EL INVITADO

EL INVITADO

¿Eran las 5, eran las 10? El tiempo se deslumbró frente a las nuevas señales que nos llegaban, despacio, al principio, mas, luego, su frecuencia dibujaba una partitura para instrumentos no conocidos por nosotros.
Ni llegamos a pronunciar nuestro asombro cuando, no sabemos por dónde había entrado, se presentó frente a nosotros, como si fuese invitado por el alma de nuestra casa, por los sueños que poblaban las paredes de nuestro hogar.
Y su música llenó el porvenir que cada uno iba a poder disfrutar.

Sylvie Lachaume

EL INVITADO

El invitado soñaba despierto sobre el día de su llegada. Había imaginado que todos lo recibirían con los brazos abiertos tras tan largo viaje. Abrazos, frases de bienvenida, un poco de vino a su llegada. Sin embargo, todo fue como esperaba. Ni un solo adiós.

Paqui Robles

EL INVITADO

No se sabe si el hombre se empeñó en resolver el asunto por lo civil o por lo criminal, pero el caso es que su indecisión terminó saliendo muy cara. Tampoco estaba para jueguecitos, máxime después de que el núcleo duro de la asamblea decidiera clausurar los lupanares del puerto y que, detrás de la insurrección, hubiese una mano negra apuntando directamente a su nuca. Inmediatamente supo que además ardería Babilonia y, con ella, las razones de la baladita funky que llevaba martilleando sus oídos durante los últimos quince días.
Chascaron dos dedos entonces y la orquesta de Nabucodonosor empezó a entonar los primeros cantos. Maciza y contundente polifonía de sonidos diversos, mezcla de goma acrílica y madera de cedro libanés, interpretada en un tono mayor, eso sí, por las mejores manos, con pulso firme y certero ¡Pam! ¡Pam! Dos veces, hasta dejar KO al invitado, que cayó sobre el frío linóleo del suelo, como la sábana que se retira en la ceremonia de inauguración de una estatua (en lugar del David de Miguel Ángel, un gorila con smoking de seda y cachiporra atada en la mano, emergió de la oscuridad haciendo globos con un chicle sabor a sandía).
Así terminó todo para el intruso, bueno, mejor dicho, para el invitado, por lo menos aquella noche, justo cuando la lechuza empezaba a ulular en la rama de un tamarindo y, sobre las aguas del océano, espejaban ya los reflejos de la luna llena.

Manuel Ortega.


EL INVITADO

El río era espuma. Pensaba en la vida, en los transeúntes que a veces se paraban para cruzarlo, dudando de si continuar en una dirección o en otra. Ese día tenía una violencia súbita, un enfado consigo mismo, aunque en realidad sabía que no era así. Todo crecía en la oscuridad y las ramas no dejaban ver la luz. Quiso tocar a una puerta cualquiera, entrar y sentarse junto a la lumbre. Estaba en un lugar desconocido. Era un pueblo de la sierra, pero ni siquiera había dado cuenta del nombre, que permanecía solemne en la entrada.
Salió del coche y se puso a caminar por las calles adoquinadas. Turbio en sus pensamientos, deslizado por cada grieta del pavimento, una señora de edad avanzada le rescató:

  • ¡Oiga, oiga! Que es aquí, a dónde va.
    Le tomó del brazo y le adentró por el zaguán de su casa. Allí le esperaba un comité de bienvenida. Dos mujeres más se afanaban por rellenar los huecos de una mesa vestida para una ocasión especial. Le hicieron sentarse y le pusieron un plato por delante. No le dejaron hablar. Una atropellaba a la otra con sus frases, luego hablaban por turnos, incluso sin importarles querer agradar al visitante. No dejaban lugar a ninguna interjección tan siquiera por parte del visitante.
    Se despidieron de él al cabo de dos horas. Eso sí, no pudo abrir la boca, tan sólo para comer.
    Él se fue más aturdido de lo que llegó, con todo lo que aquellas criaturas habían hablado resbalándole por la chaqueta.
    Mientras, las señoras se sentaron en el sofá después de emitir un suspiro y quedaron en silencio hasta la llegada del próximo invitado.

Laura López

EL INVITADO

Le habían invitado a pasar el día en compañía de aquella familia para que conociera nuestras costumbres. Fue él quien pidió quedarse un par de años para escribir muchos poemas que pudiesen transmitir al pueblo chino nuestra forma de pensar y de ser, es decir: cómo es nuestra vida aquí en España. Los chinos no gustan de hablan frecuentemente de asuntos complejos, pero cuando lo hacen hablan sin necesidad de guardar una apariencia razonable, por eso el invitado chino quiso permanecer en aquella familia hasta poder asistir a una conversación más interesante. Dijo que en un solo día no podía conocernos, dijo que necesitaba presenciar nuestras conversaciones de convivencia, participar en ellas como un español más.
Desde que en el 2050 se abolió el turismo en nuestro país China ha sido el país que más se ha interesado por conocer nuestra cultura. El precio de la estadía de un invitado cultural en España no es barato en absoluto y China es el país que más dinero gasta en conocer nuestra cultura y nuestras costumbres, invierten más que USA cuya renta per cápita es mucho mayor que la china. Además, los invitados que nos envían los chinos son siempre muy educados y cultos. Conocen nuestra historia mejor que nosotros.

Sin embargo, este experimento en concreto del que hablamos no salió exactamente según lo previsto ya que la hija mayor de la familia se enamoró locamente del invitado y el chino se tuvo que quedar a vivir en España.
Durante toda su vida siguió escribiendo sus poemas en chino que enviaba a Pekín como tesoros. Aquellas especias del mediterráneo eran suaves y sutiles para los chinos.

La abolición del turismo ha supuesto un enriquecimiento cultural para nosotros y para todo el mundo. Con que viajen algunos poetas es suficiente para todo el país. El resto son suplicantes, personas que necesitan huir de su país. Siempre los ha habido y siempre los habrá.

Respecto a los rediles vacacionales de obreros ingleses en la costa, quiero informar a los vecinos de que ya tenemos una comisión de científicos destacada en Murcia y Valencia para estudiar el problema de los olores. Lamentablemente fue la única forma que encontramos para compensar las pérdidas económicas que trajo la abolición en las zonas turísticas. Los camareros y prostitutas han podido seguir trabajando como funcionarios en los rediles vacacionales y casi todo el mundo ha quedado más o menos compensado en sus pérdidas. El único problema son los que nos plantean los vecinos de municipios de hasta diez kilómetros de distancia con los rediles y, tal como dije, estamos trabajando en el asunto.

Kepa Ríos Alday

EL INVITADO

El invitado de hoy era un experimento, como a ella le gustaba llamar a ese juego de combinar nombres al azar y dejar que la sorpresa del momento sedujera nuestros corazones, rejuveneciéndolos.
Yo había dicho que sí, y seguía su fluir de mariposas ligeras con el que descubría cada día algo nuevo. El invitado de hoy resulté ser yo mismo y cenar a solas con ella fue mi premio.

Cruz González Cardeñosa

EL INVITADO

Hace cinco años. Cinco años, pero yo era otro, un perdido, un encapuchado, un licor amargo que no encontraba su boca.
Bien está que lucía apariencias, nadie podía sospechar, salvo la mirada de un experto en almas, que la tristeza en mí era igual al vuelo de una luciérnaga borracha.
Nunca me había asentado, era un decorado.

Cinco años son un adjetivo suficiente para alejarse de las calaveras.

Clémence Loonis

EL INVITADO

Todo me hizo recordar una mañana en la que no pude ir al colegio debido al amígdalas y la fiebre que lo envolvía, desde la ventana de mi habitación veía a mi madre pelando guisantes recién cogidos de las matas del huerto, adyacente a la casa. De repente, entrando por la cancela, apareció un señor con traje oscuro y corbata, llevaba un maletín en la mano, se acercó a mi madre, la sonrió y le extendió un sobre de color salmón, luego entraron los dos en la casa. Supongo que estuvieron juntos un buen rato, yo me quedé dormido y me despertó el rugido de un motor, volví a mirar a la ventana y solo alcancé a divisar un gran coche verde alejándose. No me atrevía a preguntar a mi madre sobre tal acontecimiento, pero semanas después hicimos las maletas y nos fuimos a la ciudad, allí podría continuar mis clases de hockey, comentó mi madre. No había acabado de deshacer el equipaje cuando divisé al hombre de traje que se acercaba a la puerta, disponía de llave para entrar en el apartamento y al ir informar a mi madre vi que ambos estaban fundidos en un impúdico beso.

Ana Velasco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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