ALMA EN DESORDEN

ALMA EN DESORDEN

Acaso el temblor en las manos
presagie otro temblor más oculto.
La inquietud porfía en el estómago,
acosado por la incertidumbre.
Querría apartar de sí pensamientos,
que parecen recuerdos, pero que no
son más que viejas costumbres.
Piensa si será muy tarde para aprender
todo de nuevo, como al abrir los ojos
después de un largo sueño.
La noche trastocó con sus dedos ardientes,
los lugares comunes; las certezas que
una vida de rigores ordenó en el tiempo.
Y, sin embargo, qué limpio parece todo
cuando no sabes aún que estás despierto.
El sueño perdura en los labios que beben,
o en la lengua que dice frases sin importancia.
La disolución de tu rostro en rostros extraños.
Tu cuerpo se ofrece a unas manos que tiemblan.
El alma en desorden se diluye en la noche,
mientras las estrellas guardan silencio.

Ruy Henríquez

ALMA EN DESORDEN

Fíjate cómo el arrebato de mi alma naciente
escapa por los agujeritos negros de lo cotidiano.

En el desorden de mi día,
lejos de sueños esculpidos
en el mármol de mis ilusiones,
me topo con lo brillante de la vida:
hablar, nadar en el eco de mi voz.

Sylvie Lachaume

ALMA EN DESORDEN

Tratas de desordenar mi alma con extraños
razonamientos de origen animal, tu alma
es un amasijo de frases grandilocuentes,
la mía son estás líneas externas, venas
que suben por mi piel desde el ondulante lecho
portando su negra carga de remotos sudores,
nerviaciones por donde fluye la sabia de ella,
su sabor jugoso de desenfreno palpitante.

Si tu la hubieses padecido, si la hubieses
dejado de sentir por un instante no podrías
volver a caer sin final aunque caigas
en el fondo de tu nacimiento está ella
con su nombre color carne y sus piernas
abiertas hacia aquel lugar donde ya no estás.

Kepa Rios Alday

ALMA EN DESORDEN

Prefiero habitar allí,
en la incertidumbre
del continuo reinicio.
Cada día…
tolerar el no saber,
dando pasos, solo pasos.
Prefiero habitar allí,
donde es tentador el vacío,
su carne y su forma.
Prefiero vivir allí…
en el fondo del desorden.
Fuera del mapa.
Fuera de los indultos.
Sin tregua, dando pasos,
solo pasos…

Carla Bianco

Fíjate cómo el arrebato de mi alma naciente
escapa por los agujeritos negros de lo cotidiano.

En el desorden de mi día,
lejos de sueños esculpidos
en el mármol de mis ilusiones,
me topo con lo brillante de la vida:
hablar, nadar en el eco de mi voz.

Sylvie Lachaume

ALMA EN DESORDEN

Acuñan purpúreas quimeras, un glaciar mortal
esconde entre las azucenas, un polizón
que aletea en la marmita de los sueños quebradizos.
¿Para cuándo la muchedumbre unirá sus pasos
y raíces hambrientas, a los grados enredados
de los corazones de las negras mariposas?
¿Cuándo será que la seda del viento
deslumbrará tus ojos adheridos
a los filamentos sedientos de las fauces?
¿A caso no les creen todo poderosos,
de ese anfiteatro cerúleo?
La cortina toma las encrucijadas,
sopla la fauna osada, el plumaje tormentoso.
-Tiene cautivas la flauta y el veneno-,
el discurso hasta los huesos, mórbido,
invernáculo de fronteras férreas,
alfileres del mes de abril,
huecos en la rosácea nieve de las cabelleras,
de las lunas de sangre.
Son cúpulas donde santiguar, un antídoto
para inyectar en las venas,
en las vetustas visiones que zumban
leyes del ágata más poderoso
que braman la lección heredada de los carceleros.
Calaveras del fantasma que creció
tras la soledad, estelas cenicientas en bocanadas
de un cuento que se desliza en el acantilado
de las lágrimas, una hosca soga
en el último día, del último atardecer.
El frágil mástil insomne que sacudió
el pálido musgo de las profecías
en el revés de las sombras,
en el rescoldo sombrío que oscila
entre el látigo de la sanación
y el sollozo que erigió castillos
y puentes hasta quedar afónico.
-Un conjuro, la llama y el mar-.
Y es tu lengua prisionera de aquel embrujo,
son las manos leprosas, miserables,
muerden la tregua en graneros vacíos,
en el monte de las desgarraduras.
La alcoba que sabe las ganas
de alcanzar la techumbre, del inmenso universo,
juego del mundo, que clava nostalgias.
¿A caso eres culpable, dime, de esta pena
de arcilla solapada en mi pecho?
¿Culpable, en silencio, de la bestia indomable
de la áspera raíz de la esperanza?
Pregúntate, pero hazlo rápido
no vaya a ser que el latir de estas ascuas
me sobrepase, rompas puentes férreos
siendo el adiós de la nube, del destierro
fehaciente que invade la necrópolis
de piedrecitas de ópalo girasol.
Fuimos testigos de las estrellas robadas,
del crimen del amor, de cómo el légamo
penetraba en el curso del río.
Nos carcomió como un cáncer,
sobornó a los ángeles, exhumó anagramas
perdidos en las edades, paladeó verbos
malditos, entre las espesuras de la noche.
Soplos inconscientes en la levedad,
almas en desorden, botines que pisotean,
olvidaron su misión.
Hierven los jirones de un tiempo en desuso,
una explosión en la sima de las lamentaciones,
del fuego efervescente en las almenas,
un estival resumen, un vértigo en el festival
de las espumas escarlata, mágicos coágulos
en el hábitat de la vanidad que hacen rielar
el averno, crepitar los flecos,
lejanías de un nombre en la arena
alarmas que dan puntadas sobre el tapiz,
telares yertos, exilio de remolinos
en el cadozo, bombas fétidas.
Felinos enjaulados en los ecos,
canas medusas sobre el oráculo,
se ciñen a un laberinto de hierro,
lazos emigrantes miembros de la sal
junto a las mareas bravías en el clamor,
un número en el rayo al alba.
Viudas sirenas llegan ataviadas de nácar,
descansan en el sitial de los deseos,
espejos caminan tras el muro,
esponjas de oro se esconden
tras el vendaje de la neblina.
El viso de las túnicas, junto a los ataúdes,
la inmensidad alígera de los pétalos,
perlando las calles, en este día,
en esta hora tardía.
¿Qué sientes en esta boscosa inalcanzable
de cielo y nubes que cae sobre tu tiempo?
Crece ya la sangre, entre los meandros
de tu cuerpo desnudo de vida,
entre los resplandores fugaces,
donde un ardiente polvo remueve las entrañas,
atrae al viento en una diástole glaciar
y abandona tus ojos de garzo.
Un paréntesis se crea entre la metralla
funesta, una pátina que ya cubre
tu féretro, cautivos pliegues que salieron
de tu boca de mimbre, del pecho de molino,
de esas manos pétreas con las que erigías
castillos tras el rumor del sol.
Retratos de cera que, palmo a palmo,
fui guardando, entre soplos de luminarias,
fabriqué brebajes de cantos,
grazné escondida en la máscara
de dinastías y ofrendas, siendo hechicera
y guardiana, de esta urdimbre de telares secretos.

Paty Liñán

ALMA EN DESORDEN

Llegué por los crepusculares vientos del otoño
¡Cómo te busqué sin encontrarte!
con tu chaleco de ocasos y el silencio de las flores.
Los rastros que tu espíritu contienen
aguardan al fondo de las citas.
En el humor, gota de luz,
agua y espuma,
inventaste los colores.
Y yo soy los segundos de los tránsitos
que se detienen y la pulsación del símbolo.
Silbo en las riberas contra el torpe muro
y yo sé que en lo sombrío
nada saben y atónitos me miran.
Poblada de vetas en una noche solar
custodio todos los misterios
de esta alma en desorden.

Laura López

ALMA EN DESORDEN

Alma en desorden
subiendo hacia la estación del sur
donde las muecas,
apisonadoras del destino,
pretenden cambiar la luna.
No os confundais,
la luz atravesará desorbitada
todo el conjunto de luciérnagas
hasta llegar a lo más profundo
de vuestra alma,
el que no la haya construido,
se quedará sin ella.

Paqui Robles

ALMA EN DESORDEN

Un día cualquiera sin escusa
o quizás sí,
con pretexto,
o quizás no
se dejó llevar por un recelo animal
y la irá atravesó una página
que no debía escribirse.
Nada lo detendría,
es así como los westerns
muestran a los villanos:
morir con las botas puestas
es el símbolo texano.
¿Por qué tus pequeños hermanos?
¿Acaso escuchaste la tormenta
de un desamor descarrilado?
¿Qué sabe hacer un ahogo
con un rifle en la mano?
Preguntas resbaladas
en el llanto de un acordeón.
¡Tanto dolor, aúllan los chacales!
No caben certezas para la desazón,
alma desordenada
el viaje no debió acabar así.

Ana Velasco


ALMA EN DESORDEN

Soy una mujer de frente.
No cobijo al pájaro, vuelo.

Ancha de sistemas solares, pongo
colores en la bandera de la dicha
como quien extiende el himno
de un aire general en el cosmos,
como quien ha largado sus huesos,
su piel colectiva,
su raza decididamente atrasada.

Que murmuren las ventanas del espejo,
que soplen los viajantes del barco infinito,
que echen rosas, centavos o serenidad,
repetiré con la lengua de la estatua.

De frente han instalado el incendio derramado,
de frente claudican en el último compás.

¡Ay de mí, ay de nosotros!
Latigazos del guante.
Se esfumó en el silencio el tacto de la mano,
caen los pañuelos como nieve,
caen los caballos de los cuerpos alisados,
caen las almas en desorden,
cae el adiós.

Soy una mujer de frente,
No cobijo al pájaro, vuelo.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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