LOS ANTEPASADOS

LOS ANTEPASADOS

Lucrecia no debería haber abierto jamás esa carta, pero lo hizo y con ello sumió a su futuro en un verdadero caos ¿Qué podía saber ella de su linaje? ¿qué de sus ancestros? ¿qué de sus veleidades y fortunas? El caso es que, a las cuarenta y ocho horas de abrir la carta, se presentó la policía en su domicilio para llevársela detenida acusada de un delito de asociación ilícita con el agravante de parentesco.
PD. De nada sirvió que les dijera que era hija adoptada y que, por lo tanto, nada tenía que ver con aquellos criminales.

Manuel Ortega

LOS ANTEPASADOS

Terminan en mi sangre; su flujo se desliza entre palabras, tejiendo nuevas tramas, abiertas al Porvenir.

Sylvie Lachaume

LOS ANTEPASADOS
El debate se ceñía en la mesa familiar. Frente a la carne, se trinchaban las dudas, los malentendidos. La guarnición se acompañaba con el recuerdo del abuelo que, antes de morir, había dejado una carta escrita donde explicaba que en un país de otro continente, al otro lado del océano, existían otra mujer y sus hijos. Fue un jarro de agua fría para todos. Con semejante noticia trataban de hacer conjeturas, críticas e incluso alguno de ellos llegó a expresar el deseo de conocer parte de aquella historia. Sus horizontes se diluyeron ante la posibilidad de estrechar otros lazos, de que, en otro lugar, bajo otra piel, corriera una parte de su sangre.
Sacaron fotos de un baúl antiguo y rebuscaron en otros lugares de la casa. Apareció una caja cerrada, con un doble fondo. Documentos de propiedades, cartas, recibos de pago… Debajo de todo eso, había dibujado un esquema con varios brazos y nombres. ¡Era un árbol genealógico! Se remontaba a quinientos años atrás. Más de diez generaciones. Comenzaron a remontarse a sus antepasados, leyendo, pronunciando en voz alta unos nombres, que no les decían nada.
Todo aquello, durante meses, les había hecho detener sus vidas. Decidieron no seguir removiendo el pasado y continuar en el camino de los días. También sacaron el billete de un viaje al futuro.

Laura López

LOS ANTEPASADOS

¿Quienes eran aquellos antepasados de los que no tenía noticia? Un día llegó un tío mío, primo lejano de mi madre, de las américas, y nos trajo unas máscaras de madera que decía pertenecer a nuestros antepasados. Hacía añísimos que mi madre no lo veía, así que estuvieron una semana charla que te charla recordando los tiempos de su niñez.
-¿No te acuerdas del tatarabuelo Augusto, aquel que se casó con una india y se quedó a vivir en su tierra?
-Yo nunca escuché esa historia, puede que sea tu tatarabuelo y no sea el mío.
-Puede ser. Y sonreía y seguía contando historias o ambos recordaban su infancia.
Yo miraba a mi madre, sonriente a más no poder, y miraba a mi padre, serio hasta lo imposible, impaciente, como si hubiese algo que le irritara de aquella situación.
El tío, un día, se fue al fin, mi padre volvió a sonreír y mi madre cada tanto quedaba ensimismada como recordando algo maravilloso que ya nunca volvería.
Él se fue, pero los antepasados se quedaron con nosotros.

Cruz González Cardeñosa

LOS ANTEPASADOS

-Señoras y señores bienvenidos. Mi nombre es Nicolás, pero pueden llamarme Nico. Están ustedes en la Sierra de Atapuerca, en el yacimiento más importante de Europa. En él se han encontrado restos humanos de hace 1,3 millones de años, los más antiguos de Europa Occidental. Paleolítico, Neolítico y Edad de los metales, toda la prehistoria se despliega antes Ustedes. Fue descubierto en la construcción del ferrocarril minero de la Sierra de la Demanda. Aquí yacen sus antepasados. Sean respetuosos y estén atentos ¡es un lugar sagrado, un lugar de culto para la humanidad! – dijo aquel entusiasta guía pelirrojo con ojos verdes vivarachos y vestido al más puro estilo Indiana Jones, sin faltarle un detalle.
Después de aquella fogosa introducción que nos dejó estupefactos estuvimos silenciosos y expectantes, con la emoción de poder descubrir una clavícula, un húmero, o la costilla de un pariente lejano, a sabiendas de que semejante hazaña era imposible. Un turista japonés fotografiaba todo lo que era capaz, incluidos a nosotros y al Indiana Jones burgalés, que en ocasiones posaba sonriente para la foto.
Durante dos horas paseamos por la Trinchera del Ferrocarril, la Gran Dolina y el portalón de la Cueva Mayor. Fueron desfilando por nuestro imaginario el Homo SP, el Homo Antecessor y los preneandertales como el Homo Heidelbergensis. El guía de vez en cuando acentuaba su entusiasmo con algunos comentarios:
-No se crean, el Homo Antecessor era muy parecido físicamente a nosotros- y con disimulo nos mirábamos unos a otros a ver si alguno era especialmente más homo que otro.
-Los Preneandertales, eran musculados cazadores, de gran envergadura, ¡ya quisieran los runners de ahora!, además tenían un entramado social complejo que les hacía vivir varios años aún enfermos gracias a los cuidados entre ellos, ¿se dan cuenta del gran avance que esto supone? No hay evidencia de este comportamiento en otros grupos humanos anteriores, es realmente conmovedor, ya no sucede ni en los tiempos que corren, estamos en claro retroceso espiritual- nos dijo mirándonos con cierta tristeza. – ¿Y qué me dicen de Miguelón? un fósil de un cráneo y de su mandíbula de un Homo adulto, llamado así en honor a Miguel Induráin, está totalmente completo; fue encontrado en la Sima de los Huesos en el año 1992-dijo fervientemente.
-A los neandertales les dio por las frutas y las verduras, ¡fíjense los primeros veganos, lo más parecidos a una eco aldea, está todo inventado ya…
Al día siguiente pensé en esa esa particular conexión con nuestros antepasados y que se siente con rotunda nitidez en los Yacimientos de Atapuerca. Pensé en la familia de neandertales que posaba para la foto en el museo y que, si no fuera porque estaban completamente desnudos y sin acicalarse el pelo, podría pasar desapercibida en un álbum familiar cualquiera, entre fotos familiares de bodas, bautizos y comuniones. Al guía no le faltaba razón, uno se puede sentir más cerca del Homo Antecessor que de nuestro vecino de al lado, o de un barrio de la otra punta de la ciudad.
Sin ir más lejos, esta mañana nos hemos desayunado con la noticia de que un neandertal, así llamado cariñosamente por la locutora de radio, ha asesinado con un cuchillo a su pareja ante la atenta mirada de sus hijas, así como que no quiere la cosa y uno podría pensar que eso es algo más habitual en los barrios humildes, donde la marginalidad trastorna y donde la cultura y la educación puede brilla por su ausencia, pero no, ha sido en una urbanización, de esas de lujo con matrimonios felices, que riegan juntos las buganvillas al caer la tarde en el porche ante la envidia de los vecinos. Con cierta confusión pensé en aquella familia de neandertales y en la crisis espiritual de la que hablaba Nicolás.

María González

ANTEPASADOS

  • No eran imbéciles nuestros antepasados. Fíjense en un adolescente o preadolescente, ellos creen que son el centro del universo, para ellos todo necesariamente debe tener un sentido, incluso la propia existencia… Es decir, que aún no conocen a Nietzsche ni a Freud. Están algo anticuados en cuanto a conceptos, si, pero su capacidad de raciocinio es la misma que la nuestra. Esto se ve perfectamente en el deporte de cálculo por excelencia, el ajedrez, donde han habido campeones del mundo con menos de 15 años. O fíjense en la vigencia de Aristóteles, que está siendo actualmente indispensable para poder pensar un nuevo paradigma de red, la llamada: web semántica, basada en el concepto aristotélico de ontología.
  • El auditorio virtual aún no había comenzado a recibir la transmisión. El profesor se interrumpió cuando la aplicación lanzó una ventana de error. Hizo click en aceptar y reinició el programa. Al poco tiempo comenzaron a conectarse los alumnos…

Nuestros antepasados – continuó diciendo – debían ser igual de inteligentes que nosotros. Las cosas que pensaban bien, siguen sirviendo para siempre ¿Por qué? Porque tienen inteligencia, energía, trabajo… Por ejemplo: La formalización más sólida y elegante del paradigma de la programación orientada a objetos se encuentra en la Ética de Spinoza. Dejar de estudiar a nuestros antepasados sería un error parecido al de no escuchar a los niños o al de no escuchar a los locos. Porque los locos y los niños son faltos de razón, pero no de humanidad.
La razón se inventó antes que la mayor parte de las cosas. Antes que la ética, antes que la religión… Los jóvenes aprenden a razonar antes que a implorarle a un ser todopoderoso. Pero ¿hay algo anterior a la razón?

-El pensamiento mágico animista – interrumpió un alumno -, el politeísmo y la poesía.

El profesor se quedó a la escucha, expectante. Nunca había sido interrumpido pertinentemente por un alumno. Entonces, la voz de otra alumna, está vez una chica, una mujer tal vez, se escuchó en la sala virtual. Ella había abierto su micrófono deslizando agudamente los dedos sobre la pantalla.

-Hay quien afirma que la primera poesía fue un desacato al politeísmo. Pero sin lugar a dudas eso es una exageración.
Según ciertas corrientes filosóficas, antes del pensamiento mágico-animista estuvo el no pensamiento: la acción, la poesía. La canción pura, la palabra como hecho natural, desnuda de toda pretensión de significado. Pero esta concepción es menos sabia aquella que afirma que las primeras palabras servían para llamar, para nombrar a los seres queridos, amados, o bien respetados y temidos; como muestra el psicoanálisis: a la madre y el padre. Después se dieron cuenta que también podían nombrar a esos seres cuando no estaban presentes e incluso seres que ya no existían.
El siguiente descubrimiento de nuestros antepasados fue que se podía crear con sólo nombrar. Y ahí, según dicen, surgió la primera poesía.
En fin, son dos opiniones compatibles. Los primeros, que plantean que la primera poesía existió para gritar, para hacerse escuchar en el mundo, son los poetas más líricos. Los segundos, los que van a crear lo otro, lo extraño, son los que hacen poesía social.
Con todo, esto no dejan de ser meros intentos de clasificar lo inclasificable. Si nos fijamos en la poesía, ella suele hablar de si misma como un imposible, una búsqueda. Es decir, que la poesía no es anterior a la razón ni simultánea al monoteísmo. La poesía es futura, es posterior a todo. Jamás se ha escrito un poema hasta ahora. Eso que los llamados poetas llevan milenios haciendo, eso han sido todo intentos. Ninguno lo conseguirá nunca.

-Y luego, incontinente, cerró su micro, saludó a la sala, miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Kepa Ríos Alday


LOS ANTEPASADOS

Los sentaría a todos a la mesa y los invitaría a hablar.
Si toca escritura, les preguntaría por lo momentos difíciles y por aquellos donde la mano parece tener su propio corazón.
Si toca un hombre, por las mujeres y si toca una mujer, también por las mujeres.
Si toca Freud, le daría papel y lápiz para robarle una página más.
Si es Lorca bebería y reiría con él para aprender algo de la pasión.
Si es Olga Orozco investigaría la paciencia para dejarse vencer por el punto y final.
Y así uno tras otro, para nada, para seguir navegando.

Hernán Kozak

LOS ANTEPASADOS

  • ¿Cuándo empiezan los antepasados? – Me preguntó Juan. Sin esperar respuesta, empezó su vagabundeo.
  • ¡Antes del pasado! – exclamó, riéndose- Es cuando los espíritus separan el pasado del alma y el alma es una pupila latiendo, descubriendo dónde se aglutinan las raíces de roble y las semillas de ortiga.

Estaba pintando y su mano parecía seguir sus palabras, o sus palabras su mano, porque la tela ya estaba cubierta de civilizaciones. Busqué la mirada de la pupila entre los colores, las semillas de ortiga y se abrió un verde húmedo de hoja de ortiga. Él siguió discurseando y yo presté más atención al cuadro.

-El pasado son todos los pasados – y balanceaba, insolente, el pincel para esparcir luces, juntar bombas raudas, catástrofes universales donde se amontonaron culturas, ahogando unas, vanagloriando otras y claro, las que vendrán. En la tela aparecía un pasadizo entre una idea y una conversación que se desnudaba en medio del incendio.

-Los de mañana irán agrupándose en la estirpe de esa gran familia humana que pudo observar el crecimiento de la Cyca Revoluta y la exposición universal de 1900, la modernidad a pie de cañón, abriendo sus campos de lágrimas polisémicas. Del otro lado del puente habían hecho de nuestro cuerpo, otra latitud, un tiempo sin máscaras, un territorio de libertad que saludaba el porvenir con altaneros sonidos.

Está escribiendo la memoria con un pincel, pensé, o la vida de mañana, un estallido que se repite, dispersando la naturaleza humana, caricias de color tónico, sueños de roca torturada por los visitantes, cadáveres en voz baja.

-¿De quién seremos los antepasados? -me preguntó Juan – ¿De un animal feroz, de una hormiga engullida por la opresión o de un derrame de sangre?

-Hombre, si sigues pintando así, el porvenir se parece a un balancín, una vez volando, otra aterrizando sobre la vertical tela, y un porvenir que se balancea es un tiempo con relámpagos de lunas, mujeres rojas que viven abiertas y nuevos escalofríos en la historia.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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