LIBERAR EL VIENTO

LIBERAR EL VIENTO

Aserrín de las buenas costumbres
debemos liberar el viento,
atraer de los atardeceres
el silencio,
dejar que se haga luz,
sonrisa, tiempo.

Cruz González Cardeñosa

LIBERAR EL VIENTO

¡Hay que liberar el viento, hay que liberar el viento!
siempre la misma canción,
siempre el mismo ritmo incesante
gira y gira entre los imposibles.

¿Cómo liberar el viento, si ni uno mismo no puede liberarse?
¿Cómo alcanzar el volumen de su tenaz sacudida?
¿Cómo desmembrar la soledad de su furia, sin herirme?

Libera la pausa de tu silencio y habla, desnúdame,
quiero ceder la fuerza de lo desconocido a la compleja palabra,
deshacer, si se puede, partículas de ti en agua dulce.

Beberé los néctares de la libertad,
aromas de un pasado que ciega;
bravas y maduras vertientes que se abren
en pétalos de luz infringiendo leyes ocultas.

Díctame las claves del viento,
él me empuja enfurecido hacia ti.
Hacia los vértices de una geometría pura,
única, salvaje como la virtud insolente del sol.

Albergaré tu rostro más escondido.
La sinopsis de la vida junto a ti
quitará todos los velos, ninguna seda,
cederá su textura a los encuentros íntimos.

Ásperas caricias traerán nostalgias,
alientos que liberan el viento como
sexos voladores invaden los cielos
mientras nosotros seguimos,
con los pies sobre la tierra.

Magdalena Salamanca Gallego

LIBERAR EL VIENTO

Liberar el viento al viento,
al aire libre abierto
para que pueda, libre,
abrazar cada cuerpo
cubierto de oxígeno y agua,
carne trasmutada a palabras
vibrantes del mañana,
estrellas aunadas en la memoria
del telescopio.

Paqui Robles

LIBERAR EL VIENTO

Dejar que la guía
momificada por su soberbia
lance su último grito
de connivencia.

Destilar las horas libres,
las horas que pertenecen
al amor.

Disfrutar cada instante
como si fuese único;
escuchar la orilla
que se desploma;
dejar pasar el viento.

Sylvie Lachaume

LIBERAR EL VIENTO

Circundada por un susurro de agonía
bajo un aire viciado de temor
salpicado de gastadas sonrisas
mi rostro pide luz,
mis manos llenarse de petunias.

Pedalea, pedalea, pedalea
hasta liberar al viento
de esta egoísta diatriba
que nos quita el aire.
Es hora de abandonar este lado,
de extraer la mirada de la noche
dejar atrás atisbos de invasión.

Pedalea, pedalea, pedalea
hay niños que juega en el parque
un piano se marca un rock and roll
tus mejillas ya lucen coralina:
¡Exhalaaaaa!

Ana Velasco

LIBERAR EL VIENTO

¿Y todo para qué?
Si entre los aromas caramelo
se extiende una negra enredadera,
las borrachas esferas del tiempo,
el dolor se queda muy hondo,
muy dentro.
-Tan dentro-
Viste tan dentro que es difícil
liberar el viento, entre la lluvia
y las cortinas de hojarasca.
Esculpen los ángeles soñolientos
el hechizo de la selva,
contra las ramas mágicas
que pudren.
¿Y no es verdad,
que liberan un pálido musgo
desde las esferas hambrientas?
Son guardianes de leyendas,
que cantan a un destino,
entre sirenas indomables.
Sus máscaras crean
una religión de primaveras acuosas,
que usan los besos en el cuello
para anunciar la hora de la guerra.
¿Qué viste en los lugares de las cosas,
cabelleras y frutos encaramados
al oro en silencio,
que sitibundos buscan poder?
Quien logra conquistar, a la piel
se adhiere,
como a mi boca tu nombre.
Palabras yertas.
Zombis se entregan a la ciénaga,
al lodo verde hosco, cual manzana podrida,
a un estío ardiente, entre maderas.
Y pesan los días contrariados,
como losas sus alianzas,
las sombras de sus ecos,
los zafiros envueltos en sudarios
y entre mejillas de otro lado,
de otros mares.
El huésped de las manos, ávido,
implora a las bóreas,
a los reflejos del mar,
bajo las estatuas de arena,
que cese este ocaso,
las espirales de esta cólera,
que crepita en el sepulcro.
¡Que detenga esta enfermedad,
esta lepra que roe los sentidos,
que extiende sus cenizas,
dispersa los pétalos huérfanos!
¿Y qué pasará si llegan las voces
y esos monstruos que habitan
persistentes en la noche?
Mi cuerpo les será devuelto.
Será un enjambre, un vergel
de rosas muertas, de garabatos en servilletas.
Seré el dibujo de la luz
entre las manos, el olor del petricor
que llena tu cuerpo seco.
Guarda en el extrarradio,
los versos de la locura.
Los claveles en tu lápida,
ya no forman corazones.
Son hierba de formón,
veneno que acarició tu vida,
discursos en tu boca, ya muertos.
Viudas cicatrices,
en las colinas de tus muslos.
¡Ahí viene, la procela!
Capitanean las nubes el cielo,
se quedan con la voz de los colores,
con la luz de las aguas claras,
el vestido del arcoíris,
todo es canela y ceniciento.
Llaman a la aldaba,
los lamentos de los hombres.
¡Miradlos!
Los amantes de la lluvia,
su corazón repiquetea
con arpegios lóbregos, el blues,
que anuncia su final.

PATY LIÑÁN

LIBERAR EL VIENTO

I
El viento suena en la boca
del instrumento al emerger
el aire caliente de tus besos,
bésame para que silbe así
mi cabeza como un tren.
Estoy como un tren de barcos,
como un caballo en moto
a bordo de un avión submarino.
El viento es libre hasta ti,
no lo liberes de un lagarto, perdón,
quise decir de un zarpazo
que no lo liberes antes
de que suene el silbato.

II
He liberado el viento que corre
de persona a persona, de consumidor
en consumidor de segundos de vida.
El viento que corre en mí he liberado
como se librera una lágrima oprimida.
Ahora, viento, que ya no me perteneces
apiádate de todo este hermoso barro
que creyó ser piedra, apiádate y vuelve
de todas partes, vuelve a inundar
esta iracunda nariz tuya ¿no quieres
que tu marioneta vuelva a escribirte
aquellos versos que no imaginabas?

Kepa Ríos Alday

LIBERAR EL VIENTO

No has de darle la espalda,
para que siga siendo tu aliado.
Para que tus pulmones y tus alas
sigan remando en sincronía
en este viaje que has de surcar,
ten las velas bien acuarteladas;
ya es hora de liberar el viento.

Antonia López

LIBERAR AL VIENTO

Ahora vuelan los pájaros
pero hubo un tiempo en que el mundo estaba separado
en duelo de titanes.
Aún no podían sostenerlo, salían de las cavernas
hacían que las rocas escarpadas rasgaran el cielo
y aparecía la noche y sus umbrales.
Las aves tenían brazos y falanges cartilaginosas
arrancaban de la tierra los tubérculos
y consagraban raíces para hacer caer a los gigantes.
Morían abrazadas con sus pequeñas manitas sin membranas
hasta que un día las piedras se deshicieron con un grito
y el viento liberó sus raíces
ahora vuelan los pájaros, tienen alas
y los titanes, tiemblan a cada tanto
y sostienen la tierra

Laura López


LIBERAR AL VIENTO

Liberemos al viento
de cadenas y presagios,
que solo hacen temblar
las paredes de su aliento.
Lo tenemos sometido,
enclaustrado,
en series de billetes,
en horarios,
en conflictos que se ajustan a intereses de unos pocos.
Enredado en turbinas,
entre aspas, dislocado,
dejadlo que fluya
en sus quehaceres diarios.
No insultéis sus rostros,
ni pretendáis dominarlo.
Amoldad el ala
y dejaos llevar,
como el pájaro.
Y de paso dejemos
al gas, al petróleo,
al carbón,
y al trigo.
No es menester tenerlos devastados.
Produzcamos nuevas palabras
que los hagan resurgir,
como la primavera,
cada año.

Pino Lorenzo

LIBERAR EL VIENTO

Ay, el clamor de tu comercio nos subyuga.
Callas tu abril infantil, viento, sepulturero de partículas
y cumples con la desdicha en hora.

¿Quién eres en el fondo del mar,
incapaz de torpeza en la tinta?
¿Te entierras?
El día del primer temblor
haces sangre con virutas de oro
y pierdes la imaginación en la niebla.

La ola da su vuelta en la duda.
¡Basta!
El aroma es inicial, no poderoso.
La fístula de la ignorancia corre
como garrapata en el horizonte,
eterna.
¡Basta!
Es luz de autor lo que se libera,
un manantial de tiempo, efervescencia;
el viento se desdobla y canta.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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