CABEZA SIN ALAS

CABEZA SIN ALAS

Entierro las armas cotidianas y encima de ellas
comienza a crecer una enredadera sencilla que trepa un árbol.
Naipes, barajas de la vida, un poco de desorden alrededor,
una cabeza sin alas.
Y, sin embargo, llega la primavera una vez más
territorio sin explorar
ventana abierta al porvenir

Paola Duchên


CABEZA SIN ALAS

Rompecabezas, altruismo, enigma.
¡Cuántos delirios inventados
para que te quedes fiel
al Universo!

El firmamento del olvido
rompe todo encanto.
En cuanto a mí
ignoro la peripecia del canto.

Sorda a todo,
avanzo ilesa,
como si el mundo fuese mío,
y caigo en el Poema.

Sylvie Lachaume

CABEZA SIN ALAS

Hay momentos donde toca aprender,
enredarse en lo nuevo,
apartarse de todo lo malo,
crear una canción
o inventarse una nueva forma para sonreír.

Algunos pasos que damos
nos permiten adentrarnos en uno mismo,
hacer del tiempo que no tenga tiempos,
buscar en los suspiros el nuevo amanecer.

Una cabeza sin alas, me digo,
es una especie de animal impotente,
un quiero y no puedo,
o tal vez, algo que tengo que intentar
para vivir otra realidad con mi vida.

Oh, pequeña algarabía,
gozamos con todas tus imperfecciones,
fuimos parte de un sistema sin saberlo,
amamos como pudimos,
nos entregamos a lo inesperado…

Cuando llega la mañana,
las aguas se tranquilizan
y es, ahí, donde todo vuelve a empezar.

Leandro Briscioli

CABEZAS SIN ALAS

Me acompaña ese fragmento de luz
que descubre la parte norte de la montaña
cuando las palabras invisibles
extienden los sentimientos en la cima.

Me sigue como el canto
de esa mañana descolorida
que a penas puede ordenar sus balcones
o desalojar de las alfombras sus pestañas.

Tengo doscientas puertas giradas sobre sí mismas,
un ramo de flores con tres libros en su base
y cartas no escritas prohibiendo el paso de la lágrima.

Hernán Kozak

CABEZA SIN ALAS

Cabeza sin alas
platicando el misterio
con la noche.
Tumulto de sirenas.
La luna acostumbra a tejer
la templanza constante
en quien nada espera.
Sin alas otras cosas son posibles,
pero no volar.
Volar sin alas,
cabeza,
no se puede.
Se puede soñar despierto,
sobre la barca nadar,
escribir un poema, danzar.
Porque no tienes alas,
tienes libertad para elegir con tus manos
ilusiones que escapan
sin poderlas tocar.

Paqui Robles

CABEZA SIN ALAS

Te niegas a permanecer
en ese cuarto,
donde aguardan
los cuerpos deshabitados.
Donde tu piel,
de cintura para arriba,
has dejado colgada
de un interrogante.
No quieres quedarte tendido
en esa cama
donde, a la noche,
el paso sonámbulo de las horas,
derramándose gota a gota
sobre tu cabeza sin alas,
insistirá en hacerte regresar
de otro sueño.

Antonia López

CABEZA SIN ALAS

La penitencia altera los sentidos,
sabe a poco la mentira,
y, entre silencios rotos,
hay que buscar una respuesta.
Dices que tus palabras
han de alcanzar la verdad,
tocar con las manos desnudas,
con las heridas manos,
la realidad final,
la verdad última de las cosas.
La verdad del ser que sufre,
del corazón que late en su dolor,
el pulso ferviente de la vida
rompiéndose en pedazos.
Dices que es tu deber,
que es el destino.
En tus palabras hay, sin duda,
mucho dolor y un gran desafío.
La desventura del ser que vive,
la raíz abriéndose paso entre las piedras.
Pero esa verdad deja ronca la voz
y mata las palabras.
Porque también de ellas
ha de brotar el amor,
la efímera y reluciente dicha,
la nupcial batalla de los sexos.
Lo verdadero también es una quimera
que la ola transforma en tersa arena.
Antes de ser humana sombra, de ser destino,
antes de la ley que te arrastra
por el surco sangriento de una herida,
fuiste palabra en los labios maternos,
arrullándote en la noche oscura.
Su voz te dio una cabeza sin alas,
un cuerpo donde hospedar el deseo.
La ambición de retener
lo que entre los dedos se escapa.

Ruy Henríquez

CABEZA SIN ALAS

Duele la verdad,
se decía todas las mañanas frente al espejo.
Las cicatrices le mostraban sus sufrimientos.
Nunca escaparía de sí mismo,
se dijo
al salir a la calle.

Pino Lorenzo

CABEZA SIN ALAS

Eres redonda como un como cabeza sin alas,
pastora de los tiempos
agitas el estrambótico sonido
de un pie sobre las nubes
y caes sobre ti misma
enredada en no sé qué misterio
impenetrable que mantiene
tu voz en los abismos
interrogándote.

Cruz González Cardeñosa


CABEZA SIN ALAS

Algo me da vueltas sin encontrar la rueda,
abro los ojos, miro al horizonte
y descubro un baile de estorninos
cubriendo el dolor de las nubes.
Se expanden en un arco,
derivan en una gran solfea,
crean un círculo sobre dos lánguidos rayos
y… de repente no puedo quitar la vista
de esa cabeza sin alas que se arrastra
hacia la resaca absorbiendo una ola.
Un remolino giratorio asciende entre los nimbos
simula un tornado buscando el zénit,
luego una luz celeste invade el cosmos,
mis ojos sujetan unas lágrimas,
a lo lejos blancos cirros ahuyentan la nostalgia.

Ana Velasco

CABEZA SIN ALAS

El verbo se vierte denso por las alcantarillas,
alcanza niveles de palabra en los casos más leves
pero si su forma se derrite en el trayecto
nadie sabe de qué habla o a quién se dirige.

A pesar del atropello, doctor, vi su cabeza volar sin alas,
fue una imagen dantesca, como sacada de la basura
y envuelta en papel de regalo para celebrar un homicidio.

Nadie decía nada y el frío temblor de sus apagados ojos
desnudaba una verdad destilada de la muerte,
era como un zumbido penetrante recorriendo el silencio.

Sinrazón pretérita que se transforma en rito funerario
nuda construcción equidistante entre la vida y el final.
Se escuchaban aplausos ininterrumpidos en el eco
de un profundo ronquido, sinfonía de una muerte anunciada.

Magdalena Salamanca

CABEZA SIN ALAS

La cabeza del rey voló,
con sus orejas remontó
el abismo de la roca tarpeia,
próxima al capitolio.

Sin alas, prestó oídos a los más sutiles
desvaríos de su familia. La actitud
cabizbaja, como de ahorcado,
denotaba la exageración
de algún goce inconveniente.

El rey de la casa se humilló
ante la invasión de los bárbaros nucleares
pero dio rienda suelta a las más ácidas
contradicciones de caprichos.

Se dio así la revolución de las alas
de mariposa y de mosca, en la cual
hubo revuelo de corazones, zumbido
de oídos ante el advenimiento
de unas palabras desconocidas.
En ella no cabía el vacío si no que
éste era deliciosamente obturado
en salutación conmemorativa
del inicio de las relaciones estacionales.

Las hebillas de cada narración
se distinguieron entonces
como madres singulares,
revistiendo sus hatos con sécula,
aventando las carnes impúdicamente
en el sermón de los buitres enamorados.

Entonces salieron de los rincones alas
y las cabezas silenciosas
pudieron volar como agujeros negros.
Sus bonitas bujías epidérmicas
generaban energía motriz
al ser desenmascaradas.

Pero la historia no germina aquí
y la llama negra se extiende
alumbrando muchos soles.

Kepa Ríos Alday

CABEZA SIN ALAS

Tu risa me cautiva al universo de todo lo posible,
el brillo de tus ojos me embelesa y la vida germina
en recovecos imposibles para el alma.
Lucero de esperanza apartando las tinieblas,
manantial de agua limpia y pura, reflejo de estrellas,
energía cósmica que nos une y nos separa.

Pequeño Martín,
eres verso para el alma, ternura infinita,
te humanizas con la furia de un titán rebelde
anclado entre otros a la inagotable existencia.
Dibujas un balcón de colores en el crepúsculo,
donde vuelan las palabras que te harán rey del universo
y surcarán los cielos con las más bellas alondras.

Curiosidad infinita, mana de tesoros,
agota la vida y entrégate al deseo que te habita,
no tiembles, ni desmayes, ante el odio y la indiferencia,
te hemos gestado con amor para que puedas elevarte
sobre los sistemas muertos, amar y ser amado
caer y levantarte, no importa las veces,
la música y la poesía serán tus aliados.

María González

CABEZA SIN ALAS

Quisiera ser el forastero de los ojos mansos
y mirar en el interior de un paisaje rocoso,
permanecer sobre el ciego caminar de la sangre
y surgir bajo una armadura de nieve con los párpados abiertos.

Tranquilo, un hombre se ahoga en un estanque
sin que los hilos se rompan.
Bajo una luz
sobre el pecho
a oscuras
en la almohada
a kilómetros de su casa.
El encuentro con el esqueleto que sin sonreír sonríe
armó un pájaro.
Vestido hasta la cintura, de colores,
fragante, acribillado, inmóvil ante el poderío de otros hombres,
sin cabeza, sin alas, con la voz a cubierto entre los poros de mi piel.
Respira, soy yo.

Laura López

CABEZA SIN ALAS

La historia de la golondrina.
Todos saben desde dónde se ve a la golondrina,
tiene un cielo naranja y el furor de sus patas
la lanzan para ver cómo están escondiendo
su propia historia.

Ella ha visto a los ojos desmedidos limitar la pose
buscando un escenario de cola.
Ella tenía la realidad metida en sus alas
y podía volar como las caídas del aire.
El territorio de su esperanza labrada
escucha y habla del agua, del gas de los lechos,
del viaje comospolitano que encierran sus braguitas.

Quieren su cabeza, en la noche el caballero
ha ilustrado su aliento, siguen los insectos,
pocas playas para salvar su canto de tentación.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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