EL SÉPTIMO DÍA

EL SÉPTIMO DÍA

Y ese fue el comienzo.
Tras las vertientes y los valles
después de los ríos subterráneos y las acequias,
al costado de la envidia y el odio,
justo donde se encuentran las lunas y los soles,
en la plácida extensión del universo,
en los preámbulos y los prólogos
que se funden en discursos plenos.

Allí en la planicie de lo desconocido,
al fondo a la derecha,
justo está la puerta de tu vida.
Escucha del susurro aterrador de la avaricia,
en la constelación de la locura
que se nutre de ti mismo en soledad.

Hay diferentes senderos
no equivoques los rumbos,
ellos te guían, te llevan de la mano,
hacen que seas alguien inesperado,
libre de contagios y de amores.
Lanzándote al vacío llegarás lejos,
confía, confía, hoy tenemos mucho que hablar.

Dame el brazo, dame el cuello,
dame tu corazón que tengo una hermosa jaula
donde conviven los latidos más fervientes.
Aquellos que bombean sin mirar a quién.
Ven, sal del misterioso desconcierto:
Haz lo que digo y esta vez, sobrevivirás.

Magdalena Salamanca

EL SÉPTIMO DÍA

El séptimo día aparece en forma de mujer,
caderas desesperadas que buscan su refugio en mi piel,
aromas nuevos que nos atraviesan,
ella se entrega a no inevitable,
al tacto fluido de las caricias,
a una cercanía única entre los dos,
y hablamos y reímos y el tiempo pasa sin darnos cuenta,
sostenidos por un deseo ideal,
algo de noche en tu mirada,
algo de sed que no se puede aguantar,
relámpagos cortados por tus suspiros,
energía que fluye sin parar.

El reloj
nos mira asombrado,
no hay tiempo entre los dos
y cuando llega la mañana,
todo vuelve a empezar.

Leandro Briscioli

EL SÉPTIMO DÍA

Se abre el corazón de la montaña
y una espiral de alfombras voladoras
con el brillo propio
de infinitos caballos salvajes,
detiene su paso
para alejarse de mis manos secas
extendidas sobre el silencio.
Es el momento
de abandonar los ruidos cotidianos,
de olvidar los nombres de las calles,
de permitir que toda la extensión de ese
mar que juega entre tus pies
sea una página en blanco.

Hernán Kozak.

EL SÉPTIMO DÍA

Cada sombra es un charco
donde estalla una granada madura.
¿Dónde refugiarme de tanta noche?
Todas tus lámparas me llaman al irme
Dejar quisiera este eclipse,
y aquel ruido que acecha
tras los espacios de la muerte.
Trazo en las líneas de la mano,
en los dientes de la boca
un espacio abierto en lo absoluto
La sangre, plena de bárbaros
tremenda, alcanza su estatura
arrasa en las fronteras
y se lanza a explorar otros hombres
con sus envergaduras.
Un último callar y sin pupilas velo los ojos vagos
el monólogo de Baudelaire
el instante supremo, la hora mía,
el séptimo día.

Laura López


EL SÉPTIMO DÍA

Amo perderte cuando grandilocuentes abismos
se estrenan para gritar: ¡cuidado! ¡cuidado!
Es el aviso de las sombras, de la selva que cierne
a los presos, lacerados, sin lucha, que beben la sangre repartida.

Lustro con mis manos símiles
los sueños de día y las piedras de noche
y queda libre el tiempo de juntar sus andamios
para que los que trabajan sepan coser la lentitud a un armario,
el rocío inmenso a un mañana de agua
que te vea, bella, cara al cielo.

Sigan agradando al alfabeto mudo
porque nada es tan espacioso como el vértigo.
Y no quisiera contarte las horas, para que te preguntes
¿quién ocupa el horizonte?
Las siluetas son de las madres.
Han arañado el perfil del alba y cruje el miedo de la ola
cuando se despierta la fruta de los cabellos
y la noche no sabe cuándo volver.

Tras el muro del séptimo día, estás,
afeitado por las variaciones de la mariposa
pero el reino es percepción como las piernas de los labios,
el aire engancha tus pulmones sobre los estertores.
Es percepción la desnudez de la salida.

Clémence Loonis

EL SÉPTIMO DÍA

Sin ningún signo
de aliento
pasaron los días
envueltos en una somnolencia
del carajo.

El futuro se anunciaba gris,
el molusco trepaba
sin alcanzar ninguna altitud.

El eco de su mirada
despertó lo inefable
en su vida
el séptimo día.

Sylvie Lachaume

EL SÉPTIMO DÍA

El inframundo, el séptimo
de mis días.
Hay un dragón en la alcoba,
negro, hosco,
hay una sirena en la mazmorra,
borracha languidece,
escucha, escribe sonetos,
sobre la arena en la playa
las olas se llevan nostalgia,
pero soledad se queda.
Alígera,
hace tartamudear al mar
y la luna duda de su perla.
En el averno pasé
el séptimo de mis días,
entre azules corbatas del cielo,
desde donde oía
el latir del río y vi morir
la escarcha que deja paso al rocío.
En el infierno suturé
los tréboles de la carretera
de mis tintas venas,
y envainé mi larga melena,
mientras en el ahora
dulcifico,
sobre el cáliz del alba,
que el séptimo de mis días
ya besa su final.

Paty Liñán

EL SÉPTIMO DÍA

Nosotros retozamos cinco días, el sexto
nos dedicados al amor, el séptimo día
celebramos la muerte del tirano y amamos
los brillos de nuestra desaparición
entre olas de tierra y líquidas montañas.
Ese día es el séptimo por excelencia.

He vivido más de cuatro, más de seis días,
no viviré más de un millón de días porque
hay un día marcado en mi elenco.
Yo veo mis cartas de cara pero tu
ves esa dichosa marca y por eso
la injusta partida y juegas con ventaja.

Espero que al menos recuerdes
cómo yo he sabido perder sin por ello
apartar mi sonrisa y mis fieros ojos
de las bellas serpientes y las enigmáticas
conchas de los caracoles asesinos.
Porque la verdad no está oculta, recuerda
haberla visto antes de convencerte.
Los niños ven la verdad y tu la ves
en la concha del caracol
que devora las flores de las tumbas.

No tendrás que descifrar un alfabeto
cuneiforme, las runas divinas, están
escritas con el lenguaje de tus ojos.
No tendrás que interpretar de antiguos
sacerdotes ningún intrincado geroglífico
porque el mensaje de la verdad circula
dentro de tu lengua como una tenia
que vive en el interior de tus actos.
No tendrás que recordar más
que lo que tu dedo índice unge
con el óleo de los labios siseantes
porque tu yema candente marca
la frente de los jóvenes profetas.

Pregúntale a tu dedo que toca
el papel del universo en busca
de un pequeño agujero negro.
Tu dedo que acaricia los nombres
de las estrellas milenarias… pero
un día él tirará de ti cuando
el planisferio falle bajo tu peso,
cuando te encuentre una estrella
que tome tu propio nombre, ese día
será tu séptimo día. El día que conocerás
tu verdadero aspecto al ver que brilla
tu cuerpo ausente, al oír tu voz
retumbando en las paredes de una sala
donde un desconocido responde
como si te hubieran llamado a ti.

Kepa Ríos Alday

EL SEPTIMO DÍA

Más allá de las calles y sus días
la realidad es un campo de pavesas
donde se construyen leyendas conclusivas
para cuerpos que se acostumbran
a las sombras
a los ojos cegados
a enredos y avatares,
porque no pueden sujetar
la senda de las nubes,
ni la lentitud de un portátil
para alcanzar el séptimo día.

Ana Velasco

ONDAS DE LA LUZ

Desde la ventana
veo el mar y me asombro
de la dulzura de sus olas
acariciando mi rostro
y cierro los ojos y sigo viendo el mar
y tus ojos azules como mariposas
que escapan hacia el futuro.

Cruz González Cardeñosa

EL SÉPTIMO DÍA

La virtud era una tarta
saliendo del horno.
Rezábamos nuestras plegarias
en el altar de la mesa,
el séptimo día, de año en año.
Éramos cientos, uno a uno,
reclamando su ración de ayuno.
Los cuerpos amasados
con la misma harina
de maíz y de plátanos,
crecían desafiando el enigma
del sexo cotidiano.
¡Qué vértigo la quietud de los retratos!
Respiran allí su soledad de años
los que trazaron los surcos
de un remoto abecedario.
La muerte ríe golpeando
con sus dientes el marfil gastado.
Uno se queda quieto, en silencio,
esperando un milagro.
Mientras el siglo sigue fuera
devorándolo todo.

Ruy Henríquez


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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