LA REINA

LA REINA

Y llegó, parecía que no, pero llegó: La reina ha muerto. Ella nunca lo hubiese creído, es más creo que aún no lo cree nadie, se pasea su esqueleto por el mundo como un aquelarre que nadie conoce. ¿Hace falta tanto?

Magdalena Salamanca

UNA PELÍCULA DE AVENTURAS

Ayer hizo tanto calor que se descongelaron los bancos de la plaza. Hoy llueve como si las nubes tuvieran un eterno desamor.
En el supermercado saber el precio de los productos comienza a ser un juego y puedo leer en los rostros de los empleados una pregunta, ¿Cómo hacen para seguir comprando?
La radio imposible, la televisión aún más rancia, para que los perros no vengan a buscar mis huesos antes de tiempo, decido abrir varios libros, para vivir sus aventuras y ganar fuerza.

Hernán Kozak

UNA PELÍCULA DE AVENTURAS


Se bajó del tren. Tenía una mirada oscura tras las pupilas dilatadas. El horizonte estaba extendido en un círculo y su piel era un traje de domingo. Avanzaba al ritmo del megáfono que anunciaba las próximas estaciones. Era primavera pero sus manos tocaban el invierno. La mochila apenas sostenía su espalda. Encorvado trataba de elevar “sus pies a la altura de sus pies” como decía el poeta. Ni siquiera anticipaba los escalones hasta que en una de esas escaleras mecánicas un dentellada le hizo caer. El suelo se abrió y tras el hueco del mecanismo se quedó colgado. Cerró los ojos fuertemente. ¡Moriría bajo el engranaje estúpido de una estación! Algunos viajeros se asomaban, le gritaban. Unas manos intentaron alcanzarlo. Sonrío irónicamente. Menuda forma de morir. Seguramente tarzán se hubiera podido colgar de cualquier cornisa, saliente, una liana de un árbol. Pero no había árboles allí. Los hierros dominaban el aire. ¡Plaf! El sonido de un peldaño que se desmoronaba hizo que le diera un brinco el corazón. Saltó con todas sus fuerzas y fue tarzán y todos los orangutanes de la selva, viajó al centro de la tierra, la atravesó con el submarino de las veinte mil leguas, se subió a un globo…Cuando despertó, sus ojos brillaban, una doctora del Samur le hacía el boca a boca en su habitación, en el suelo, junto a su cama.

Laura López

LA REINA

Padecía de vértigos y mareos cada vez que veía frente a ella la multitud agolpada bajo el balcón. Los cortesanos habían ingeniado inventos para mantenerla erguida. Los de protocolo le daban consejos. Ella solo quería, como su doble, descansar en cualquier playa de Jamaica.

Pino Lorenzo

LA REINA

Dicen que su alteza ha olvidado que es reina, solo se lleva bien con los mayordomos y damas de cámara. La deleitan con fotos del mar y grandes praderas, se emociona ante la presencia de aves y ciervos. Pide continuamente la escopeta, quiere apuntar a sus hijos porque son unos vagos. Asustada, la familia le ha buscado un doble, las exigencias para la candidata han sido saber mantener el porte del sombrero y no dejar de sonreír ante las cámaras. Para las cosas oficiales han solicitado la firma digital que maneja el asesor de su majestad. En los pasillos de palacio se busca la fecha para ejecutar el relevo.

Ana Velasco

UNA PELÍCULA DE AVENTURAS

-¿Te vienes al cine esta noche? Los lunes echan una película de aventuras.
-No, gracias, las de aventuras no me interesan, prefiero las películas de amor.
-¿De qué amor? Del imposible, del que termina en fracaso inexorablemente, del que te agobia y no te deja respirar o del inexistente amor que acontece y termina la pelí para no estropearlo.
-Pues no sé qué decirte, quizás sea posible una aventura de amor. Probemos esta noche a ver si hay suerte.

Cruz González Cardeñosa

UNA PELÍCULA DE AVENTURAS
“El hogar se ve mejor/ cuando hay fuego que lo encienda/ cuando hay leña que retenga/ tu mirada y mi voz.” (1)
Un ritual de la infancia: ir al cine con mis primos.
Somos ocho, en edades escalonadas.
Nos organizábamos y preparábamos en detalle. Cumplir las reglas que acordábamos entre todos, más allá de las recomendaciones familiares, fue el ejercicio político más directo que aprendimos. Fue el ensayo de lo que significa: escuchar, acordar y cumplir. Además de pedir disculpas y reconocer el error, ¡grandes lecciones!
Luego de hablar en general, se transmitían las recomendaciones en escala, para que los más grandes se encargaran de los más chicos.
“Los primos”, el pacto del grupo era todos para uno y uno para todos.
Los sábados almorzábamos con los abuelos, y en la tarde temprano íbamos caminando, eran solo cinco cuadras, para mí era mucho más que esa corta distancia.
Guardo el recuerdo de los detalles, de mi sensación de alegría y de confianza de la mano de mi prima Emilia, dos años mayor que yo.
Al ser la más chica, tenía la responsabilidad de saludar a los abuelos por último, antes de doblar la esquina.
Cada sábado yo vivía una aventura en cada momento, también sumaba el guión de otras tramas que componía en mi imaginación, con elementos diversos y que agregaba semanalmente. Me veía iniciando viajes, superando los más diversos obstáculos, rodeada de paisajes variados, de acuerdo a las escenas de las películas, y sus diálogos estaban en permanente revisión y ajuste.
Tanto podía estar corriendo en un caballo para enfrentar a los enemigos, como defendiendo a los más débiles, festejando el triunfo, curando heridas o llorando la derrota.
Al galope atravesaba el campo lleno de peligros con animales salvajes, o dragones o trampas…
De vez en cuando mi prima me miraba y sonreía, como comprobando que la seguía.
La prima Julia, la mayor, y Juan, el siguiente, a una cuadra del cine nos ponían en ronda, repasábamos los pasos a dar luego de la llegada, la compra de las entradas y las golosinas, antes de ubicarnos en la sala lo más cerca de la pantalla. ¡Obvio!
Ya ubicados, contábamos los minutos hasta que se apagaban las luces, y el gran momento estaba por venir…
Soy hija única, con primos hermanos, ellos hicieron de mí un humano con reglas. El día de mi bautizo, fue cuando cumplí seis años, y me llevaron por primera vez. ¡Fue inolvidable! La experiencia de estar entre ellos no se compara a ninguna otra, mis ojos no daban a basto ese día, todos me cuidaron extra.
¡Eran tantas cosas nuevas que me quedé un rato muda, quieta, extasiada! Hasta que Luis, el que sigue a Juan dijo:
-¡Despierta niña! vamos, hay una hora para llegar!
Esas palabras me despejaron, y se inició el disfrute de ser parte, de estar allí, abierta a lo que estaba por venir.
Guardo, como tesoro, la sonrisa de cada uno de ellos y el abrazo de todos a la vez cuando volvíamos. Experiencias repetidas de felicidad riendo a pleno.
Muchas veces Juan me subía a sus hombros, entonces me tocaba guiar con él a la tropa, llevarlos hacia el mundo que teníamos para conquistar.
En cinco cuadras se desarrollaron miles de escenas, más de un rescate y dos o tres batallas.
¡Nuestras películas favoritas eran las de aventuras, sin dudas!
“Al alma hay que darle de comer/ un poco de azúcar del estero/ un poco de risa y caramelos”(2)
-(1) Tu mirada y mi voz. Susana Baca.
-(2) Azúcar del estero. Lisandro Aristimuño.

Carla Bianco

UNA PELI DE AVENTURAS

Aquello fue como una peli, de aventuras porque otro jardín era posible, pero había que crearlo.
Anunciaron su vuelta, y yo me sentí como un ratón sin alimento, encerrada entre las pelusas de polvo de ese mueble que no podía mover. Nunca me dieron a probar su queso.
Y, sin embargo, aquí estoy.

Paty Liñán


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Carmen Salamanca Gallego
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