amor eterno.

Microscópicas partículas de fluidos cristalinos,

dorados y transparentes polinizan fugaces deseos

parapetados en una infancia atrapada en muñecas de trapo.

La ignorancia y la barbarie se encordelan tenaces y recias

a la piel efímera del trabajoso devenir de la multitud

enredada en sutiles hilos de seda monocolor, opaca y virgen.

Lloro clamando a los dioses el retorno de amores perdidos,

cuerpos ardientes, anhelos inacabados, elixires de juventud eterna.

Diminutos seres en confines de otra galaxia deshojan margaritas

que atesoran en libros sagrados y sublimes.
Maria González

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PÉTALO SIN COLOR

Conozco una princesa sin tiempo

que cosía las nubes con sus lágrimas

y tenía la mesa llena de campanas de oro.

Conozco a un tal Hans

que aprendió a pensar en las montañas

y que estudiaba al hombre sin apenas tocarlo.

Conozco gente que ignora la historia de ambos,

y mal dice a quien se entretiene con su baile

por querer comprenderlo.

Hernán Kozak

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PÉTALO SIN COLOR

Ella era un pétalo sin color,
una flor marchita,
una mujer a punto de llorar.
Antes de desnudarse
quiso tomarse un respiro,
leer un poema,
hacer ejercicios
con la ventana abierta.
Creía, infantil criatura,
que el tiempo
pasaba por su cuerpo.
Aquí, esta arruga,
este pliegue, este destino
malsano de la lluvia.
En este punto fui una rosa,
el olor embriagador
de la juventud primera,
el caprichoso sexo
de las madrugadas.
Amé y fui amada.
Ahora no recuerdo casi nada.
En la cama, en silencio,
el cuerpo recuerda y sabe gozar
sin que nadie le diga cómo hacerlo.
Goza y ama, como una flor
que aún no ha perdido su perfume.

Ruy Henríquez

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NUNCA SIN TI / Poesía

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NUNCA SIN TI

Amor de las cavernas
Primitiva boca que busca
sin encontrar jamás su mitad
Nunca sin ti
Viajaría al desnudo mundo
Para encontrarte sin encontrarte
En la multitud del hambre.
En la cumbre del miedo
En la plaza abierta al viento
Nunca sin ti
Perdería todas las calles
Todo el silencio
De una ciudad que florece
Amnésica de todo
Pero nunca sin ti.

Paola Duchên

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NUNCA SIN TI
Nunca sin ti, el sol impactaría sobre mis versos.

Escuchas el latido, las sílabas se confunden con poros

alineados en filas infinitas, hambrientas de signos de puntuación.

Nunca sin ti, el álgebra caminaría con piernas ágiles

sobre la pizarra de aullidos infernales cuando la blanca tiza

resbala su laxitud sobre aquellos números algorítmicos.

Nunca sin ti, hubiera habido carreteras con huellas de sal

surcando las arterias de la ciudad, desnuda de ecos,

deshabitada en los silencios de un vacío altruista.

Nunca, sin ti, serían posibles los pulsos entre las letras

melodías ocultas que exhalan vientos de alivio

cuando la noche vierte su tinta sobre mi escritorio.
Magdalena Salamanca
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NUNCA SIN TI
Incomodo, parecido a una luz,

sin techo donde estirar

sus tentáculos de óxido.

Con el rencor necesario

para sobrevivir

a este espejo

en el que se mezclan

los días y las avenidas sin latido.

Astuto y engreído,

disimulando agrias sonrisas

por otro día sin ti.
Hernán Kozak

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NUNCA SIN TI
Una brisa de espera ha tomado las calles

y aunque la primavera invada los jardines

el canto de los estorninos se mantiene apocado.

Páginas sobrevuelan estancias de crisol

mientras las azoteas recrean un mundo de eremitas.

Replegadas soledades bordean pompas del ayer,

pero ella sopla el viento del mañana.
¡Llévate la afonía y déjanos los días!

grita desafiante la musa,

mi legado escapa a las ráfagas

la entrega no cabe en mis zapatos,

¿acaso no recuerdas a Almafuerte?

Ciñe pues tu verso

y saca ese silencio de la almohada

sin mí, tu pecho se ahoga.
Ana Velasco

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NUNCA SIN TI

Nunca sin ti me podré hallar
porque tu estás en mi terca
costumbre constructora de panales.
En mi cáscara de nuez a la deriva,
o aquella loca semilla que en sueños
contigo he sembrado.

Nunca sin ti en mis tuétanos verbales
como puro oxígeno rebelde,
habrá un tiempo tan dulce como una fruta
a punto del extravío.

Casi nunca te besaré
con dificultad lacrimosa
o circunvalaré la idea nodular prosaica
para no caer en una mera verdad.

Kepa Ríos Alday

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NUNCA SIN TI

Podría ser un buen comienzo.
Una historia de amor
que enseñe a los ignorantes
lo que el amor significa.
Pero la verdad es que suena
tan falso como un cristal
en un anillo de latón.
Podría, no obstante,
ser un buen comienzo.
Podría ser el título
o la conclusión.
La moraleja escondida
entre sus párrafos.
La frase que el amante
diría antes del final.
Pero yo era tan joven
y tan ingenuo,
que me parecía verdad
todo lo que el amor dijera.
Quizá todavía siga siéndolo.
Según como lo mires,
aún puede ser verdadero.
Tal vez no se puede vivir
sin seguir siendo
joven e ingenuo.
Sin creer en las frases
que el amor te dice.
Porque la verdad del amor
no está en sus palabras
ni en sus resonantes metáforas.
La falsa cristalería que
adorna sus vitrinas,
sus rutilantes luces de neón,
conducen a habitaciones
desnudas y frías.
Pero su restallante llamado
sigue hallando eco
en tu gastado corazón.
¿Dónde está entonces su verdad?
¿Su fantástica ilusión?
Había una vez, una promesa…

Ruy Henríquez

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NUNCA SIN TI

Remontar cimas quebradas, fragosas y desiguales,

descolgarse en las grietas azules del universo donde se cobijan los miedos.

Nunca sin ti,

embaucar al bufón de la casualidad empeñado

en conquistar su indecente desgana, retozando con nuestra vida,

y entretanto sonríe sarcástico y burlón.

 

Nunca sin ti,

escrutar los confines de galaxias aún no pensadas,

engendrar con retales de cielo, polvo de estrellas, un edén como cobijo,

donde nuestros vástagos deshojen margaritas repletas de amores,

retocen en un vergel de panes de leche, naden en regatos de lágrimas dulces.

Disponerles con esmero para la hazaña agridulce de Ser.

 

Nunca sin ti,

soportar la predecible gandulería de lo cotidiano en su locura,

escuchar el dolor punzante de la guadaña cuando siega contundente la noche,

saborear entre tanto, el goce del cuerpo y los elixires de la existencia

llenos de amor, de frutos rojos, de cerezos en flor presuntuosos y altaneros,

urdir poemas y versos que acorralen con ternura las miserias que ofrece la realidad.

María González

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SIEMPRE AL REVÉS / Poesía

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SIEMPRE AL REVES

Hay uno con miedo,

le tiemblan los zapatos,

tiene los ojos rotos de mirar fijo.
Hay uno agotado de esquivar montañas,

piensa como los demás,

a veces la madrugada lo encuentra lleno de frio.
Hay otro

que nunca creyó en verdades crueles,

escapo al alimento de los buitres,

supo distinguir las señales de alarma.
Hay otro

que pudo encontrar una sonrisa en la tormenta,

que las historias las tiene en los libros,

ese que a veces vive en esta página en blanco.

Hernán Kozak

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SIEMPRE AL REVÉS

Asombrada, furiosa
quise entrar en un abrazo,
ahogarme en tu recuerdo
y olvidar el estruendo de las flores
cortadas a tus pies.

Dijeron que estaba loca por amarte
que no podía cantar sobre tu tumba
que la verdad era un recuerdo hermoso
y me reí.

Tomé el abrigo, la gorra, los zapatos
y me fui sin despedir.

Siempre al revés -escuché que decías-
y me perdí.

Cruz González Cardeñosa

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SIEMPRE AL REVÉS

Se soñaba con lo ya conseguido
en aquel país de rubias divisas.
Los coches servían para estar
y las ambulancias no aceptaban
ninguna urgencia grave si no
sólo gente de vacaciones.

Era mi país invadido por empresas
y dado la vuelta como una pirámide
donde sólo el faraón trabajaba
y los esclavos estaban condenados
a tocarse los huevos hasta morir.
Así fui bajando hacia las mazmorras
haciéndome más poderoso conforme
más inútiles se aprovechaban de mí.

Cuanto más trabajaba menos personas
había a mi alrededor hasta que un día
me di cuenta que había llegado
al fondo del abismo
cuando escribía poemas.

Kepa Ríos Alday

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SIEMPRE AL REVÉS

No deberías darme por muerto.
Anoche volví a soñar con ella.
Era un sol entrando de repente
en una habitación en tinieblas.
Acariciándola me di cuenta
de lo frías que tenía las manos.
En la respiración sentía su risa,
en los pulmones su aliento,
en mi sexo el elixir de su cuerpo.

No deberías darme por muerto.
Aún tiemblo pensando en ella,
en su juventud intacta,
en su caprichoso deseo.
Porque ella va y viene a su antojo.
Y yo solo puedo esperar
su regreso como un milagro,
como un golpe de suerte,
como una moneda
que encuentras al abrir un cajón.
¿Qué espíritu generoso la puso ahí?

Su perfumada mano atraviesa las sombras
y te alcanza en tu singular infierno.
Eras una sombra y he aquí la luz
que ilumina y da calor a tu cuerpo.
Siempre al revés.
Siempre al revés de lo que piensas.
Ruy Henríquez

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UN VIENTO TRAICIONERO / Poesía

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UN VIENTO TRAICIONERO
No dejes de soñar:

¿Recuerdas el olor de la luna

ese que se descompone

en fragmentos de luz?
No llores amiga,

algún viento traicionero

vestirá tus ojos de porcelana

para que nunca más,

puedas sentir.
Eres la dulce madrugada

coloreada de cielos carmesí

que sin saber más que una rata

convive con un colibrí.

Sal no te cortes

ponle sal al mediodía,

aunque a la noche no sepas

ni si siquiera, sonreír.
No son tiempos de espera

son vientos en contra

famélicos huracanes

que se convierten en broncas.

Jajaja, no sufras, no tengas miedo,

nada de lo que conoces

puede darte consuelo,

ven agárrate, yo te llevo.

Sueña, pero sin miedo

esta vez, te quiero a tiempo

cada día es un misterio

y nosotros su secreto.
Magdalena Salamanca
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UN VIENTO TRAICIONERO

Era un viento de faldas vírgenes
un viento traicionero de blusas aromáticas
y sudores malolientes. Era un viento
enemigo del reparto de publicidad
y de los que pegan carteles en las calles.
Aquel viento llevaba también
los pequeños virus de tu boca
y los distribuía entre los médicos
poderosa simiente de la muerte
sembrando de caos los sanitarios sustratos.
Era un viento que levantaba
las mejores cartas en el momento
cuando la apuesta es máxima.
Un viento crupier que sólo quería
que le dejasen barajar
de vez en cuando.

Kepa Ríos Alday

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UN VIENTO TRAICIONERO
Acaricio tu pelo

desde una ventana abierta,

a una calle vacía de saludos

de pupilas caídas

sobre una primavera estancada,

sin resuello.

Hay abrazos entre espejos,

y mariposas apáticas

buscando el arcoíris,

bozales sujetando los besos.

Un pomo es mi enemigo

mi vecino un miasma,

hiel y amor en cruce de cuchillos,

bajo un azul ostentoso.

Sobremesas sin torrijas

iglesias sin devotos,

calvarios solitarios

por el soplo de un judas,

que antes nunca

arrebató la Pasión al crucifijo

imponiendo su propia cuaresma.

Caballos sin herrajes,

temblor entre las canas

exequias colapsadas

dientes pegados

sujetando la última lágrima.

Un clamor a las ocho

atrapa las ventanas

jalean un conciliado aullido:

nuestra lanza frente al adverso vahído.
Ana Velasco

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UN VIENTO TRAICIONERO
Tanteas con los dedos un manto azul infinito y eterno,

haces de luz policromada atraviesan una atmósfera utópica,

ráfagas asimétricas de huracanados recuerdos

contemplan ateridos memorias inexistentes,

polvo de desiertos blancos y negros,

surcos secos se antojan en relieves prodigiosamente fértiles,

fecundando impúdicos las entrañas de la tierra.

Tifones arrollan estelas de humanidad estratificada,

masas de aire hambrientas devoran deseos no dichos

que se intuyen en la dimensión de una existencia paralela.

Poemas repletos de versos sobre constelaciones y estrellas

vaticinan un devenir futuro de tiempos mejores.

Vientos traicioneros circulan insistentes e incesantes,

perturbando un universo cimbreante y tembloroso.
María González

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UN VIENTO TRAICIONERO

Ella tiene el galope y la fuerza de las Amazonas
Respira debajo del agua como un pez o una rana
Su corazón mordido por la vinchuca y el mal de Chagas
Late, late y late con fuerza cada día.
Nadie sabe de la vida de los otros en otros países, en otros lugares
Sabemos tan poco, a veces, de nuestros propios vecinos,
De nuestros propios amigos…
Pero su corazón late y lleva en su sangre la dulzura y la valentía de los bravos guaraníes
De la selva de su infancia
Ella, que aprendió el quechua para atender a su pacientes
Aquellos que compraban una aspirina para todo
Pero se llevaban las frases amables de mi madre
Y eso curaba más que nada
Amables y bondadosas palabras junto a la única aspirina
Que podían comprar con la moneda del hambre
Para aliviar el dolor humano, el corazón partido de una madre
El llanto de un niño que a veces era más hambre que otra cosa
El niño no puede dormir y está colgado en las espaldas de una madre
Su hermanito pequeño tiene tres años y coge de la mano
Nunca me creí el infantil invento de la infancia
Cuando un niño con 7 años puede ir a trabajar para su familia.
Yo los he visto, con el azadón en el hombro.
No era juego, era de verdad, que ese hombrecito iba a trabajar.
Un viento traicionero me traía tu latido
Ese corazón que baila en el corazón de la noche…

Paola Duchên

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UN VIENTO TRAICIONERO
Como si fuera fácil

salir indemne de esta página de hielo

a la que van llegando las hormigas.

Como si la esperanza

no hubiera querido huir

para poder sentir su eco

en las marcas de otra prisión.

Como si alguien supiera

que la vida se hace

de una u otra manera.
Hernán Kozak

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UN VIENTO TRAICIONERO

Si te preguntan:
¿Para qué sirven los poetas en estos tiempos?
¿Para que viven los que sueñan?
En estos tiempos en los que
un viento traicionero barre tantas vidas
¿Qué hacen los poetas encerrados,
agonizando de miedo?
En los hospitales necesitan médicos,
en la morgue manos y nervios de acero.
En las ciudades un ejército de pájaros
patrulla con celo las calles desiertas.
La hierba crece y se adormece al sol
sin los pasos que la agostan.
El mundo parece girar en orden
sin sus ínfimos obreros.
El que así pregunta cree que puede
vivir sin los poetas.
Escucha:
¡Si el poeta no se afana en la cama
del enfermo!
¡Si no está en sus manos la salvación
de tantos muertos!
Es porque su tarea es
construir con palabras
un lugar para los hombres.
¿Lo dudas?
¡Prueba a vivir sin decir nada!
Los poetas, despreciados,
aran la tierra con unas pocas letras.
Su tarea es titánica. Su recompensa escasa.
El poeta paga con su vida tu desprecio.
Y aún así, cuando mañana quieras
cantar las hazañas de los hombres que
con sus manos salvaron tantas vidas,
tendrás que recurrir a su voz,
leer en sus versos la magnitud del hombre.

Ruy Henríquez
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ESTA OTRA VIDA / Poesía

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ESTA OTRA VIDA
A veces tengo miedo,

a olvidar la calidez desdibujada de un abrazo,

a descuidar el beso eterno de formas geométricas,

poliédricas, redondas y de caras curvadas.

A sobrecogerme por la maraña de colores grises,

indescifrables, imperfectos, incomprensibles

de esta otra vida que irrumpe abrupta.

Miedo a las lágrimas metálicas de las nodrizas

volteando en sus mejillas zurcidas con noticias de ayer,

a los pechos lánguidos sin fruta madura.

A olvidar el rumor del viento tenaz y punzante

soplando en las angostas rendijas del alma,

al sonido cargante de los pies, arrastrándose

en un asfalto sordo por la oscuridad eterna.

Tengo miedo,

al universo infinito de las palabras no dichas,

miedo por los instrumentos que no toqué,

por los paisajes que no vi y por las personas que no amé.

Temo encontrarme cara a cara con la muerte

y no saber que decir, no poder mirarla valiente,

temo ver enmohecer los cimientos que soportan mi existencia.
Maria González

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ESTA OTRA VIDA

No sé cómo ayudarte,

me gustaría decirte que todo irá bien,

pero las nubes negras

pesan como los pájaros del odio

que golpean nuestros cuerpos

frágiles como una veleta dormida en los ojos del viento.

No sé cómo hacer para que vuelvas a sonreír,

para que creas que este encierro es temporal,

que a nosotros esa suerte envenenada esta vez no nos toca,

que ellos se van a salvar.

Cómo ayudar a otros,

para que la casa no sea una condena de barro

aplastada por los días,

por la información imposible de entender,

contradictoria e incompatible con los latidos de la esperanza.

Lo único que te quiero decir,

es que aquí tienes mi mano

y que levanto la mirada,

dispuesto a soñar.

Hernán Kozak

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OTRA VIDA

Queríamos cambiar de vida,
estábamos trabajando en ello,
hacíamos ejercicios de calentamiento,
nos disfrazábamos cada día
de algo inesperado
para sorprender a alguien,
quedábamos con los amigos,
tomábamos cervezas
y nos decíamos que era posible cambiar.

Un día fue el desastre
llegó sin darnos cuenta
se coló por la puerta de nuestras casas
y dijo ser el rey.

Quisimos detenerlo pero no fue posible.

Conseguimos otra vida,
pero no era la nuestra.

Cruz González Cardeñosa

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ESTÁ OTRA VIDA

Existe

en lo más profundo del alma

la armonía,

capaz de triunfar ante cualquier abismo,

Capaz de rendirse a la primera escena.

Está otra vida

en la que sumergirse

enredándose a amores

como yedra a la pared.

Yacimiento de células intangibles

que iluminan la mirada

reflejada en el agua

que fluye

del río permanente.

Está otra vida

en la que respirar

es el mayor de los misterios,

en la que mirar y ver

es el regalo más sincero,

y donde la voz del Otro

es himno de alegría.

Está otra vida.

Paqui Robles
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ESTÁ OTRA VIDA
Más allá de balcones sosteniendo guijarros

de los caminos que se perpetúan en las redes eléctricas ,

del santo y seña, de los desnudos y famélicos golpes de tos

del desierto de asfalto que camina como una mujer

suntuoso y provocador encuentro con el aplauso.
Las máquinas están apunto,

desengrasados los momentos

la función comienza.

El amanecer envuelve un ojo

y paraliza la vértebra mundial

ahora giran los soles cubiertos de poesía.
El plan sigue su curso

mientras, en otro lugar, se avanza a hurtadillas,

por las rendijas de Almafuerte

un virus que no afecta al pensamiento

Está otra vida, hay libertad. ¿Aún no estás?
Laura López
———————-

ESTA OTRA VIDA

Me levanto todas las mañanas y agradezco la extraña luz del día
Que irrumpe en mi vida desbaratándola como una baraja abierta
A un teclado por venir, a un teclado futura almendra del Caribe
Mordisco elegante a esta otra vida detrás de una pantalla
Que exhibe su glamour y sus miserias
Mientras lo cotidiano toca el acordeón de la vida
Y le da su justa rueda, su necesario límite.

Paola Duchên

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Poema: Está Atraida
(En el Día Internacional de la Poesía)

No se da cuenta pero ha entrado
en el campo magnético de fuerzas
y ahora sólo podrá orbitar
como un asteroide sin consuelo.
Ella estaba pensando un movimiento
y contemplaba excitada las piezas
como si su lengua pudiese razonar
en un idioma superior. Está atraída
en un juego de distancias y masas.
Permanece suspendida de las miradas
planetarias, de las miradas negras,
de las miradas cuya luz tiene peso.
En ese baile molecular gravita
como una hembra iónica
cargada de relatividad, hace
cabriolas de ardiente espacio-tiempo.
Debajo de su falda babosos satélites
contemplan esa belleza colosal.

Kepa Ríos Alday

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ESTA OTRA VIDA

Reías al pensar en las
transfiguraciones del tiempo.
Las transformaciones te hacían
soltar sonoras carcajadas.
Eras un clown, un payaso,
un bufón asimétrico.
Creías tener todos los ases
en la manga.
Cortabas la baraja a tu antojo.
Las peores cartas siempre
para el que no pueda
alzar la voz contra tu estafa.
¡Qué buenos vientos soplaban!
Parecías un gigante
sobre su menguada sombra.
Gulliver atado
a una vida minúscula.
¡Cuánta vanidad!
¡A cambio de nada!
Entonces yo,
minúsculo infusorio,
átomo envenenado,
te dijo ¡Basta!
Observa esta otra vida.
¿Acaso no ves que todo agoniza?
¿Acaso no has devorado ya
lo que por ley te corresponde?
La humanidad está enferma.
Se mira al espejo y no se reconoce.
Qué lejos está lo humano
de su propio órgano.
Qué lejos está la mano del pincel,
la tinta del papel que se le esconde.
Se pudre la cosecha
antes que la semilla fecunde la tierra.
El hombre sufre de no poder
llegar a ser hombre.
¿Hasta cuándo tamaña ignorancia?
¿Hasta cuándo no saber de sí mismo
en el otro?
Hay uno que si se levantara
no echaría sombra.
Otro habrá que, de escribir, parecerá
alguien esperando la mañana.

Ruy Henríquez
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UN VIENTO DEL PASADO / Poesía

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UN VIENTO DEL PASADO

Primer día de encierro.(13/3/20)

Hoy las calles de Madrid,
son ese lugar donde fui feliz,
no había mujer que se resistiera,
ni dinero que no saliera de mis bolsillos.
Toda apuesta era un juego seguro,
toda afrenta un éxito.

Aunque quizá mi memoria
tenga agujeros de luz,
quizá el contacto con otros no fuera tan áspero,
quizá los besos de plástico no tuvieran el mismo sabor.

Si en 24h de encierro surge la nostalgia,
En 24h de libertad tendré el olvido jugando entre mis pies.

Hernán Kozak

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UN VIENTO DEL PASADO

Bulla, ruido, rumores, murga
palabras en laberinto reventando el espacio,
sordos están mis poros
quiero un verso
donde poner una flor de azahar,
busco una corchea
para prender mi balada de primavera
cuando el calendario destierre sus noches.
Nada está determinado
viene a decirme la máscara,
por la ventana
un viento pretérito,
captura las calles contagiadas
de hedonismo.

Ana Velasco

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UN VIENTO DEL PASADO

Entonces, si las cosas son así
¿De qué sirve darle vueltas a la cosas?
Si desde la cuna hasta la tumba
me encierro en una sola voz,
en una sola forma de andar
y mantenerme tieso.
Si insisto en ser siempre
yo mismo y nunca el otro.
Si firmo con el dedo
fingiendo la palabra.
Si mi nombre es dos veces dos
y su tamaño nunca menos.
Si me empeño en recordar
como si hace tiempo
hubiera muerto.
Rezando y pidiendo,
como si no tuviera en las manos
las riendas del Universo.
Una hoja a la que zarandea
un viento del pasado
y para el porvenir no tiene pecho.
Entonces ¿para qué pensar
un poco más la cosas?
Sin la contradicción, sin la paradoja.
Si no aprendo a mirar al revés.
Si me ahogo en una sola sílaba
y no tolero ni lo bello ni lo feo.
Entonces, ¿para qué?, digo,
¿Para qué entonces?

Ruy Henríquez
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LA RESISTENCIA / Poesía

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LA RESISTENCIA

¿Qué queremos esconder?
Ya no podemos tener collares de alfileres
de lenguas cortadas con restos de palabras en los márgenes,
ni azoteas cubiertas de cadáveres arrancados de sus nombres
con la rabia secándose en las bocas.
Ahora nos queda,
el tacto de la pantalla,
el aislamiento por decreto
y el miedo gangrenando las calles.
No puedo cerrar un trato,
ni besarte si no quemas tus raíces.
No debo ser viejo ni estar enfermo.
Hay dos mundos,
el de los que temen
y el de los temidos,
pero ninguno es el mío.

Hernán Kozak

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LA RESISTENCIA

Estábamos quietos y llegó la oscuridad
cuando la sentencia dividía
y la ciudad se contagiaba de tristeza.
Era una resistencia inútil que llamaba
a la puerta de los sin techo
y erraba en las máquinas de apuestas.
Yo compraba comida para sobrevivir
al caos de los paquetes en la red
y lloraba contigo bajo el sol sin más,
esperanza que pisoteó mi amor,
o me adhería a cualquier cuerpo
con tal de no morir en la inopia.
Allí me entregaba a una tenaz
resistencia al paso del amor,
entorpecía la marcha de los muertos
y seguía buscando endemoniado
un diamante puro al que poder
verdaderamente volver a hablar.

Kepa Ríos Alday

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LA RESISTENCIA

Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse, a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

(Juan Gelmán)

Con remaches de brío se sujetan los vértices
que arropan muchos días.
Rotos los corazones inferimos quimeras
donde poner un roble que detenga las uñas.
Silentes nebulosas estrían mi fachada,
arriba un cóndor pasa
volcando alguna pluma sobre el viaje agotado
de miles de expulsados
que exploran un rellano abierto a su promesa.
Brinca un postigo
sobre palabras acorchadas
y un genio del azar,
a la espera entrega a los echados.
Florecida de un bostezo
una indómita fiera
hoy corona al planeta en otro forcejeo.
Aún así, un aroma de violeta custodia tu nombre
adherido a la firmeza del ángulo.

Ana Velasco

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LA RESISTENCIA

Esa línea que existe
entre tus ojos y mi mirada
es infinita
como tu piel cuando inventa mi alma
y se escabulle entre los arbustos
abiertos de libertad.

Querías tocar un imposible,
asirte del infierno helado
de las noches a la intemperie
y volver impune
al impulso de las olas
cuando acarician la imagen
de nuestros cuerpos amándonos.

No fue posible.
No fue.

Cruz González Cardeñosa

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LA RESISTENCIA

No te buscaba
pero encontré tu oro.
Huyendo, caí en tus manos.
¡Qué lejos me llevó el espanto!
¡Qué poco! ¡Qué nada!
¡Qué esperanza rota!
Así te medí de palmo a palmo.
Así supe que un hombre
se hace con trabajo.
Porque tu eras resistente
como el huracán sencillo
o el terremoto diario.
Estremecido por el hambre.
¡Ay! por el odio.
Hoy recordando…
pero qué digo,
¡si estábamos hablando!
Estábamos conversando
de todo un poco.
Tú preguntaste cuándo
y yo te dije muy pronto.
Entonces nos fundimos
en un abrazo,
porque la soledad es grande
y el silencio muy hondo.
Yo quería cantar,
oír de tus labios otra vez
la historia de aquel día lluvioso.
¡Qué distraído estabas!
¿En qué estarías pensando?
Éramos muchos o éramos pocos,
eso nunca se sabe.
Pero no paramos de hablar,
aunque te fuiste muy pronto.
Yo era un niño queriendo saltar
desde lo más alto,
por encima de tus hombros.
Pero tu eras una voz,
una pregunta,
una frase que no termina nunca.

Ruy Henríquez
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AQUELLAS HOJAS MUERTAS / Poesía

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AQUELLAS HOJAS MUERTAS
Vocablos que subrayan de las mercancías

la condromalacia, cojera desigual de mundos

cubiertos por cascarones de historias

contadas por los hijos del viento.

¿Sientes cómo sopla?
Las hojas se descuelgan,

son como perchas con cuerpos vacíos.

No hay vendimia, sí trifulca y horas muertas

donde los niños lloran llenando las noches.

De pronto el silencio.
El día permanece tras el horizonte.

Se encoje tras las sombras y no puede pintar un cuadro.

Los colores atisban a las ciudades queriendo

hacer un collage, pero aquellas hojas muertas

quieren tapar el sol. Jamás lo conseguirán.
.Laura López

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Aquellas Hojas Muertas

Del árbol desprendieron sus finos
cuerpos preparados para el baile.
Aquellas hojas muertas flotaron
en el torbellino del verso dejándose
transportar por el dulce cortejo
de un funerario otoño. Por ellas
que no pueden ni un verso escribir,
igual que tantas personas en Madrid,
corre este llanto de palmadas
en espaldas silenciosas.
Llanto de amor entre chóferes
que dulcemente con el claxon
se increpan y excitan en una danza
ceremonial y lasciva como de celos
dentro de los auriculares sentidos
en un vagón de metro. Un amor
de hojas cayendo muertas
de una en una de una en una
como camas vacías de hospital.
Kepa Ríos Alday

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AQUELLAS HOJAS MUERTAS
Mortalmente herido,
aceptaste el desafío,
la burla, la cruel paradoja.
Aquellas hojas muertas
como un epitafio,
como un cadalso.
Con sus renglones llenos
de tímidos sarcasmos,
con su callado griterío,
con su lentitud de horas cumplidas.
Su visión hiere la vista,
distrae tus pasos del camino.
Quisieras seguirlas,
buscar su sentido,
entender el olvido,
el viento que te arrastra.
¿Por qué se agolpan
en lunático marasmo,
esperando que alguien,
alguna voz,
algún águila violenta
agite sus alas
sobre su turba siniestra,
sobre la infértil materia
que se pudre en sus letras?
La vegetal sustancia que
alimenta sus venas blancas
reclama su destino,
exige su retorno
a la tierra y sus raíces.
El grito profético,
el eco arbitrario
que vaticina el exilio,
no sabe decir si alguna vez
han de alimentar el fuego
de algún afortunado espíritu.
Ruy Henríquez

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TIERNO ESCALOFRÍO / Poesía

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TIERNO ESCALOFRÍO

Tembló como una hoja entre fresas
y nata. Una hoja de hojaldre dulce
tembló con gran ternura
produciendo un ligero escalofrío
en la parte más dulce de la lengua.

Kepa Ríos Alday

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TIERNO ESCALOFRÍO

No es el frío de la noche
ni el canto azul de las sirenas
cuando siguen a los barcos.

Más bien el sonido hueco y punzante
de un brazo helado cayendo sobre el mar
sumergiéndose inexorablemente
en tu tierno corazón
y produciendo el dulce y sangrante
escalofrío de la muerte.

Cruz González Cardeñosa

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TIERNO ESCALOFRIO

A Serena

Te vi Serena,
delicada flor,
hermosa,
con una mirada tan atenta
que el mundo se me quedó pequeño.
Sonríes
y lanzas mariposas
con tus pequeñas manos,
en un aleteo
que embelesa mi corazón
alcanzando la médula.
De tus labios,
azucaradas cabriolas
derriten mi aliento,
y una baba cae por mi barbilla
fundida de júbilo.
Amable frenesí,
diva de amaneceres
desde tu primer día,
llevo tu encanto prendido en mi pelo.

Ana Velasco

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TIERNO ESCALOFRIO

Agazapado en el agujero negro de las entrañas
te arrojas con fuerza a la vida,
una estrella fugaz que se funde en un universo,
infinito de constelaciones azuladas, amarillas,
eternas, blanquecinas, húmedas de esperanza.

Tierno escalofrío en los ojos que te alumbran
y prometen luz en la existencia que serás,
el demiurgo origen del milagro te humaniza
con una galaxia rebosante de palabras,
planetas de sonidos, crisol de olores y colores.

Brota verde la ilusión renovada y efímera,
inexorable abandono del cálido cobijo,
la promesa de otra humanidad posible aparece
y se desvanece con vértigo en la replicante historia
del camino recorrido por otros cuerpos celestes.

Maria González

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TIERNO ESCALOFRIO

En los pies del último peldaño,
sujetado a un bosque de ardiente nada,
descansa una bolsa
llena de ojos de serpiente en número impar.
El pequeño Tomi tiene ya sesenta años
y busca desde los siete
ese ojo perdido para poder descansar.
Tiene el cielo en las manos,
un ramillete de lluvia
levantando rincones vacíos
para salir a jugar.
No hay sueño que lo contenga,
ni tiempo que lo pueda ayudar.
¿Quién le habrá dado la orden
Y por qué decidió aceptar?

Hernán Kozak

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TIERNO ESCALOFRÍO

Soledad, disolución fresca
del amanecer.
Cansado, conspicuo,
dialéctico en suma.
Bienaventurado
el que emerge intacto
de su propia oscuridad
y del hórrido abismo.
Solo cerrar los párpados,
suspirar en un tierno escalofrío
y se deshace entero el universo.
El nombre de las cosas se confunde
como en los primeros tiempos.
Y buscas y huyes y atrapas
desesperadamente,
lo que en tus manos se diluye.
Deja que vuele,
deja que de ti se aleje.
Deja, en fin, que su sin razón
te decapite.
Que como una espada
te parta en dos y te divida,
para que tu sombra hable
de lo que eres o lo que fuiste.
De lo que soñaste
cuando aún no habías nacido.
De lo que dijiste cuando ya tu pie
buscaba las raíces para sembrar
un árbol de hojas delicuescentes,
acídulas, fosforescentes.
Así los pájaros cantarán
mientras se alimentan de tus frutos.
Gentil soledad, humana muerte,
sintaxis voraz que te diluye efímero,
madurándote al sol resplandeciente
de un día que no suma al calendario.

Ruy Henríquez

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