HE VISTO PASAR

HE VISTO PASAR

Tenía las manos escondidas en sal,
el cielo cubierto de piedras volcánicas.
La tormenta esa noche
llevaba un vestido de lágrimas rojas.
Agonizaba la sed,
la gente sin rostro cambiaba de mascara,
los trenes transportaban un ruido de huesos rotos.

Hernán kozak

HE VISTO PASAR

He visto pasar infelices.
Roían plazas con su sueño sin retorno
Desnudos, dentudos,
requisaban pieles y hacían de ellas
céspedes en sus piscinas.
Eran como de terciopelo con claroscuros
y de vez en cuando irrumpía un esqueleto
o una alondra embalsamada.
Puede que fuese domingo
La consigna : no llegar tarde al plenilunio de sus areolas,
vivas pero cobardes, salvajemente libres al tacto,
al almendrado y a la flor que se había quedado sin trino.
Usureros de la lluvia
ponían anzuelos a las latas de sardinas,
descabezadas nadando en los versos del mar dorado
prendidas, abiertas al trueque y a la boca.
He visto pasar a miles de ellas
no pude cubrir la fuga de sus escamas
un puño creció y creció a la altura de los ojos
más arriba, más.
He visto pasar muy dentro de los ojos.

Laura López

HE VISTO PASAR

Como un río vacío y tumultuoso,
he visto pasar el tiempo,
es decir, he visto pasar el día
con sus agónicas catástrofes
y sus trágicos ocasos.
Pues el tiempo es un círculo
que vuelve siempre al mismo punto,
atravesándome de lado a lado,
circundando mi cabeza con su corona
de preguntas inconclusas.
He visto pasar al muerto
que no seré nunca (pregunto),
saludando a uno que, de espaldas,
fui solo un minuto.
Tanta espera para tan poca gleba.
Tanta espera para morir en el último segundo.
El hombre genitivo se afanaba en ser dos,
y no le crecía la esperanza, sabiéndose que la madre
ha de mirar el mundo como si viera
a un hombre desnudo.
Tenía entonces una llave en la mano
que no abría ninguna puerta.
Tenía un anillo en el perfil de su garganta.
Tenía un día, un sol, un año entero
para bañarse en un río vacío y tumultuoso,
que abría en él sus cálidas marismas.
Tanto esperar para tan poca cosa.
Tanto aguantar para morir cada segundo,
sin que nadie dijera ¡Qué pena! ¡Eso era todo!

Ruy Henríquez

HE VISTO PASAR

He visto pasar a la muerte
atravesando continentes, océanos
y estrellas. Buscaba una isla desierta,
un lugar donde descansar del ruido de metralla,
de las inútiles bombas aeroestáticas que estallan
antes de llegar a tierra porque matan en el aire
por el puro placer de esparcir el mal sobre la tierra.

He visto la vida florecer por doquier
a pesar de los fuertes vientos
que a veces azotan el mundo,
de las noches sin luna
triste por el anochecer.

Por último, te he visto pasar
más hermosa que nunca,
y al volverte para decirme adiós,
regresaste, feliz,
para decirme que me amabas.

Cruz González Cardeñosa

HE VISTO PASAR

He visto pasar el abultado vientre de la codicia
tras su última transfusión en la estación de servicio.
Una caravana de viajeros con resignación elefantina
rumia sus inútiles perjuros apisonando el asfalto.
Aplastados, asfixiados, pero porteadores irremisibles
de ese oro negro con el que la codicia del domador
de circo no deja de saciarse.

Antonia López

HE VISTO PASAR

Mido mis palabras en este juego
que nos encierra en un poema futuro.
Resisto la tentación de seguir esquivando la vida,
y permito deslizar mis dedos
bajo tu falda.
Es una reliquia, impronta en el sueño de la mañana,
con puntuaciones de maquilladas esperanzas
y socorros dichos al unísono.
Me parto en dos, como los espejos,
me agarro al sigilo de la costumbre,
y escribo,
porque he visto pasar la nada
en un escalofrío,
verde que late más adentro
justo donde está
el silencio.

Pino Lorenzo

HE VISTO PASAR

Cargado de conversaciones, un barco
surca el horizonte, oteo su frondosa proa
con mano temblorosa. Lo veo pasar y sigo
quieto, en el muelle muerta roca.
Eso no es esperar, me digo, un viento
si no que es preciso izar a mi vez
mis propias velas. He visto pasar cargas
de naturaleza misteriosa, con recelo
he creído vencer en mi estática losa
las verdaderas lápidas que pesan
sobre quienes en ellas gravaron
nombres, quimeras sigilosas…

He visto pasar gloriosos buques
desde la arrogante chimenea industrial,
desde la mísera playa del asceta.
Han pasado filas de naciones,
ejércitos dispuestos al más alto
sacrificio, dispuestos al abandono
del brazo protector de supremos órdenes.

Y me he quedado contigo, volemos ahora
los dos con tus alas majestuosas
de albatros color niebla. No pases de largo
como si yo fuera una cosa muerta
y frente a mi vista te pierdas en la curva
superficie de la esfera. Llévame
contigo por los aires que yo te abriré
toda mi tienda de manjares y podrás
tomar lo que tu quieras. Bebe con tus ojos
absorbe así mi anatomía y llévate de mí
tu propia idea.

Kepa Ríos Alday

HE VISTO PASAR

He visto pasar al hombre lágrima en su rueda,
rueda de memoria de sol,
rueda de cuchillo inventado por la huella.
Eje lastimado en las arrugas de los profetas.

¡Calla! dijo la unidad tormentosa.
Erizar al hombre del zaguán, al del sueño
que clava sus cabellos en la tormenta.
A mi amigo que, de tanto esperar,
ha perdido el ala de sus párpados.

He visto pasar, sí, tantas pieles felices
por el poema, el diente de león que agita
el golpe y devora el astro que lo esconde.

Clémence Loonis

HE VISTO PASAR

El valor de lo impugnable, de la sombra
que no alcanza, el gemir de lo invisible.
Tengo fuerzas y rodeo con mis ganas
la esperanza, la fe bucólica del amanecer
más prístino, contradicciones momificadas
en el lugar del poniente, fructuosas orillas,
lenguas deshojadas, huérfanas
recámaras que crearon un mensaje,
perdieron el Norte y el frasco en alta mar.
Acunaron las calaveras, letanías
de unos seres en penumbra, que arrojaron
al vacío sus pétalos, máquinas letárgicas
acompasan la marcha, la masa de las cenizas
de los hombres.
-Y no encuentro el camino-
¿Para dónde dirigir las ávidas arenas,
de este árido sueño?
Una fotografía que todo lo para,
lo envuelve con pincitas de amapolas negras,
una flor de cactus, envenenada con las espinas,
prisionera del hechizo, deshace las colgaduras,
escenarios de estos muertos caballeros.
¿Cuánto de mi hálito sombrío necesitan?
Soy cautiva, rehén de la estación, del ego
sobre las llamas, de la era del estío purpúreo,
atrapada en el glaciar de nubes, alambradas
que esconden en la gaveta, el féretro
tintan de una pátina hosca.
He visto pasar el coraje de los miedos,
el asedio de las porcelanas en el espejo ciego,
fanáticas espadas, emigrar el cráter
gomoso del día, mecer la aurora en lecciones
acartonadas, el plumaje de la lumbre
en el éxodo de las pavesas, que llegaron
a la techumbre a través de la hendidura del lacre.
Y vi morir en los rincones, el rugido del rayo funesto,
y vi danzar, bajo la lluvia, el deseo primitivo,
el aleteo de las quimeras, la hijastra de la misión,
rendir al perfume, el curso invisible del óxido
en la carne, temblores en el andamiaje,
rielar los corales de la reina,
explotar el alfabeto bajo las estrías
carmín de los nudos, el asir carcelero del huracán,
engañar al reflejo del diluvio,
trazos enjutos que respiran,
entre las nervaduras de las grutas.
Me reconocen los espejos en la congoja,
en su exacto fruncir de labios, piratas ebrios,
huéspedes de astríferos hábitats, de olas indómitas.
Visiones que proyectan
dulces moldes de fuego secreto, cerillas
traicioneras como ratas, cobijando
el crimen del oráculo. junto al azote del viento.
En la noche las manos aúllan, cuando el cazador
respira el látigo polizón de la frontera,
la fatuidad del fulgor tizna la colmena,
dardos malévolos de la hechicera,
un férreo anhelo, la farándula en el desértico
del cuadro cerúleo.
He visto pasar por tu puerta la endechadora,
descorrer la turba del fuselaje del miedo,
abrir las verjas en fauces poderosas
en la cripta, por donde dejaron los fantasmas
las corolas embalsamadas de la cordura.
¿Y sabías que la contradicción del enigma,
besaba tu casa con su falso beso de lacra?
Y las alas pesan, y la amistad duele,
se clavan sus filamentos como las mentiras,
hierve la beatitud enterrada en la bruma.
Un reloj leproso me ataca con su ejército
de víboras agujas, impío pisa los castillos
que erigías, embruja las alegorías
y deja volver la profecía, los retoños
del relámpago, la llama del gladiador,
urdir malezas en las sílabas de las semillas,
donde converge el revés de las mareas,
el éxtasis del patíbulo sobre pólvora
y balas de un efímero paraíso
que guardamos en la recámara
La cerrazón del ser, del patíbulo inyectando caramelos,
el deshielo del agravio, gangrena que consume
este cementerio, este inframundo incautando
a la vigilia los argumento a los cenicientos esqueletos.

Paty Liñán

HE VISTO PASAR

El perfil de su figura, en sonrisa amplia.
Alegría de instantes, ilusión de eternidad.
El perfume de primavera en promesa,
en reinicio.

He visto pasar las horas,
en sueños vacíos, de noches pobladas…
De caricias suaves
en otro amanecer.

Obrero hilando notas, artesano de los días,
vuelve a pasar,
vuelve a empezar.

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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