LA CONFUSIÓN

LA CONFUSIÓN

Subió las escaleras apresuradamente, casi corriendo, y sólo se detuvo a respirar un poco cuando ya había llegado al piso de ella. Compuso sus ropajes, chequeó el cuello de su camisa, se abanicó un poco con las manos para evitar que las gotas de sudor iluminasen se frente. Finalmente, después de recuperar el aliento, ensayó brevemente una sonrisa y llamó al timbre de la casa.
Le sorprendió el sonido de un zumbido eléctrico, cuando recordaba perfectamente que el timbre de ella sonaba como una campana.
¿Me habré confundido de piso? – Pensó, durante un instante. Pero en seguida levantó la vista y constató que era el quinto piso y que había llamado a la letra C, tal como la última vez, todo correcto.
Al abrirse la puerta apareció ella en albornoz. Se había confundido de color, qué desastre.

Sacó el móvil y comenzó a manipularlo para comenzar una llamada. En el umbral e la entrada ella esperaba pacientemente. Enseguida se oyó la voz de un telefonista: – – – 3D-mirror, dígame.

  • Buenos días, la experiencia de auto conocimiento que contraté tiene bastantes errores.

Kepa Ríos

LA CONFUSIÓN

No estaban de acuerdo en casi nada. Diríase que era una de esas parejas que acaban siéndolo por la fuerza de la rutina. A uno le gustaba el campo, al otro la playa; uno veía películas americanas, el otro, francesas; a uno le gustaba el verano, al otro el invierno.

Milagrosamente aquella tarde llegaron puntuales a la firma del divorcio. Los abogados se habían adelantado y Mikel y María coincidían en la entrada del edificio. No se saludaron, y sin mediar palabra subieron juntos en el ascensor. Al salir, se dirigieron hacia la derecha en el descansillo. Mikel toco el timbre, y María jugaba nerviosamente con la alianza de su dedo.

A la puerta salió una mujer de unos cincuenta años. Los miró con sorpresa y les preguntó qué deseaban.

María rápidamente contestó:
• Tenemos hora a las 9.45 para la firma del divorcio.
La mujer amablemente respondió:
• Siento tener que decirles que eso es en la planta de abajo. Ustedes han llamado a la consulta de terapia de pareja
Mikel de forma estruendosa se echó a reír a carcajadas, y María le siguió. Hacía una década que no reían juntos.

Pino Lorenzo

LA CONFUSIÓN
Estaba probando. Un poquito de aquí otro poquito de allá. Saboreaba con gusto su incursión en la cocina. Era un día especial. Varios amigos vendrían a cenar a casa después de… ¿cuántos años sin verse? Tal vez unos cinco. Ilusionada, sonreía pensando en el reencuentro. Qué buenos momentos habían pasado. ¡Cuántos buenos recuerdos conservaba! Mientras seguía condimentando con un poco de sal, pimienta, eneldo… continuaba paseando por los diferentes escenarios. El día de la graduación, Navidad, el día en que le dejó con su novio, el amigo de…. Tapó la olla y llamaron al timbre. Abrazos, besos, risas… Había caras nuevas. Alguno de ellos venía con acompañante. Las sombras se reblandecían y era todo luz. Tras el aperitivo, las historias, vino el asado. Comenzó a apartar, los trozos de carne. ¡Qué bien huele! Decían los invitados, sus amigos.
Se sentó, un primer bocado y ¡puaggg! Se había confundido, en vez del azafrán había utilizado nuez moscada. Tuvieron que pedir unas pizzas. Las risas y la anécdota quedarían para la próxima.
En el diván todo se condimentó a fuego lento: asoció, asar a Fran, no estoy mosqueada… uy uy uy

Laura López

LA CONFUSIÓN

«Acción», gritó el Director. Y los actores comenzaron su juego sobre un escenario, mitad verdadero, mitad creado para la ocasión. Era una escena sencilla. Él tenía una pistola entre sus manos, que no debía usar. La script se dio cuenta, pero antes de que pudiese avisar a alguien, sonó un disparo. Una mujer cayó sobre el piso de madera. «¿Qué ha ocurrido?». Todo el mundo dejó de hacer lo que hacía y giró la vista hacia la mujer que yacía en el suelo ensangrentada. Uno del equipo técnico, se acercó a la mujer y dijo en voz muy alta: «Rápido, pidan una ambulancia, aún está viva».
La confusión era generalizada, nadie reaccionaba adecuadamente, algunos esperaban que se levantara, la limpiaran la sangre y continuara la grabación, otros se dieron cuenta de que, en realidad, ella no formaba parte de la escena sino que era ella la que estaba grabando la escena.
El que había disparado seguía con la pistola apuntando a ningún lugar, y en su cara, en lugar de sorpresa, había una especie de sonrisa de satisfacción, como si hubiese logrado su venganza, o hubiese conseguido algo hace mucho tiempo deseado. La cámara seguía filmándole cuando el director gritó: – Corten. Y ahí terminó la película.

Cruz González Cardeñosa

LA CONFUSIÓN

Escribir sobre uno mismo es siempre una idea atractiva, tenemos el material incorporado, y te pregunto, ¿sólo de uno mismo? Voy a hacer una excepción.
Como nunca se trata de cronología, ni siquiera con la historia geo-espacial, ustedes podrían decirme que el hombre no es tan salvaje como lo fue a lo largo de la edad media, y yo les invitaría a pensarlo: conversemos.

  • Mira, tío, ahora es casi peor, la desesperanza de vida ha alcanzado niveles atroces, hasta los 80 años, hay clubes de centenarios en varios países del mundo. Y digo peor porque nada nos asegura que sea la bondad la que lleve a una larga vejez…
  • ¿No ibas a conversar sobre tu vida? O lo que te preocupa es ¿para qué vivir tanto?
  • Cro no lo gí a, que también quiere decir que todos los hechos tienen relación entre sí. Hablar de mi nacimiento puede llegar a ser tan intenso como hablar de la vejez porque, por ahora, mi vejez se ha desplazado hacia el futuro y no sabemos cuándo vendrá.
  • Está bien, ordenar el tiempo es lúcidamente arbitrario y para qué querer juzgar, jugar, lugar, ugar, gar, que el tiempo es un diptongo, un ¡uf!
    Parece que con esa onomatopeya no podemos ir muy lejos, porque poder hacer la revolución, la de uno mismo, que es al fin y al cabo la que puede caber en esta caja, caja que en un segundo tiempo será entregada a la libertad.
    Onoma en griego quiere decir nombre, y peya que podría escucharse desde el oído de un francófono, paga, pero que no es, sino que es crea. Que en algún diccionario aparece como sinónimo. Lo que viene a decir que a medida que emitimos sonidos cualquiera que sea su duración, estamos expresando ideas.
    Bienvenidos a los inspiradores de choques, a la barahúnda, a los que han perdido su nombre pero no su madre. Bienvenidos a los que recurren a la tragedia de los medios, medios de desarticulación, para expandir, sí Señores, la confusión. Frente a la confusión, deben saberlo, existe la próxima onomatopeya, ¡ah!

Clémence Loonis


LA CONFUSIÓN

La vida está repleta de confusiones. De cosas que pudieran ser, pero resultan ser, por ejemplo, indecisiones, que pudieran repercutir en la mencionada confusión.
Imagina que pudiéramos tratar directamente con ella. Que tuviera apellido, cuerpo y consulta del médico. Por un momento, ella misma no tendría claras las circunstancias de su existencia. Tendría que hablar con una buena psicóloga que analizará cuales son las causas efecto, nudos en el estómago, foco de mente, pensamientos amarillos…
Yo, con mi varita mágica, cojo la confusión, la palpo y la prendo a través de una serie de cuestiones filosóficas. La hoguera encendida mostraría un fósforo por cada arruga del pensamiento, las ascuas llenarían con su calor el aire y el espacio. Y al final el leve agitar de las cenizas, como un suspiro.
La primera cuestión llegaría poco anudada, muy sutil, como las arrugas en la frente, o como el movimiento de las alas de un pequeño colibrí, apenas alcanzas a verlo en un parpadeo, pero sabes que está ahí.
La segunda cáscara tiene más nudo. Es más como una bola de papel albal con la que juega tu gato cual pelotita. Enraíza en la mente, amarillea, pero no cae del árbol, sino que pasa a un segundo plano, en donde no pertenece a la rama, pero tampoco al suelo, contoneándose entre ambos, deja ocre el pensamiento.
La tercera razón es la más poderosa. Viene aterida de frío, enrollada en diferentes porciones de nudos, a cuál más complicado de deshacer. Cubierta de una humedad de donde el vapor no logra desprenderse, ni con el más caliente de los paños.

Paty Liñán

LA CONFUSIÓN

Era una vez la historia de Juan Cruz y María Auxiliadora.
Ellos heredaron una forma clásica de ver la vida, un modelo “único y claro”, “correcto y seguro” digamos…
En fin, ¿para qué dudarlo? “Así fue y así será”, entre otras premisas que marcaron una vida en colores tenues, sin grandes pasiones ni sorpresas tampoco. En resumidas cuentas: aburrida.
Ya estaban ambos, en lo que ellos llamaban “entrados en años”, o sea en la segunda parte de la década de los 40.
Alejados ya de la posibilidad de que “llegaran los hijos”, como solían decir, se fueron aflojando en cuidados y previsiones.
Hasta que… la naturaleza y sus misterios golpeó a la puerta… ¡y cuanto! ¡Qué golpe que les dio!
María Auxiliadora, extrañada de que “el periodo” no venía, cansada de esperar, ya preocupada por alguna cosa que le pudiera estar pasando, consultó al médico.
Éste, luego de evaluarla, le dice:

  • María, sí le pasa algo.
    La pobre mujer quedó blanca como un papel. Estaba a punto de caer redonda al suelo.
    -¡Está embarazada!
    Orgulloso y con voz firme afirmó el médico ese hecho… que en aquel instante sólo a él lo hacía sonreír.
    A María, la Auxiliadora se le esfumó… quedó propiamente en estado de shok, en el aire.
    Cuando Juan se enteró de la noticia, no pudo más que pensar que se trataba de un milagro…

Carla Bianco


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Carmen Salamanca Gallego
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