EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

En un edificio de plástico, con puertas de plástico y alguna gente de plástico, dos personas llevan adelante una entrevista de trabajo.
La que se postula para el puesto responde a una pregunta sobre la importancia del grupo en la empresa.

  • Mire, le pongo un ejemplo. Nos construimos entre todos una casa en la copa del árbol más alto del bosque. La llenamos de libros, preservativos, vino, queso, pan y fruta.
  • ¿Y cuál es el mérito de esa aventura? Dijo el de recursos humanos.
    Después de un silencio donde no se sabía si lo próximo era un ataque de risa o un golpe tremendo al cerrar la puerta, contestó.
  • El más joven tenía ciento dos años y esto pasó hace nueve.
  • Está bien, lo contrato, pero si se le cae un solo vaso de las bandejas, lo despido.
    Nuestro protagonista, tosió y dijo entre dientes “envidioso”.
  • ¿Cómo? Le preguntó medio ofendido y sin haber querido oír del todo.
  • Nada, acepto, acepto. Aún me faltan años para poder jubilarme.

Hernán Kozak.

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

Es abril. Las hojas vuelven a los árboles. El frío otoñal ha empezado a exiliarse. El sol calienta y mi corazón renace. La lluvia apenas moja las calles, y los gatos vuelven a las esquinas.
Los niños trepan a los árboles.
La luna alumbra la noche, y tú no estás, te has ido, como las hojas caídas de los árboles, como el frío triste del otoño, como la lluvia que moja las calles, como un gato herido que lame sus heridas.

Pino Lorenzo

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

Recuerda Eva querida el día que trepamos al árbol de la ciencia, al árbol del bien y del mal, el árbol de distinguir, de saber…
El señor nos había avisado de que no nos acercásemos. Era peligroso subirse a ese árbol. Cuando por fin desobedecimos, tu fuiste la primera, mi amor. ¿Porqué trepaste tan decidida? Yo no sabía qué querías de mí. Trepaste y me pediste que te siguiese. Yo estaba debajo de ti agarrado a las ramas y, al mirar para arriba, te vi a ti desde abajo, mi amor, y eras hermosa. El fruto de aquel árbol era de un sabor acre como la oliva o el argán, un gusto inmortal penetró mis narices hasta enloquecer. Descubrí el goce más alto, el goce de la ciencia, pero entonces el señor nos castigó y ahora somos mortales, nuestros días no serán infinitos y no tenemos ni un día que perder sin gozamos en el árbol.

Kepa Ríos Alday

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL
Era agosto. Un mes donde el calor se ocupaba del día y de la noche, cuidando que siempre le nombraran. Desprovisto de claridad, árido, se levantó ese día y fue a la cocina para preparar el desayuno. Abrió la nevera buscando algo de fruta fresca, tal vez algún durazno, un trozo de sandía…Había un vacío que se hacía relieve sobre el fondo blanco. Bueno, tomaría una limonada. ¡Pero si no había limones!
Pensó en el limonero del patio de la entrada y salió de la casa. Miró por un lado y por el otro. Asomaban en flequillo arriba, haciendo mechas amarillas. Tendría que trepar el árbol. No se lo pensó dos veces, a pesar de que iba en pijama y en chanclas. Una mujer paseaba su cuerpo como un perro y se paró distraía. El hombre se enganchaba con brazos fuertes, subía pero a la vez se enredaba entre las ramas y las hojas. Una chancla se escurrió e hizo una onomatopeya al caer. ¡PLAF! Se resbaló y su cuerpo quedó boca abajo, con dos limones en las manos y el pantalón bajado o subido según se mire. La mujer entró comenzó a reírse. Después recordarían “este fue el día en que trepamos al árbol”

Laura López

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

-¿Te acuerdas del día que trepamos un árbol tan grande que no pudimos sino las primera ramas?
-Me acuerdo, allí construimos nuestra cabaña y cada tarde íbamos a merendar y dejamos de trepar árboles porque preferíamos armar historias que eran las aventuras que veíamos en las películas o leíamos en algún libro.
-Bueno, algunas aventuras fueron totalmente nuestras.
-Sí, esas eran las mejores.
-Luego un rayo se llevó la cabaña y nosotros crecimos y nos fuimos olvidando de jugar.

Cruz González Cardeñosa

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

El día que trepamos al árbol fue cuando asaltaron por sorpresa el jardín donde bailábamos. Cada sábado por la noche, organizábamos un espectáculo de baile. Se vendían las entradas en el porche, no el coche, sino el porche de la casa, con maderas carnosas, que terminaría siendo una carpa de jardín. Y se acercaban los curiosos, los invitados, gente de bien y gente de mal, edades sin moldear. Cada cual con su volante de color negro podía tener acceso a un lugar en alto o en bajo, según si utilizaba mucho plástico fresco, es decir sin reciclar, o se presentaba completamente plastificado para evitar los contagios.
Arriba del porche se amontonaban los cuerpos plastificados, tumbados de lado, y se intentaba en la medida de lo posible colocarlos para conseguir un degradé, un arcoíris, vaya… Aunque no tuviese nada que ver con el movimiento LGTBAHZ. Nosotros, los que al final treparíamos al árbol, habíamos estipulado en el protocolo de los espectáculos que el sexo anatómico no intervendría en la coloración de los plásticos.
Bueno, para situarnos, el espectáculo ¡Genial! Tuve una tortícolis, desde abajo con el mentón en alto y la vista en vertical… Miré debajo de las faldas de la que mejor bailaba, porque si baila muy bien se agranda tu inteligencia, sí, evidentemente, con el espagat. De ahí, la tortícolis.
Así que empecé a aconsejar a la gente que fuera a ver el espectáculo. Por supuesto que las razones no dejaban de ser estrechos muros desde donde uno se cegaba. Vaya, vaya… El día que trepamos al árbol, había tanta gente que cuando irrumpió la policía, se descolocó la carpa del jardín, ya habíamos utilizado la madera del porche para ampliar el escenario, y cada cual como pudo trepando al único árbol, se preguntaba: ¿tentativa de evasión?

Clémence Loonis

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

No solo trepamos el árbol también, conseguimos mucho más.
• Yo nunca podré. – te dije.
• Ya pensaremos algo, confía en mí. – respondiste.
Y, yo, que me encontraba con el ánimo bajo, con la autoestima por el suelo cuando la vida te entregó a mí… Quizás no habría podido ser de otra manera.
• Tú eres trepador nato, un monillo. – te dije
• Pero también creativo, algo se me ocurrirá.

Mi historia es larga, solo algunos detalles, soy minusválida. Y esto me impide andar demasiado, estar mucho de pie, hacer actividades físicas, entre ellas, imagino, trepar un árbol. Los huesos me duelen, mi debilidad son los pies, ellos, bueno, no nacieron “normales” por buscar un término. Aquello me sumió en pequeñas depresiones, (ahora creo que son baches de experiencia) lo que me permite empezar mi humilde día, con una gran sonrisa.
Los hay mejores, también lo digo, son los que. siendo paralíticos, logran marcas nunca imaginadas en deporte (al menos para ellos). Aún así no me considero la peor, pues si algo he aprendido es a que el dolor diario no me domine. He aprendido a succionar como una esponja, noto cómo se me acumula, pero luego pasa, o eso creo…
Y allí estábamos, con tu mochila de cuerdas. Quedamos con varios amigos, con tu hermano y emprendimos rumbo a la sierra.
Café, bocadillo, agua y muchas risas, al lado de varios árboles donde nos sentamos.
La cuerda tirada en la horquilla del árbol, nudos, arnés de seguridad, un casco y lo más difícil, el pie de presa, que es cómo enganchas para coger subida.
Todos consiguieron hacer el cruce de pies, alcanzando las ramas más altas, disfrutando del baile entre cuerda, cuerpo y árbol.
• Tengo una idea, ponte el arnés.
• ¿Qué dices? No es buena idea.
• Confía en mí. Subirás haciendo fuerza de brazo, no de pies.
Cuando me quise dar cuenta tenía puesto el arnés que rodeaba mi cadera, un casco y la cuerda frente a mis brazos.
• Mi hermano y yo sujetamos de abajo y te ayudamos a coger impulso.
Mi corazón se aceleró, tenía miedo, pero una parte de mí me trajo la fuerza necesaria y para no decepcionarte me dispuse a apretar. Enganché con todas mis fuerzas y tiré y tiré, hasta que un grito ahogado salió de mi pecho. Me sentí flotar y un olor a madera penetró por mis fosas nasales. Me paré a respirar y cuando me calmé, me incliné un poco para vislumbrar el suelo. Tú no estabas. Pegué un grito. Al girarme estabas cerca y tu cara tenía una sonrisa enorme.
• ¿Ves? Estas sujetándote sola. Disfruta. Estoy orgulloso de ti.
• ¿En serio?
Esta vez no fue un grito, fue una carcajada que el eco recogió y me devolvió. Me dolían los brazos de tirar, pero merecía la pena. Subía y bajaba una y otra vez por el árbol, sintiéndome plena. Realizada.
Sé que soy minusválida, pero ello no me impide hacer cosas, contigo a mi lado.

Paty Liñán

EL DÍA QUE TREPAMOS AL ÁRBOL

El árbol: un nogal.
Los piratas: Ale, Romi y yo.
Un trío fatal, nutridos semanalmente del material que pudiéramos encontrar.
Tanto de películas, como de libros y revistas.
Un rito de la infancia. Una ceremonia de la vida.
Hablar, escuchar, crear historias, y soñar despiertos.
Nuestro objetivo era tener la casita en el árbol, sería guarida, barco, nave. En fin, lo que se nos diera, según las historias del momento.
Buscamos aliados en el mundo adulto familiar, llevamos varios acuerdos, pero ¡al fin obtuvimos el si!
El abuelo de Ale, el tío de Romi y mi hermano mayor. Ellos fueron nuestros constructores, y nosotros los ayudantes.
Llevó unos cuantos meses, era tarea de fines de semana y de feriados.
Se sumaba la familia, con almuerzo y merienda, más niños corriendo alrededor del árbol… cierro los ojos y los escucho, los veo. ¡Qué cosa curiosa tiene la memoria!, se vuelve película en colores y con retoques, es material vivo, para mí un recurso en diferentes momentos.
Es que allí guardé sabiduría, de hacer entre todos, de agilidad en subir y bajar aquellas ramas enormes, de escuchar a “los mayores”, y salir de nuestros sueños para aprender, aprender tanto y tan variado.
De construir, de dar forma al material, y de ser grupo en el trabajo.
La primera vez que subimos al árbol y con la casita pronta, fue una experiencia de felicidad sin igual, se me agrandó el alma ese día.
Figura en las fotos de un álbum que heredarán los piratas que nos siguen.

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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