A TODOS NOS PASAN COSAS

A TODOS NOS PASAN COSAS

En un instante extraño, perdí el manojo en esa caída que, años más tarde, interpreto como benéfica para mí.
Nos encontramos de repente en ese majestuoso silencio de un campo de nieve desertado, a esa hora, por los aficionados a deslizarse sobre las pistas entre los bosques.
¿Cómo fue que mi gesto nos dejase abandonados sin posibilidad ninguna de volver a casa?
¿Un acto para señalarnos que ya nos tocaba tirarnos de cabeza en esta vida que habíamos elegido?
¿Que nada nos estaba regalado sino nuestra propia existencia?
Con la misma extrañeza que las perdí, volví a encontrar las llaves escondidas en las marcas de mis pasos en el oro blanco.
Y todo tuvo un color diferente, un color de libertad a conquistar.
Al año siguiente ya me instalé en el Sur de España.
Él quiso otro camino.

Sylvie Lachaume

A TODOS NOS PASAN COSAS

Cómo voy a contarle a la gente que, aunque las noticias me aterraban no podía dejar de verlas, pues esperaba que todo fuera un mal sueño.
Que iba al supermercado asustado, sintiendo que los de mí alrededor tenían la rabia y no quería acercarme a nadie. Que me sentía como un fugitivo cada vez que pisaba la calle.
Que regresaba agotado, tiraba los guantes y la mascarilla, me daba una ducha, ponía a lavar la ropa y desinfectaba la comida que había traído.
Cómo voy a decirles que me ahogaba varias veces al día, que de pronto me sorprendía el llanto, que dormía poco y que no podía imaginar un mañana.

  • Ni se le ocurra. Podrían llegar a pensar que a usted le pasan las mismas cosas que a ellos.

Hernán Kozak

A TODOS NOS PASAN COSAS

A todos nos pasan cosas, cosas humanas y extrañas, a todos nos pasan cosas y hacemos cosas que no tienen sentido, o que tienen tanto que por eso las hacemos. A todos nos pasan cosas estúpidas, imbéciles, cosas que no nos pasarían y cosas, que por no pasarnos, nos pasan. A todos nos pasan cosas, y si a alguno de ustedes, alguna vez no le pasó, no se sorprenda de que en algún momento pueda pasarle.

Paqui Robles

A TODOS NOS PASAN COSAS

¿No te ha pasado nunca sentir un puñal frío, y desangrarte en silencio?
¿Oler una flor seca, y revivir el dilema trágico?
¿Sentir lágrimas en tus mejillas y darte cuenta de que aún no han brotado?
¿Leer un libro por segunda vez y encontrar un mensaje encriptado?
A todos nos pasan cosas, que escriben nuestros versos.

Pino Lorenzo

A TODOS NOS PASAN COSAS

A todos nos pasan cosas, excepto a Damián. Damián es un compañero de trabajo que lleva viniendo a trabajar todos los días a esta empresa desde antes que la empresa existiera. Cuando Madrid era una ciudad árabe Damián ya venía a trabajar todos los días a las ocho y media. En aquella época aún no había ordenadores, los árabes emplearon a Damián para controlar los granos de trigo apartando los defectuosos para el ganado aviar. Pero después vino la reconquista y Damián trabajó para los cristianos controlando esta vez los crucifijos que se fabricaban en Madrid. Todos los crucifijos pasaban por el control de Damián. Esa fue su época dorada. Hasta que vinieron las grandes empresas extranjeras y empezaron a vender los crucifijos online y también los vendían desmontados como un puzzle que cada cordero de Dios debía montar por si mismo en su casa como mejor pudiese.
Así que durante unos años Damián se quedó sin trabajo, pero no se dio cuenta. Iba al mismo lugar donde antes estaba el puesto de control de crucifijos y se dedicaba a avisar a la policía cada vez que algún coche se saltaba un semáforo. Él anotaba cuidadosamente la matrícula e iba a notificarlo a la comisaría de policía.

De hecho, se dice que fue un avieso empresario que, al ver que Damián iba todos los días a aquel descampado puntualmente a las ocho y media y se sentaba en un banco, pensó que construir en aquel descampado el nuevo edificio de su empresa para sacarle partido a tan puntual trabajador. El edificio de la empresa se construyó. Mientras duraron las obras Damián fue contratado por el empresario para vigilar que ningún obrero llegase tarde o se escaquease del trabajo. Y cuando por fin terminaron el edificio Damián pasó a ser el nuevo contable. En 40 años que lleva en la empresa nunca jamás le ha pasado absolutamente nada. El empresario murió, sus hijos heredaron la empresa. Pero Damián nunca cumplió años. Nadie preguntó porqué no se moría aquel tipo. Cuando los hijos del empresario quisieron hacer un ERE, vieron con sorpresa que Damián no cobraba nada, ni dietas ni salario ni nada, nunca había figurado en plantilla. Alguien preguntó qué de qué vivía Damián, y otro alguien fue más lejos aún cuando preguntó si había sido visto alguna vez comiendo, pero ambas preguntas recibieron un pensativo silencio por respuesta. Ante tamaña extrañeza nadie supo qué decir así que decidieron dejarlo todo como estaba y Damián se libró también del ERE.

Kepa Ríos Alday

A TODOS NOS PASAN COSAS

Dio vueltas y más vueltas por múltiples callejuelas, pero sólo se encontraba con direcciones prohibidas. Estaba harta, llegaría tarde el primer día de trabajo. En un arrebato decidió jugársela, tan sólo se trataba de una calle de cien metros. – ¿Quién me va a cazar en un pueblo como este? -se dijo. Para su sorpresa, al final de la calle una agente de la guardia civil la indicó que estacionara a la derecha. No podía creer su mala suerte.
La mandó bajar la ventanilla y la saludó como se procede en estas ocasiones. Cuando vio al agente en manga corta a pesar del frío y con unos prominentes músculos, a su juicio fruto de arrobas de glutamina y arginina, Isabel supo que aquello no tenía muy buena pinta.

  • Señorita ha circulado usted en dirección prohibida. La multa es de doscientos euros y tres puntos de carné. Sería tan amable de darme la documentación y el permiso de circulación.
    Isabel rebuscó en la guantera y con voz suplicante le indicó:
  • Pero… si sólo han sido unos metros, no venía nadie. Desconozco el pueblo, llevo quince minutos dando vueltas y es mi primer día de trabajo, por favor… -suplicó compungida.
    El cabo Zapata la miró por encima de las gafas de sol y rio luciendo su nuevo blanqueamiento dental, -las normas son las normas, señorita. No puedo hacer excepciones. Esta mañana, sin ir más lejos he multado al panadero por parar en doble fila a dejar el pan. No hay nada más sagrado que el pan y ahí está doscientos euritos que le he calzado. Eso sí, te hago un descuento por pronto pago y tan amigos- le dijo volviendo a enseñar su dentadura impecable.
    Isabel sacó dinero en el cajero automático y se lo entregó a la benemérita para poder beneficiarse de la oferta. Llegó tarde al trabajo. El cabo Zapata por su parte se había autoinvitado a comer a casa de su compañero Federico, los miércoles su mujer hacía fabada. Le daban largas siempre que podían, pero pensaron que lo mejor era quitárselo de encima de una vez por todas. Después de comer se amodorró en el sofá y se quedó adormilado, emitía unos ligeros ronquidos y un sutil hilillo de baba le resbalaba por la comisura de los labios. Las hijas de Federico se traían un jolgorio digno de admirar y balaban a su alrededor como corderitos, burlándose del incauto.
    El cabo Zapata se sobresaltó cuando le sonó la alarma del móvil, le recordaba que tenía fisioterapeuta. Se recompuso como pudo y salió a toda prisa.
    Sara, la directora de la clínica, le acomodó en la consulta y le mandó esperar unos minutos. Se quedó en calzoncillos y se tumbó boca abajo incrustando la cabeza en el agujero de la camilla. Mientras esperaba notó que sus intestinos empezaban a tener actividad. Le invadieron unas ganas terribles de tirarse un pedo. Aprovechando que no había nadie en la consulta se arriesgó y decidió dar rienda suelta a su flatulencia. Se sintió aliviado.
    A los pocos instantes Isabel entró en la sala, era su primer día como fisioterapeuta en la clínica de Sara que ya no daba abasto. Reconoció aquellos bíceps al instante. Sonrío.
    Le embadurnó la espalda de aceite de romero y empezó a masajearle la espalda. Al llegar a la zona lumbar hizo fuerza con sus manos. El cabo Zapata, notó otro arreón intestinal. El aire de su panza buscaba una vía de escape y para su desgracia siempre encontraba la misma. Empezó a sudar mientras apretaba los glúteos con fuerza para evitar la hecatombe. Estaba tenso. Isabel le indicó que se relajara un poco, pero se sentía incapaz. La mujer masajeaba hábilmente la espalda de abajo hacia arriba y viceversa, mientras el agente se decía a sí mismo, me caguen la puta fabada.
    Isabel presionó en la zona lumbar que estaba bien tensa y las consecuencias no se hicieron esperar. Una sonora, prolongada y firme ventosidad se pronunció desde los glúteos de Zapata que no sabía cómo salir del atolladero.
  • Perdone señorita, soy un caballero, no he podido evitarlo, he comido fabada…le pido mil disculpas- Le dijo con la cabeza encasquetada en la camilla.
  • No se preocupe cabo a todos nos pasan cosas. Esto es más vergonzoso que conducir cien ridículos metros en dirección prohibida por un pueblo con un tráfico ridículo. No obstante, seré indulgente con usted y juro solemnemente no decirle nada a nadie. Ah, por cierto, la glutamina no es buena para los problemas intestinales. Tiene mejores opciones para lucir prominentes bíceps.

María González


A TODOS NOS PASAN COSAS

Acababa de rellenar la solicitud de renovación del contrato y cuando fue a imprimirla antes de proceder a la firma la impresora no funcionaba, la pantalla del ordenador gritaba, HP asssistant, ¡¡¡¡¡¡ error, error , error !!!!   Y ahora ¿qué hago? es festivo, todo está cerrado y mañana a las 8h es el último plazo para presentar, en mano este dichoso papel, que ya les vale, en tiempos de pandemia bien podían recogerlo telemáticamente, pero luego está la dichosa firma digital, que si mi hermano que es un lince en contabilidad dice que no se aclara con este trámite, a mí solo de pensarlo me entra un hormigueo en el estomago que …. ¡ Mi hermano, pues claro! Ahora mismo voy a llamarlo.

            Y dices que no sabes cómo el perro ha abierto la puerta, has salido tras él y te has quedado fuera, en la escalera sin llaves, sin móvil, sin el monedero le repetía Teresa a su vecina, que paseaba angustiada a la salida del portal. Así es, contestaba ésta y no se qué hacer, por favor si me puedes ayudar. Pues claro mujer, contestó la vecina, no te preocupes, sube a casa y llamamos al seguro, a todos nos pasan cosas, yo misma ayer olvidé a mi hijo en la ferretería, lo recogí en el colegio pasé a comprar unas bombillas y hasta que no llegué al ascensor ni me percaté de su ausencia ¡Me puse como loca! Cuando volví a la tienda todos se reían, el niño realizaba un robot con algunos tornillos.

Ana Velasco

A TODOS NOS PASAN COSAS

-No te soporto más, a todos nos pasan cosas y no vamos todo el día hablando aquí y allá de las cosas que nos pasan.

  • ¿Ah, no?
  • No.
  • ¿Y de qué hablas?
  • No es de qué hablo, yo hablo. Contar no es exactamente hablar.
  • ¿Ah, no?
  • No. No te das cuenta de que son dos verbos.
  • Sabes una cosa, ahora la que no te aguanta soy yo. Si no te pasa nunca nada no es mi problema.

Cruz González Cardeñosa

A TODOS NOS PASAN COSAS

Habían construido un nuevo puente para unir ambos litorales de la provincia. Divididos
por un río que desembocaba en el mar, pasar de una zona a la otra era imposible a pie. La idea de ir a la inauguración le atrajo desde el primer momento. Había un aire sentimental en el asunto, ya que la zona separada por el río había sido un antiguo embarcadero de pescadores.
Su abuelo era pescador. Cuando niña recordaba ir a la orilla a esperarlo junto a su abuela a que viniera de la faena. No faltaba el pescado en su casa: sardinas, coquinas,
boquerones…. Ella solía hacer de ambas plaquitas de las coquinas dibujos diminutos,
convirtiéndolas en collares para sus amigas. Le encantaba. De hecho, se hizo diseñadora de joyas. Estaba tan ensimismada en sus ideas que, caminando, caminando, llegó hasta la desembocadura del río, al mismo lugar donde esperaba junto a su abuela.
Un revuelo la sacó de la dimensión donde se encontraba. Unos narcotraficantes sacaban
fardos a toda prisa de algo que parecía un submarino. La policía apareció de repente en la escena. Ella se encontraba allí, paralizada, entre dos litorales, entre dos mundos divididos por un puente. Si es que a todos nos pasan cosas y, sobre todo, nos dejamos hacer.

Laura López

A TODOS NOS PASAN COSAS

A todos nos pasan cosas, pero ¿Qué cosas?
¿La ignorancia, el laxismo o la dejadez…? Vaya a definirse, Señor, no deje esas insinuaciones al borde del abismo para pescar de improviso un antónimo.

Muchos de nosotros parece que la usamos, la palabra, como si estuviésemos tumbados, al sol, adormecidos por la canción de cuna que trae el ir y venir de las olas.
No quisiera hacer una reflexión filosófica extensa sobre las consecuencias próximas a la vida de nuestro uso de la palabra, pero, quizá mejor, convendría hacernos una pregunta esencial: ¿Qué carajo te está pasando?

¿Para quién trabajas? Ésa es sencilla, para entrar en plano, seguir el dinero.
¿A quién amas de verdad? Hay que sacar el vaho de la ilusión, a ver si puedes distinguir en el recoveco de tus frases, la inicial del nombre de tu amor, de tu roma particular.

Mirarse en un espejo no vale, pero traer a casa, como el amigo, una calavera que le recuerda, igual que a Baudelaire, la cobardía diaria, la que se inmiscuye en las palabras, no la del silencio, la que ha atentado contra otra palabra, eso sí, deja perplejo y uno termina sin preguntas, asfixiado por la ignorancia, el laxismo y la dejadez.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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