PEQUEÑAS ORQUESTAS

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Sinfonía que vuelas buscando dueño,
hoja sin nombre, disparatada,
vives en cada uno y tu voz,
es el ansia motora de nuestra ilusión.

Pequeñas orquestas tocan tu canción,
sinfonía de sueños, de tristeza y amor.

Cruz González Cardeñosa

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Tuve que construir un lugar,
lejos de los empedernidos comedores de basura,
de los miserables que protegen su pequeño trozo de pan mojado,
de los que nada quieren para otros ni para ellos mismos.

Permanecer, pero no a cualquier precio.
Permanecer y que la vida sea eso.
Permanecer y que el amor abra por fin sus alas.

Para que hubiera camino encontré
discípulos de la generosidad que siempre me ofrecían una palabra más,
sonrisas que traspasaban el miedo,
la piel abriéndose paso sobre una página en blanco.

Hernán Kozak

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Sílabas desdibujadas
en el antro
de mi memoria.

Silencios vacíos
abiertos a la
infamia.

Nada invade
el horizonte;
se abre el telón.

Los opúsculos
engrandecen
el olvido,
y mientras, caminan
olas de rebaños.

Sylvie Lachaume

PEQUEÑAS ORQUESTA

Mientras camino, historias del tiempo
surgen en esta henchida mente,
asociaciones sin matices que
cual pajaritas de papel
se abren a mi paso.
De pronto un paréntesis recoge el canto de un mirlo,
es primavera, me digo
y otro enredo se cruza en mi camino,
un patinete pasa a mi lado y me estremezco,
¡cada vez más ruedas en la acera!
exclama una íntima pirueta,
sin duda el invento de la rueda se extiende
más allá de los días.
Un giro volátil y mis pasos
sincronizan de nuevo otra cavilación
que cae sobre pequeñas notas
en la melodía de un paseo,
un aplacado día de mayo.

Ana Velasco

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Siglos de historia derrotan los sonidos.
Lumbres sin fuego, que solo dejan ceniza.
El mar no alcanza a saber las notas.
En el atardecer una voz
conduce la música.

Pino Lorenzo

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Hay cantos que conmueven
y llevan mil años de orillas,
de insurgencias y cadáveres
en la pupila azul.
Me pregunto dónde aletean los pájaros
mientras esa agua profunda embiste las sombras.
Pasa que con el mismo rostro
se disuelven las flores de todos los campos
y permanecen en el litoral cientos de gargantas
con la pedrada justa hacia el umbral del silencio.
Los prisioneros que elevan corazones en las ciudades
calman el latido de la noche
y agrupan todas las resonancias del cuerpo.
Hay cajas vacías que anidan huecas en los pantanos del alma
pero otras que son pequeñas orquestas
vibrantes, dispuestas a sonar.

Laura López

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Pequeñas orquestas de marfil lucen tambores
afilados en las voces de una intimidad ampulosa.

Una gran boca de cuerdas hincha
los sonidos de una destreza pasada.

Los vientos aturdidos por robar al océano
el folklore de su oxígeno, esperan.

Metales pulverizados en una indecisión
escalan para resbalar en las páginas de la historia.

Pequeñas orquestas de marfil perdieron, en su danza,
al ladrón por forzar el camino hacia el mar.

Clémence Loonis

PEQUEÑAS ORQUESTAS

La vida es una silueta extraña.
¿Qué lleva en ese carruaje, el olvido?
Tal vez, ese olvido, arrastra la espesa capa
de cenizas que atrae el aire.
Nace con las primeras huellas,
de un atardecer ceniciento.
¿Qué ciclón cambia membranas por tentáculos?
Tentaciones de una diosa,
doblan tal vez las campanas
que lloran sobre la memoria.
¿Y qué envuelve las sombras,
en su hábitat perenne de zafiros irrompibles?
Carnosos ataúdes, que prisioneros,
se instalan entre los ángeles leprosos
del carbón, jardín
de las almas vagabundas
entre los acordes de violín,
que empuja a la muerte.
Pero olvido
es mucho más que la tierra
removida del cementerio,
más que los esqueletos
huesudos,
más que los pasos entretejidos
del humo y las calaveras.
¡Es trocar el Génesis!
-un final de aleteo en el muro,
un ladrido nostálgico-
un bosque de intrusos que, en legiones
de podredumbre de soplos, late.
¿En qué lugar te juzga el tribunal,
que ahoga las agujas del reloj
soterradas en el tiempo?
Cuán preciso es el peldaño,
las rejas siderales del vértigo,
donde aparece la razón del ser,
que desnuda las alas de las polillas,
que encrespan el agua de los manantiales.
La fila del olvido,
dioses eternos en alguna estrella,
brillos que cantan,
salpican la arena, el médano
de los insectos que, en su zumbar,
claman las profecías al alba.
Llegaron para cruzar la luz,
una pesadilla los impide crecer.
Señales en las coronas
del clamor, en las cavernas,
en el poniente de los puños.
La asamblea soñolienta,
del néctar que esculpen
las enredaderas en su dialecto.
Un número pequeño las atrae,
brillan en la lujuria
de los días, que atenazan la brisa,
la espuma que las envuelve.
¿Qué galería escarlata las atrae,
de nuevo a mí?
Yo, las veo.
Llegan en oleadas,
en pasos de gigante,
hasta la orilla de esta cama.
Vienen con el fulgor,
entre carcajadas,
entre el vapor despegan en raíces ávidas.
Maldiciendo las pelusas en los vidrios
del ayer, en rincones translúcidos.
Rebelde fue el carruaje
que las atrajo, la borrasca entretejió
los vértices azules, el humo grisáceo
de los candelabros en el calendario.
La aurora empapa
las mercancías de cartón
de la demencia, en bocanadas
de incienso, o que buscan
en la recámara los restos mágicos
de los dátiles que anochecen.
Duermen como los pétalos,
en la pupila de las fendas.
Resuena como un mantra
la melodía en las galerías
herederas de ese olvido.
La inocencia en el firmamento
reclusa enramada de alquimias,
pequeñas orquestas en las gotas rosáceas,
crean una camisa de fuerza
que aprisiona el coraje.
Ya notas cómo oprime
con sus botones dorados,
sedientos,
allá donde nace el musgo.
¿Dónde se encuentran
las cicatrices narcóticas,
espirales que vigilan
desde las grandes sílabas gomosas?
Bajo las greñas de los claveles
en el sopor del exilio
y un graznido hambriento
abre sus fauces feroz,
se balancea para que sus alas
puedan llegar a libar.
La leyenda de la savia
será la condena del presagio,
donde emergen los abismos,
caracolas incendiadas
de suspiros indomables.
Lejanas ofrendas taciturnas
engarzadas en rosarios,
en mentiras que desgarran,
infectan aquellos acordes
de un cuento de invierno
en el vientre que atesora perlas
y su soledad imperfecta
en el lodo del sendero vetusto.
Y asir a la torre perfecta,
la urdimbre del vergel,
perseguir los huecos, los colores
que ha dejado abandonar
en las aguas del menguante
la pujanza de las olas,
campanillas prisioneras
bajo el salino sabor
de aquellos surcos
que bailan en mapas negros
coreografías de hoscas tormentas
que desataron el delirio del olvido.

Paty Liñán

PEQUEÑAS ORQUESTAS

Dueño de la música y del ritmo,
llegaste para marcar otro inicio.
Se va transformando el horizonte.
Ya son otros los frutos,
ya es otra la Vida.
Pequeño capitán de aventuras,
mago de colores.
Paseo cotidiano, refugio que repara,
festejo de melodías permanentes.
¡Ya llega!
Se siente la orquesta,
es la música que nos recibe,
nos acerca a unos con otros.
Pequeño maestro,
marca de la alegría, que abre
el camino,
que abraza el porvenir.

Carla Bianco.


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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