ALLÁ LEJOS

ALLÁ LEJOS

Son las nueve de la mañana,
la casa aún conserva los vestidos de noche
y el silencio que el sueño ha tejido en las paredes.
Me ducharé, pondré un café para recibir los primeros rayos de sol,
saldré a comprar el periódico.

Allá lejos, también amanece,
pero todos los relojes se pararon el día que comenzó la guerra.
Esperan poder comer algo antes de que llegue la tarde,
esperan que los muertos de ayer no tengan el nombre de sus amigos,
esperan que ese día las bombas se olviden de ellos.

Hernán Kozak.

ALLÁ LEJOS

De lejos devuelve el viento los algodones
para taponar las heridas que has abierto.
Cuando arrecia, hace crujir las cuadernas
de mi cuerpo, que cubiertas con el salitre
de una desconocida singladura, soportan
los bandazos que atraviesan las corrientes.
Las transparentes gotas de agua en mi piel
revelan cuán engañoso es este oscuro mar.

Antonia López

ALLÁ LEJOS

Desde aquí, la distancia a recorrer parece infinita.
Colosal es el esfuerzo de dejar constancia de la tarea.
Las palabras enmudecen en el papel desnudo.
Inútil es el intento de querer dar cuenta
del humano reto al que me enfrento.
Allá lejos parece brillar una débil promesa.
La breve esperanza de áurea belleza
que corona el final de la meta.
Pero la visión es engañosa.
Por más que a su ilusión me aferro,
el espacio o el tiempo
multiplican los pasos que he de dar.
Mientras agoniza ahogado en su propio aire,
Aquiles ve brillar el sol que se oculta
tras la tortuga, cruzando la meta.

Ruy Henríquez

ALLÁ LEJOS

Más allá de verdes bosques
de montañas nevadas
y campos de amapolas,
un gris calcinado de pavesas
envuelve las aceras,
el aire es amargo
las pisadas salpican posos de dolor.
¿Cómo lavar la noche de acritudes
cuando trombas de metal
amordazan la paz?
Se nos figura lejos pero está a las puertas,
regueros de gentes procesionan
tras la imagen de esperanza.
Tristeza y rabia emergen en mi ser
¡la torpeza humana, otra vez!
Mientras no amaine esta borrasca
en mis párpados no cabe el arcoíris

Ana Velasco

ALLÁ LEJOS

Detrás del cristal
el vuelo parece inalcanzable
para este diminuto
pájaro
que se desdibuja en mí.

El horizonte apenas huele
a mar
y el estridente movimiento
que sacude su velo
anuncia el alba.

Pocos días fueron
los necesarios
para su hazaña.
Un indígena sobrevoló
sus párpados inundados
de sol.

Un hielo submarino
se acostó en sus sueños.
Zarpar fue fácil.

Sylvie Lachaume

ALLÁ LEJOS

Máquinas erizan su cuerpo,
vidas que se pierden
al otro lado del averno.
Dime, ¿tú sabes por dónde nace
el cristalino de los espejos?
Quizás en las rocosas montañas,
entre las hierbas de los bordes
de las carreteras más fecundas.
No logro comprender,
por qué te empeñas en moldear el fuego.
Cuando él crece libre, indomable,
entre los dueños de la noche,
en las franelas de los hombres.
Es, tal vez, el musgo hosco
que rodea las sábanas,
incendia relojes en paredes arcillosas,
corazones de otros tiempos,
otros velos transitorios
entre la arcilla y el miedo.
Buscas paz,
en la recámara del sueño,
y no sabes que has de despertar
cuando suba la marea hasta los pies.
Cuando, dichoso, alcances
la techumbre de tus pasos.
Cuando abras el desván
y el carcelero desmonte
tus ojos y tu piel falsa de oso.
-Una cabra destetada eres con el paso de los años-
¿Qué lleva a las mariposas en su vuelo, a buscar
el reflejo del antagonista que fuimos?
Allá se escuchó un temblor, cerca del ataúd,
donde apareció una momia
entre las escamas carnosas
avanzando hacia la luz.
Allá lejos, medra el olvido,
el de los ángeles, que mueren
hambrientos entre las brumas.
Son osados vengadores, solitarios triunfos ahogados,
que hacen jirones las azules nieblas.
¿Tú sabes dónde perece el arcoíris?
¿Dónde palpitan sus rayos y difuminan sus colores,
sedientos de otro ocaso?
Pobladores que adoran a su reina de tímpano,
en su hábitat descorren los vientos, embisten las arenas y los mares.
-no pienses que te tengo retenido-
Tú eres libre como ellos, será un capricho el que te nuble,
el lodo almendrado, el que te aprisione hasta la yugular.
¿Qué ganas por jugar con las nubes, hacer de los frágiles pétalos
una mancha de carmín enlutada?
Soldados en el epicentro de un planeta devastado.
En la noche abren sus fauces, calaveras empolvadas,
las corrientes del invierno, el sudario que lo envuelve.
Las compuertas se jactan, giran con el polvo,
con los siglos de este pueblo que arde,
en los desiertos de tu boca.
¿Qué gritan las palmeras a tu cueva?
¿Qué dicen las cosas, de tu castillo de mieles?
Ya hablan de ídolos geométricos,
de abismos que engendran raíces,
la enredadera hosca de las nieves de otro lado.
Las distracciones junto a la hoguera,
los retoños de las llamas, que ya brotan prisioneras,
entre la inmensa boscosa, bajo el escozor
de alas de sal, en la urdimbre del pecho.
¿Crees en los hálitos de los relojes y en sirenas vengativas?
Qué será de ti.
Cuando los reflejos dejen de existir,
cuando el último de los hálitos, de amante entregado
al éxtasis, sucumba a la fuerza del oleaje.
Qué quedará de ti,
cuando la corona se desarme, el alma role los vientos
y este cuerpo tan frío, sea pasto de las llamas,
prisionero del verdugo.
No queda nada de ese espejo, donde te miraste,
sus vestigios, ya están lejos de tu cama.
En vano la huella y sus vapores
quedaron en la verja roja de tu casa,
de la habitación que enmudeció al oír tu nombre.
Memoria que se marchó con los trenes
que partieron ávidos hacia nunca jamás.
Que nunca tuvieron lugar de existir,
que amaron la árida soledad
de las galerías gomosas, del mortecino resplandor,
el hechizo de las musas, que moran al otro lado.
Espirales con greñas, carruaje que lleva
a las cavernas, de la lujuria, de la ausencia,
de las férreas briznas, de los cantos primeros.
Y después de la nada,
entre los rescoldos, el todo,
ante los náufragos,
piratas, que balan a los enigmas sin conquistar,
sin cuadros que manden esculpir
palabras pálidas ante el Capitán.

Paty Liñán

ALLÁ LEJOS

Rumores de risas, pasos,
gritos.
Testigos de la partida,
alzan las manos,
no alcanza la vista…
¡Ven!
Siente la furia de tu sangre,
la fuerza de tus manos que apuran el final.
A borbotones fluyes, reclamas,
te esfuerzas.
Sigue andando,
sigue.
Fuera de las promesas,
más allá de los logros,
de las caídas,
más allá.
Te espera, se acerca,
es ella…
¡La revolución!
¡Ah furia indomable que emana vida
y reclama amores!
¡Ah palpitar furioso que no sabe de fechas
ni tiene memoria!
Aquí o allí, donde sea…
Inundas, desbordas.
Sin principio que recuerdes ni final que reconozcas.
Se extinguió lento aquel fuego salvador,
ascendió soberbio el humo,
se partieron las aguas.
En un nuevo cruce, otras letras,
otras voces
buscan orden,
buscan piel,
cuerpo,
futuro.
Un canal que las lleve al mar.

Carla Bianco

ALLÁ LEJOS

Estoy contigo, me dices, allá
donde nuestros caminos
se abren, húmedas semillas,
en olorosos poros de polen
aturdido por la palabra primavera.

Nariz enhiesta del trovador
que estalla en risas alérgicas
cuando ha extendido su piel
al paso del error de las hordas,
me dices que estás conmigo.

Kepa Ríos Alday

ALLÁ LEJOS

Allá lejos, una montaña con un río,
rojo como la sangre, que se desliza
por la ladera azul.

A un lado el pasto, ahora vacío.
Al otro, el mar.

Los hombres en la guerra,
las mujeres, con sus hijos,
fuera del hogar.

Allá lejos se escucha una vieja canción
que se repite, una y otra vez,
sobre el mundo.

Las palabras suenan huecas
o cargadas de afectos.
Los muertos yacen por doquier.

En los despachos, hombres,
lejos de la guerra, trabajan,
sin descanso, no sé sabe para quién.

Cruz González Cardeñosa

ALLÁ LEJOS

Allá lejos, un eco del manantial ilustre,
del gran tornado ya endurecido,
vuelve, como horda arrogante, invasora.

Algo contempla el ruido de la confusión
y la sombra madura se eleva entre bambalinas.

¿Quién ladra sobre el estiércol de la colmena?
¿Quién se va a quedar con la inmundicia?
¿La enfermedad?

Y yo, ¿Dónde cambiaré las cortinas del privilegio?
Saldré de los vapores depilada, traicionada, mordida,
con una juventud de tiempo para el pueblo, insecto hecho mujer.

Que los pies encuentren otros pies es un andar llano.
Errar ha perdido su lastre allá lejos.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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