EL APODO

EL APODO

No le iba mal eso de tener varios nombres, su familia lo llamaba por uno, los amigos por otro y cuando alcanzó la etapa profesional le cambiaron otra vez. No le molestaban pues todos iban al encuentro de lo que relucía en su piel, lunares, pecas, motas. Pero algo cambió en una señalada cena de empresa cuando al ir a buscar otra copa, se cruzó con una conversación de mujeres de la que llegó a escuchar: “entonces ese que acaba de levantarse es el “manchas”. Estuve a punto de dirigirme a ella y decirle “el tiznao” será tu padre, al volver del mostrador me acerqué a la tertulianas y me presenté, soy el gerente de la empresa y me llamo Esteban. Desde aquel día es el único apodo que soporto y menos mal que a la que me ensució la cara también le gusta, pues sigue siendo mi “lienzo”.

Ana Velasco

EL APODO

Estuvo ingresado, por eso hacía mucho que no lo veía. No recordaba su nombre, cuando vivía su hermano siempre iban juntos, les llamaban «los hermanos». Los dos tenían expresión circunspecta, amable. Pero sorprendía su actitud siempre ociosa, nunca se vio a ninguno de los dos hablando por el móvil. Tampoco parecían ricos, gente de barrio… – En algo deben trabajar, pero yo no sé en qué- me dijo la camarera cuando le pregunté. -Sólo sé que tienen una madre de noventa años que está muy bien de salud; mejor que ellos, siempre hacen ese comentario.

Cuando le vi en el bar solo, sin su hermano, no supe cómo saludarle. -Hola hermano- le dije. Había estado ingresado. Su hermano se había enrolado en un ejército de poetas que pretendía constituirse en nación dentro de Europa. Él se había puesto muy triste.

Y ¿porqué no te enrolas tu también en ese ejército con tu hermano? -Le dije dándole una palmada en la espalda.

Lo intenté -me dijo- escribí algunos versos, pero eran inofensivos. No sé por qué, pero no matan, atontan solamente durante unos minutos.

¿Pues eso tendrá alguna utilidad en el ejército de de poetas? ¿no? Algo así como los aturdidores eléctricos que usa la policía cuando que reducir a alguien sin matarle.

Si -respondió el pobre- pero empecé a odiar a mi hermano. Yo siempre había sido un poquito mejor que él en todo, en el fútbol, conquistando mujeres, en cata de vinos… No sé de dónde le habrá venido esa vena poética, pero escribe bastante bien y en el ejército de poetas le aprecian mucho. Debió ser cuando murió nuestra madre. A mí me ingresaron porque me dio un ataque de caspa y no podía ni andar por la calle. Pues mientras yo me debatía entre la vida y la muerte, porque mi propia caspa me asfixiaba, y estaba en el hospital ahogándome en un mar de caspa, mi hermano empezó a escribir, a publicar sus poemas… Hasta que ya se hizo poeta y para hablar con él había que besar a los o tres mujeres. Le quiero porque es mi hermano, pero no me sentó muy bien lo que me hizo, lo de ponerse a escribir mientras yo me ahogaba.

Kepa Ríos Alday


EL APODO

De niño, me llamaban Cocodrilo. Fue mi hermana que se infló en el aprendizaje de la pronunciación, co-co-dri-lo. Vaya apodo, me dirán, pero mi verdadero nombre también lleva sus dientes: Juan Joaquin del Monte Garrido y Azafrán. Cocodrilo se llegó a dividir en coco y drilo y yo hice lo mismo, me dividí: Dos ángulos largos, dos horizontes para los sueños. Era Drilo para ellos y Coco para ellas. Ya se puede ver el tinte que cubría esos apodos. Drilo hizo de mí un deportista, un jugador de baloncesto, era El Drilo. Fue mi manera de conectarme con el lenguaje, algo terco, y con el mundo, algo desvanecido.
Siempre quedaba alguna ambigüedad porque la semejanza entre drilar y driblar dejaba puntos de escape y es en esos puntos donde aparecía Coco, ya sabe, Mademoiselle, la verdadera huella.
Drilo comía para su pelota. Coco aspiraba en vuelos de altas cumbres, cosas desaparecidas, soberbias amapolas, un universo de saludos donde se tejían los sepulcros como nubes.
Ellas nunca se equivocaban, ni un lapsus, no iban a perder la oportunidad de llamarme Coco, como en una especie de abuso, agotar la voz en un pensamiento derramado sobre dos sílabas. Para ellos fueron más frecuentes las detenciones, como una lengua inmóvil, un tacón que no toca el suelo. Coco era un imán y tal fue así que cuando nació mi hijo, me re-bautizaron en Drilococo.
Los acontecimientos se precipitaron, creció mi pecho de jade, los huesos de los días se estiraron como miembros fabulosos. Alguien barrió los dientes transitorios y el porvenir empezó a ondular. El juego tomó una distancia tal con sus jugadores que pudo iniciarse el oficio. Desde el acantilado escuchó el paso del adiós.

Clémence Loonis

EL APODO


• Nombre por favor – le insistía el gendarme.
• Pardiez- le decía el señor de la gabardina.
El agente de seguridad se desesperaba ante la mirada perpleja del otro hombre mientras un dolor fulgurante le acometía en la pantorrilla. Su garganta se secaba por momentos y el aliento se caldeaba cada vez más como si una candela le trepara. Sombrío de fuerzas la pierna entera se le paralizó. Era como un bloque de hormigón. Paredes altas de cien metros comenzaron a cercarle. El paisaje de ciudad se tornó agresivo y la gabardina de aquel hombre de mirada estupefacta comenzó a rodearle con su oleaje de fibra sintética. Se sintió absurdo ante la situación y aterrorizado. A merced de aquellas mangas vacías se despegaba a la altura de su bolsillo una libretita con sus asuntos más inmediatos. Caía y se deshojaba, volaba como un pájaro con unos dedos como patas. Reconoció aquellas yemas, como si las huellas dactilares dibujaran un mapa delictivo. Cayó en una somnolencia de recuerdos. No sentía la pierna, ni el cuerpo. Era a su vez un pájaro de hojas sin costa.
Amaneció en el hospital. Una doctora le posaba una mano en el hombro.
• ¿Cuál es su nombre? – sus ojos se elevaban tras el cristal de sus lentes.
Sólo se le venía a la mente una palabra, tal vez un apodo, o una expresión, que hizo que todo el hormigón de la obra de su casa se le implantara en la pierna, en el cuerpo.

Laura López

EL APODO

Me llamo Clara y os presento mi artículo de hoy, para el periódico del instituto. Es algo muy divertido, si está bien puesto.
Ensayo caótico sobre los apodos:
Hoy, quiero contaros cosas sobre los apodos y cómo usarlos bien, pueden ser muy divertidos, siempre que la persona no se ofenda por ello.
El apodo puede dar un tipo de lugar en la geografía, una ciudad, un pueblo o un barrio.
Hay apodos divertidos, casuales, ingratos o para bautizar y molestar.
A mí, los apodos me parecen, también, un punto de información. Son como los adverbios, de lugar, modo o cantidad.
Aunque en muchas ocasiones, el apodo no concuerde con la realidad, al menos la tuya.
Por ejemplo: el de modo, puede ser alguien que llama a su pareja bomboncito, dulce, caramelo, esto no quiere decir que sus labios sepan a caramelo de menta o fresa, sino que esa persona aplica el adjetivo, en lo dulce, que le parece su pareja.
Algo así, pasa con los apodos calificativos, éstos suelen concordar más con la realidad.
A saber: fortachón, gordi, ojitos, pestañitas, osita, barbie, loquito o risitas. Éstos califican en esencia, a la persona que lo lleva por su tamaño, grande, o pequeño, de diferentes partes de su cuerpo o aspecto.
Luego está el de lugar: lunático, inglés, barriga, armario, cocinilla, orejón, barbudo, manazas, mirón o bigotes.
Esto no limita los apodos, hay más maneras de buscar un apodo, yo solo hice un resumen de tres.
Aquí, en mi pueblo, nadie sería nadie, sin su apodo: llama al “herrero”, no puede ir, está de cervezas con el “barril”.
La del cura, el pato, la banana, el chino, el pulgui, el cigüeño, cabeza huevo, pepinillo…
Todos son familias del pueblo y no sabrías reconocerlos, si no fuera por su apodo.

Paty Liñán

EL APODO

En aquella familia grande, de hermanos y primos que crecieron juntos, entre la vereda y el patio, había dos niñas que destacaban, primas hermanas, con una alianza probada en ejemplos cotidianos.
Compartían lo bueno y se cubrían en “picardías diversas”, algunas individuales y muchas a dúo.
En cuanto a la forma de ser nombrado, era costumbre familiar, a modo de tatuaje de otros tiempos, usar el apodo.
Así que a Clara, desde pequeña la llamaron “la rubia”, ya que el dorado de su cabello era carta de presentación, y a Mercedes, nacida 13 meses después, “mecha”.
Así, “la rubia” encendía a “mecha”, a puro entusiasmo e ideas “voladas”, como solían decir sus padres.
-¡Tengan cuidado, por favor! Con prudencia, niñas.
Desde que tuvieron edad de salir de la mirada de la familia, dejaron la “prudencia” y encendieron los motores.
Cuando llegó el momento de ingresar a la escuela, eran expertas en diferentes habilidades que asombraban a los niños y escandalizaban a los adultos. Tanto los docentes como los vecinos se hacían cruces con aquellas primas que hacían honores a su fama.
Por la energía que se producía entre las dos, la ventaja que ambas fueron descubriendo, es que una o la otra podía “hacer tierra”, o sea, bajar el plan a lo posible, o dar la voz de alarma y salir corriendo, o bajarse del muro sin un solo rasguño, es decir, sin evidencias que las pudieran comprometer más tarde.
Esa electricidad que circulaba entre “la rubia” y “mecha”, las acercaba desde la risa como desde el silencio. La infancia viene con dolores, que no siempre son los de las rodillas.
A los adultos les cuesta acordar, las peleas pueden sonar fuertes y las palabras hieren, más por cómo suenan que por lo que significan.
En general, ellos volvían a ser “como siempre”, o eso parecía, mientras que las primas quedaban días hablando bajo las estrellas, cuando todos dormían y la única luz era la de la luna.
Aprendieron de cada escena, solo que lo supieron mucho tiempo después. De niñas guardaron vida, risas y aventuras en sintonía con preguntas, alguna lágrima y más de una tristeza.
“Siempre en contacto” fue el lema.
Es que el buen caminante sabe que solo se avanza si contamos con compañeros.

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

Visita nuestra web:
http://www.escribeycrea.com

Visita nuestro canal en Youtube
https://www.youtube.com/channel/UCQtPVp9VFU2hYjtG8xtIJfQ?view_as=subscriber

Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s