LA FIEREZA, SUS MANOS

LA FIEREZA, SUS MANOS

Te apartan de mí las garras aterradoras del amor,
quizá pudiera reconocer algún latido si la fiereza de tu rostro
no abrumara mis pasos e hiciera de mi cotidiano vivir una huida.

Aleja tus zarpazos de mis pensamientos.
El escondite de las horas ya no te espera,
las cadenas se han evaporado por el sudor de la negrura
y sin más displicencia, el crepúsculo te dice adiós.

Deja de explotar tu legua viperina
de la que nunca has de salir mal parado,
no te creo ni un beso más,
la fiereza, sus manos, cógela mi cuerpo.

Magdalena Salamanca

LA FIEREZA DE SUS MANOS

Sus manos son como una ciudad
detenida en el tiempo
de una lluvia de misiles hambrientos.
Tiene entre sus dedos
cuevas que solo conocen el frio
y caminos hechos con recuerdos del desierto.
Nunca ha dado una caricia,
ni ha escrito una línea,
ni le ha indicado al amor
cual era el camino a su casa.

Hernán Kozak

LA FIEREZA SUS MANOS

Estrangulaba el tiempo
en sus sueños;
naufragios ineludibles del amanecer
recogían su cuerpo,
manos atadas
a esta ilusión
que en cada uno de nosotros
vibra.

Sólo con fiereza
arrancaba de su destino
un porvenir a la altura
de sus deseos.

Sylvie Lachaume

LA FUERZA DE SUS MANOS

La fuerza de sus manos sobre los ideales
descentraba cada minuto de los arrastrados
especialistas de la burocracia institucional.

Y esa insistencia fue el recorrido de una estrella
estallando en la noche de su corazón
y diminutas partículas esparcidas por el universo
fueron sus palabras.

Cruz González Cardeñosa

LA FIEREZA DE SUS MANOS

Quién fue ese español de Madrid,
de ese desierto creado por el viento,
el sol y los árboles talados cuyas raíces
dejaron de de congregar ninguna tierra.

Quién fue ese del siglo XXI arrasado
por la tempestad de la libertad,
del individuo, tempestad fisiocrática
del sujeto del sufragio mercantil.
Siglo arrasado por el diluvio de la imagen.
Todas las especies de maestría
se extinguieron para siempre,
los humanos sólo escuchaban
la voz del espejo, el discurso materno,
y su padre era la policía directamente.

Quién fue ese de los poemas a pesar
de que a nadie le rente leerlos.
¿A quien le renta existir, seguir
viviendo entre angustiosos montones
de moneditas fecales, a quién
le renta su propia boca como para decir
esta boca es mía? Esta boca es tuya
yo te la di para tener boca porque
me di cuenta, me enseñaron maestros
que lo que me guardo se pierde o pudre
y lo que doy al mundo soy yo. Esto soy
yo que escribo desaparecido José
en el desierto. No me esperen patriarcas
que no saldré nunca de este pozo
para ser famoso y triunfar. Yo soy este
que hace su hoguera con amor filial
y tu eres el hijo que me lee y vuela
del nido alejándose de antiguos errores.

Quién fue ese que soñaba boca arriba
y se desangra en tus manos ahora
que el demonio ha roto los restos
de aquella retórica inalcanzable.
Y entre fragmentos de reyes anda
como el último peón del tablero
que ha visto morir a los dos bandos.
Yo me he quedado solo al borde
del camino por no entender la dirección
y he seguido en círculos girando
en torno a mi mismo. Déjame girarte
estandarte o cabeza girarte
para besar tu boca y seguir
girando lentamente porque a veces
la peonza más rápida, el peón más osado,
son los que nunca llegan a besarte
aquí en esta orilla del río, en tus labios.
Porque tus labios son el borde tuyo
y en tus labios está todo mi interior.
Ese de los poemas escritos
de los poemas leídos o soñados
que te mira con la muerte, con la noche,
con estos ojos ciegos de desesperación
eres tu mismo, piel privada de cuerpo,
¿quién te vestirá como yo? Mi hermosa
piel del mundo, piel que me atrapó
del humano polen mágico,
espora hambrienta de vacío, devora
este silencio del no ser y acaba
conmigo entusiasmado en tu tacto
que toca mis principios. Piel mundial,
mundanal, munificente piel renovada,
piel de serpiente para este bello cisne.

Kepa Ríos Alday

LA FIEREZA, SUS MANOS

La selva cambia
y con el vértigo en fuga se hunde su sangre
en su hombre y domicilio
en su fatiga estelar de quirófano.
Bajo la oscuridad carecía de piernas
y trepidaban en él todos sus edificios.
Duerme con los motores apagados
y en esa quietud finge humillaciones
bajo el océano cárdeno.
Se despojó de su costra de avión
siempre al norte del viento
con la pedrada del homicida.
Desde sus centros nerviosos y sus turbinas
consulta las leyes y unos brazos sin origen aparecen
desnudos, desprovistos de manos,
y vuelta a empezar.

Laura López

LA FIEREZA DE SUS MANOS

Esas manos de sol partido
deciden en un grito redondo,
deciden al abrir el vientre del cielo,
deciden
siempre deciden
con labios de protesta
al hurgar en los sueños,
la fiereza del aire de los albatros.

Aspiran como el embudo natural
al negocio de los verbos
a la rama merecedora del abono
a la cosmética del arquero
y a contagiar las rejas de las abluciones.

Clémence Loonis


LA FIEREZA DE SUS MANOS

Un sombrero picudo, alas en el pentagrama,
que asfixian las notas de los estambres extraídos
de la fonética sobre las hebras de la luna.

¿Cuánta cera aún en las letras conspirando?

Nacen en la combustión de la palabra,
esas sílabas dilatadas en progenie de globos,
entre espesuras se cuelan en la lengua
y perlan el pulso al reluz.
Aspiran el eco en el anagrama de la voz
en los siglos, anfitrión en el estío
de los veleros de la retórica.

Un renglón, un instante en la fiereza
de sus manos, que troca los caminos.
Furtivos verbos de una pátina, huellas de lágrimas
vaporosas, escenarios pétreos en la corriente
del agua, los reveses del médano.
Locura que rompe sonrisas, en grandes pedazos,
que robaron el alma de los hombres…

Son ladrones milenarios de columpios y grilletes
compartidos, que caminan en silente
con la corona marchita…

¿Qué tiembla en ti, deseo flotante?

Un atardecer quejido encarna las jaurías
blasfema entre el látigo y la cólera
extraída a tientas de las malezas de la oración.

¿Qué envoltura exhala en la raíz de su soledad?

Un lenguaje muerto, un relato en la idolatría,
un nudo lívido en la arena del texto, un deseo
del párrafo, que hueso a hueso corrompe,
llena de vidrios rotos al narrador, tratando
de escapar por los deshechos del capítulo.

Y no es más que otro cuerpo herido, otra esfera
que llenó de porvenir la lepra y que roe el reverso
de su alma, última sinfonía, órdago a la ciénaga…

Paty Liñán

LA FIEREZA DE TUS MANOS

En la fuerza fiera de tus manos,
en la caricia, como en el apretón,
allí nos hospedamos siempre,
allí nos hospedamos todos.

De brazos abiertos y corazón generoso,
tan pendiente de todos, tan presente…
Aún en la ausencia, son tus palabras,
mis compañeras en el viaje de los días.

Ser agradecido, uno de tus lemas,
uno de los míos.
Tus manos cálidas escribieron amores,
relataron cuentos, cantaron sobre alegrías,
sobre dolores y conquistas.

Brava la fuerza que te nacía,
para ganar el pan, para elaborarlo,
y para compartirlo.
Hoy, mañana y siempre gracias.

Son tus manos,
las del corazón,
las que llevo donde voy.
Hoy, mañana y siempre gracias.

Carla Bianco


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Carmen Salamanca Gallego
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