LA FUNCIÓN DEL CIRCO

LA FUNCIÓN DEL CIRCO

Siempre hubo payasos, domadores, malabaristas y alguna que otra fiera, así ha sido mi vida, como una función de circo, donde cada quien hace de cada uno una nueva actuación, una escena que, sumada a otra escena, multiplica los puntos de unión y, también, los puntos donde dos polos iguales, alejan las manos de dos seres que, hasta hoy, mantuvieron enlazadas sus manos.

Llevar al límite de lo cómico algunos acontecimientos, ellos solo exageran un rasgo común a todos, payasos somos todos, a veces, disfrazados de ejecutivos, bancarios o gobernantes.

Domadores del alma, esos sí que han conquistado el mundo, con sus altares rebosantes de lujos y ostentación, aunque en su seno se prodiga la humidad y la pobreza. Nadie entiende nada, pero todo siguen la ilusión de una vida eterna.

A los que conozco de primera mano es a los malabaristas, los como tú y como yo, los que, sin miedo al fracaso, trabajan por vivir y para vivir. Un vistazo al costado sirve para encontrar a aquellos que caminan la cuerda floja y así llegar a sin de más.

Respecto a las fieras, hay tanto que decir, las hay de con tantos matices: los perturbados del alma que no viven ni dejan vivir; los asesinos que gozan cuando expira una vida y otra y otra; los trabajadores de la hacienda, ¿de qué hacienda?, será de la suya porque si no, no lo entiendo; los bebedores de sangre, esas sanguijuelas que habitan los pensamientos y contaminan las aguas.

Menos mal que existen muchos más habitantes más allá de esta función de circo.

Magdalena Salamanca

LA FUNCIÓN DEL CIRCO

El circo imaginario, el circo de la palabra, el circo conmueve el corazón del público.
Te anuncia que todo es posible, con trabajo; que los sueños de tus habilidades pueden concretarse; se concretan, también, pagando el billete de entrada, al circo.
Circo, dulce sueño eterno de mi vida, ¿cuándo me saciaré de buscarte?

Sylvie Lachaume

LA FUNCIÓN DEL CIRCO

Mientras la elefanta subía en su trompa a la cabra del Himalaya me puse a temblar, súbitamente remarqué que un pequeño macaco se metía entre las piernas del paquidermo y pensé que le haría perder el equilibrio, sin embargo, aquella masa de piel gruesa se puso en dos patas, con la cabra todavía sujeta a su trompa, la carpa del circo palpitaba, el mono se desvivía en aplausos y animaba a la sala. El ambiente era tronador y fue en esa sesión de circo cuando decidí mi futura profesión.

Ana Velasco

LA FUNCIÓN DEL CIRCO

Había una vez dos desconocidos, que se encontraron en la entrada del circo. Llegamos a la taquilla, cruzamos unas miradas, nos decidimos a sacar entradas para la función de nuestra vida. Estamos en la fase luna de miel, así que cordura se tambalea, la cogió el hipnotizador y estará dormida entre las bambalinas. Danzamos sin miedo, hasta el forzudo nos da su fuerza para acercarnos al salto.
Un lanzador de cuchillos guiado por miedo nos ataca con su acero afilado, que roza mi pelo y tu mano. Sus ojos nos miran con rabia. El último de sus puñales en el aire dibuja corazones y nos escabullimos tras las gradas.
Un beso entre bastidores, el arcoíris crea un puente entre nuestras miradas. Aparecen los trapecistas, de cerca vigilan los payasos. Provocan risas entre el público y le hacen cosquillas adueñándose del escenario. Besos, risas, nos pilla el acomodador, nos manda sentarnos. Ya en las gradas tu mano roza mi pierna, la tigresa se acelera, encerrada en una jaula, por cordura, que no la permite salir.
Esta relación, dijiste, es la función del circo. Caminan nuestros cuerpos por la cuerda floja, nuestro amor es lo que avanza, cuando vamos por la mitad, el amor se tambalea y la cuerda cede tres peldaños.
Esta relación avanza unos pasos, con las entradas en la mano. Yo soy la amazona, que hace equilibrios, y empieza el baile y las piruetas.
Ponemos al señor amor al frente del espectáculo y dejamos al resto pasear. Pero la vergüenza se ha escondido entre los leones y coges los aros. Pareces buen domador y consigues que no altere mucho a los leones.
Comienza a llover, el agua se cuela en la carpa y llega hasta nosotros. El charco se convierte en un abismo entre nuestras almas, nos cala los huesos. El mago está cerca y hechiza a los payasos, los anula. Estamos bajo su magia. La duda escapó, y el tiempo es una acuarela que enmaraña las sonrisas que antes nos regalábamos. Mella en nuestra historia.
Pero la tigresa ha conseguido escapar, nos encuentra retozando en ese charco. Hacemos el amor entre aplausos. Mientras un elefante arrasa recuerdos, anhelos y hace añicos nuestras fotografías.
El universo nos crea un puente entre nuestras miradas, pero la cuerda es floja y cede por momentos. Las luces se apagan y termina la función, todo empezó con esas dos entradas que terminaron siendo un escaparate donde contemplar nuestra historia circense.

Paty Liñán

LA FUNCIÓN DE CIRCO

El circo sirve para evitar tragedias mayores. Se tiene que devorar algún cristiano y matarse entre sí los gladiadores.

Kepa Ríos Alday

LA FUNCIÓN DEL CIRCO

La función del circo, payasos, equilibristas, elefantes, manieristas que reflejan pinceladas cómicas de la vida al salir al mundo. Malabares disfrazados en una nueva dimensión de lo mismo.

Paqui Robles

LA FUNCIÓN DEL CIRCO

Entendámonos, hermanos, a veces se trataba de un malabarista abierto al sueño de las estrellas, un hilo luminoso que acunaba antiguas historias de pesca en días de luna. De cualquier manera, era un espectáculo, bravo, sencillo, que fusilaba, constante, lo desaparecido.
Y su secreto fue engendrar lo esencial, un tiempo nuestro, la brigada de nuestras fantasías, un paisaje tocado por la destreza de una cultura nuestra.
Pasábamos de un cristal confinado a la escalada de los frutos de la guerra. Por eso, el arte, decíamos, es acción y lleva ramas especialísimas donde se contempla el vuelo del trapecista, el riesgo y la vida, y cuando corre la vida, así, de un hilo, sobre el brío de un país respetuoso, es la elegancia del destino que me prepara para el alivio.
Después se adelanta el mago y sus trucos. No hay mago sin falacia, se juega a gritar «como si…», y aparecen en el eco los abusos del «como si», ¿para qué añadir falsas puertas al trabajo? ¿Capas de tentativas o disimulo?
Que siga la fiesta, todos en la pista, nosotros no hemos adiestrado al feroz animal que se desespera, nosotros hemos tomado del tiempo, la espera donde caben las payasadas, el humor del que se debate con la hiel de su nuevo esqueleto.

Clémence Loonis


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