HOJA DE PLATA

HOJA DE PLATA

Hoja de plata
plantada entre gemas de nostalgia,
hoja de plata terrestre.
Abrigo de pupila.
La calidez de tu ser,
la frialdad del metal.
¿Dónde estás?
No existes,
no te puedo encontrar.
Pensamiento fugado,
evaporación del incienso,
metales pesados cubriendo
los cuerpos
eternos.

Paqui Robles

HOJA DE PLATA

“Años y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma”
Juan Gelman

Me acostumbras a tu pelo, encanecido por el sol,
divertido de tanto verse.
En nuestras luchas me dejas cao, y no ceso
de buscarte.
Me cuesta trabajo tu voz, tu aliento, el dulzor de tus palabras.
He sido una tonta que no pone freno,
que va contando a todos lo que pasa.

Me despido de ti,
Hoja de Plata.

Pino Lorenzo

HOJA DE PLATA

Me estrenas hoy ahora
en el probador de humanos
y ves que te quedo bien. Por eso
respetas mi dulce existencia, tenaz
como el ala de un ángel herido,
tu me das la victoria un minuto
antes de mi muerte. Me estrenas
como una obra de teatro. Diálogo
en la penumbra o narración
escrita de improviso. Me traes al mundo
con la esperanza de ser una piedra,
negro betilo de moral convicción,
para ser vomitado por el tiempo.

Kepa Ríos Alday


HOJA DE PLATA

Hoja de plata le llamaban.

Vivía en una casa con espejos
de esmeralda. Los muebles, desgastados,
tenían ese aroma de nostalgia.

Un gato en la ventana,
un canario,
y en su oído derecho
el sonido que avisa de que todo se acaba.

Cruz González Cardeñosa

HOJA DE PLATA

El atronador eco del repetir agónico de una escena
esparce melodías nocturnas en un tiempo que se agota.
Tu alma llora mientras los ojos se derriten sobre
los bancos de los parques y los lirios en flor.
Acordes de melodías arcaicas y relegadas, vaticinan
un porvenir que te hiere y talla sacrificios estériles
en tus pies enredados en el cordón metálico,
que te enraíza invisible al destino de una tierra
que se rinde a tu gloria y a la de tus dioses
mestizos y errantes originarios del sur.
La hoja de plata agonizante en tu pecho te evoca
al clan que te vio nacer, hombres de oscuros gestos
desnudos y enfermos de amor, que se ocultan
de la luz del nuevo día, aguardan como viejos sin sueños
el último viaje a los confines
de los pensamientos prohibidos y almas inexistentes.

María González

HOJA DE PLATA

Hoy los muros de tu casa me devuelven una luz extraña
¿seguirá dentro la esbeltez de esa copa de vino
que acopiaba comparsas?
¡Cuántos laberintos forjados bajo ese techado!
No quiero caer en la nostalgia de un aljibe seco,
sigo sonriendo con el carnaval de los herrerillos
recordando las verbenas de junio
cuando tus frívolos versos atusaban mil cuellos
y una hoja de plata absorbía mi aliento.

Ana Velasco

HOJA DE PLATA

Acostado en la sombra displicente de una parodia
amedrentado por la terquedad y la soledad
rendido ante el cadáver sediento de mis pretensiones
esparzo resquemores por las aceras de la noche
emprendiendo rezos de antiquísimas maniobras
que llenan periféricamente las madrugadas.

Magdalena Salamanca

HOJA DE PLATA

Hay revoluciones hambrientas alucinando la espera
en labios habitados por la desnudez del viento.
Montaña de plata, pareces dormida en el aliento del tiempo
sin embargo, tu cuerpo perforado de historias respira los siglos
Cuánta muerte en tu retina…
Una piedra cercana casi hablante
banderas de otros tiempos
manos rezando todos los instantes
del corazón abierto al porvenir.

Paola Duchên

HOJA DE PLATA

Mientras tenéis, ¡oh negros corazones!
conciliábulos de odio y de miseria,
el órgano de amor niega sus sones.
Cantad, oíd: «La vida es dulce y seria».
Rubén Darío

Nombres que van por los jardines pálidos
custodiados por cárceles sombrías,
por el volumen de un hollín de siglos
tremendas las nubes, tremendos los cadáveres
del estrujante mar.
Siglo XXI y los huéspedes abarrotan las trincheras.
Cerca de mí, el esguince de alguien mientras duerme.
Finge una quietud pero oye, ve a través de las paredes
con sus retinas injertadas de televisión.

Un muchacho horizontal, del suburbio,
con piel de pulga regresa a su tiempo,
aún no puede saltar
ni la valla, ni sus sueños, ni nada.

Laura López

HOJA DE PLATA

Bella, tapizada de azufre,
desnuda de historias de hogar
lucha sobre el candor del amor para ti.

Elige la madurez del sol, florecen huellas
que se lleva truncando un destino.
Un campo arrastra el abundante alimento.

Hoja de plata, brutal canto de la anémona
recorres en tus gritos mi vida de pechos blandos,
y más allá un porvenir enarbolando cuerpos de fe.

¿Quién pone los saltos al valle?
¿Tú? Hoja de plata que ancla sueños,
desdichas y el vuelo de la boca en un tugurio.

Un amor a voces que rodea el clamor,
verde llanto, país del adiós
que harás vibrar como la luz del eco.

Clémence Loonis

HOJA DE PLATA

El cielo mira el horizonte,
hoja de plata incierta,
crepúsculo renovado,
juego de naipes siempre al borde
de delatar a Dios.

Los días me separan
de una infancia
donde todo era posible,
para siempre,
como hoja de plata, cristal.

El brillo de plata reflejó
albas por venir,
soles de la ciencia,
alfombras de mi camino.

Sylvie Lachaume

HOJA DE PLATA

Suerte la del periclitar del barro,
la de la espuma en la arena,
la de la caracola sembrada
en el jardín de las luciérnagas celestes,
la de las flores,
la del racimo elevado entre el musgo
humedecido y verde,
para desde el vino de su atalaya,
pergeñar el rumbo del azul horizonte.

Sobre la orilla,
una hoja de plata hacia el sol se pliega,
es gentil mezcolanza de suerte amarillenta,
algarabía y vaciedad de antiguas desdichas
exterminadas a la sazón de sus nombres.

Suerte la de haberte conocido,
de haberte habitado mientras caías,
hoja de plata mortal y terne.
Tu huella latente
camina conmigo hacia
el umbral de la muerte.

Manuel Ortega

HOJA DE PLATA

En vano busco que resuene mi alma en tus paredes.
Debo despojarme de toda mirada, de todo ser.
Se tiembla de frío al estar así tan desnudo.
Cuesta reconocer la voz en la sonoridad cóncava
y el huidizo rostro en la hoja de plata del espejo.
Como en una fotografía, el retrato es perfecto.
Pero la vida parece haber escapado por debajo de la puerta.
Las rendijas de la exactitud no retienen la angustia
del que afanosamente se busca en unas pocas palabras.
¡Qué distante resuena tu voz!
La mirada de su ojo de hielo, se diluye como una ilusión.

Ruy Henríquez


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