LA DUDA DEL MINISTRO

LA DUDA DEL MINISTRO

Había prestado atención a muchos discursos referentes al asunto, el asunto número uno, el asunto más moderno que ningún otro vivido por su Gobierno, el asunto que se venía formando como si la vida de todo el pueblo fuese a depender de como él, el ministro encargado del asunto, el asunto número uno, fuera a llevarlo a buen puerto.
Frente a la expectativa que le iban asignando numerosos medios de comunicación, al ministro, de repente, se le desveló una duda, la duda del asunto, la duda número uno, el número más moderno que nunca, al leer en Facebook, ese 14 de abril 2021: “El Colegio de Arquitectos de Ibiza reconoce que la práctica totalidad del puerto es ilegal.”

Sylvie Lachaume

LA DUDA DEL MINISTRO

Estaba obligado a responder a esa pregunta antes de las cinco de la tarde.
Solo el hecho de tener que dar una respuesta hacía explotar en su cabeza y en su cuerpo dos o tres recuerdos que si se descuidaba podrían reducir su voz a cenizas.
Nunca imaginó que estaría frente a una frontera tan amarga y compleja. Eso significaba que había crecido. Por una parte, residía en un lugar inhóspito, pegajoso, frío, y por otra allí donde había ambicionado estar años atrás.
¿Qué haría?
¿Cuidaría la estrategia que el asesor le recomendaba para mantenerse y quizá subir algún peldaño en las próximas elecciones o firmaría el encargo ministerial para que las bibliotecas no quedaran desabastecidas?

Hernán Kozak

LA DUDA DEL MISTERIO

La duda del misterio había sido siempre la columna vertebral por donde seguir el rastro. Caminamos toda la noche, pero seguimos sin poder encontrarla. Intentamos comenzar de nuevo, abrir los ojos aún más. Pero nada fue posible, el misterio de “la duda del misterio” no se resolvía: la duda siempre aparecía, el misterio cambiaba.

Paqui Robles

LA DUDA DEL MINISTRO

Era un día de lluvia cuando se inauguró el congreso sobre el medio ambiente.
El país había sufrido un año de sequía y ese cambio en la meteorología animó al equipo del ministro responsable del evento. El propio líder había llegado al Palacio de Congresos en un coche eléctrico para dar ejemplo en su persona del compromiso en reducir el impacto de la contaminación sobre la atmósfera.
Terminado el primer bloque de conferencias, seguía lloviendo. Así que nadie pudo salir al jardín para tomar un café durante el descanso. El nerviosismo se fue apoderando del ministro, que por los cristales observaba preocupado el estado de su flamante Tesla y, además, nunca había estado sin fumar más de tres horas. Poniendo como pretexto una llamada urgente, salió un momento de la sala de conferencias y se dirigió al baño. El ministro repasó la lista de medidas que el gobierno aprobaría para el próximo año: En primer lugar, aumentaría hasta el 60% la fabricación de los coches eléctricos. La segunda medida: prohibir totalmente la fabricación de cigarrillos electrónicos, le dejó sumido en la duda.

Antonia López

LA DUDA DEL MINISTRO

No es que no pueda mejorar las condiciones de los inmigrantes, revelaba el ministro de
migraciones en una entrevista en la cadena Ser. Las condiciones en que viven no son
lamentables, y no los tratamos mal por venir de dónde vienen. No ponemos obstáculos para resolver sus situaciones legales, ni para que se reencuentren con sus familias. Tampoco los hacinamos en los campamentos que hemos instalado, ni pretendemos hacer de las islas unas islas jaula. Todas las cosas que se dicen sobre las decisiones ministeriales son mentiras, y ya no sé cómo decir la verdad.

Pino Lorenzo

LA DUDA DEL MINISTRO

  • ¿Está seguro señor ministro? ¿no tiene ninguna duda?
  • Ninguna, ninguna…
  • Tiene que estar seguro, hay que coordinar a los equipos de seguridad para controlar la respuesta de la gente, llevamos mucho tiempo así, y ahora toca tomar una decisión.
  • Bueno, es que, quizá sea una decisión precipitada, suspender la actividad durante 6 meses, va a desencadenar mucho revuelo.
  • Pero si la gente después del confinamiento por el virus ya está acostumbrada, hasta les gusta que les encerremos.
  • Ya, pero la gente necesita trabajar, relacionarse, pasear, tener un poco de libertad.
  • Señor ministro, déjese de tonterías, la nueva implantación de los sistemas de control nos llevará meses y necesitamos que nadie se entere.
  • Y la gente que tiene obligación de trabajar; policías, médicos…
  • Ya nos hemos ocupado, el primer día les daremos una pastilla que les diremos que sirve para protegerles de la nueva ola y conseguiremos cierta ceguera mental durante 6 meses, impide en pensamiento e inhibe la percepción, seguirá actuando normalmente pero no se enterarán de nada.
  • De acuerdo, adelante, mañana mismo lanzaremos el mensaje de que una nueva cepa con una alta mortalidad pone en riesgo la salud. Cerraremos todo y alargaremos el encierro 6 meses, espero que les dé tiempo.
  • Nos dará tiempo, los habitantes de no sufrirán y en poco tiempo tendremos a todos controlados y será más manipulables. Gracias señor ministro, gracias.

Magdalena Salamanca


LA DUDA DEL MINISTRO

Los días de primavera se sucedían inverosímiles entre devaneos de levadura, huevo y mantequilla. Ella era la camarera de la cafetería del congreso. En sueños se me aparecía desnuda prometiendo que ella y toda su familia votarían a mi partido.
Se llamaba Marta y desde mi primer día como diputado, al verla en la lujosa cafetería acariciando un croissant pensé que me gustaría tomarla por esposa. Primero me informé convenientemente acerca de su soltería a través de otra camarera llamada Eugenia. Después hablé con el director de la cafetería para preguntarle la dirección de la vivienda de Marta con objeto de acudir personalmente a presentar mi solicitud matrimonial a sus padres. Pero el director me dijo que no estaba autorizado a dar esa información así que tuve que hablarle directamente a Marta del asunto en términos lo más delicados que me fue posible. Le dije que había pensado casarme con ella porque me parecía que iría a aceptar sin poner muchas condiciones.
Marta se quedó estupefacta. Nunca le habían propuesto nada parecido. Le dije que se tomase su tiempo, que hablase con su familia, y le entregué un sobre cerrado con buenos dineros. Al día siguiente pedí un café con leche y una napolitana rellena de chocolate. Marta apareció sonriente. Ya se había enterado de que yo estaba casado.
-Si, – le dije – pero tú podrías ser mi segunda esposa. La primera ya me dio dos hijos y está muy dedicada a la crianza. Hace poco que me han ascendido al puesto de ministro y mi posición económica me permitiría sin duda poder casarme por segunda vez.
Si hubiese tenido algún compañero de trabajo cerca Marta se habría reído, pero en vez de eso preguntó:

  • Y ¿qué haría con su actual esposa?
  • Me divorciaré, obviamente – respondí – después sólo tendré que darle un dinero a ella cada mes y quedaré libre para poder casarme con usted, Marta. Me parece que ese el procedimiento que se sigue en occidente para poder tomar segunda esposa.

Kepa Ríos Alday

LA DUDA DEL MINISTRO

No podía dormir. Estaba empapado en sudor. Había tenido una pesadilla, un tipo le perseguía con una escopeta enorme en una montería en la sierra de Albarracín, este estaba desnudo y vociferaba en un idioma desconocido para él, corría y corría, pero perdía velocidad y los pies le pesaban. Cuando aquel hombre estaba a punto de atraparlo se despertó. Se mantuvo durante una hora en la cama dando vueltas, pero decidió levantarse, iba a despertar a su mujer y dos pesadillas seguidas no podía permitirse. Piti, como la llamaban sus amigas, no hablaba a nadie si no dormía ocho horas seguidas y si su desayuno no estaba preparado después de su sesión de fitness. Nada de carbohidratos ni azúcar, sólo proteína de primera calidad y té matcha puro. Se lo había recomendado su alteza real la reina después del besamanos en el primer acto oficial al que había asistido con su esposo.
Beltrán Gil del Conde, era ministro de asuntos sociales en aquel apaño de coalición que no se hubiera imaginado ni por casualidad. Sentía gratitud. Había agasajado como se merecían a aquellos infelices tránsfugas que le habían llevado a lo más alto. Le esperaba por delante un reto que llevaría a cabo con un empeño infatigable y una férrea voluntad: desmontar todas aquellas sinvergüencerías que habían creado sus predecesores.

  • ¿Dónde se ha visto que los invertidos se puedan casar?, ¿o que se nos llene el país de mangantes, malhechores y que caravanas llenas de mariquitas recorran las calles asustando a niños y a mayores de bien? ¡somos el hazmereír! Llevaré a ese país por el camino de la decencia, la rectitud y el decoro que se ha perdido con estos años de desvaríos, no le defraudaré- le había dicho al presidente. Este estaba convencido de que así sería, Gil, por unas migajas de poder haría lo que fuera, era un fiel perro de presa. Le había nombrado ministro no por valía, sino por pelota. Al presidente el ministerio de asuntos sociales le importaba un bledo, con cuatro asesores de medio pelo saldría al paso de la opinión pública para mantener a la chusma contenida. Necesitaba un tonto útil para figurar y nadie mejor que Gil del Conde para tamaña cuestión.
    El día estaba marcado por una apretada agenda, tenía que preparar las propuestas y el presupuesto de su ministerio para el próximo año. Hoy trabajaría codo con codo con Pelayo. Era un enchufe del presidente. -Le debo un favor gordo a su padre que es constructor. ¡Conde, trátale como oro en paño!, si su progenitor canta algún día, nos vamos todos a la mierda. Eso sí, el chico es listo, un auténtico buitre, sabe rapiñar un euro de sitios insospechados, como el astuto de su padre- le había dicho el presidente. Él prefería elegir a su equipo, máxime cuando su mujer le había dicho que Pelayo estaba muy bueno, le había conocido la semana pasada en el gimnasio.
    El susodicho era un hombre que pasaba la treintena, un tipo elegante en la vestimenta y en las formas. Le llamó la atención los pantalones con los tobillos a la intemperie y discretamente ajustados. -Así se llevan en Milán, tiene mucho estilo tu asesor- le había dicho su esposa. Gil Conde tenía que reconocer que Piti tenía razón. Se había sorprendido a sí mismo observando la entrepierna del joven cada vez que tenía oportunidad o echando un vistazo a los pectorales que asomaban por su camisa blanca inmaculada con sus iniciales bordadas, tenía ansia por ver más. -No pasa nada Beltrán, es normal sentir admiración por la juventud y además la moda siempre te ha interesado mucho, normal que te fijes-se había dicho a sí mismo mientras un sofoco le recorría la sien.
    De manera incomprensible para él empezó a sentir miedo cada vez que estaba con Pelayo a solas. Decidió incorporar a tres asesores más, bajo el pretexto de que este era un auténtico inútil y no aportaba ideas -Además, creo que es marica, me pone ojitos y no quiero malentendidos-le dijo al presidente que soltó una tremenda carcajada ante el comentario, -no digas bobadas Gil, las mujeres se le rifan.
    Pelayo dejó de trabajar por voluntad propia con Beltrán Gil Conde a los pocos días de que a este le entrara una tremenda pataleta por querer arreglar los baños del Ministerio, bajo la justificación de que los urinarios estaban muy juntos y no le parecía decente que se pudieran contemplar los miembros ajenos.
    Días antes ambos hombres habían coincidido en el baño en un receso de una intensa sesión de trabajo. Allí uno junto a otro en aquellos evacuatorios vecinos, Gil no pudo evitar colar su cabeza en el urinario de Pelayo que no daba crédito. De repente como atraído por un magnetismo irrefrenable, Beltrán alargó la mano con intención de atusar a su asesor el invento.
    Este escondió el pene lo más rápido que pudo y se subió la bragueta -Ministro, no me joda, ¿no será Usted marica?, anda que… manda huevos- le dijo con firmeza y rotundidad.

María González

LA DUDA DEL MINISTRO

Era su primer día como ministro y según entró por la puerta le llegaron preguntas de todos los rincones de la sala que él no podía responder. Dio los buenos días a todo el personal que fue encontrando de camino a su despacho y se sentó en un gran sillón que desde ese día sería su lugar de trabajo, al menos por unas horas al día.
Había dejado su cartera sobre la mesa y al abrirla le surgió una duda ¿tendría que llevar la cartera a todas partes o era algo simbólico que una vez que juraba el cargo nunca más se usaba?
Era una duda estúpida y sin sentido, él lo sabía, pero muy apremiante, tanto como sus ganas de ir al baño, tanto como esa campana que no dejaba de sonar… ¡Son las ocho, querido! Dijo una voz femenina. ¡Hoy te toca llevar a los niños al colegio y recogerlos cuando salgas de trabajar!

Cruz González

LA DUDA DEL MINISTRO

Un sí y un no invadieron la sala. Su gesto hablaba en el surco de la afirmación, pero sus palabras eran un no rotundo. Con tal confusión no era de extrañar que pasara lo que pasó aquel día en el congreso. Llevaba una cartera de piel muy lustrosa con documentos separados y clasificados en sus departamentos.
Hablaba de la necesidad de privatizar la mayoría de los hospitales públicos. Después de la pandemia que había devastado el país, dijeron que se habían quedado sin recursos y que necesitarían el apoyo logístico y económico de grandes inversores. Varios laboratorios estaban detrás del proyecto y la oposición lo sabía. Pretendían generar un comercio de importación y exportación y un sistema sanitario basado en sus
principios activos.
Y en esa estaba el ministro declamando a boca llena los beneficios de tan magno impulso en la economía del país, cuando sus palabras fueron: si no aceptamos esta propuesta nuestro país habrá perdido los papeles, el rumbo de nuestro desarrollo económico.
Y la maravillosa cartera de piel se le escurrió de los dedos y dejó caer todos los papeles tan bien clasificados que hacía unos segundos yacían en su interior.
La foto de los papeles desparramados a su alrededor ocupó la foto de las primeras portadas de la prensa al día siguiente.

Laura López

LA DUDA DEL MINISTRO

He echado a perder esta puerta. Hechizado, no pude actuar, la vi abierta y la soñé. Dudoso me llamaban en el cole. No saltaba cuando llegaba la pelota. No corría. Quedaba mirando, fija, la nebulosa de los movimientos ajenos. Es que yo era las piernas de aquel chaval, la alegría de Martita, la tenacidad de Pedro y estaba enamorado de aquella que saltaba más alto.
Y así me siguió el apodo como un viejo trapo. Era como decir: fui niño embelesado, oscilante en la burla, tengo pasado lejano, ilumino con las mismas luces esos posos del eterno ayer. Sentarse en el vapor de los rostros, cuando todavía entornaba los ojos, musicar lo profundo con la sangre que murmura. Quiero repetir inesperadamente ese escalofrío.
Robé aquel boli de oro y me pillaron, me pillaron infraganti.
La voluptuosidad fue escuchar una mujer reírse. Nunca más quise dejar al viento asustar mi oscuridad.
Hoy, de nuevo, apareció el Dudoso. ¿Qué tendría esa puerta? ¿Un escándalo de violencia, una trayectoria inmóvil o un tiempo de recuerdos? Ya no había pelotas ni bella princesa lanzándose al cielo, nadie para aprovechar esta puerta pero, eso sí, mi cuerpo hablando por sí mismo; la puerta era asombro de juventud. Postrado en la cama, me ponía las dudas, y desde aquel día estival, remoto estupor, recorría las orillas, el viento del amor levantándose en mí.

Clémence Loonis


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Carmen Salamanca Gallego
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