UN SÚBITO ALIENTO

UN SÚBITO ALIENTO

Eran las tres,
la hora del Príncipe.

Vinieron a hurtadillas,
arrastrándose entre las tumbas
pero no escucharon su suerte.

Habían olvidado el cielo color nube,
el fantasma que nos acompaña
porque pagamos para que se quede,
para que proteja nuestras ilusiones
hasta que un súbito aliento
nos despida en otro mundo:
un nuevo mundo,
nuevas palabras.

Sylvie Lachaume

UN SÚBITO ALIENTO

Yo también fui tortuga y motor casi gripado
y oruga y alacrán.
A punto de sucumbir cuando el viento soplaba lejos,
entre la bruma quebrada,
hecho jirón el alma, ya casi sin fuerzas,
cuando por lontananza se rompía la tierra
y las montañas lloraban su adiós a las nieves
un súbito aliento desplegaba sus fuerzas
para llevarme de nuevo hasta ti.

Hoy, aún hay veces en las que me detengo.
Veces de légamo y limo
en las que la tortuga y la oruga
confabulan junto al alacrán el deber
de hundir sobre mi espalda el deletéreo
aguijón de la muerte.

Veces en las que el veneno
se mimetiza con el oxígeno
para amedrentar mi respiración oxidada,
veces de arena y gasolina,
de atentado y deflagración
asesinando la tarde.

Pero cuando todo parece perdido,
manifiestamente desarticulado, tan exento
de futuro como el sol al que se le roba
la luna, el súbito aliento se me devuelve
al instante, para continuar
como si nada.
Manuel Ortega.


UN SÚBITO ALIENTO

Mientras un lejano aullido lame
las últimas horas de la noche,
una ventana deja escapar un
súbito aliento de luz deshojada.
Tras la puerta suena el crujido
de un alma que al cabo del día,
como la madera, henchida de huellas,
deja escapar el cálido latir
del camino que acaba de trazar.

Antonia López

UN SÚBITO ALIENTO

Con la madrugada
esperando la vuelta del gallo,
con el silencio
posado en las agujas del reloj de arena,
la sangre decidió
en que manos debía morir,
el horizonte dejo de contar las olas,
las aves migratorias devolvieron los besos robados
y el sonido del tren aviso que la vida continuaba.

Hernán Kozak

UN SÚBITO ALIENTO

Se rociaban perfumes de oriente
pero su magia nacía en la cuna del señor.

Eran estafadores de libros de cuentos
y sus migajas, encontraban paz en las basuras.

Los templarios perseguían enigmas locuaces
como el germen financiero de la verdad.

Un súbito aliento concedido a la santa tierra
equilibraba el ambiente, cuando ellos enmudecían.

Plasma agónico de las célebres consignas
donde el hambre emergía de sus hazañas.

Había estrategias bipolares dirigidas por la realeza,
hondos pozos de perversión llenos de cadáveres.

La ciega cosmética de los hombres
se suma a su desnudez.

Hoy la vida, no ha cambiado tanto.
Un súbito aliento sigue siendo el final.

MAGDALENA SALAMANCA

SÚBITO ALIENTO

Hombre que haces el mundo con garfios atrabiliarios,
de soberbia entraña y disturbios en la sangre
las ánimas cantan a tus anémonas predadoras
y visten la crueldad de tus manos.
Espigas de trigo peinan
los devastadores mocasines que abren paso.
¡Ahí el gigante que va de traje!
La era atómica ha comenzado.
Sepultados vivos creamos especímenes
de un abismo subterráneo.
Planto un huerto en esta tierra
y salgo al paso. No estoy sola.
Violenta y roja de espera y sin embargo no hay guerra,
sólo noche, fuego cruzado.
Tuve que matar el alma sumergida
veneno de las colinas.
El aliento fue trepando vestido de mujer.
Estás ahí, estás tú, vosotros, ellos, ellas.
Sufragio universal, don de amor súbito,
portemos la vorágine.

Laura López

UN SÚBITO ALIENTO

Después de la catástrofe
¿Terminará alguna vez?
Cosas parecidas trae la guerra.
Miles de personas sin hogar
casi sin vida de un día para otro.

Nuestra propia tierra gimiendo
y nosotros que vivíamos
creyendo tener la vida hecha
aprendimos que la vida
se hace todos los días
y el valor de la solidaridad.

También que hay gobiernos que,
aunque no nos gustaran del todo,
pusieron su granito de arena
para que pudiéramos, algún día,
volver a empezar.

Cruz González Cardeñosa


UN SÚBITO ALIENTO

Un súbito aliento de coches mojados
por la lluvia, atasco de ojos, todos
miran hacia el principio, pero mi aliento
mi aliento está al final del tráfico,
en el punto donde terminan los coches
y la carretera se convierte en infinitos
caminos imposibles de seguir.

Súbito aliento incomparable, piel
del fin de mi intimidad, labios donde
me llevan los semáforos rojos con sus
señales de cuerpo humeante.

¿Para qué me han dado este aliento
sin ruedas, este aliento lleno de barro?
Mi aliento está al final del tráfico
en el punto donde desapareces,
amado límite de mis días, y desparezco
en una infame danza desmesurada.

No hay porqué, no hay motivos
para decir y girar en torno tuyo,
en una órbita desconocida,
o para exhortar a los sanguíneos
demonios de la risa, a los espíritus
femeninos de la palabra.

No hay porqué amar ni convertir
en oro los improperios, lo que hay
son cláusulas y alfabetos, asas
descoloridas de oficina… Papeles
manchados de negro llanto
y teatros con escenarios inocentes
donde un actor se desgañita.

Kepa Ríos Alday


UN SÚBITO ALIENTO

Un súbito aliento 15 minutos
antes de la muerte
sopló su corazón,
globo de vida eterna,
hacia la luz.

Paqui Robles

UN SÚBITO ALIENTO

Oigo las manillas del reloj, vuelto del revés,
escucho el tic tac que no cesa, que se abalanza sobre mi piel
y me deja una herida.
Siguen pasando las horas, muertas, y descubro un lugar por el que entrar,
un pasatiempo para entretenerlo.
Me sorprendo que nadie haya encontrado este escondite, este lugar
del no tiempo, y juego a juegos imposibles, y me visto de todas las formas,
y cabalgo por las distintas sombras de la piel.
Me abrazo a los sentidos más recónditos, pruebo los sabores
más difíciles, husmeo donde nadie puede llegar.
No suena el tic tac, no hay prisa por rendirse, no hay ojos mirando.
Hay una paz, un súbito aliento,
que invita a seguir.

Pino Lorenzo


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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