EN VOZ BAJA

EN VOZ BAJA

Intersticios del aire, vagabundo rumor de la singularidad
que nos habita, sinsentido ambulante de tablatura dispersa
entrelazada a su suerte por acordes de azogue
con sabor a limón y metal.

Fue nuestro secreto un misterio que sólo podía
ser revelado en voz baja, pero tú lo propalaste
a pleno grito, y por eso ahora mereces la muerte.

Nadie se acordará de ti y morirás en soledad, postrado
en una cama desvencijada plagada de chinches.
Así es la condena que se impone a tu felonía
y que se cumplirá una vez firmado el acuerdo.

Manuel Ortega

EN VOZ BAJA

Nada escuchaba,
entre las rejas de su cárcel,
solo el ruido de la calle que,
en voz baja, la llamaba.

Ven, niña, ven, que el sol te espera
para girar, otra vez,
como en tus sueños.
Ven, que tu sol está creciendo
y muchas palabras te lo acercarán.

Ven, que el alba de tu mundo
abre sus alas sobre horizontes
construidos en voz baja,
al ritmo de tu trabajo,
horas tras horas llenas de candor,
de inútil alegría.

En voz baja se deslizaban los recuerdos
para tejer con su trama
el mantel de su compasión.
Ardían soles efímeros.

Sylvie Lachaume

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En voz baja los arrieros desalojan las bestias
de sus pasos. Caen sus palabras al ataúd del anochecer
bajo el perfil de sauces cansados.
Lloran sobre la orilla y sólo tu vientre ha florecido.

Al bajar me mostraste un universo
y el amor a las cosas honestas,
toser las angustias, quedarse vivo,
quejarse de cualquier borracho enigmático y fúnebre,
jocoso y realizándose a muecas.
Amasemos las entrañas.
En voz baja cargamos a la espalda todo el dolor,
a horcajadas vestimos en la caída de la hoja terrenos vacíos
cubrimos los huesos con precipicios
himno de la acción, geométricos, riendo,
a carcajadas, en voz alta.

Laura López

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Estoy en un rincón
tratando de encontrarte,
luz de mis sueños.

En voz baja te nombro
y al nombrarte, el tiempo
abre en mi piel su posibilidad
de ser piel, palabras haciendo
vivir lo hasta entonces muerto.

Cruz González Cardeñosa

EN VOZ BAJA

El viento susurra tu nombre entre cinceladas piedras
de color esmeralda y caminos de tierra y mar.
Los manglares rodean los ramales de los deltas
mientras hojas de grandes plantas del trópico
se mecen en tu pelo fino como hilos de oro,
y tus diminutos pies se enredan en la madreselva
con la cualidad sublime de la inmortalidad.

Ruiseñor de vientre de color pardo y ojos de lluvia,
cantas de día, cantas de noche, cantas, cantas…
con tu canto predices la primavera.
No temas a las grandes bestias nocturnas,
de fauces mezquinas y afiladas que te hacen trinar en voz baja,
son solo miseria sin alma.
Tu corazón palpita en las cajitas de madera encarnada
entre rosarios de cuentas de semillas de loto,
nunca dejes de recitar tu dulce mantra.

Sin darte apenas cuenta, llegará un día
en el que surcarás valiente los mares y los arrozales
para beber en tus primigenias raíces,
regresarás al templo de la literatura, entre bambúes
plantas de grandes hojas y cultivos de café y yuca.
Trazarás prodigiosos caminos rebosante de goce
en busca de la estatuilla de la diosa azulada, la pagoda ocre
y los ancestros deificados en hornacinas de colores.

María González

EN VOZ BAJA

En voz baja pero que flota encima
de nuestro día repleto de acero
duro como el trabajo que lo lima,
hablo el idioma muerto del minero

que acuña su cuerpo encandilado
y trueca los minutos de su vida
por un poco de pan y algunos dados
que lanzar para entrar en la partida.

En él viven profundas diversiones
que se conjugan y untan con veneno
mágico, catártico enteógeno

generador de hondas emociones.
Envueltas en clamor iridiscente,
nuestras ondas rebotan de la muerte.

Kepa Ríos Alday


EN VOZ BAJA

Arrollada por las agujas
desbocadas del tiempo,
he llegado a esta orilla
sin palabras.
Aun con los ojos
sellados por el salitre,
sé que estás ahí.
Una caracola en mi oído
me ha hablado de ti
en voz baja.

Antonia López

EN VOZ BAJA

Ya conocí la montaña
devorada por las serpientes
y baje la cabeza
cuando otros alzaban la voz.
Ya miré fijo al destino
y perdí las veces que hizo falta
dejando espacio para nuevas derrotas.
Ahora que he puesto
las medallas a secar al sol,
que he regalado los trajes de etiqueta,
solo quiero
una palabra más para mis ojos y mis manos,
solo quiero
el perfume del desaliento
ardiendo en la hoguera de la indiferencia.

Hernán Kozak

EN VOZ BAJA

Disculpa si apenas pude decir
alguna palabra
al amanecer en tu cuerpo.
Tuve rota la voz,
dormida en ti,
toda la noche.
Disculpa si creíste oír
un te quiero
entre sollozos.
Estuve llorando,
dormida en mi,
en la alborada.
Despierta si indicios de amor
ves
ahora muertos.
Volvamos, en voz baja,
a decir nuestros nombres.

Pino Lorenzo

EN VOZ BAJA

En voz baja los candados ríen fuera del mundo visible,
se ajustan sobre los parientes y extienden las flautas del desequilibrio.

Deslizar los imperios del sí mismo.

En voz baja, el tiempo con sus ofrendas múltiples
hace rodar el moho de las botellas.

Cuidado se desdobla la alegría, aunque muerda la cosa.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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