TU PROPIO MÉTODO

TU PROPIO MÉTODO

Dame tu sed, tus mañanas,
dame el amor, la alegría,
quiero tus silencios únicos,
la cúspide de tus manos,
cierta algarabía,
dame tus pasos, tu agonía,
el costado perfecto de la luna,
los oscuros ocres que me iluminan.

Dame tu piel de melodía,
una pantera furiosa,
lo que vuela sin parar,
algo de ternura en tus pupilas.

Leandro Briscioli

TU PROPIO MÉTODO

Tu propio método,
éxodo del transeúnte
gobernado en el refugio
de la miserable cuerda gris
que aprieta
hasta romper las venas
soñolientas,
fue organigrama
de algún acueducto
llevado hasta los confines
de la historia,
contada en organzas
de contrabando,
y abanicos soñados,
sostenidos
por manos inmóviles
y leales a sus más fieles
látigos.

Paqui Robles

TU PROPIO MÉTODO

Me sorprendo ensimismada buscando en el cajón
donde guardo recuerdos.
Distraigo mi conciencia
sin encontrar lo que busco.
Cartas sin destinatario, regalos viejos,
un espejo roto.
Me pregunto si fue un sueño,
si aquella mañana no salí de casa,
si no cogí el coche que estampé
contra la esquina,
si realmente sus ojos no me miraron
en el silencio.
Ahora busco aquel trozo de papel que guardé
como recuerdo.
Alguien lo cambió de sitio
para jugar conmigo a que solo fue un sueño.
Pero a veces,
en la noche,
escucho los chirridos de un coche.

Pino Lorenzo

TU PROPIO MÉTODO

Dictado, escrito, leído,
era tu propio método
para avanzar en esta hazaña
que te desafía cada hora,
cada día.

Recoger los brazos de lo inútil
no alcanzaba
para brillar
en el horizonte.

Era cada paso
un monumento digno para recordar
lo difícil que es escribir.

Sylvie Lachaume

TU PROPIO MÉTODO

Para morir o estar descalzo.
Para sonreír y verte desnudo en el espejo.
Has de encontrar tu propio método
o has de aprender a ser esclavo.
Porque da igual que no tengas ambiciones
o sepas deletrear tu deseo
según los vaivenes del abecedario.
Jamás, aunque lo intentes,
podrás seguir los pasos de quienes,
antes que tú, supieron equivocarse
y decir sin esperanza “Estoy perdido”.
Porque solo hay una forma para ti
de caer e incorporarte,
como quien nada en el vacío;
y el abismo, el tuyo y el de tu prójimo,
susurra en sus paredes tu propio nombre,
el de los múltiples futuros
y los aledaños de la muerte.

Ruy Henríquez

SU PROPIO MÉTODO

¿Es posible que el juego y la risa
de un niño escondido bajo el asfalto
amortigüe el estruendo del derrumbe?

¿Es posible que enzarzado
en una sencilla partida de ajedrez
se entable una manera de vivir?

El horizonte de un niño no sabe
de trincheras ni de fosas comunes.

Su propio método lo hace posible.

Antonia López

TU PROPIO MÉTODO

Metido entre medias de dos rocas
el feroz contrincante se avecina
hacia una profundidad inexistente.
¿Qué gritan por mi calle las vecinas
y repiten de los coches las bocinas
con su ronco acento de derroche?
Gargantas expendedoras, recaudadoras
bocas de verdadera moneda circulante,
gritad la llegada de la poesía al frente
porque la libertad se ha tapado el pecho
que le quedaba fuera de la blusa. Ahora
ella va vestida a la moda, la libertad
va vestida con una blusa tan ancha
que de ella solo podemos ver su hermoso
nombre en las imágenes del discurso.

Kepa Ríos Alday

TU PROPIO MÉTODO

De cómo hilar las providencias
todas las interrogaciones
impregnaron la noche,
el crepúsculo me acercó los peldaños
para alcanzar mi ventura.

Trazando esdrújulas
conseguí tejer la malla
para atrapar tu pasión
y plegar así mi alma
a tu propia trampa.

Ana Velasco

TU PROPIO MÉTODO

Las dactilares han borrado tu nombre de mi pecho
han roto el silencio de la condena última
y el rocío ha dejado de existir entre nosotros.

No hay mañana que no busque una salida,
un escondite entre nubes de algodón
y alguna que otra caricia que te recuerde.

Magdalena Salamanca

TU PROPIO MÉTODO

A galopar, la furia acecha lisonjera.
Tu método es la ganancia, raíz nupcial,
como sabiendo quién eres.
Una lupa y otra vez
el carromato que me sigue sempiterno,
es una estrofa que carga como arrecife a la mar.
Somos voces,
caminos que se expanden
en la cartografía de tus sueños.
A veces pierdo el pulso y muero allí
donde imposible y corazón abierto
juntan su fogosa intrépida,
la uña que agranda la boca,
el suplicio que me busca.
A veces galopo a tu lado,
erguida en doble vía
buscando mañanas, luz de retorno.
Mira tu propio método dando vueltas,
furia furiosa que opone su clamor
a los garabatos indecisos.
Que lustre el paso,
que diga no
o transfiera el elenco de mis paisajes
a otra playa dormida
a la fuerza regresiva que queda
al noble contar de lo que calla.
Has leído, estás leyendo,
que mi luna y tu sol femenino
oyen fresca la ventana con balcón,
brújula que saca ideas de las manos
afuera y adentro de un capítulo.
Hoy, una epopeya.
Hemos vencido a lo propio
y a los que inventaron la sangre.
Si al final digo que sí
es por la persistencia de tu método.

Clémence Loonis

TU PROPIO MÉTODO

¿Dónde cabe el reguero,
dónde van en simbiosis las cosas
que no son de este mundo?
Ángeles en el invierno,
en soledades en el café,
de unos ojos
que se asoman en realidades.
La ausencia de lo perdido,
la pausa del cuerpo,
del mantra de las semillas,
destierra mariposas doradas
que liban de su pecho.
Melancolía cerúlea en el letargo
entre contracciones del sortilegio
de unos tentáculos.
Gaviotas que anidan en las córneas,
en las almenas de tus manos,
las estrías en la cripta
nácar de los deseos.
Perfumes de sándalo,
del crepitar de las gotas en el suelo.
De una criatura que juega
en el ayer de las plumas,
en el espejo prohibido,
convertido en llamas con su boca de arena,
con sus labios de piedra.
¿Dónde guardan sus secretos pétreos
las gotas de agua?
Detrás de los meandros
o, quizás, en las fuentes de la matriz,
del néctar de las cicatrices.
La lluvia es como la sangre,
donde cae muere la nada,
bebe el silente, crecen las fábulas,
tras las membranas
de su perlar en el rocío.
Pensamientos de una flor.
Es la herida de poetas
renacidos en su mancha hastía.
Son las grietas del muestrario
de un crimen, colgadores
entre escamas carnosas.
Ya no tengo que luchar
contra ese tiempo en que perecen.
Ya el ocaso me divide en dos,
y una vida oscura de plumas hambrientas,
cabelleras, que se clavan
y castigan a mi pobre corazón baldío.
Sediento de sus ganas
de coser los otros trozos,
pedazos de la lluvia,
del nudo al que dio la espalda
el mundo.
¿Qué poseen los sangrantes escenarios?
¿Qué murallas traicioneras, vendrán a tus manos?
Es como un mal que va llenando los pulmones,
un pulso, una luz
que arrastran las corrientes.
Ahora, sí.
Ahora hay una pausa en tus ojos,
en el abismo entre las vetustas maderas
y los forzados renglones que ladran
mensajes afónicos en el destino.
Una posesión infernal que aprisiona
la garganta, un tímpano de hielo
que perla el sitial, lo cubre de una pátina
en soterradas lejanías de un ayer embalsamado,
que en jirones transmuta,
la reina de los oráculos, de poemas enlutados.
Incisiones quirúrgicas en galaxias prisioneras,
juramentos de violín.
¿Pesan y pasan las losas prometidas?
Y cargan las llagas,
en la comarca de leprosos,
legañas de un tambor que deshace
el palpitar de las luciérnagas.
Sus fauces llenaron los telares
de mecánicos insectos.
¿Y qué pesa en la memoria
que subyace en la grieta?
Templos de fina arena
que empezamos a llamar hogar.
¡Qué equivocados estábamos!
¡Cuán infectados
del verdor de la inocencia!
Y un crespón me invade,
quiebra mis sentidos,
escala el latir de los pasos
que cuelgan en el techo de la noche.
Y una marea intensa, una ola regresará.
Como nostalgia que atrae al viento,
esa batalla,
crece el fuero interno del pecho,
el hechizo que ansía asir
todo el remordimiento.
Portan gaviotas heridas,
jeroglíficos indescifrables,
caen los dados en la agonía
sobre la nívea y viste la boscosa
de corales negros.
Esa alegría nunca existió.
Fue tu método prisionero,
entre las alas de los cuervos.
Exhaló y resopló en su muerte,
entre los pozos del légamo
que yacen en procelas marfil.
Un escarpelo que roe los acordes,
las sístoles del silfo que anuncian,
el vértigo desgarrador
en ofrendas luminosas,
brebajes errantes en las mejillas
de los retratos de cera.
La guardiana avanza, palmo a palmo,
entre las máscaras vidriosas,
animal que persigue el diluvio.
Garabatos en el hálito
del cuadro, nubes opresoras
presidentas de los tulipanes
de jade, que trocaron las puertas
del país de las estatuas granates.
Anillos cautivos del cadozo
que soplaron las velas,
con cada taza, con cada sorbo,
de cada beso, recluso loco.

Paty Liñán

TU PROPIO MÉTODO

Construir una nueva piel,
con otras palabras.
Atravesar
páginas y tiempos.
Festejar los días, gozando
cada noche,
cada sueño.
Renunciar al absurdo
de la espera.
¡A tiranías de ideales!
No vuelvas atrás la mirada,
salta,
¡salta al abismo!
El modo es andar a tientas.
En cada segundo se juega,
quema,
fluye,
fuera de líneas y supuestos:
¡Vive!

Carla Bianco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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