LO QUE ES COMÚN A LOS HOMBRES

LO QUE ES COMÚN A LOS HOMBRES

Ella es la reencarnación de la muerte. No por su oscura cabellera o sus negros y profundos ojos. Ni por su extremado silencio que a veces mata. Es el tono que emplea cuando se dirige a mí como si supiese de mí lo que ni el mismo Dios sabe. De día semeja un ave cantarina y dichosa viajando alrededor de la tierra, forjando un universo de luz, una palabra.

Cruz González Cardeñosa

LO QUE ES COMUN A LOS HOMBRES

¿Qué se quema cuando arden los libros? Aquello que es común a los hombres, aquello que tantas veces ha sido repetido y olvidado.
En una guerra el tiempo se detiene y retrocede. Se rompen los países y sobre todo su gente. El dolor contamina las pupilas y la crueldad sale a pasear por los parques, escupiendo sobre el hombre su vergüenza.
Allí nos quieren llevar y si nada se puede hacer, al menos nosotros debemos saberlo, para seguir escribiendo, aunque el destino sea una hoguera, aunque haya momentos que la humanidad prefiera, un pueblo con suficientes cadáveres para construir una torre que toque el cielo, que un verso.
La vida se abre paso entre las letras, nosotros debemos saberlo.

Hernán Kozak

LO QUE ES COMÚN EN LOS HOMBRES
Lo que es común a los hombres es sentarse en una mesa, compartir el pan entre los estertores televisivos, devorar un muslito de pollo, un brócoli despeinado, tal vez un postre y manejar los cubiertos como si repatriara la gula en cada golpe de tiempo. Un poco de agua y todo se desparrama, el mantel se moja, y sus ganas y la palabra que debiera haber abierto la veda y la brecha de un horizonte eléctrico y sin par. Lo que debiera ser común en los hombres es que hablen.

Laura López

LO QUE ES COMÚN A LOS HOMBRES

Lo que es común a todos los hombres, es el duende de nuestro tránsito, ese saber hacer lo va dibujando. Cualquiera que sea el color pasajero de su piel, el viento de la patria hablada, cualquiera que sea el milagro que irrumpe como sabia segura en otras manos, cualquiera que sea la apuesta de justicia. El duende se va cumpliendo. Moja su pluma en tinta apasionada y extiende el duende su alma en el telar, un arañazo en el andamiaje de la vida.
Sin sospechar el invento que me turbaba le pregunté: ¿qué es común a todos los hombres?
El duende que avanzaba hacia mí lentamente, dijo:
-Mira mi fuego, mira esa combustión contorneando ese presente exacto, es la belleza de la ceniza viva.
Más, no busques justificar el precio de las velas ni el número interminable de los sueños que encandilan a los niños, el alboroto no significa nada. La mariposa como la ceniza es la gracia común a todos los hombres, pero quien pueda turbar las viejas formas será del milagro, danza futura.

Clémence Loonis

LO QUE ES COMÚN A LOS HOMBRES

“Lo que es común a los hombres. Caballeros, ángeles del infierno, que lucharon por nosotros. El invierno era un juego para ellos, que con la espada arreglaban cualquier desempate.”
Éste parece un buen comienzo, se dijo, había que trabajar de prisa.
El reloj avanzaba en el salón y los pensamientos bullían o paraban a su antojo.
“Estos caballeros templarios tenían como distintivo un manto blanco con una cruz ancorada roja sobre él. Su orden fue una de las más poderosas de la Edad Media.”
El reloj otra vez, apunta Jorge. Menos mal que eres tú el ponente y que eres el experto en caballeros templarios. Los nervios me jugarán una mala pasada si ella aparece. Las ex solo vuelven a tu vida para que tu cabeza se vuelva del revés. La primera vez también pasó.
Él era un tío seguro, que sentía el traje cómodo en su piel, hasta que ella lo trastocó. En la ponencia que daba ese día, los pies se sentían seguros en sus zapatos, su traje rebosaba limpio un aire de grandeza, acostumbrado ya a embelesar al público, el cual cada vez era más asiduo a sus charlas.
Pero en mitad de la ponencia una mirada y una sonrisa causaron estragos. Una chica, sentada en la esquina de la sala, morena, de rojo, le sonreía. Jorge se desconcentró y sus papeles fueron a terminar bajo las piernas de esa mujer. Se disculpó, sonrojado y, con poco más, dió por concluida la sesión, mientras volvía a buscar en la sala aquella mirada. Los tacones la delataron y ése fue el primer café de muchos, luego vino la relación, la casa, hasta que todo dio al traste. Ambos tomaron caminos separados, mientras Jorge preparaba su acto más importante, y tenía la sospecha de que ella iba aparecer y, pensaba de nuevo, cómo volver a conquistarla.
“Una gota de sudor y arruinaré mi camisa de cachemir, mejor una oscura”. Jorge divagaba en sus recuerdos, mientras decidía.
Recogió los papeles, un hervidero de notas como su cabeza.
Jorge llega al acto, saluda a la gente, nunca le ha puesto nervioso hablar en público, por eso las ponencias no le asustan. Pero esa mañana la puerta de la universidad le parece inmensa, los escalones arduos y los zapatos quemaban sus pies. Pero él sonríe, no la ha visto y suspira. Ella tampoco a él.
Jorge sube al atril animado y desgarbado, como siempre, y comienza a hablar sin titubeos, una diapositiva, otra y otra. Hasta que la vista le alcanza tan metido como estaba en la ponencia.
Entonces, la ve, los tacones suenan en la tarima de la sala, viste de rojo, y se sienta muy cerca.
Está guapa. Me encantaba cuando se ponía ese vestido rojo…

Los papeles vuelan de las manos de Jorge y, pícaros, van junto a los tacones de ella. Los recoge y le sonríe, Jorge le devuelve la sonrisa. El acto queda en pausa, el sudor se acerca hasta la nuca y empieza a titubear. Termina la charla entre sofocos y esta vez, es ella, la que le busca. Trae unos papeles.

  • Traigo los papeles. – le dice muy seca.
  • ¿Aquí, Laura? ¿No tenías otro momento que en mi ponencia más importante?
  • Si me cogieras el teléfono… Firma los papeles del divorcio, Jorge, no voy a volver
    contigo…- Laura alza la voz y ya no sonríe.
    Jorge se gira y le ve, sus planes de reconquista se van al traste.
  • ¡Te presentas con ese tío! – alterado, Jorge señala hacia la puerta, donde un chico mira, entre la gente que abandona la sala.
  • Ese tío, es con el que me voy a casar. – le espeta Laura. – Y ahora, por favor, firma para que pueda rehacer mi vida.
    De mala gana, le quita los papeles de la mano y los arrastra con un puño en la otra, se acerca al atril y apoyado sobre él, firma los papeles. Laura los recoge y dándose medía vuelta se va. Jorge se queda allí, viendo contonear su cuerpo, con ese vestido rojo y el repiqueteo de los tacones. Laura se va del brazo de otro. Paty Liñán LO QUE ES COMÚN A LOS HOMBRES

Ir de la mano es como no ser único. Sigilosamente, descubro el silencio que rodea los acontecimientos más íntimos de cada uno de los invitados del Conde de Mirafar.
Si el cielo está abierto al infinito, cómo presuponer que la edificación de un laberinto alargaría la vida de los nenúfares que vigilan la noche. ¿Cómo adivinar el sentido común?
Si repasamos la biblia, los escritos sagrados del planeta, ¿cómo podemos alcanzar el universo que tremola en las tumbas desde que polvo se hizo el hombre?
No sé cómo arrancar el verso que abrirá el océano que nos separa de lo invisible, que nos empuja hacia el porvenir.

Sylvie Lachaume

LO QUE ES COMÚN EN LOS HOMBRES

Me contaron que la semana pasada entró un técnico de los Servicios de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) en el único bar de un pueblo cercano a Zamora, para pedir un café con leche y una botella de agua. Caía la tarde y un grupo de vecinos echaban la cotidiana partida de mus. Desde su posición en el mostrador observaba la partida. Entre un “paso a chicas” y un “llevo juego” los participantes iban sacando las inquietudes del pueblo:

  • A ver… que mucho hablar de las naves de cerdos, pero nadie ha comentado el olor a purines que nos atufa apenas abrimos los postigos,
  • Ni tampoco el trasvase que nos tuvieron que hacer para poder tener agua potable en el pueblo.
    “Yo envido a pares “
    ¿Alguien se ha preocupado de los lobos? Que ahora ni arriba, ni abajo del Duero podemos hacer batidas, teniendo a nuestro ganado muerto de miedo.
    Tu pides milagros, pero si solo entran en Zamora por la nueva estación de AVE y luego el otro, hablando de remolachas, cuando hace una década que nos quitaron las cuotas para dárselas a Polonia. Y… hablemos más bajo, que ahí está el hijo de Arsenio, ahora agente del SEPRONA.
    Hola chaval, ¿qué noticias caen hoy en el pueblo? Pues nada en especial, estamos esperando al diputado.
    Los de la capital siempre con su séquito. ¡Ve con Dios y nosotros a lo nuestro! Que mientras tengamos un chato de vino y unas cuantas palabras que cruzar, estaremos contentos.

Ana Velasco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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