LA NOCHE DE HALLOWEN

LA NOCHE DE HALLOWEN

Desde hace dos versos y medio, el 31 de octubre, a las dos de la noche, en todos los ordenadores de las casas decentes, suena una llamada de Skype.
El primer en aparecer el Lorca, él coordina el taller de poesía, su sangre de oro no deja de brotar por los agujeros de bala y eso a veces confunde al personal.
Alberti y Aleixandre no se ponen de acuerdo sobre si es mejor el mar o la montaña.
Breton le tira cadáveres exquisitos a Leopoldo de Luis y a Juan Ramón, quienes rematan con la habilidad de un futbolista de primer nivel.
Machado espera su turno junto a Olga Orozco mientras German Pardo García escribe sobre lo que allí sucede.

Hernán Kozak.

LA NOCHE DE HALLOWEN


Habían hablado días antes. Comenzaron con las preguntas de rigor: Cómo estás, cómo va todo… hicieron varios círculos, divagaron, rieron, una cosa llevó a la otra y allí se encontraron de lleno, en la noche de Halloween. Rieron al cruzarse a un par de zombis y a unas mujeres vampiro con sendas ligas cubriendo unos muslos marcados por cicatrices dibujadas. Sería divertido disfrazarse así y pasar desapercibidos, sin que nadie pudiera reconocerlos, así que entraron en un bazar de estos que tenía sección de alimentación, utensilios, productos de limpieza, de decoración… La tienda era grandísima, más bien parecía un almacén. Pasaron por varios pasillos. Había bastante gente que se agolpaba en unos estantes, en otros… Llegaron a la sección de disfraces. Pasillo 666. ¡Qué risas se echaron! Se ponían, se quitaban, se imaginaban… Plof, las luces se apagaron de pronto. Silencio. Una risa nerviosa llenó un minuto de aquella noche. Después comenzaron a caminar. Palpaban los estantes, no se veía nada. Un golpe en la pierna, uf se dio con una esquina. Sacó el móvil para iluminar en algo aquella oscuridad, pero estaba apagado. Ninguno de sus móviles funcionaba. Un ruido espantoso se les clavó en los oídos. Parecía que había estallado un artefacto. ¿y si morían? Se abrazaron, se besaron, hicieron el amor como si fuesen los últimos momentos de sus vidas. Otra explosión y no había nadie. Se tambaleó el suelo y sus cuerpos se agitaron.
Oigan, oigan, despierten. ¿Qué hacen ahí dormidos dentro de la nave de las sorpresas? El dependiente, junto con un vigilante de seguridad, los miraba amenazantes.

Laura López

LA NOCHE DE HALLOWEN

Aparentaba ser un día normal, con algunos disfraces y algunas golosinas preparadas
para los niños.

Todos colaboramos, hicimos postres terroríficos, decoramos el espacio, pintamos
sangre a los más pequeños, la verdad, sentíamos que todo giraba en torno a ellos, los
niños.

Montábamos una enorme fiesta donde la escusa eran los niños. La pasión era
justificada por la ingenuidad de los más pequeños, debíamos darle emoción para que
tuvieran sus primeros contactos con el terror, algunos piensan que así le pierden el
miedo al miedo.

Pero esa mañana todo empezó diferente, la ciudad se cubrió de pequeños zombis y
brujas que recorrían las calles de la ciudad, nadie podía imaginar que aquel presagio
sería la peor noche de su vida.

Los colegios apagaron sus luces a media mañana y aquellos pequeños seres, fueron
poseídos por la peor de las posesiones, los profesores no daban crédito, todos
aquellos. Pequeños seres se hicieron responsables.

Magdalena Salamanca

LA NOCHE DE HALLOWEEN

No he venido a pasar desapercibido. Mi traje de Drácula deja entrever una ropa interior de spyderman y bajo la tela de araña, llevo un traje de gorila.
Mi jefe quería ser el centro de atención de la cena de Halloween de la empresa. Me dijo lo del traje de gorila mientras se bajaba la cremallera del traje de licra que le hacía sudar copiosamente. Debía estar un poco borracho porque no me dijo nada del proyecto de los drones.
En ese momento llegó la tarta con una mujer dentro. La mujer de mi jefe, directora de recursos humanos. Salió de la tarta y se puso a bailar marcando mucho el ritmo. A mí jefe le empezó a dar calor y se quitó dos trajes de los tres que llevaba siempre puestos.
-Esta noche me quiero enamorar de la directora de compras, nunca he estado con ella.
Siempre me pareció un tipo extraño, algo nervioso, pero no creí que pudiera querer ligarse a la directora de compras que además de ser directora de compras, era mi mujer desde que nos casamos en secreto hace un año.

Kepa Ríos Alday

LA NOCHE DE HALLOWEEN

-¿De qué vas, tío?
-De enterrador.
-Ja, ja, ja… Estás total. Ja, ja, ja… hasta trajiste un ataúd.
-No es para reírse, la muerte es una cosa muy seria.
-Sí, pero es de otros.
Y no paraba de reírse.
-Te vas a enfermar, cálmate ya.
Y diciendo esto último, le dio un tortazo, de los fuertes.
El amigo dejó de reírse y le miró sorprendido.
-Tranquilo, trabajo aquí y me ha tocado encargarme de este entierro.
Y tomándole por los hombros, le dijo, mientras le animaba a caminar a su lado:
-Vamos, amigo, es hora de ir al cementerio.

Cruz González Cardeñosa

LA NOCHE DE HALLOWEEN

Llegábamos tarde al entierro del abuelo, un jabalí cruzó la carretera, solo recuerdo su silueta y el frenazo del coche. Cuando me desperté, una bruja me ponía una araña en el pelo, me volví hacia ti y un reguero de sangre te corría por la frente, pero reías, vaya si reías, tenías un hada con los dientes fuera sobre tus rodillas; parecía que me iba recobrando cuando vi, envuelto en una gasa, que el rostro del abuelo cruzaba la calzada. Es el delirio de antes de la muerte, pensé. Intentaba abrir los ojos, cuando sentí una linterna acercándose, era una calavera que se plantó ante mí diciendo: “truco o trato”.

Ana Velasco

LA NOCHE DE HALLOWEEN

Apropiarse de la historia de otro siempre provoca hambre añeja. Se murió por una silueta del pasado. Viajó hasta los cementerios de los elefantes. Se mudó muchas veces cruzando las calles del barrio. Quiso vivir y envejeció de remordimientos. Fue feliz y dejó todo por escrito. En todos los casos me quedo con hambre añeja.
¡Cómo alargar la lengua en esos paisajes que pertenecen a los libros, y ser héroe del libro que me contiene! Las letras se parecen a embrujos que destilan el futuro. Imaginad, me transformo en un extraterrestre para alcanzar su vivir. Es absurdo pero absurdas son muchas vidas. Una vida que sólo tiene de sorpresa el tacto de la realidad: me caso con el vértigo de la ilusión, otra vez hambre añeja.
A veces, hasta quiero poner en marcha la romántica revolución, el fiasco de la burguesía. Como bien, engordo, llevo el reloj de oro y el pálpito de la guillotina me tacha de asesino. Ambiciono lo que mi padre y junto dinero, guardián de una sepultura reservada.
Me disfrazo en una noche de Halloween porque lo hacen los superyankis y la joven hambre, traicionada, alcanza el corazón con un golpe.

Clémence Loonis


LA NOCHE DE HALLOWEEN

Es ancha la puerta por la que quiero pasar. No cambia con el sonido de mi voz, por más alta que esté. No se mueve la madera vieja, gruesa y gastada. Aprieto mucho los puños, estiro los brazos hacia adelante y empujo con todas mis fuerzas, por un momento la madera cruje, pero no cede. Repito esto varias veces, un haz de luz atraviesa el umbral. El candado no funciona, porta tanta herrumbre sobre el hierro, que no se distingue dónde va la llave. Aprovecho la penumbra para tantear la habitación, puede que algo me sirva. Pero el suelo está destrozado, noto los cachitos al tacto de los dedos. Cada vez que piso, algo suena y las sombras empiezan a cubrir todo el espacio. Lo único que me queda es el cargador del móvil y esa pequeña marca en una de las paredes. Arriba, muy alto, hay un ventanuco que deja algo de claridad aún.
Me acerco despacio intentando no tropezar, hasta que alcanzo la pared con la marca.
Frente a ella, vacío mis bolsillos y mi mochila: el encendedor, un paquete de chicles, unas horquillas, un boli, las llaves, una bolsa de chuches y un cuaderno.
Estaba hecha polvo, llevaba allí horas, me apoyé en el muro tratando de sentarme en algo blando. Esa habitación parecía contener espinas en cada minúsculo rincón.
Decidí comenzar por las llaves y empezar a raspar. Después de un rato la primera de las llaves se partió y apenas había conseguido rascar la superficie. Quedan dos, me dije.
Sin nada más sólido para ayudarme, ataqué con la segunda, con la que sí logré vaciar el hueco.
“La noche de Halloween, lo peor que podía pasar, era esto. Quedarme encerrada.
Pero quería experimentar, estaba bloqueada en ese escrito y me dije que un poco de aventura podría venirme bien. Pero elegí mal día y, por supuesto, mala noche. A mí, que me aterra todo. Por eso esta fiesta, la dedico a comer palomitas y quedarme muy pronto dormida, intentando no pensar en brujas.”
La segunda llave también quebró, la parte de metal salió disparada y la oí perderse entre el vacío y las baldosas rotas.
El silencio y la negrura de la noche acabaron con las fuerzas que me quedaban.
Cerré los ojos, me puse de cuclillas y maldije el espacio tiempo de mi decisión.

Paty Liñán

LA NOCHE DE HALLOWEEN

Pedro, un muchacho “nacido y crecido”, en el campo, conoce el calendario “común y corriente”, en el cual el 31 de octubre es el último día del mes, día de cobro y del cumpleaños de su padrino Alberto.
Y punto, ése fue el modo en que él se había manejado en sus jóvenes 15 años. De un tiempo en que el teléfono, de línea, y a veces, los comunicaba con el mundo exterior, exterior al campo…
Hasta que llegó el día en que lo invitaron a la ciudad más grande, la capital.
Entusiasmado, dijo que sí.
-Vaya tranquilo, le dijo su padre. Y aprenda.
Hombre con alta capacidad de síntesis al expresarse, sin dudas.
Pedro lo tomó al pie de la letra.
Llegaron el 30 de octubre a la capital. Paseos, descanso y baile a la noche fue el inicio de aquella experiencia.
Es que su padrino “anda en la política”, así que por eso “hay que hablar y ver gente”, le explicó.
Por otra parte, Pedro descubrió cómo se preparaban todos para la fiesta de Halloween, le costó pronunciar y entender aquello.
Fue un singular desembarco, tanto a la caza de brujas como de políticos.
Eran tan “raros”, unos como los otros.
Como su padre, la autoridad más real y conocida por él, le dijo que “aprendiera”, no se privó ni se detuvo.
Al fin y al cabo, una de las frases que repite su padrino es: “ a la vida hay que tomarla como viene”, además del alcohol con que la bajan, y se ayudan a llevarla, claro.
¡Qué noche la del 31 de octubre en la ciudad grande!

Carla Bianco


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