LAVANDO LOS PLATOS

LAVANDO LOS PLATOS

Salgo a la calle y me abruma ver a la gente deambular sin sonido. Cerca de casa, la plaza es una extensa emperatriz, una historia sobre la cual flotan los suspiros para alentar en un uniforme capricho, el mañana. Peones apretados en una celdita arrojan una libertad sin escape. Cubiertos de musgo, asimilándose a piedras malolientes expulsan cápsulas de traspié. Y me veo, con la insistencia del color más fuerte, camuflada, flagelada por la mentira, lavando los platos, los sucios, la huella de un hambre en entredicho.

Clémence Loonis

LAVANDO LOS PLATOS

-¿Te das cuenta de que no hay muchas personas que conversen lavando los platos?
-¿Y cuándo conversan entonces?
-Tomando un café o un whisky o en el parque mientras pasean tranquilos tomados de la mano.
-Tú has leído muchos libros ¿cuándo van a encontrar tiempo para un café, un whisky o un paseo?
-Lo que pasa es que tú no tienes imaginación.
-Eso es cierto, tampoco dispongo de ese tiempo.

Cruz González Cardeñosa

LAVANDO PLATOS

Esa mañana una suave lluvia acariciaba los cristales de la buhardilla que ocupaba Manuela en el centro de París, empezaba el fin de semana, tenía invitados a comer, amigos que venían de España, así es que eligió su plato estrella para la ocasión. Mientras en la olla se iba cocinando sin prisa un conejo al ajillo, se dispuso a arreglar la cocina y lavar los cacharros utilizados para el guiso, apenas tomó la esponja el pensamiento se deslizó a pretéritos derroteros, junto al cantar del agua cayendo del grifo se la oía tararear “así es mi vida/ piedra, como tu /piedra pequeña como tu / piedra ligera como tu /canto que ruedas, como tu / por las vereda, como tu/….”, no era el único poema de León Felipe que le trajo a su padre, uno de tantos exiliados de la guerra, a la memoria. Mientras se secaba las manos sonó el teléfono, era su sobrina para decirle que ya había llegado a Carcassone. ¿Y tú, qué haces? Me pillas lavando los platos, hoy el cielo está gris, querida.

Ana Velasco

LAVANDO PLATOS

Era uno de esos días que Ignacio soñaba con salir antes del trabajo, pero la tonga de platos en el fregadero, llegaba hasta casi el techo. Había mantenido buen ritmo durante el día, dejando apenas acumular algunos platos y cubiertos. Cuando sonó el teléfono sabía que no debía de contestar. Es tarde, pensó, tuve que haber quitado el sonido o dejar el móvil en casa.
Al otro lado de la línea sonó su voz, después de haber acariciado la noche en busca de sus sueños. Se derritió, no pudo contener el aliento, y como un grifo abierto se deslizó hacia los sumideros del goce.

Pino Lorenzo

LAVANDO LOS PLATOS

Ella lavaba los platos después de romperlos. Decía que para lavar bien un plato no se puede hacer de una vez, que hay que ir lavando cada parte cuidadosamente. Después volvía a unir los pedazos con pegamento y decía: ¿ves? Ahora si que está limpio.

Kepa Ríos Alday

LAVANDO LOS PLATOS
La cena no sucedió según lo previsto ¿Pero cuándo pasan las cosas según lo previsto? Le pareció que siempre había sido muy ingenuo. Una vez escuchó en una conferencia que había personas que confundían sus fantasías con la realidad. Pero él no era de esos. Sabía perfectamente de lo que estaba hablando. Distinguía muy bien. Tal vez sus expectativas habían sido muy altas con Nora, pero pensó que sus amigos le echarían una mano. Si que se la echaron, pero al cuello. La cena se convirtió en un cruce de acusaciones. No podía creerlo. ¡Con su mejor amigo! ¡Nora y Rubén mantenían una relación a sus espaldas!
Después de la cena, mientras lavaba los platos, alguien entró en la cocina. Estaba frotando una copa con un estropajo. Sus movimientos eran fuertes, rítmicos, rígidos, hasta que tuvo que detenerse. La copa se rompió en seis pedazos. Aturdido, se separó del fregadero y su mano agarró fuerte el brazo de Rubén, que estaba de pie observando la escena.

Laura López

LAVANDO LOS PLATOS

¿Las normas están ahí, para saltárselas?
Igual que la lista de escalones, o, los propósitos que haces en Navidad para año nuevo. A saber: ponerse en forma, dejar de fumar, conseguir el amor, el trabajo de tus sueños…
Si lavando los platos te evades, te distraes, habrá consecuencias igual.
Es como cargar peso, por bien que lo equilibres, por mucho que consigas llevar la carga, a la larga trae consecuencias, eso no lo olvida el cuerpo. Y entonces es cuando salen las contracturas, el dolor de espalda, un pinchazo acusado en los riñones, y las posturas normales del cuerpo se resiente.
Igual pasa no haciendo caso, a los avisos mecánicos del coche, que terminan agravando la avería y, como consecuencia, el arreglo es mayor.
No sucede, sin embargo, esto con los calcetines. Cuando la lavadora escupe la ropa húmeda y te devuelve un solo calcetín, del par que tenías. La muy maja, no te avisa, simplemente zampa porque tenía hambre, o, a saber, bueno, de eso hablamos otro día…
Una infracción, conocida como multa de tráfico, no se borra con prender fuego al papel del aviso, o a la carta que recibes, tampoco rompiéndola en mil pedacitos, enterrando éstos en la tierra del jardín, o arrojándolos al pozo. Tu nombre sigue ahí, escrito, aunque tú no lo distingas.
Lo que quiero decir es que, aunque laves los platos mil veces, esto es una de esas cosas que deja marca. El plato queda cubierto por una fina capa de grasa, que nunca se va, y queda una dentada, una cicatriz ya para siempre.

Paty Liñán

LAVANDO LOS PLATOS

En un tiempo de la historia de la humanidad, “hacerse mayor” en el desarrollo y/o evolución del sujeto, ocurría en el escenario de la cocina, aprendiendo lecciones básicas e ineludibles.
El primer paso en dicha formación era lavar los platos. El segundo, en el mejor de los casos, cocinar.
Con mayor o menor resultado, ambas tareas se comprobó, por generaciones, el efecto fundante que producía. Tanto en edificar como en salvar vidas.
Así se fue confirmado el valor indiscutible de dicha acción, repetida en el tiempo llega a forjar el carácter de los miembros del grupo.
Colabora en la formación de hábitos.
La ceremonia de inicio depende de cada caso, antes se prepara al candidato, con instrucciones claras y precisas. El gran día suele ser un domingo al mediodía. Es cuando se le da mayor oportunidad al aspirante para mostrar su progreso.
Este rito cotidiano, que aparenta ser fácil, guarda su complejidad. Requiere orden, concentración y cuidado.
Por otra parte, y dependiendo del caso, el aspirante puede tener la enorme ventaja de ser testigo directo del procesamiento de los hechos más destacados de la historia, de las decisiones que pueden cambiar el destino del grupo y/o agrupamiento dado en llamar familia.
Ya que, como es bien sabido, es en el sagrado recinto de la cocina, donde se elabora la vida en sus más trascendentes cambios y decisiones.
La política de Estado, el porvenir, el estado de paz como de guerra.
Ahora, aun cuando se ha popularizando el uso del electrodoméstico llamado lavavajillas, nada sustituye ni elimina este acto inspirador y elevado del uso del agua y el jabón, capaz de producir efectos similares a la meditación.
Tanto para el manejo de los impulsos más básicos, como para la administración de los recursos, tanto en épocas de bonanza como de humildad.
Deberíamos renovar votos e insistir en estas prácticas educativas para las generaciones futuras.
¡¡¡A lavar los platos!!!

Carla Bianco


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Carmen Salamanca Gallego
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