IRONIAS DE LA VIDA

IRONIAS DE LA VIDA

Estábamos tan acostumbrados a la derrota, a que la tristeza fuera la única estación del año, a que la noche hiciera dos turnos en nuestros relatos, a que el frio fuera la temperatura habitual, que nos costó elaborar, digerir y anunciar, que aquella la tarde la vida nos hizo un guiño, quizá el primero.
El avión que perdimos sin alterarnos, pues era normal el olvido, el fallo y el desequilibrio, nunca llegó a su destino.

Hernán Kozak

IRONÍAS DE LA VIDA

Trabajé hasta tarde, antes de cerrar el ordenador definitivamente, fui a la cocina a prepararme algo caliente.
Mi esposo dormía profundamente. Me asomé a la habitación de los niños, casi contigua a la nuestra, y me quedé un instante disfrutando de sus dulces caras infantiles, su aparente paz me daba una paz que borraba las asperezas de un día cargado de preocupaciones.
Era delicioso al tiempo que inquietante la casa en silencio y semioscuridad. ¿Quién quiere dormir en estas circunstancias?
Me preparé un té con naranja y lo acompañé de unas galletas que habíamos estado preparando los niños y yo y que después de varios intentos poco fructíferos, esta vez salieron deliciosas.
Fui al ordenador, abrí una hoja nueva y vi cómo el cursor parpadeaba una y otra vez como pidiendo que pusiera fin a esa incertidumbre de cuál sería la palabra que iniciase la serie. Tomé el té con parsimonia, como si fuesen las nueve de la mañana y tuviese todo el día por delante para comenzar lo que no tenía forma ni aún seguridad de llegar a ser algo más que una fantasía.
Ese pensamiento me molestó y dejando la taza sobre la mesa me dispuse a colocar mis dedos sobre el teclado como si en verdad fuese una escritora comenzando su próxima obra.
¡Ironías de la vida! El que quería ser escritor era él, yo deseaba triunfar como actriz en Broadway. Mañana se presenta mi quinta novela en una de las mejores librerías de la ciudad y él no podrá venir porque tiene un concurso de arquitectura a trescientos kilómetros de distancia.

Cruz González Cardeñosa

IRONÍAS DE LA VIDA

Se sentaron al lado mío hablando en inglés. Yo no tengo por costumbre irme o hacerme el serio. Estoy solo pero estoy escribiendo. Son dos chicas demasiado jóvenes así que no podría entablar una amistad. No hablan casi nada ni si quiera en inglés. Una de ellas tiene un gran escote ondulante.
Según entraron en la cafetería se pusieron a bailar y su desvergüenza me hizo arrancar una sonrisa.
Ya intenté decirles algo y no entendieron. Les felicité por el bonito baile y sonrieron pero no sabían decir nada en castellano o eso me dieron a entender.
Ahora están poniendo videos y diciendo que si estaba muy delgadita o no se quien muy gorda y se ríen en altas voces a mi lado. Pero nunca me dicen nada ni me preguntan. Yo puedo intentar comenzar una conversación una vez, pero una segunda vez ya es ser un pesado a no ser que alguna circunstancia externa lo permita. No, tendrían que ser ellas las que me hablasen. Yo ya las he hablado y no han respondido así que ahora ya no puedo volver a intentar.
Lo que tú tienes que hacer es aprender a hablar en vez de quejarte de que esas pobres niñas americanas no lo hagan.
Probablemente lo único que sucede es que realmente no hablan una palabra de castellano. Son así de salvajes.
Ellas pueden ser salvajes, después gastarán mucho dinero en abogados y carniceros para trocear a los bebés.
Tú tienes que aprender a agradecer que se hayan sentado a tu lado. Son simpáticas aunque sean salvajes. No te acostarás con ellas ni te harás amigo ni nada. Ellas tienen miedo de los que no son militares americanos. Ellas son militares americanos con las tetas grandes y los vestidos cortos.
Bueno, espera dos minutos más a ver si da comienzo alguna conversación y si no ya lárgate porque esto que estás escribiendo no tiene nada que ver con el título…
Ironías de la vida: ellas solo querían sentarse a mi lado e intercambiar algunas miradas traviesas. El que quieres amar eres tú, pero tú estás escribiendo, tú ya estás amando aunque no lo creas o no te des cuenta.

Kepa Ríos Alday

IRONÍAS DE LA VIDA

¡Imagínate! Le decía Adela a María, ella que siempre había militado en el feminismo más radical, que echaba pestes de los hombres que piropeaban a las mujeres por soeces y resulta que cuando escuchó a aquel enfermero diciéndole “te has realizado análisis últimamente, puede que tengas algo de diabetes, me lo dice tu dulce mirada”. Tal como nos dijo casi se desmaya. Entonces, ¿siguen juntos? Y tanto, con esas deleitables palabras….

Ana Velasco

IRONÍAS DE LA VIDA

No es una palabra tan difícil. “¿Me estás entendiendo? Solté el bufido al ordenador, pero no me respondió”.
Ironía podía llamarse lo que yo tenía en esta vida. Me encontraba escribiendo ese maldito artículo, con lo feliz que me hacía escribir y no era capaz de añadir una buena frase. Estaba en ese punto muerto, otra vez, o quizás en uno muy arrugado. Me dio la risa, resultaba increíble que la mujer del blog, la que escribía para una prestigiosa revista, no fuera el mejor ejemplo para hacerlo. Ironías de la vida, dar consejos a mujeres y hombres para unirse, para ser una pareja feliz, cuando la persona que te da el consejo no consigue hacerlo.
Había tenido mis altos, y muy altos placeres, en lo que se llamaría una relación estable, pero en los últimos tiempos mis relaciones con el sexo opuesto habían decaído bastante. Desde luego había estado enamorada, reído, disfrutado, pero también acabé asqueada, abandonada y románticamente agobiada. Las noches en esta ciudad, no hacen más que darme la razón, es donde encuentro placeres carnales, pero nada que se asemeje al terror de verme de nuevo atrapada en la espiral del amor.
Cogí mi taza de café, saboreé el amargo en la boca, el paladar me ardía y tuve ganas de escupir al ordenador, desnudarme y llorar en la cama durante días. Me tragué las ganas. Tenía que acabar el texto y responder a varias cartas en la sección preguntas “consejos para ser más feliz con tu pareja”.
En lugar de eso observé cómo se activaba el salvapantallas y me mostraba una pareja posando sonriente, varias fotografías más se movían por la pantalla una y otra vez. “¡Dios! Tengo que quitar ese salvapantallas”
Como te habías marchado ya era difícil pero no tenía ganas de verte, aunque anhelara cada poro de tu cuerpo y deseara tus besos. Suspiré.
Ni siquiera odiar esas fotos me sirvió. La vibración del móvil me sacó de mis cosas, mi mejor amiga escribía dando ánimos y al ver que no respondía me llamó. Al cogerlo para contestarla me di cuenta de que a ella le iba mejor en la que era la relación más sana que conocía. Su marido era tan amable, que una sólo podía soñar con algo que se parecía un poco.
• ¿Vienes a tomar una copa?
• Tengo que terminar el articulo- contesté.
• Vamos, acaba y vente. – suplicó mi amiga. – Vendrá Nacho, lo pasaremos bien y así te distraes.
• Hoy no creo…
La verdad es que no quería, no me apetecía verla con su flamante marido, lo felices que eran, sus sonrisas cómplices, y las miraditas. No me apetecía.
Sólo quería pensar en mi dolor y en porqué Dani me había engañado y dejado tirada después de tantos años. Nunca me dio una explicación de el motivo. Con la rabia me dediqué a acostarme con los tíos y usarlos a mi antojo, aunque era yo la que me engañaba. Cada caricia de esos chicos me hacía daño, pero a mí misma. Estaba triste y a ratos enfadada, desde entonces, no encontraba estabilidad de pareja sólo daba tumbos y hasta vueltas de campana. Apenas me quedaba una migaja a la mañana siguiente.
• ¿Sigues por ahí? – preguntó mi amiga al otro lado del teléfono.
• Esta noche no. – susurré y colgué la llamada.
Decidí ir a cenar, un poco de aire me vendría bien y luego volvería al ordenador. Mientras pinchaba el tenedor en los macarrones se me ocurrió algo con lo que podría al menos iniciar el texto. “¿Cómo no lo había visto antes?” Era perfecto, basaría el nuevo artículo en la relación estable de mi amiga. Solté el tenedor y me puse a escribir de inmediato. Las palabras salieron solas y al acabar no pude evitar pensar en celebrarlo. Cogí el teléfono y llamé a mi amiga, al final sí, tomaríamos esa copa.

Paty Liñán


IRONÍAS DE LA VIDA

Gervasio, el Señor Pereira, como lo suelen llamar con todo respeto, siempre ha sido ordenado y previsor.
Halagado por esa cualidad, la viene defendiendo como bandera, en todos los ámbitos de su vida.
Siempre atento a no tener pendientes, a resolver los temas con rapidez, amante de lo productivo, práctico y útil.
En temas personales, también gusta de los pendientes… como regalo, no hay dama que se resista a semejante presente.
En todas las épocas, presente y pasado, los pendientes funcionan. Él lo aprendió muy bien.
Hombre resuelto, con ese “don de gentes” que cae tan bien a todos.
Ahora, guarda una peculiaridad… que está en relación íntima con sus características, su modo de andar.
Además de que es tan delgado, que se cuela por todos los sitios, más rápido que ligero. Con sus manos largas, finas y ansiosas de hacer, de hacer algo… lo que sea.
El punto es que Gervasio, el Sr. Pereira, tiene un pensamiento fuerte sobre “aquella”, la innombrable, un temor súper marcado de que se le aparezca, sorpresivamente, y lo encuentre con pendientes. O sea, con temas sin terminar, o sin iniciar, en fin…
¡No! No la puede nombrar, así que la llama de muchas formas, a ver si así la aleja. ¡Desde hace tanto le pasa! Ya no recuerda cuándo se inició en este laberinto.
Así que todo el tiempo, intenta distraerse o distraerla, de modo que cuando ella salga por ahí, en busca de almas, no golpee su puerta.
Asimiló todas las premisas que le enseñaron, para “estar listo”, “uno nunca sabe”.
Se repite, habitualmente, en todos los pasos, en el manual de las buenas costumbres, las que te allanan el camino, “por las dudas”.
Moral hay una sola, suele decir. La que él sabe, la que vale.
Aun así, Gervasio suele repetir en su pensamiento estas frases, algo sucede, que aún no acierta a entender, pero se le van…
Las repite por eso, “por las dudas”, que justo aquella, «la parca”, lo agarre desprevenido, y ahí, ¡Zas! Lo pesqué “en falta”, y lo sume a su lista, o se lo lleve directo y sin darle ni una tregua.
¡Cómo asimilar lo que comía, poco, medido y sano, con ese trabajo diario en todito su interior, sin descanso ni salario vacacional!
¡Pobre hombre!
Ahora, en el trabajo siempre entero, afeitado y derechito. Manteniendo la compostura.
La ironía de la vida, es que el Sr Pereira, tan ocupado siempre, y temeroso, como ya sabemos, asociaba el sonido de una llamada con queja, problema o “algo le puede haber pasado a un familiar”.
Así que, cuando sonaba insistentemente su teléfono, un domingo en la noche…¿Quién podría ser? ¿A esa hora? Agitado y tembloroso atendió cómo pudo…
¡Había ganado la lotería!

Carla Bianco


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