EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

El ruido del S. XXI,
es el silencio del pájaro dormido,
es el miedo arrojado
al cuerpo sin memoria ni futuro,
tan distraído en su propia manera de caer,
tan seca la imaginación desbordada de colores vacíos.

La injusticia es asumida.
La crueldad una invitada.
La esperanza el único suspiro.

El ruido del S. XXI
ya no son las hogueras de los libros sino su olvido,
cuantos menos versos en nuestras calles,
cuantos menos escritos,
más fácil será abrir las puertas del corral
que nosotros mismos cerraremos para no molestar.

Hernán Kozak

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

La noche entera estuvo cantando su incomprensible letanía.
Estaba inquieto entre las altas ramas, junto a mi ventana,
denunciando las sombras, alertando acerca de los peligros
que acechan con los ojos cerrados.
Cantaba para alejar su angustia y yo lo escuchaba despierto.
Mientras tanto el mundo entero dormía alrededor.
Todos envueltos entre mantas, como niños en sus cunas.
Escuchando cada uno la canción de su propio pájaro cautivo.
Fue una noche larga y llena de sobresaltos.
Al amanecer, despiertos ya, desnudos de nosotros mismos,
sin alma apenas, no recordamos nada.
Olvidamos lo que somos, sordos a cualquier canto,
que sin saber cómo, resuena a veces, cuando un breve silencio
se abre paso en el ruido atronador del mundo.
En la mesa, entre papeles arrugados y sucios, aún se escucha
el rumor de la noche que anida en los árboles añosos.
Se oye el inquieto tremolar del pájaro, su inquieta pregunta,
las respuestas que una a una va desechando.
Porque su tarea es perseguir sombras y formar con ellas su canto.

Ruy Henríquez

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

Ni la rama que lo cobija
ni el cielo de plomo
interrumpen su ausencia.
Como si los muertos del universo
se refugiasen bajo sus alas.

Meditando, cualquier paseante
cae en la inocente idea
de que está por morir
esta dulzura.

Gira, gira la Tierra,
días y días,
su canto parece tan eterno
que sus propios moradores
la creen inmortal.

El pájaro dormido
en la inocente idea del paseante
está por morir.
¿Cómo morirá el pajarito dormido,
acostado o de pie,
cantando o silbando?

El paseante dormido
vuelve a su casa
bajo sus alas
de pajarito dormido.

Sylvie Lachaume

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

Avista el mundo a través de sus ojos de pájaro.
Divertido, corretea, entre barrotes y palos,
que salta con holgura y gracia.
El rumiar del comer le acompaña.
El canto es sincero, sin dobleces,
que despierta la casa.
Cuando duerme, su silencio
se posa sobre las sábanas.

Mi canario,
y su jaula.

Pino Lorenzo

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

Campanada del mísero aullido,
acostumbras a tener los brazos cruzados
mientras acaricias costumbres austeras,
con nombre de silbido,
con contenido ausente,
con labios tristes
y abiertos al vacío.

Nada se comprende
en la torpeza de su mirada,
nada se comprende
desde
el silencio del pájaro dormido.

Aparecen murallas
de viento y espuma
flotando en la inmensidad del cosmos,
brillantes pasiones valientes
vibrando en reposo.
Caparazones musculosos
en el fondo marino,
luciérnagas del misterio.

Se ven campeones de copas
entre bosques frondosos
que abandonan la soledad
en el mismo momento
que la viven.

Paqui Robles

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

No canta la alondra en las cenizas del alma
no ronronean los gatos sobre la pizarra gris
las aguas de las pozas azules no rielan al deshielo.
No existen ánimas brotando de lo efímero,
ni árboles que sosieguen el silencio del pájaro dormido,
ovillado en una artesa de sarmiento y pluma.

Diez mil hojas de llorosos almendros profetizan
una inusitada primavera de voces solitarias
de yerto pecho en un sueño fugaz y marchito.
Trémulas carnes agonizan en vano el devenir
de un tiempo impredecible que se agota
en la nieve adelantas de un otoño amargo,
en el jugo de acíbar oculto en volutas de humo.

María González

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

No sé cuándo mi cuerpo quedó silente
ni cuándo mi garganta quedó dormida,
quizás para no pronunciar tu nombre.
Pasaron cascadas de olvido indiferentes
al aturdido fantasma de la noche,
las amapolas encendían sus pétalos
para llamar la atención de mi memoria.

A veces palpaba un ruiseñor entre las sombras
pero su canto no alcanzaba mi garganta.
Bruscamente una luciérnaga anidó en mi sueño
despertando mi alma en un suspiro,
luego un tarareo fue deslizándose
entre las comisuras de la lengua.

Ana Velasco

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

¿Qué dice el silencio del pájaro dormido?
¿Qué misterio transporta su sueño?

¿La sensación de inmensidad mientras planea,
o quizás la tensión infinita
cuando, implacable, persigue su presa?

Viajo al infinito de las letras
persiguiendo el sonido de tu voz,
el dulce murmullo de la lluvia
mojando las mañanas
mientras nos amamos.

Cruz González Cardeñosa

EL SILENCIO DEL PÁJARO DORMIDO

“El silencio del pájaro dormido” J. L. Borges

Hay una rama que sobresale trémula al silencio.
Asoma en el mundo menguando el espacio gris.
Ahora hay verde, corteza y un malva chillón
que grita a los transeúntes una suerte de primavera.
Sentados en la marquesina del autobús, la mujer lo oye.
Se vuelve hacia su compañero y le dedica una mirada coqueta, furtiva.
Está distinto. El surco de sus ojos le parece un paisaje.
El aire que se mueve en sus pulmones ahora es brisa
y baja desde lo alto para dedicarle una pirueta.
Acróbata y custodio del silencio, reclina su fuerza.
Cercano como el pulso, palpita y ella manumisa,
con su pelambre espesa, con hambre y ya sin frío
por los rescoldos de antiguas brasas,
la llevan y elevan arterias directrices.

Por un momento se ausentan del día
van a caer en la inmensidad, por eso no suben al autobús.
En las riberas del asfalto llegan seres amados con los que asienten.
La sombra azul ha de estar permanente ahí, pero sin cicatrices.
Sepultados en las cárceles del suelo los pájaros duermen,
pero cuando llega la primavera ¡ah la primavera!

Laura López


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Carmen Salamanca Gallego
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