AQUELLA PALABRA INCOMPRENSIBLE

AQUELLA PALABRA INCOMPRENSIBLE – EXCURSIÓN

  • Hoy haremos una excursión al museo de las palabras olvidadas. Será la última del año, pues dentro de dos semanas ya comienzan las vacaciones.

Bien, bien, bien, grita toda clase. Aunque sean hijos de la tecnología, lo que ellos quieren es jugar, jugar y jugar.

  • Enviadme al correo electrónico las autorizaciones con la firma digital de los tutores y después poneos las gafas de cinco dimensiones que llevan vuestro código de identificación, en cinco minutos comienza la excursión.

Hernán Kozak

AQUELLA PALABRA INCOMPRENSIBLE

No se qué pasó con mi historia, dicen que un moscovita se apoderó de mis claves y capturó la narrativa de aquel viaje a Egipto y lo que su etimología dejó en nuestro vocabulario. Quise lanzarle un buen insulto en su idioma, pero solo conozco una palabra en ruso – spasiba- y es para dar las gracias, por lo que no entra en el contexto. La pronuncié varias veces y me di cuenta que todo aquello no me era indiferente y… súbitamente apareció en mis labios un ornitorrinogracioso, ya llegaría el momento de las explicaciones.

Ana Velasco

AQUELLA PALABRA INCOMPRENSIBLE

Me llevó años de investigación entender aquella palabra que me dictaron, ese día, de plena luna. Los suelos fértiles empezaban a dar sus frutos, el sol era menos exigente de sombra, el aire se hacía más ligero en los albores.
Esperar crecer era lo único que me trabajaba. Pensé en abrir un diccionario para ayudarme a conseguir esa soltura que admiraba en ciertos discursos. No era tarea fácil entrar en estos libros pues uno primero tiene que afrontar los laberintos que se te dibujan cuando buscas una palabra, acordarse del alfabeto para guiarte entre todas estas misteriosas líneas. Pero si te mantienes en tu deseo, el encanto de navegar te atrapa, te lleva de definición en definición, de idea en idea, de recuerdos en sueños y así crecí, rodeada de seguridad, entre las letras.

Sylvie Lachaume

AQUELLA PALABRA INCOMPRENSIBLE

Aquello que nos parece extraño, raro, incomprensible, solo está jugando con nosotros, con nuestros sentidos para ver si nos rebelamos. O más bien si luchamos.
O, por el contrario, podemos optar por rendirnos, por no comernos la cabeza, pensando en que pasará a un segundo plano, olvidando conseguir saber, olvidando a aprender, o en todo caso y éste sería sin importarnos, no llegar nunca a saber.

Nos gusta controlar, pero no dudar, agachar la cabeza e incluso ignorar lo que en la frase se ha dicho. Y entonces, el mutismo se convierte en nuestra bandera, y en todo caso. si hay contacto visual, un asentimiento de cabeza puede bastar, para que el que lo recibe continúe sin darle importancia, o comprobar tu comprensión.

Nos da pereza usar neuronas, algunos deben de acumular niebla entre ellas. El cerebro es un músculo, un arma que al entrenar se hace más fuerte y aprende antes.
Existen los que saben, los que creen saber, los que confirman y aprenden, los que no saben, también, los que no quieren saber.
Las neuronas pasan varias fases: las de trabajo, las de paseos y las de “me voy a dar una vuelta, me cojo la tumbona y dejo que el sol, me queme la grasilla”. Así pues, A, al volver a casa, ha perdido la mañana, mientras que sus hermanas B y C han hecho crecer un nuevo abdomen.
Pero la envidia es mala, pasan los días.
Y el trabajo de las hermanas aumenta, pidiéndole ayuda a A. Ésta se niega a participar en el duro trabajo de maquinar, mover y recapacitar. Ellas, continúan, pero con el paso de las horas, avanzan lento.
La primera sigue en la playa, tomando el sol, cada vez que vuelve es más pequeña y delgada pero no le importa.
Agotadas, sus hermanas, deciden parar un poco, solo será un descanso.
Por pegajosidad pasan allí horas y pierden la noción del tiempo, ninguna regresará a trabajar. Saltan por la arena, el agua y danzan alrededor de la tumbona.
La mente, se queda en algún punto perdido de esa playa de ensueño, donde no notas que pase el tiempo.
Al volver, escuchan la palabra.
Las células nerviosas reciben la información, pero con interferencias. Todas están escuálidas, cansadas de perderse, dentro del tiempo. Una frase y una de las palabras se atasca. Cuentan las sílabas, las vocales, pero las señales eléctricas se pierden, no consiguen reaccionar. La palabra incomprensible se pierde, no consigue coordinarse. Los sensores están fuera de cobertura jugando en algún lugar cerca del mar.

Paty Liñán

AQUELLA PALABRA INCOMPRENSIBLE

Se dejaba pronunciar, pero no comprender, era una palabra que nunca nadie había comprendido jamás a pesar de que muchos la habían pronunciado.

  • Y ¿cuál es esa palabra? -interrumpió Ramón-, aunque no podamos comprenderla usted igual podría pronunciarla.
  • La palabra «paz», -respondió Doña Verónica- la palabra «paz» solo la entienden los muertos. Nosotros nunca jamás hemos estado en paz, nunca nadie la conoció.
  • No estoy de acuerdo -dijo Ramón-, porque antes de que me bautizaran yo no tenía enemigos. Lo único que existía en el mundo era el calor y el alimento.
  • Pero -dijo Doña Verónica- si existían el calor y el alimento era porque también existía el frío y el hambre, si no ¿cómo habrías podido reconocer el calor y el alimento? Entonces, desde que naciste ya tenías enemigos. Nunca conociste la paz pues siempre tuviste que luchar para segur vivo. La primera que te hizo fuerza fue tu propia madre con el pecho nutricio clavándolo en tu boca cruelmente para hacerte vivir sin preguntarte si querías. Darte la vida fue la primera agresión, después te hiciste drogadicto de todo, drogadicto del pecho materno, de la leche, del amor… porque primero te lo regalaron y después te lo arrebataron y tuviste que luchar para poder conseguirlo. Así es como hacen los camellos a su clientela, así como hicieron los ingleses con los chinos en la guerra del opio. Por eso tu guerra debería llamarse guerra de la madre, que no es lo mismo que decir «guerra madre» sino que quiere decir que estás en guerra por tu madre desde que naciste.
    Ramón se quedó sentado pensando en lo que le han habían dicho.

Kepa Ríos Alday


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Carmen Salamanca Gallego
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