LA GUITARRA SOLA

LA GUITARRA SOLA

Nacida de la madera de un árbol,
aprendió del sonido de los pájaros,
del aire en sus caricias,
de la especie animal.

Antes de ser guitarra,
era naturaleza viva,
porvenir de los sonidos,
rugidos del silencio,
alma con cuerpo de la vida.

Ella sola,
despega sensaciones únicas
en el tacto de la piel,
nos permite una vida diferente,
aprendemos a escuchar
para salir de uno mismo.

Cuerpo de mujer,
alma de árbol,
tensión afinada,
gracias por existir.

Leandro Briscioli

LA GUITARRA SOLA

Yo me encargo
de quitarle las cenizas del tiempo,
de cortarle una a una las ideas
que tiene amontonadas sobre los huesos.
Yo lo salvo de ese bosque
de luces que nacen de los espejos,
le saco de los bolsillos las avenidas
y las calles sin dueño.
Te lo siento a la mesa,
convoco al silencio
y tú guitarra sola,
le dibujas en el aire
una muralla con los colores del viento,
para que escriba,
“esto no es ningún lamento”.

Hernán Kozak

LA GUITARRA SOLA

Niego la aparición de los nombres abstractos
y de las furias positivas.
He olvidado, es verdad, las habitaciones con efigies
Si es que olvido extrañamente.
Como un ser mecánico jamás doblegado por sus válvulas,
sin horizonte ni piedad, con un peso forestal en la cabeza
sin basílicas ni estruendo,
entro y os ofrezco mi primicia de hojas nuevas .
Es otoño y nunca comprendí las alarmas de un gato encerrado
ni las lánguidas lagunas que adormecen a los patos.
Soy el trance del adjetivo hondo
y una boca de clavelinas con labios.
Si el viento me llamara, alistaría a mis cabellos
para enmarañar paisajes turbios
pero como es desde la torre de comando
que el temblor acalla a las macetas,
enrosco una cuerda de guitarra y
tomo un sorbo del café, de aquella música, del aire.

Laura López

LA GUITARRA SOLA

Suena la guitarra, sola,
como el quejío de los fantasmas
o el murmullo de los dioses.
Suena grave, como en cientos de lustros.
No es mal de muchos,
solo unas notas que se repiten,
que traen augurios.
Suena la guitarra, sola.
Hoy no la escucho.

Pino Lorenzo

LA GUITARRA SOLA

Cuerdas aflojaron
la vibración
de ondas sonoras marinas
al ver el cantar del vuelo.
Agujero sujeto
entre curvaturas
sigilosas insinuantes.
Silbidos del manto gris,
terciopelo en una noche
de verano,
topacios rodando
sobre mariposas multifrutas.
Alas esplendorosas
en manos encantadas
produciendo aquello
que la guitarra sola,
no pudo.

Paqui Robles

LA GUITARRA SOLA

Cubierta de polvo, como el arpa del poeta,
a solas la guitarra piensa que podría bailar,
saltar a la cuerda, desatarse en palabras,
desenvolverse en giros, salir de su rincón.

En silencio, ha sentido lástima del hombre
que acalla su voz, que ignora su canto y
peor aún, que ignora el coro de otras voces.

La guitarra sola espera felizmente que suene
la orquesta.

Antonia López

LA GUITARRA SOLA

Junto al acantilado, una flor solitaria,
una diminuta flor en medio de un desierto de piedras
a las que no puede llegar el agua desde la tierra.

Dejo el susurro del mar y me adentro
paso a paso en la gran ciudad que me contiene
como a miles de hombres y mujeres
que cada día van a sus trabajos
y vuelven a sus casas
sin que ninguno haya podido imaginar
ni por asomo
una diminuta flor solitaria
en medio de un desierto de piedras.

Cruz González Cardeñosa

GUITARRA SOLA

Solía despertar con baladas de los años sesenta
pero hoy el fuego se incrustaba en la retina,
la estridencia de sus cuerdas se sumó al rugido
de un dragón enloquecido, soltando la vehemencia
que llevaba dentro, vomitando el infierno.

Un tornado de conmoción se ciñó a los trastes
sus clavijas no resistieron el furor,
los acordes cedieron las hebras,
todo se derrumbaba en derredor.
A la sazón, la mano de la musa sujetó el diapasón
luego acercó la atónita caja a su auditorio:
una niquelada mesa de vidrio.

Ana Velasco

LA GUITARRA SOLA

La guitarra sola estaba sola,
tanto que ya había muerto
y era un cadáver lleno de odio.
Un día lloró y lloró como si
las lágrimas fueran agua pero
ningún árbol brotó de ellas.
Se desconocía el destino
de aquel dolor musical,
de aquella música en vivo.
Ya que nadie sabía si podría
respirar debajo del agua
la guitarra sola.

Kepa Ríos Alday

LA GUITARRA SOLA, CANTO FINAL

Enaltecida por el fulgor de una infinita tumba sedienta de sangre,
recorre los lugares más inhóspitos buscando algún rico manjar.
Abriles de cuerdas muertas se abren sobre el canto ciego de la guadaña.
Han pasado 500 años y morir tiene los mismos colores.
La sequedad de sus membranas debe de ti.
El aire denso, concentrado, de un pasadizo subterráneo
es caldo de cultivo, para el encuentro final.
Con su sonrisa vívida, entreteje sus caricias, tendida sobre la luna,
mientras agoniza la última partida y rasga su guitarra sola, la parca.
Ocultar la mirada tras la sombra de la muerte
hace entrever la agónica desaparición del destino.

Magdalena Salamanca

LA GUITARRA SOLA

Ya no canta la guitarra
porque está sola en la noche.
Por soleares que no canta
al no haber nadie que la toque.

Al no haber nadie que la toque
no puede cantar la guitarra
y vuelve a preguntar a las sombras
que no le responden.

Se siente desesperada
(aunque resiste y se aguanta).
“No vendrán a buscarme”
piensa atribulada.

Entre brumas insondables
va pasando la noche
cuando el viento la recoge
empezando a acariciarla.

Sonaron los acordes
y los silencios quedaron mudos.
La guitarra estaba embrujada
por un viento sumo.

El duende se despertó
y no quiso irse a la cama
así que la guitarra cantó
hasta que llegó la mañana.

Manuel Ortega.

LA GUITARRA SOLA

Sin pésame entredicho
la guitarra vuela al encuentro
de su público.

El ritmo lo impone el cielo,
el universo, palabras del hombre.

Un silencio se escucha yendo al carajo,
abre el porvenir de la (una) nueva vida
sostenida por el arte de sus cuerdas.

Sylvie Lachaume

LA GUITARRA SOLA

El aire es más denso
cuando se guarda silencio.
La luz que rasga la ventana
deja ver el tiempo que cae.
La guitarra sola aguarda
las manos y el peso de un cuerpo
que resuena en el eco,
como un recuerdo.
La madera cruje y se agrieta
como una mujer
que en vano espera
la caricia y el beso de un hombre.
El deseo la mantiene en vela,
despierta en la noche.
Sabría buscar y encontrar
a cualquiera que supiera entenderla,
si pudiera salir y andar las calles
sin perder la paciencia.
Pero esta noche la rabia y los celos
la satisfacen con un fuego que quema.
La guitarra sabe canciones
que nadie jamás ha escuchado.
Pero hacen falta unas manos,
y un pecho que sufra,
para hacerla gozar
como solo una mujer sabe.

Ruy Henríquez

LA GUITARRA SOLA

Es un horizonte de mueble seco
que alarga el vestido de la luna.
El potro necesario de la balanza,
el agitado dedal de la exploración.

Aprendí, del pequeño arpegio
que envuelve voces de frutas
al oído del cuerpo y lanza la belleza
triunfal en su tristeza desnuda,

que eran mías las cuerdas veladas,
el tórax del mundo en la sombra
y, cuando me daba la espalda el juego
del caminar, me volvía joya del viento.

El jardín del aire atado al yugo mineral
se levanta y alumbra los secretos del trombón,
la columna vertebral de la inmensidad
que alerta la vecindad del tambor.

Marismas de orquesta, calor de soledad.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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