EL ÁLBUM DE FOTOS

EL ÁLBUM DE FOTOS

Estábamos todos, no faltaba nadie, ni las sombras ni las luces daban el tono a aquellas fotos, pero, sin embargo, urdían en su costado algún misterio, una nada que sin verlas se podía sentir en su llanura imaginada.

Había entre los fotografiados, una interrogante de calmante respuesta, una pausa sin punto, un verso roto en pedazos y, también, exclamaciones sin comienzo.

En aquel álbum de fotos se cocinaban los encuentros más insospechados, los que nunca se dieron, los que jamás tendrán una foto, los que si se fotografían desaparecen, por eso amigos, aquel álbum nunca existirá.

Magdalena Salamanca

EL ÁLBUM DE FOTOS

Estamos en el año 2165. Luisa cumplió 80 la semana pasada. Esa tarde sus dos nietas irán a visitarla.
Como si fuera una abuela típica de principios de siglo, les prepara la merienda con todas las golosinas que sus padres les prohíben.
Le encanta ver sus caras cuando tienen delante esos manjares de azúcar.
Pasaran la tarde viendo en las redes sociales las fotos de la familia, desde que ella era pequeña hasta ahora.
Ninguna de la tres puede imaginar que en otra época se guardaban esas joyas en álbumes de papel.

Hernán Kozak


EL ÁLBUM DE FOTOS

Una nube de espejos ilumina la sala donde toda la familia goza estos gestos olvidados o nunca vistos: sonrisas en el aire un día de comunión, tristeza del abuelo que sabe que ya, es ausente de su cuerpo.
Carcajadas de alegría y sorpresa son música y letras de este canto, un fin de año, anunciando nuevas hazañas para el porvenir.

Sylvie Lachaume

EL ÁLBUM DE FOTOS

El álbum de fotos seguía sobre la mesa día tras día sin que ella se animase a abrir sus hojas al recuerdo. Se dijo “cuando venga Luisa”, luego “cuando venga Juan”, más tarde “mañana viene Tobías, esta vez sí que sí”. Nada, había algo en ese álbum que no quería ver. ¿Será alguna historia pasada que no volverá? ¿O el simple paso del tiempo sobre mi rostro? Sonrió y tomando el álbum de fotos lo colocó en la estantería donde había estado los últimos veinte años.

Cruz González Cardeñosa

EL ÁLBUM DE FOTOS

Las fotos estaban desperdigadas en varias cajas, se las habían hecho tomar aquellos con la esperanza de seguir de cuerpo presente después de muertos. Se convirtieron en recuerdos de familia pero deberían haber sido recuerdos de la villa ya que es necesario amar el futuro incierto aunque no sepamos qué aspecto iremos a tener en otros ojos que miran la fotografía de un muerto. Deberían haber sido recuerdos de la villa porque no es conveniente tener tanto pasado en la vida. Con una pequeña familia es más que suficiente.

Kepa Ríos Alday

EL ÁLBUM DE FOTOS
Comprendió todos los libros que tuvo en sus manos. Los leyó con pasión y con entusiasmo. Después, con el silencio del papel y cerrados al aire permanecían en sus estantes, inmóviles, como pájaros dormidos. Con el álbum de fotos sucedió algo bien distinto. Era como una fragancia que le invadía. Las imágenes le miraban, le llamaban hacia esa nada, se movían hacia él. ¡Qué delirio fotográfico! Lo colocó en un estante y se ocupó que no se movieran, que no saliera nada de aquello. Lo anudó fuertemente. Las tapas se doblaron, se retorcieron ante el estrangulamiento.
Desde aquel día, sus recuerdos, fueron otros.

Laura López

EL ALBÚM DE FOTOS

Secretas pasiones se amontonan sobre palabras lábiles.
Se sitúan en ronda y gritan con el énfasis de un soliloquio. Una se esfuma, otra increpa furor a la libertad, quiere enderezarse, soltar las linternas pero el humo matinal seca, corta, descifra la cifra imposible.
Frente a la calma, adiestradas las palabras, soplan sin temblor, lo que el amarillo fotográfico emitió en el desván abandonado.
Así empezaba su relato, algo empalagoso, ¿no crees? Como si ir a buscar palabras del pasado nos diera permiso para todo.
Hagamos algo: vamos a espiar el álbum del futuro, a precipitar palabras en los acontecimientos, que vayan rodando como si fuesen a ocurrir todas hoy sin la distancia de los años, sin haber rendido cuentas al día con unas letras parsimoniosas sobre el papel.
La cosa podría empezar así: fue una vida parcial, nos encontramos una sola vez porque las veces siguientes ya éramos gladiadores del espacio.
Sabíamos, por haberlo aprendido, que la lucha era eterna para el hombre: en la tierra de la costilla segunda, en el mar de la cuna virulenta y en el espacio, banco infinito de la apuesta, siempre luchar. El cuerpo a cuerpo en las arenas, mirarse al espejo, borrar la imagen e inventar algo imposible: la «a» del asombro.

Clémence Loonis


EL ÁLBUM DE FOTOS

Había dejado atrás, intencionadamente, el álbum de fotos. Los días previos se habían llevado casi todas las pertenencias de la casa, dejando tan solo lo relacionado con la alimentación y la higiene.
En cualquier momento llegaría la orden de desahucio, y hacia semanas que estaban
preparados.
El álbum de fotos lo había preparado con esmero. Recopiló fotos de la familia y de la casa, de sus miembros, de las mascotas que habían tenido, y de las múltiples fiestas y tenderetes que habían celebrado en aquella magnífica casa.
Lo escondió en un lugar en su habitación, y sin decir nada a nadie, salió con los demás el día señalado.
Los años pasaron y Jonás olvidó el asunto del álbum de fotos.
Las cosas no le fueron mal. Él era el benjamín de la familia y quizás el que más oportunidades podía tener de salir adelante. Estudió una carrera, se especializó en el sector inmobiliario, y en sus ratos libres colaboraba en la plataforma Stop Desahucios.
Un día recibió la llamada de una mujer. No quiso explicarle el motivo de su llamada, pero le dijo que pertenecía al colectivo de la plataforma y que le gustaría quedar con él.
Isaac se sorprendió de la petición, ya que normalmente las reuniones se hacían en grupo, pero pensó que quizás aquella mujer tenía alguna historia diferente que contarle.
Cuando se encontraron en la cafetería congeniaron rápidamente y empezaron a hablar de diferentes temas. Él trataba de hacer silencios, en espera de que ella, por fin, le contara el motivo de su llamada, pero los preliminares se extendían, e Isaac se fue olvidando del motivo de aquella cita.
Entonces fue ella la que hizo el silencio.
Isaac, le dijo. Te habrás estado preguntando el motivo de mi llamada, a qué viene toda esta cháchara, y por qué estoy aquí.
Sí, la verdad, estoy algo sorprendido, le respondió.
Disculpa, contestó ella, pero quería conocer antes a la persona que está detrás de estas fotos.
Al decir esto sacó del bolso el álbum que guardara Isaac hace más de veinte años y lo puso sobre la mesa.
Isaac rápidamente lo reconoció. Ella le explicó:

  • Hace más de 20 años vivo en la calle Amurga número 4, Barrio de Torremar. Cuando
    llegamos a aquella casa yo apenas tenía diez años.
  • Un día jugando al escondite con mis amigas descubrí que dentro del armario empotrado de mi dormitorio, había un pequeño hueco por el que apenas cabía la
    mano de una niña. Metí la mano y saqué un bloc a modo de álbum de fotos.
    Aquellas fotos me gustaron mucho, se veían a personas felices, alegres, pero a la vez
    me apenaron.

Sin decir nada a nadie lo guardé, y cuando llegué a la edad de poder comprender lo
que aquellas fotos significaban, me prometí que devolvería su casa a los antiguos
dueños. Desde ese momento hasta el día de hoy, han pasado más de quince años.
Raquel heredó de sus padres la casa familiar cuando éstos fallecieron, y ahora, en una
cajita de metal, le entregaba las llaves a su dueño.

Pino Lorenzo

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3 mayo.
Recorre en su mente el álbum de fotos y luego pestañea varias veces.
¿Es posible, que olvidara dónde lo dejó? Duda. Intenta poner en blanco su mente. La persuade con un arcoíris de imágenes, esperando a que alguna provoque la chispa.
Suena el teléfono y la saca de su pequeña meta, encontrar el dichoso álbum.
La teleoperadora le informa de una nueva oferta, para su línea de móvil. Esto la entretiene varios minutos, hasta que consigue deshacerse de ella.
No sin antes abonarse a la oferta que incluye, un tostador nuevo y un inflador de globos, que no sabe para que querrá. Pero eso no importa ahora.
Tiene que presentarse al concurso, para eso tiene que localizar el álbum y ubicar la fotografía.
Esta mañana se levantó como siempre, desayunando con el periódico en la mano cuando lo vio: “Concurso de fotografía nacional”. Y su cabeza no ha dejado de dar vueltas desde entonces.
Vuelve a sonar el teléfono, esta vez, la luz ha bajado y si aprovecha la oferta ahorrará unos céntimos. Ella no quiere y la voz del otro lado insiste.
Para librarse, o eso cree, dice que sí, y la voz afilada del otro lado le regala, además, un collar de perro (que no tiene), una crema para verrugas y un globo terráqueo. Cuelga.
Va a la cocina, hace café y revisa de nuevo las bases del premio, “para el ganador 3.000 euros en metálico. Fin de entrega de obras 3 mayo”.
¡Eso es hoy! Revuelve los cajones, una y otra vez. En el dormitorio, la salita y ya no sabe para dónde. El móvil vibra en la mesa de madera, una tercera operadora quiere venderle una enciclopedia, acepta, le regala un secador de pelo, una percha para la ropa y un bizcocho.
Cuando suena por quinta vez el móvil, Marta está rendida en el borde de la cama, con todos los cajones de la cómoda en el suelo, las cosas revueltas le hablan desde el parqué queriendo venderle algo.
Agotada, coje el periódico, lo hace una bola con el papel y lo arroja en el centro de la habitación, entre las braguitas, un cacao, un cargador y un esmalte de uñas. Se queda dormida.
Al despertar tiene ganas de ir al servicio, olvida el estropicio que sigue en el suelo. El día ya ha oscurecido y Marta tropieza cayendo de culo, termina con la cabeza debajo del colchón. Y allí está, su pequeño álbum, debajo de la cama, en una hermosa cajita de madera, que había olvidado tener.
Mientras lo abraza, oye de nuevo la melodía del teléfono…

Paty Liñán

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Antonio, es “un chico especial”, desde niño lo llaman Tony, los amigos y la familia.
Tanto en primaria como en secundaria lo describían como “es tímido, si aumentara la confianza podría participar y rendir más”.
Los padres buscaron diferentes formas de resolver esos puntos, ya que se repetían.
De la música al ajedrez, pasando por el fútbol y la danza criolla, incluido el bombo… pero nada.
Ni aumentaba la confianza, ni superaba la tan nombrada timidez.
Tony, siempre tranquilo, de reacciones lentas, un muchacho “con sus tiempos”.
Los padres temían que el tiempo, que anda volando, pasara de largo, y Tony quedara de lado de todo el lema del progreso, rendimiento y éxito, claro está.
Hasta que un buen día, muy feliz, como navegante que ve tierra luego de meses, Tony les informó a todos ¡que se dedicaría a la fotografía!
Ya para ese entonces tenía 15 años y estaba cursando cuarto año de secundaria.
El alivio fue general, le ofrecieron cursos y cámara y lo que necesitara.
Los padres, ansiosos, hablaban uno sobre el otro, explicándole y aclarándole ya no sabían bien ni qué.
Él ya tenía pensados dos cursos, uno presencial y otro a distancia, por módulos. Así que podía hacerlo sin que interfiriera con el liceo.
Solo uno de sus amigos sospechó que Tony tenía algo escondido, era muy curioso el cambio, esa claridad y estímulo que tenía. Además de una sonrisa como dibujada las 24 horas del día.
Así que se propuso la misión,”descubrir a Tony”.
¡Y lo logró! El bueno del amigo estaba enamorado, de una chica de otro Colegio, vecino del de ellos.
Los vio juntos charlando por la calle. Listo, caso resuelto.
A la noche fue a verlo y a aclarar las cosas.
¿Qué relación había entre la fotografía y la chica que lo tenía tan sonriente?
Tony abrazó a su amigo,

  • ¿Y? le preguntó asombrado el amigo.
  • ¡Bueno! Ella se llama Lucía, ¡es tan linda! Pienso dedicarle un álbum, de fotos… Solo de ella.
  • Ah! ¡Con razón!
  • ¡Estoy muy contento, muy! Pero la fotografía es otro amor, lo descubrí leyendo, mirando. Es un lenguaje, y una forma de guardar la vida y la historia.
    Para ese momento, el amigo tenía la boca abierta, se había detenido el tiempo para él.

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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