LA ACTRIZ DE TEATRO

LA ACTRIZ DE TEATRO

En todos los canales de televisión se anunciaba aquel codiciado perfume que conllevaba, con su compra, las más inspiradoras experiencias, humanas y sobrehumanas, que en el mundo hubiesen existido.
La chica que salía en el anuncio, una actriz de teatro, se dejaba la piel en mostrar y hacer llegar el olor a los televidentes. Parecía entrar por tu casa cuando con su voz sensual te nombraba los privilegios de le parfum. Deseabas irlo a comprar de inmediato; tan fuerte era su vínculo con el objeto que publicitaba.
Vi a aquella actriz en otros anuncios de televisión, y en cartelería gigante.
Siempre la misma mirada y aquella pose seductora.
Ahora, sentada en el patio de butacas, sin saber del todo bien qué hacia allí, esperaba el inicio de la función.

Pino Lorenzo

LA ACTRIZ DE TEATRO

Su padre se llama Eduardo De todas las Casas Ontanares Fontelaguna y su madre Juan Heredia.
Solo a penas nombrarla podríamos hablar de alta alcurnia, de muchachas trabajando en la casa, de clases de equitación, de una educación programada.
Podríamos referirnos al trabajo en el mercadillo de los viernes, a la vida trashumante, a cambiar las costumbres del frio por la calefacción central.
Pero eso son otras historias que a fin de cuentas la convertirían en lo que es hoy, una actriz de teatro, donde ella dejaba de pertenecerse, tal vez porque aún no se había encontrado y vivía otras vidas para otros, para ella misma.

Hernán Kozak

LA ACTRIZ DE TEATRO

Nos cruzábamos de vez en cuando en el cajero del banco y más de una vez coincidimos en el café de Pablo, siempre llevaba gafas de sol y las uñas cuidadosamente esmaltadas, yo me preguntaba si serían las suyas porque estaban impecables. En invierno lucía largas bufandas, muy llamativas y en verano se cubría los brazos de pulseras de aro. Lo que más me fascinaba era el pelo, cambiaba de color y de peinado a menudo, yo la envidiaba porque para mis adentros pensaba que podía dejarse un pastón en la peluquería. La semana pasada, coincidí de nuevo con ella, mientras tomábamos los respectivos cafés nos sorprendió una tormenta. ¡Vaya! exclamó. Luego, sin inmutarse, se llevó las manos a la cabeza y se desprendió de una peluca, levantándose de la silla nos explicó: no tengo otra en el camerino.

Ana Velasco

LA ACTRIZ DE TEATRO

La había visto en una función de teatro, era una compañía muy joven de tres o cuatro actrices que logró cierto éxito con una obra cómica, de ritmo vertiginoso, algunos gajs que jugaban con el humor del absurdo, otros haciendo ironía del ritmo de vida actual y la locura cotidiana. Después empecé a seguirla en Facebook y alguna vez publicaba fotos, carteles de sus obras de teatro… Nunca fui a ninguno de los actos que anunciaba. Me crucé con ella por la calle, la reconocí y de pronto le dije «¡holaaa! » y su nombre.
Ella se quedó mirándome como tratando de recordar de qué me conocía. -Te fui a ver en una obra hace años- dije interrumpiendo sus gestos- ¡Ahh! ok, y ¿te gustó? – Me dijo.
Me di cuenta de que lo que había dicho ella era una pregunta, es decir, quería que le dijese si me había gustado su obra… La verdad que lo que recordaba de la obra una frase que dijo un minusválido que había en la primera fila en silla de ruedas: En uno de los gajs una de las actrices quejaba de los hombres porque no tenía novio y entonces el minusválido la espetó: es porque sois muy exigentes.
La obra estaba bien, era entretenida, amena, simpática… Así pasa con la cultura actual: es entretenida pero no transforma, no enseña nada; se olvida todo al poco tiempo, no deja huella y no transforma nada.
La obra estaba entretenida pero no podía decirle que había sido una auténtica maravilla, que me había cambiado la vida, porque entonces ¿porqué no había oído a ver más obras suyas? Y en el caso de que yo le dijese que me había encantado y me interesase y le preguntase por su próxima actuación… ¿De verdad querría ir a verla?
Entonces entendí porqué no la había ni si quiera saludado al cruzarme con ella por la calle.

Kepa Ríos Alday

LA ACTRIZ DE TEATRO

Se había lavado la cara. En su boca temblorosa se posó un cigarrillo. Comenzó a contornearse por la habitación y a realizar poses muy artificiales, ganando elasticidad en sus músculos. Abría la boca y la cerraba. Movía los ojos con los párpados cerrados. Estaba presa de un gran nerviosismo. ¡Llevaba tantos meses ensayando! Salió a escena.
• Hola amor, ¿qué tal te fue el día? – una voz se dirigía a ella.
• Bueno, quería hablarte de algo.
A él se le cayeron las gafas en aquel preciso instante. Echan un vistazo y dan cuenta que se han partido por la mitad. Un resoplido, una palabra mal sonante y se miran a los ojos. El, con su presbicia, no ve lo que pasa. A ella se le agolpan lágrimas que le hacen también no ver nada. A tientas, se palpan. Notan que la piel sigue tersa, y que aún se eriza al tacto. Ella piensa en los latidos de su corazón cuando se aproxima cada jueves el encuentro con…se le ha olvidado. Sus manos juegan y se balancean sobre aquel hombre nuevo. Se susurran, se llaman por otros nombres, como jugando. Se aparta el frío y la piel se hace otra piel. Caminan, se besan, se aguardan… Terminan en el cuarto, con la luz tenue y el ambiente renovado.
• ¿Qué tenías que decirme? – él sonríe, bajo la niebla de sus ojos.
• Nada, amor nada.
Salen, aturdidos, sonriendo y ella olvida, no es actriz de teatro.

Laura López

LA ACTRIZ DE TEATRO

Cuando se entregó al personaje de aquella obra de yedra y sangre, creyó que se trataría de asomar un rostro de asesina, de soltar con rocambolescas muecas el odio que nunca la había abandonado. Ir a buscar a la fuente del olvido esas mandíbulas del corazón, antaño tan grotescamente feroces… Y a la vez apiadarse por ese «no olvido», por esa sangre fría que manaba en las toses, expectorando muertos vivos, pechos, nunca perdonados, calcinandose.
Pero la propuesta fue totalmente otra, le tocaría desarreglar sus sentidos, ni visiones ni comprensión ni gráficos ni horizontes trazados… El director le había indicado esas piedras refractarias para dejar de lado la oscuridad, apartar el terror del alma, la falsa noción de un hombre que busca en sus orígenes un extrahombre…
Dio vuelta las páginas de la obra, todavía sin publicar, rastreando imágenes de voltaje psíquico que la dejarían sin esencia, borrar las huellas, que agonice el sudor. Indudablemente, las variaciones de un metabolismo siempre enclenque no confluían para bogar hacia la propuesta. Desprenderse de la materia era condición futura, el presente es la célula interior, lo verdaderamente dramático donde coagulan el conjunto de las sustancias para la metamorfosis.
Bañarse en esas arenas blancas bajo un crepúsculo ajeno sin la convicción de un pensamiento que trágicamente puede volver donde el viento lo llevó. Arenas blancas, enlace central para empalmar con el gran tablero humano y arrancar el movimiento.

Clémence Loonis

LA ACTRIZ DE TEATRO

La actriz de teatro que yo conocí, en realidad no era lo que se dice actriz pero ¡cómo actuaba!
Había conseguido olvidarla o eso creía, pero el otro día en la peluquería vi su fotografía en una revista. No te voy a decir que estaba como entonces, ni mucho menos, pero, por unos instantes me sentí joven, lleno de vida y, como entonces, el amor borro todo otro sentimiento, por un instante.

Cruz González Cardeñosa

LA ACTRIZ DE TEATRO

Llené de aire mis pulmones dejando fluir los pensamientos. Aunque siempre terminaban en el mismo punto.
• Cariño ¿Quieres sopa?
• No tengo hambre- contesté.
• Sé que estas nerviosa, ¿Es por la prueba? Eres una gran intérprete seguro saldrá muy bien.
En mi cara, mi mejor mueca y una pequeña sonrisa por el apoyo. Apenas podía hablar y mucho menos comer. Me dejé caer en el sofá.
Sentía en la sien el desgaste mental al que estaba sometiendo a mi cabeza, los nervios subían y bajaban y estaba a punto de hervir, como una olla exprés. Derivó en un enorme dolor de cabeza.
El reloj de la plaza me sobresaltó. Se acercaba la hora y no me sentía preparada. Había repasado una y otra vez el texto, pero apenas conseguía retenerlo. Desplegué de nuevo las hojas por la mesa, abriéndolas en abanico. Balbuceé despacio algunas palabras, pero mis pulmones eran un acordeón y el aire desapareció y tampoco consentía que entrara nada. La tos vino después, de un gesto me sujeté el pecho como si con eso me ayudara a respirar. No lo hizo. Empecé a hiperventilar y hacer aspavientos con las manos, una y otra vez. Haciendo pequeñas pausas para toser. Esto hizo que los papeles volarán entre el suelo y la mesa.
Cuando parecía recuperarme, apareciste con una jarra de agua, yo me agitaba y ambos tropezamos y todo cayó al suelo. Nosotros y el agua de la jarra, que se había convertido en una cascada, y después en un río mojando todas las hojas. Con la humedad éstas se desintegraban y con ellas mi pequeño sueño de ser algún día, aquella actriz de teatro.

Paty Liñán

LA ACTRIZ DE TEATRO

Verónica, una actriz “desde la cuna”, como se suele decir.
Ya desde bebé lograba reacciones indescriptibles, salidas de lo común, especialmente en sus padres, que, en más de una ocasión, hicieron llamados de urgencia a familiares y amigos para que los salvaran “de la niña”
-¡Un sol ! Decía la abuela y afirmaba cabeceando el abuelo.
-Un poco movida, eso sí…
Para ese entonces tenía dos años, ya había demostrado sus dotes para poner a prueba el tímpano de todos y cada uno de los que la rodeaban, ahora sumaba su desplazamiento sin plan previo por todos los rincones del espacio donde se encontrara.
-Es una niña con buen gusto,- comentario de uno de los amigos del padre, cuando en una visita a su casa, sacudía los objetos y buscaba combinar los adornos con sus juguetes.
El dueño de casa transpiraba frío, cuando su palidez aumentó los padres “intervinieron”.
De estas experiencias, la niña fue construyendo sus dotes escénicas.
-Es una niña,- solía decir la mamá. No se sabía si a modo de explicación, justificación o que!
El tiempo, bendito al fin, transcurre, y el crecimiento ganó la partida. Además de clubes, profesores, campamentos de verano y… ¡El teatro!
Alabado y venerado por todos los que rodeaban a Verónica. Desde el primer día que la llevaron a una obra, tenía 8 años, su vida cambió.
Durante la hora que duró la obra, la niña no se movió ni habló, ¡increíble!
Así que a la luz de su marcado interés y de la evaluación positiva de la profesora que la recibió, los discursos familiares dieron ¡un giro total! Comenzaron a hacer comentarios como:
-Vero siempre fue una niña interesada, de ahí su inquietud, todo tiene que ver con sus cualidades para la expresión y el drama.
¡Ajá! Pensó la maestra de tercer grado, “¡si sabré de su capacidad para el drama! ¡La entrena cada día frente a las tablas de multiplicar! “
Verónica hacía una composición dramática, parecía que estaba “en las tablas”.
Fue su profesora de teatro, Mariana, quien marcó para la niña una diferencia.
Comenzó a darle tiempo para que se moviera en el espacio, le enseñó a hacer ejercicios y a respirar. Con indicaciones concretas, sencillas, y manteniendo la mirada en ella.
Recién después de esa entrada en calor, se iniciaban en el guión que les proponía en cada ocasión.
Aquella niña tan” difícil”, se fue transformando, paso a paso…
Siguió bailando y hablando de cada cosa que aprendía y a la vez, pero con la diferencia de que tenía dónde y con quién desplegar sus intereses, ahora pertenecía a un grupo y tenía una guía.
“Estaba dando canal a sus aficiones, tenía futuro en el teatro, todo era cuestión de trabajo.”
Algo así les dijo la profesora, o entendió la familia, al final de la fiesta de fin de año, luego de la actuación del grupo.
Los padres, abuelos y amigos, y la maestra, le enviaron regalos a la profesora de teatro.
-¡Muy buena docente, sin dudas! Repetían a coro.
Es que no es fácil “formar”, “domar ”, en la niña a la actriz y a la actriz en la niña
Bueno, ¡todos contentos!
¡Viva el teatro!

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

Visita nuestra web:
http://www.escribeycrea.com

Visita nuestro canal en Youtube
https://www.youtube.com/channel/UCQtPVp9VFU2hYjtG8xtIJfQ?view_as=subscriber

Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s