EL CAMINO

EL CAMINO

Hoy pensé en ti y una especie de sensación
recorrió mi alma, mi cuerpo,
algo así como un deseo que se quiere expresar,
algo de aquí y allá escalando
hacia tu boca, tu mirada,
queriendo de ti aquello
que ambos desconocemos,
distancias y caminos únicos
donde hablar,
era nuestra ley universal
para poder acercarnos, sostenernos.

Cada tanto,
mi piel te busca en silencio,
desarma los entresijos de alguna nueva pasión
que quiere escribir su propia historia
con destino incierto
y melodías con olor a vos.

No sé qué paso, no sé cómo fue,
me encontré con una verdad
que retumbo el piso de esta tierra,
de todas las tierras que existen entre tu y yo.

Cuando llega la mañana,
los pájaros vuelven a cantar,
invocándote…

Leandro Briscioli

EL CAMINO

Entrelazados, los senderos se divertían
rememorando nuestros pasos, los traspiés,
nuestras idas y venidas, el andar dubitativo,
el temido abismo al final del camino.

Creíamos conocer muy bien aquella senda.
Pero la lluvia, la hora tardía, la desorientación sanguínea,
todas a una, se confabularon para que volviéramos,
una y otra vez, sobre nuestros pasos
y repitiéramos, siniestramente, el mismo error,
el mismo discurrir fallido, el devenir simétrico
que nos conducía irremediablemente
a un idéntico fracaso.

Mientras tanto, el viejo camino seguía allí,
imperturbable, subterráneo, oculto por las sombras,
ciego como una cicatriz, incorruptible
como una deuda que no se habrá de pagar.

Estaba delante de nuestros ojos.
Estaba debajo de nuestros pies desnudos.
Serpenteando en su recóndito laberinto.
Dividiendo nuestro destino.
Haciéndonos extraños a nosotros mismos.

Ruy Henríquez

EL CAMINO

Como una serpiente que se desprende
de su piel porque ya de nada le sirve,
este camino que se ha abierto
en la penumbra de la noche
y que ahora recorre la superficie
de tu piel, te ha dejado un tatuaje
de letras que paso a paso
te irán acompañando hasta el recodo
de la última página.

Antonia López

EL CAMINO

Pasados los vientos
se calumnian los faros.
Hay puertos que son arrabales
y estruendos de un mar encarnecido
bravío de espumas y alcoholes.

Mirad, en los vapores hay un hombre que calla
sus articulaciones hablan.
Truncado como un títere sienta sus ojos
en las faldas de una montaña.
Dejad que se disipe, engulla,
la mirada transmuta, rompe círculos en el alma.

Laura López


EL CAMINO

I

Habíamos señalado una ruta
en medio del desierto de nieve.
El agua estaba tan fría
que no podíamos amarnos.
Caminábamos así sin más
entre afilados peligros. Yo quería
sumergirme en el camino,
pero no podía dejarte allí.
Tampoco podía verte apagar
como un papel cuya llama
no encuentra otras hojas.
Por eso escribía y tiraba
los poemas, te los metía
en la boca tratando de ahogarte.
Te los metía en la cabeza
tratando de helar tu mente.
Después cogía las sobras
de aquellos crímenes
y componía libros venenosos
por si habías sobrevivido.

II

En el camino había una inscripción
en bellas letras como cejas
de pregunta enamorada. Acaricié
las lúbricas vocales con ternura
y coloqué mi lengua
en lo más profundo de tu nombre.
Había una inscripción amatoria
porque era el camino hacia el cadalso.
Una inscripción demoníaca
que proponía ascender hacia el viento,
hacia el lejano poder del sol.
En ella tu lengua
nos envolvió en una cortina
y tuvimos que continuar a ciegas
ya que sólo nos estaba permitido
preguntar sin abrir los ojos.
En el camino había bellas huellas
pero yo perseguía tu respuesta.
Trataba de descifrar los orificios
nasales recostados, la mágica apertura
de tus facciones, lunares cráteres
rorando selváticas pupilas
de tus versos. No había marcas
en las páginas del camino que leíste
por eso nunca pude encontrar
tu rastro y sólo me está permitido
escribir sin abrir los ojos.

Kepa Ríos Alday

EL CAMINO

Castillo de naipes es el camino
que me lleva hasta tus labios.

Frágil y desigual,
magníficamente articulado,
espacios huecos bailando
nuestro eterno son.

Te busco en los intersticios
de esa piel desdibujada
en tu sonrisa
y te escabulles azarosa
como quien juega
a que le encuentren
y nunca para de jugar.

Ardiente, dejas que mis manos
se encuentren con las tuyas
y de nuestras palabras imposibles,
nace el amor.

Cruz González Cardeñosa

EL CAMINO

Dicen que la muerte es solitaria”
Claribel Alegría

No busco encontrar tu tumba, entre tantas.
Sé que aquel día llegó. De repente,
sentí una punzada en el pecho,
en el mismo centro del pecho. Me llamaron,
hicieron como que lo sabía, cuando solo
había sentido una punzada en el pecho.
No supe de ti los días antes.
Me cegaba en el trabajo, y en el ser mujer,
cada día.
Eché de menos tu voz,
tu sonrisa al otro lado del teléfono,
y las preguntas incómodas
que conseguía sortear.
Pensé en un camino,
y en lo importante que es recorrerlo,
vivirlo, como tú lo viviste,
y entonces, ya no eché de menos tu voz,
ni el recuerdo de tus manos en mi cabello.
Eché de menos mi voz
que,
desde el hospicio,
me gritaba.

Pino Lorenzo

EL CAMINO

En desbandada, con la soledad clavada a los talones
y un pedazo de misericordia aleteando las epistemologías
sobre la paz que decoran los jardines del Edén,
avanzamos los prosaicos desniveles que recorren tus pieles.

No creas que quiero vencer las pléyades de los comienzos,
solo sumar recorridos para que el camino
abandone falsas esperanzas, aunque ya nadie deja huella.

Apaciguar en vez de alentar, mantiene los riscos erguidos
procurando mástiles para nuestra defensa.

Alguien, en el abismo de la eternidad, tocará un tambor
hecho de nuestros versos, para que la humanidad deje de temblar,
y baile horas desnudas que vistan sus deseos de permanencia.

Magdalena Salamanca

EL CAMINO

Quisimos unir nuestros pasos
luego me pediste que siguiera los tuyos,
poco a poco reduje mi marcha
y en una bifurcación perdí tu estela.
Despeinada me acerqué al oleaje
ofreciéndole mis gráciles zancadas,
no se si fueron cantos de sirena
lo que escuché bajo aquella luna,
pero encerré tu nombre entre las micas
de aquella sedosa arena blanca.

Ana Velasco

EL CAMINO

El camino abierto al mundo está,
cantina del acantilado aplastado
por las aguas del oeste.
Zarpazo moribundo donde la nada existe,
déjate llevar y escribe…
La escritura será aquella amapola
que vuela en el día y en la noche,
aquella ausencia encandilada por su presente,
amarga quietud que todo atrapa en su terrestre silencio
como cuando uno no quiere,
como cuando uno calla.
Avanzan tus miradas con la gran torpeza del mártir
con la alegría del niño que todo lo puede
y puede casi nada,
con la intrépida aventura del porvenir
que no viene
porque siempre estamos aquí
en el mismo tiempo, en lugar diferente.

Paqui Robles

EL CAMINO

Cóndores abren sus alas y siluetas de montañas
refrescan mi memoria.
Caminos inmemoriales
sendas reales donde solo pasaba el viento.
El camino, el que se forja a diario
lleva tu nombre.

Paola Duchên

EL CAMINO

Luces: palabra.
Ruido: palabra.
Sombras: palabra.
Guijarros en el camino,
cada día por un sitio:
escudriñándolo todo
(entre palabras solo).
Tantas como estrellas de nácar
en lo alto de los cielos.
Tantas como las horas pasadas.
al arbitrio de los relojes de arena
(palabra-camino, camino-palabra,
cielos de nácar, caprichos
de la tierra).

El reflejo, la transparencia,
el cristal que se empaña,
vendaval de palabras son.

Como la duermevela y los lirios,
(camino-palabra, palabras-caminos).
Singulares en plurales convertidos,
¡oh dulce silencio, tú que todo lo purificas!
¡ven en mi auxilio! ¡enciéndeme de nuevo
esta oscurecida visión de sapo!

(Camino-palabra,
palabra-silencio,
silencio-palabra,
deceso de la imaginación,
realidad fatal, nuestra
humana singladura)

¡Hasta el vacío puede significarse!
¡Hasta la locura esculpe pétalos de rosa!
¡Pero qué hermosa eres! ¡oh cuánto te amo!
¡oh palabra mía!
¡oh mi camino!
¡oh mi locura!
¡Por fin os atrapo!

La materia, la piedra,
el agua en el río,
sus remolinos y remansos,
nuevos pasos a los que sigo,
andanzas siguientes,
sin detenerse, hacia adelante siempre…
¡hasta la muerte! (Camino-camino,
camino sin atajos… sin desprenderse).

Palabras que a todos nos llegan.
Palabras que nos determinan
¡que nos alcanzan!
Algunas son ásperas y otras nos acarician,
pero todas nos dan la vida,
y por supuesto que todas, también,
nos la arrebatan.

Palabra-camino,
camino-palabra,
sapo-visión.

¡Oh flecha de los tiempos!
Guijarro, piedra ¡lluvia del alba!
¡en disposición flotante!
¡como las olas que cabritan!
¡como los fuegos que arden!
¡entregado al devenir!
¡en cada instante y a cada segundo!
¡deflagrándome!

De las ideas y los vientos
cualquier posibilidad escudriño,
las que me apetezcan
(porque son todas palabras,
y mientras en mi corazón haya latido
y un camino que transitar,
yo seguiré comiendo manzanas
en el paraíso junto a Eva y Lilith).
Rojas y verdes manzanas nos comeremos
antes de escribir los siguientes libros.

Justicia
Verdad
Mentira
Moral
Familia…

¡Todo y nada vale en esta fatal encrucijada
en la que la muerte se busca
y que solo al final se halla como justo premio
a nuestro humano castigo!
¡Destino! ¡nuestro último sueño!
¡destino! ¡sexo de orden cobrizo y frenesí!
¡Oh destino, entreverado
y artificial que nos produces!
¡Muéstranos el camino!
¡El mar, el horizonte, el ocaso
sangrante a la noche, su proteica alteridad!
¡Oh destino, camino y palabras en tránsito
hacia el umbral de la muerte!
¡Camino, camino!

Manuel Ortega.

EL CAMINO

Nací a la orilla de un ancestro camino,
diseñado por altos cargos de la Iglesia
católica apostólica y romana.

La mirada siempre al sur
hacia un inefable tesoro,
una Concha.

Vivo en el Sur de Europa,
me desvié del camino

Sylvie Lachaume

EL CAMINO

Una polea contenta
y calaveras de microbios
bordeando lo cotidiano.

Una verde maravilla,
el milagro del espectáculo vivo,
el camino con síncopes,
la coincidencia de una mujer
bordeando lo cotidiano.

Y la gratitud del mal amor,
lamer las estatuas optimistas,
el brote crónico del silencio,
sin rebote de la sospecha,
el favor del grito virgen
bordeando el camino.

La polea trepa a otra polea.
Eso es el camino.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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