EL DIVORCIO

EL DIVORCIO

Toda la vida deletreando mi nombre, repitiéndolo una y otra vez.
Explicando que tengo seis hermanos, que a mí ya no me esperaba ni el sereno y que por esos giros simpáticos del destino, mi padre se emborracho para celebrar o quizá para olvidar mi nacimiento.
Al día siguiente se despertó en una casa que no sabía de quien era, desconociendo como había llegado hasta allí. Cuando pudo recodar ciudad y país en el que vivía, se marchó al registro civil, con resaca, mala hostia y algo de culpa, no sabía bien por qué.
Esa frase lo definía bien, “no sabía bien porque”. Por lo que cuando volvió al hogar y le dijo a mi madre que me había puesto el nombre de VORCIO, ella tampoco le pregunto mucho.
Ahora que tengo doce años estoy decidido a encararlo y decirle si no se daba cuenta que estaba poniendo en juego mi salud mental, pues la crueldad infantil es muy suelta y más si se le da un caramelito como ese.
“Venga, contesta, DI VORCIO” me decían y todos se reían.
“¿VORCIO es nombre de persona o de burro?” Y seguían riendo.
“¿VORCIO Es un órgano del cuerpo o un embutido gallego? Y las risas cruzaban los muros del colegio para estallar sobre mis lágrimas.

Hernán Kozak.

EL DIVORCIO

Nada más coincidía entre ellos. Los vientos de la tierra se congregaron para insuflar un nuevo aliento a sus vidas.
Despertaron con nuevas miradas, rompiéndose las ilusiones que los mantenían fundidos en un solo ser.
El pacto invisible roto los lanzó hacía nuevos horizontes.

Sylvie Lachaume

EL DIVORCIO
Silencio. Escuchaba una jaula de grillos. Más allá del umbral de la puerta pareciera que varias personas hablaban acaloradamente ¿O discutían? Hay momentos en que era difícil de distinguir. Una fina línea separaba la pasión de la ruptura. Y no es que fuese lo que se dice precisamente una persona curiosa, pero sabía que iba a ser un momento crucial en esas vidas e irrumpió decidido a proponer algo. Abrió con tanto ímpetu, llevado por tal enredo en su cabeza, que las piernas se le hicieron un ocho y cayó redondo en mitad de la sala.
Se acercaron y una enorme barriga irrumpió en todo el campo visual. La sotana se echó como la noche, tan oscura, tan encima de todo… De nuevo la censura ¡cuánta moralidad! Otro divorcio en los cursillos prematrimoniales. ¡Pero qué noche de pasión!

Laura López

EL DIVORCIO

Formaban una de las parejas más estables de la sociedad canaria. Sus familias eran amigas desde que eran niños, y eso hacía que un conocimiento profundo se estableciese entre ellos.

Pasaron por diferentes etapas. Cuando pequeños eran inseparables. En los primeros años aprendieron a jugar juntos.

En el despertar sexual, tuvieron su primer noviazgo.

Luego en la etapa escolar, se refugiaban en la amistad asexual, compartiendo con otros niños o niñas, según su sexo.

Pero llegó la adolescencia, y Daniel empezó a mirar a Olivia de otra manera. Las trenzas de Olivia se transformaron en una abundante y morena cabellera, y la estrechez de espaldas de Daniel, empezó a tomar proporciones considerables.

Un día Daniel invitó a Olivia al cine. En la última butaca, deslizó suavemente su mano por su rodilla. Ella, como si lo esperara, no se sorprendió; aquella era la misma mano con la que tantas veces jugara. Pero aquella mano siguió subiendo, falda arriba, y un calor desconocido comenzó a sofocarle.

Ella puso su mano sobre la rodilla de Daniel. Un instinto le llevó a ir ascendiendo, y el mundo se detuvo en ese instante.

Durante veinte años homenajearon aquel encuentro.

Un día Daniel no volvió a casa después del trabajo.

Una carta en el buzón, firmada por su abogado, le informaba a Olivia sobre sus planes de divorcio.

Pino Lorenzo

EL DIVORCIO

-El divorcio es lo peor de lo peor. Te lo digo yo que me he divorciado cuatro veces y no aprendo. Cada vez que me caso, me digo: “Esta es la definitiva”. Y no hay caso. No sé qué pasa y ya estoy divorciado de nuevo. Tengo cuatro hijos, cada uno de una mujer.
-¿Y cómo haces para pagar las cuatro pensiones?
-No las pago, las encontré trabajadoras incansables con ambiciones y, claro, no tienen inconveniente, cuando nos divorciamos, en dejarme los niños para que yo los cuide. Ellas vienen a buscarlos el sábado por la mañana y los traen el domingo por la noche.
-¿Y tú no trabajas?
-¿Trabajar habiendo cuatro mujeres que me pagan por cuidar de mis hijos? Ni hablar.

Cruz González Cardeñosa

EL DIVORCIO

El divorcio había desencadenado algunas nostálgicas sonrisas que nunca existieron. Cuando ella abrió los ojos aquella mañana todo, o casi todo, había cambiado. Durante el sueño, tuvo la impresión de separase de algo. Al despertar seguía la misma sensación ¿De qué se habría divorciado? ¿Por qué se sentía tan libre y nostálgica a la vez? Aquel misterioso estado le hizo ver el mundo con otros ojos ¿dónde estaba ella, la que antes era? Prefirió no buscarla más y firmar.

Paqui Robles

EL DIVORCIO

Pues tenía que hacerlo, tenía que separarme de ti. Con tantas cosas que nos unen. Aquella última visita al médico así lo indicaba.
“¿Cómo iba a poder? Se consiguen más cosas cuando uno quiere, pone toda su fuerza y su ímpetu en conseguirlo. No cuando está en contra. Bueno, son pequeñas indicaciones, para estar mejor. Pero el ritual que nos lleva todos los días a estar juntos, siempre me pareció que sería eterno.
El caso es que separarse de seres y cosas que quieres siempre es difícil. Cómo se me haría a mí aquella mañana, sin una gota de mi líquido negro favorito, sin su amargor y dulzor mezclado.
¿Qué haría con aquellas tazas, que inundaban los armarios de mi cocina?
No tenía apenas platos, ni cazos, pero tenía muchas de esas pequeñas tacitas en todos los colores, con sencillos dibujos, con un nombre o un lugar escrito. También: pequeñas, anchas, ovaladas, altas, de porcelana, de plástico…
Vamos, que mi cocina bullía con todas sus formas y colores. Ellas son parte del ritual, junto al cuenco de azúcar, y un muestrario muy digno de la realeza de cucharas.
Tenía que divorciarme de todo. De la extraña bruma que ahora rodeaba el día, de los niveles altos de azúcar, nada de cafeína, que no viene bien. El cuerpo me pesaba y me pedía a gritos un café, la espuma de la leche, el tintineo de la cuchara en mi taza de lunares azules favorita.
¿Cómo afrontará mi médico el día sin café? Seguro que él está en este momento disfrutando de su taza, mientras que yo me hallo ansiosa de una gota. Miré de soslayo mi cafetera, suspiré y angustiada la guardé en un cajón. La máquina parecía mirarme sin entender qué pasaba, por qué había dañado la complicidad que nos unía, por qué la separaba del lugar privilegiado en la cocina. El primer paso estaba dado, aunque mi tentativa de guardar todo para evitarme tentaciones no duró mucho. Cada rincón era para nosotras, como las fotografías, recuerdan la vida con una pareja pasada, hasta tu olor estaba impregnado en mi ropa y en mi casa.
Te pedí perdón en un susurro. Cuando salí de la consulta aquel día firmé la sentencia de dieta y divorcio pero, quién sabe si algún día nos podremos dar, una segunda oportunidad.

Paty Liñán

EL DIVORCIO

Querida Andreina:
¿Qué tal? ¿Cómo estás? Aquí me dispongo a escribirte este mail, y ponerme al día contigo y las últimas novedades.
¡Qué complejidad la vida… de un profesional, por favor!. Extraño nuestros días de estudiante, aquellas horas largas de charlas y planes. De risas, paseos y chicos lindos.
Bueno, sí, ya sé, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Es que se me mezclan algunas, ¿te pasa? te sigue pasando? Ya ves, por momentos escribo como si estuviéramos aquí, cerca, como antes.
Dejemos eso, ya sabemos que extraño mucho, y pronto volverás. ¿Volverás Andreina?
Sé cuánto te gustan los detalles, intentaré mencionarlos uno a uno.
El lunes, estuvimos temprano con Javier, por si acaso la otra parte se demoraba.
Repasé con él, más de una vez, los detalles.
A ti no te puedo mentir, ¡qué nervios!
Los días anteriores estudié el protocolo por enésima vez.
Subida en los tacones nuevos para ablandarlos, recorría la casa recreando las posibles situaciones a enfrentar, el modo de responder a la jueza, hasta la sonrisa ensayé frente al espejo.
Te estarás preguntando sobre la ropa, y el maquillaje… también le dediqué su tiempo, colores, combinaciones, accesorios y demás.
Sin dudas exageré un poco… es que, como las dos sabemos, todos los detalles suman.
Al fin llegó la Doctora, tan oronda y desenvuelta como quien se sabe en ganador, no se si será por el cargo y su poder, o porque ya ha tenido en sus manos… ¿cuántos divorcios?…
¡Claro! Así cualquiera, mientras que a mí ya me estaban transpirando las manos. Por favor, pensaba, basta ya! Te digo que le supliqué al Olimpo entero, y lo decreté además… que todo salga como lo previsto, ¡por mi, claro! Sin sorpresas!
Al fin entramos, pasaron segundos y nos dicen:

  • Doctora, lamentablemente la Sra Evangelina Ramírez, -o sea la esposa, la ex pareja de Javier, listo! Siguió hablando- no fue notificada de esta primera audiencia del proceso de divorcio, de modo que lo aplazaremos.
    Mientras ella miraba su agenda, yo me derretía, por el enojo y el zapato derecho, que no se ablandó lo suficiente.
    Supongo que el gesto de mi rostro fue testimonio suficiente, ya que ella, la Sra Jueza, con gesto más comprensivo, me dijo:
  • Doctora, le sugiero su intervención para asegurarse que llegue la notificación.
    Y fijó día y hora nuevamente.
    Será exactamente en un mes.
    ¡Lo peor! ¡Mi primer divorcio! ¡Y se suspendió! ¡Increíble!
    ¡Toda aquella preparación quedó en el aire!
    Javier, desorientado, estuvo inmóvil por varios minutos.
    ¿Qué cuadro formábamos los dos? Épico.
    Le expliqué lo que pude, y le llamé un taxi. Ya veremos como sigue, nunca se sabe.
    Fue durísimo el golpe, esa noche no me podía dormir, daba vueltas en la cama y tenía un solo pensamiento:¿por qué? No es justo, yo, la mejor alumna de mi curso.
    Con la humildad que me caracteriza Andreina, tú me conoces.
    Es una pena que justo estés de viaje, te echo de menos… Ah sí, me repito, lo sé, sin ánimo de presionar… volverás amiga?
    Al día siguiente, pensé en esa frase que siempre nos inspiró: «A grandes problemas, grandes soluciones».
    Pedí turno con Elena, si, la Psicóloga.
    Mi terapeuta, ex terapeuta, en fin, me dio hora.
    Fue un alivio, temía que me rechazara, ya era suficiente de fallidos.
    Aquella época de finales de la carrera fue compleja, tanta presión siempre me alteró. Por eso faltaba a las consultas, no había otro motivo, ni hablar.
    -Te dejo por aquí, con un abrazo. Disculpame las insistencias, gracias por escucharme.
    Responde pronto, por favor. En cuanto puedas, claro.

Pasaron los días, Andreina me envió unas cuantas frases motivadoras. Se lo agradecí, necesitaba sentirme apoyada.
Fue muy «lo justo y necesario», claro, está de viaje. Lo entiendo, o al menos eso creo.
Al fin va llegando el nuevo «gran día».
Javier estuvo inestable, pero decidido, así que esa actitud me dio aire.
Sumado al que me devolvió tirarme en el diván, más que aire, ¡es oxígeno!

La noche anterior «al gran día»,dejé todo en su sitio: el traje impecable planchado en la tintorería, los tacones más flojos a fuerza de uso de todo un mes, la cartera y las carpetas, el celular cargando, hasta el maquillaje y el perfume dispuesto.
Por supuesto que del pelo y de las uñas se encargaron en la peluquería esa tarde.
Sería un acontecimiento: mi primer divorcio en su segundo intento.

El último paso fue el despertador, todo planeado, me despertaría hasta con el tiempo de un café.
Esa noche será inolvidable por dos grandes razones, en primer lugar conocí a un hombre tan bello como pocos, viajé y disfruté muchísimo… en el sueño, claro.
Segundo: Nunca sonó el bendito despertador!
Otra escena épica, a las corridas, con exactamente media hora para toda aquella ceremonia imaginada de preparación, imposible estar en todos los detalles. No me daban las manos.
Tropezaba con todo, cuando ya estaba saliendo me doy cuenta que me faltaban los lentes, imposible avanzar sin ellos, ¡no veo nada sin ellos!
Indudablemente el primer divorcio en la vida de una persona es inolvidable… en la de Javier, mi cliente, cuya cara de espanto, parado tieso en la puerta del Juzgado formará parte de los detalles a recordar.
Pensó que no llegaba, y por un poco no entró en pánico.
Así como en mi vida, yo, la mejor de su curso, sin ninguna humildad… yo cometiendo un acto fallido tan común y corriente como no poner la alarma la noche antes de mi primer divorcio…
Ya veremos qué dice mi analista, o yo, cuando llegue mi turno de asociar libremente. Creo que elijo recordar el sueño, será más grato recordar a aquel chico tan, pero tan lindo.

¡Qué complejidad la vida! Ya veré como sigo… si despierta o soñando.

Ah, la Doctora, o sea la Señora Jueza, se demoró,obvio. Así que Javier recuperó los colores y yo me tomé un café y me pinté los labios.
Todo en orden.
-Pasen a la sala por favor…

Carla Bianco

EL DIVORCIO
Fue un divorcio prematuro, aún no se habían conocido y ya estaban repartiéndose cada uno las cosas del otro. Después se encontraron en la vida y se abandonaron sin ni si quiera divorciarse. El reparto ya estaba hecho y en tales condiciones no merecía la pena casarse. No hubiera servido de nada.

Kepa Ríos Alday


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