UN NEURÓTICO MEDIO

UN NEURÓTICO MEDIO

¿Lo ves? Ya te lo decía yo, ella no me quería, nos había hecho creer que sí, pero realmente lo que quería era mi dinero. Esta vez sí que aprendo, ya me ha pasado más de una vez, pero seguro que de esta aprendo.

Desde que heredé la fortuna de mi padre no paran de salirme novias, que, si que guapo y elegante eres, que estas en plena forma, que como mola tu perro… Salgo a pasear a Nacho y tanto las solteras como las casadas me abordan en el parque. ¡Cómo se ha corrido la voz! no puedo creer que tan rápidamente todas se hayan enterado de que ahora, por fin, soy millonario de verdad.

Hasta que murió mi padre, lo era también, pero después de su muerte, todo, absolutamente todo, es mío. Empresas, las 25 mansiones repartidas por todo el mundo, los 156 coches de alta gama. Era todo un coleccionista, hasta le compró al rey el Lamborghini que le regalaron los jeques.

Pero no me quiero desviar, con todo esto a cuestas ¿cómo voy a encontrar una mujer que me quiera? Una mujer que me ame sin pensar en lo siguiente que se va a comprar o en organización de un viaje o una fiesta para mostrar la última decoración que ha hecho de la casa. ¿Cómo?

Quizá tenga que donar todo lo heredado, renunciar al privilegio de ser millonario para encontrar el amor verdadero. Buscarme un trabajo común e irme a vivir de alquiler a un barrio donde las chicas miren otras cosas que no sea mi dinero.

A lo mejor irme a vivir a otra ciudad más pequeña o a un pueblo, o quizá debería…

Magdalena Salamanca

UN NEURÓTICO MEDIO

Tenía que madrugar para poder dormir un poco más, era un neurótico medio. Necesitaba un trabajo al que llegar tarde, una esposa de la que poder huír, un jefe al que odiar. Como dije hace un rato, era un neurótico medio. Deambulaba por el amor en busca de una calle que había conocido en sueños. Llegó a una calle extraña, conoció sus vericuetos: Esto es el mundo, se dijo, pero no era más que una calle. Si bien es cierto que todas las calles tienen vericuetos, no es menos cierto que éstos siempre son completamente diferentes. Se imaginaba la inmensidad del mundo y sentía espasmos, escalofríos. Hubiera podido ser cura, estuvo algo tentado alguna vez, pero la religión cedió su lugar a la neurosis media, esa neurosis que exige el estado a sus integrantes, esa neurosis que exigen las empresas a sus empleados, la que exigen las aplicaciones móviles a sus usuarios. De sus aspiraciones sacerdotales le quedaba una tendencia al retraimiento, una renitencia generalizada, una desconfianza religiosa hacia el mundo de satanás.
Sin embargo el motivo de su apodo estuvo en un juego de ordenador en el que su personaje era un poblador de la tierra Media, un Medio. Lo de neurótico se lo pusieron después cuando su nuera se empezó a hinchar debido al calor del verano, le dijeron en la oficina que había contraído neurosis.

Kepa Ríos Alday

UN NEURÓTICO MEDIO

Cosecha sus fantasías siempre a punto. Busca el lugar perfecto. Nunca hay suficiente luz, bastante espacio, o un público adecuado. Una voz en off le dicta los diálogos. Su cuerpo como escenario.

Pino Lorenzo

UN NEURÓTICO MEDIO

Un neurótico medio es aquel que vive y no se acuerda de rezar, pero al que nunca se le olvida bajar la basura antes de que pase el camión ni comprobar fielmente si no dejó de echar las cuatro vueltas de llave antes de ir a dormir.
Todas las mañanas cepilla sus dientes con esmero y siempre se deja el cepillo en la cocina. Al medio día sube en ascensor hasta el tercer piso y el resto, hasta el octavo, los sube por las escaleras porque dice que si el ascensor se cae desde más allá del cuarto piso sería la muerte.
Un hombre casi normal, algo angustiado, con alguna deficiencia en alguno de sus sentidos, muy verdadero siempre, o al menos eso cree. Y, sobre todo, no le dice a nadie que se psicoanaliza, no vayan a pensar que está loco.

Cruz González Cardeñosa

UN NEURÓTICO MEDIO

Había recibido una carta del Ayuntamiento del pueblo donde nació su madre indicándole que tenía que personarse como testigo de unos objetos encontrados. Pensó en posponer el viaje, todo aquello le descuadraba un poco la rutina, sobre todo porque tendría que hacer noche, tras meditarlo varios días se dijo que mejor se lo quitaba del medio cuanto antes.
Aunque faltaban dos horas para la salida del tren y llegar a la estación apenas le llevaría un cuarto de hora, ante cualquier viaje siempre se ponía nervioso. Ya había desayunado y pensaba que lo tenía todo listo, por si acaso volvió a echar un vistazo a mochila, llevaba las medicinas, la pequeña bolsa de aseo, el cargador, gafas de sol…, tras lo cual volvió a la cocina, se aseguró de nuevo que el gas estaba cerrado, así como la ventana del tendedero. De repente se acordó del líquido de las lentillas e hizo mentalmente otro repaso, poniendo el billete en su bolsillo. Justo cuando iba a echar la llave se detuvo y volvió para asegurarse que había apagado la luz del baño, en ese momento salto un mensaje, era el taxi que le estaba esperando.

Ana Velasco


UN NEURÓTICO MEDIO

Un neurótico medio te lleva al lugar donde las palabras sobran. Arrastradas por tus labios, pesan ya en tu boca.
“No lo volveré a hacer” decías y sonaba falso, porque a base de repetir había perdido su verdad, su fuerza.
La pureza del corazón se perdió en el aire con el que ya no contabas.
No pensé, y supongo que tú tampoco, que al final no valdría nada: el coche, los perfumes, los Dior, la casa en la playa, . . .
La ansiedad también cargaba en mis ojos, la tristeza nublaba todo aquello que habíamos conseguido.
El sueño subió como la espuma del café, pero cuando te das cuenta ha perdido todo, solo quedan puntitos blancos, los restos de lo que fue.
Sin embargo, todo aquello fue una hoguera. La llama ardía en tu pecho, latía fuerte esperando salir, aunque entonces no sabíamos hasta dónde alcanzaría el incendio. El fuego entre los dos perdió su fuerza y la llama se hizo más fuerte en tu interior.
“Ansiedad “decías “la controlo” asegurabas.
Hasta que todo se nubló y el infierno cubrió nuestra casa y nuestra vida.
No importó que rompieras mi mejor vestido Armani, ni que el retrete se tragara mi Chanel. Tampoco, aquella patada al televisor de plasma, ni las sillas por el balcón, ni siquiera los cuadros que terminaron, por tu puñetazo, en el suelo.
¿Sabes? Te perdono.
Que destrozaras mis diarios, hasta mi libro favorito.
Lo material se recupera. Me marcho. Me voy para siempre y no volveré a salvarte. Supongo que no hay salvación, para alguien que no cree necesitarla.
Lo que no perdono, es tu neurótico medio, con el que te llevaste nuestros sueños por la borda de un barco, que dejaste a la deriva flotando.
Me voy, salvando lo más importante: mi corazón.

Paty Liñán


UN NEURÓTICO MEDIO.

-¡Juana, apúrate! ¡vamos! Llegamos otra vez tarde.
¡Es increíble! Te lo pedí, lo hablamos, ¿hasta cuándo?
Allí estaba ella, Juana, en aquella repetición que se le hacía eterna.
Más eterna se le hacía a su prima, Jacinta. Se le estaban acabando las reservas de paciencia, y eso que tenía cantidad…
En fin, Juana y su gesto de “pobre de mí”… ¡Ya lo voy a lograr!, es cuestión de tiempo”, frase repetida hasta el límite, de los otros, porque el de ella no se ha encontrado todavía. ¿Se entiende?
Jacinta, puesta a prueba con estos planteos, que para ella están fuera de toda lógica, ha tenido el deseo en más de una ocasión, de dar un grito de película ¡o un bofetón!
Al estilo de la época en que el golpe se asociaba a medidas de educación y buenas costumbres.
¡Qué tiempos aquellos! eran las buenas costumbres, tan bendecidas y divulgadas como el pan y la leche.
Bueno, ahora también están en discusión… porque causan varios males y traumas comprobados…
Volvamos, volvamos. ¿En qué estábamos?
¡Ah! Juanita, ¡había que quererla un montón, sin dudas!
Se desplomó en la cama Jacinta, cerró los ojos, y se quedó allí respirando, sólo respirando.
Juana vino, despacio se estiró a su lado.
Tomó la palabra:”- Prima, no soy fácil. Lo sé. Me entrevero bastante y espero que todo suceda sin mi intervención.”

  • “¡Por favor! Basta con la magia y sus secuaces, hagamos algún acuerdo, que la casa se nos cae y del trabajo nos invitarán a retirarnos.”
    -Ok. Aunque no me entiendas…
  • Tal cual. ¡Pero te quiero!

Luego de un abrazo, salieron apuradas a la Vida… Las estaban esperando.

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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