POR QUÉ NO TE CALLAS

POR QUÉ NO TE CALLAS

Habiendo perdido tanto, el pobre hombre caminaba hacia el vacío, hacia un lugar sin salida, al centro de su verdad dolorosa.
En la piedad de las brujas, corría agua sagrada, las manos desnudas de un ayer que no vuelve, el canto del poeta que ya no está, los pasos de un paralitico perfecto, el odio de los pájaros y la vergüenza social de todos los muertos.
Caminaba despacito, a ritmo acompasado, algo así como llegando lentamente a su propio final, disfrutaba mucho o eso era lo que parecía, el tipo sabía que su última parada estaba ya muy cerca y seguía a cada paso con alegría.
Esa alegría antes del final que todos tenemos, dijo un viejo sabio, ese minuto de oro antes de la oscuridad, decían algunas abuelas.
Ya sin tiempo para preguntarle nada, lo miro con la intención de decirle algo y antes de abrir la boca, me mira y me dice: ¿por qué no te callas?
Ahí me di cuenta de que algunas cosas pasan, porque tienen que pasar y que yo no era nadie para desviar ese destino.
La muerte, querida compañera, prostituta violenta que cae sobre mí y me permite un nuevo desafío…

Leandro Briscioli

POR QUÉ NO TE CALLAS

¿Cómo imaginar aquella escena? ¿La recuerdan? Les acerco algunos datos para ponernos en situación.

Cumbre iberoamericana de jefes de estado en Santiago de Chile, allá por el año 2007, concretamente un 10 de noviembre. Dos gallinas se pavonean por defender su corral, una con más intensidad que la otra, increpa con insistencia a la que en ese momento representaba al pueblo español, nada en contra de Zapatero, pero la escena es dantesca. Por el otro lado, Huguito, líder de la “revolución bolivariana”, presidente electo con intenciones revolucionarias comunistas, todas buenas consignas, en un principio.
Su gobierno nacionalizó industrias estratégicas, creó los Consejos Comunales de participación democrática e implementó una serie de programas sociales conocidos como Misiones Bolivarianas para ampliar el acceso de la población a la alimentación, la vivienda, la sanidad y la educación. El dinero salía de la tierra, del oro negro, justo a sus pies uno de los mayores yacimientos de petróleo del mundo, casi nada. Grandes potencias ambicionan penetrar sus entrañas, pero el gobierno de Venezuela, jamás lo consentirá.
Del seno de las tierras españolas algunos recursos minerales como el cobalto, el cobre, el zinc, el hierro, el níquel, el oro y el vanadio, pero nada que ver con el petróleo. Eso sí, España alberga una de las monarquías más prestigiosas del mundo, encabezada por Juan Carlos I, también presente en la cumbre. Definido durante años como un ser campechano y el mejor embajador del mundo para nuestro país, después de la cumbre se hizo viral. Cansado de las interrupciones de Huguito a Zapa, increpó al primero con un airado “por qué no te callas”, nada cordial con el presidente de Venezuela, por supuesto, pero aplaudido mundialmente, llegó la imagen a todos los rincones del mundo.
Hoy, 2021, después de la pandemia por la covid 19, consecuencia, podríamos decir, de la primera guerra biológica el mundial, aquí estoy, escribiendo 14 años después sobre dicha frase.
El rey de España ha huido del país para no dar cuenta de sus gestiones político económicas durante años, acogido por los mayores y más ricos productores de petróleo del mundo, allá por los países árabes. Huguito fallecido en 2011 pero vive en la memoria de todos. Zapatero descansa del estrés en no se sabe muy bien dónde, Lanzarote, Madrid, o…
Todo pasa y todo queda, pero las frases dejan huella en el sistema mnémico. A veces, la historia actúa igual.

Magdalena Salamanca Gallego

POR QUÉ NO TE CALLAS

Monóculo de Julio Cortázar: Después de haber sobrevivido a mi conducta en los velatorios me decidí a dar instrucciones para hacer de todo, desde tomar la sopa hasta subir una escalera. Si es que tanto querer saber, lleva a la más minuciosa ignorancia. Provoqué la risa ridícula y patética como un farol sobrecogido en el tendido eléctrico. Ni cronopios ni cóndores consiguieron darme ningún picotazo, permanecía indemne en mi escritura, que nunca fue un monólogo, porque cualquiera podría tener entonces derecho a decirme “por qué no te callas”, pero yo quise que la vida la miráramos por el
monóculo de las palabras llevadas por el viento y participar de la rayuela y del fin de la fiesta y despertar cada día, a pesar de todo, juntos, riendo, despeinados.

Laura López

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

Llegó bastante apurado porque había pinchado una rueda. Últimamente ser cura de pueblo, le estaba generando bastantes sobresaltos. El último año estaba haciéndose cargo de varias parroquias. No había sacerdotes, ni tampoco fieles a los que atender, así que el obispado le había asignado tres parroquias en tres lugares diferentes. Llegaba con diez minutos de retraso a la última villa por culpa de aquel incidente, que no hubiera resuelto, de no ser por la Guardia Civil.
Pasó a la carrera delante de los escasos fieles sentados en las primeras filas de la Iglesia. Entró en la sacristía, rebuscó en el armario y se puso la casulla morada propia de los días previos a La Cuaresma. La Semana Santa estaba cerca. Sólo pensarlo le colapsaba. Entre procesiones y viacrucis no iba a dar abasto.
Mientras se vestía miró de reojo por la puerta entreabierta de la sacristía, –“aquí están las beatas estas, míralas…Padre Maxi que cuando me confiesa, Padre Maxi que quiero encargar una misa, Padre Maxi, Padre Maxi…qué pesadas son… por Dios”-. Mascullaba entre dientes mientras se ajustaba el atuendo bajo la atenta mirada de un San Juanillo, que parecía no estar muy convencido con el discurso.
Entre la escasa muchedumbre pudo ver a la señora Eusebia sentada en la primera fila. Se sorprendió al ver que estaba con su nieta. Hacía años que no la veía. Mariluz contemplaba absorta el maravilloso retablo barroco. Miraba alrededor escudriñando los recuerdos de su infancia en la misa de los domingos. Pudo verse con sus amigas, años atrás, en el coro de la iglesia, en la parte alta, sobre la pila bautismal, mientras Doña Remedios tocaba aquel órgano ibérico que siempre la resultó fascinante que saliera el sonido por aquellas tuberías metálicas. Se fijó en la escultura de la Inmaculada con aquella melena negra sintética y la corono de minúsculas bombillas, resopló. Recordó aquel verano en que su abuela la acogió en casa. La iglesia estuvo en obras y el párroco les encargó a algunas mujeres que custodiaran las imágenes, y estas se las repartieron al gusto. Ese verano la Inmaculada fue agasajada como una nieta más y Mariluz se convirtió al ateísmo.
No hubiera vuelto a la Iglesia si no se lo hubiera pedido su abuela, a la que adoraba. Estaba muy mayor y necesitaba ayuda para caminar. Mariluz había visto morir a tantos ancianos en los hospitales por la pandemia que hubiera acompañado a su abuela al infierno si esta se lo hubiera pedido. Tenía la sensación de haber visto desaparecer a una generación que había dado mucho a cambio de nada.
Después de leer las sagradas escrituras, Don Maxi se arrancó al sermón. Mariluz comprobó que por él no pasaban ni los años ni las palabras, –“sigue diciendo las mismas tontadas”-pensó. Trató de distraerse con el móvil mirándolo con disimulo, pero no pudo evitar oír que los niños sin bautismo eran hijos del pecado y que las mujeres no son nada sin un hombre. Estaba a punto de explotar cuando de repente una voz débil y quebrada dijo con contundencia: “¡pero por qué no te callas!, todos los domingos el mismo sermón, ¡antiguo, ¡qué eres un antiguo!, tienes suerte de que estemos medio sordas, no escuchamos ni la mitad de lo que dices, además desde que han puesto calefacción nos quedamos todas dormidas, no te enteras de nada Maximiliano”. Mariluz miró a su abuela perpleja, como el resto de las mujeres y el propio sacerdote que dijo enfurecido algo así como ya vendrás a confesarte después de la Eucaristía.
Eusebia y su nieta abandonaron la iglesia y se fueron a casa. Una hora más tarde la cocina de la abuela estaba llena de octogenarias que habían seguido sus pasos y que se mofaban de Don Maxi mientras mojaban tostadas de pan frito en el chocolate caliente. Una de ellas les recordó que el lunes venía el médico y que tendrían que ir juntas a mirarse el azúcar, las risas aumentaron el nivel cuando Zósima, una mujer rechoncha y de ojos vivarachos dijo a voz en grito: “¿El médico? ¿ese mequetrefe?, ¡que le den, estamos en racha…!”-, mientras untaba con saña su tostada en el chocolate caliente.

María González

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

Siempre llega tarde y se va el primero. Como el jefe sabe que cumplimos, cada vez le da menos trabajo a él y más a nosotros.
Las bajas en esta empresa se legislaron en su segundo mes de contrato, antes nadie lo había pensado.
Cuando hemos tenido alguna reunión entre los compañeros para solicitar cambios en la seguridad o en la conciliación de la vida familiar, los de arriba ya estaban avisados.
Y ahora que lo quieren prejubilar, dándole una pensión menor de lo que imaginaba, ahora viene a pedir ayuda.
Sabes lo que le he dicho, ¿verdad?

Hernán Kozak

POR QUÉ NO TE CALLAS

-Me dijiste que viniera. Ya estoy aquí y tú todavía no estás lista. Me dijiste «temprano» remarcando la palabra. Dejé sin terminar el desayuno, casi me caigo al bajar las escaleras por ir saltándolas de dos en dos y llego y estás tan tranquilo durmiendo, como si fuese una cosa mía eso de madrugar.
-Por qué no te callas y te tomas un café mientras me visto. Me estaba despertando y alguien dijo desde el baño: » hoy es domingo» y seguí durmiendo. Debió de ser un sueño. Estaba tan cansado que me sentí feliz de poder dormir un rato más.
-Sí, entiendo. Por eso vengo cada lunes a despertarte, si no, llegarías tarde a trabajar.

Cruz González Cardeñosa

POR QUÉ NO TE CALLAS

Un viento de ira atravesaba el patio. Ni el más alto ni el más fino se deslizó entre borrascas para pedir limosna.
Un silencio de mármol encerró a todos los participantes del juego de la vida y la muerte que, desde hace 5.000 años, manda a callar al pueblo para impedirle salir del camino, atreverse a cavar en este tsunami de indiferencia.

Sylvie Lachaume

POR QUÉ NO TE CALLAS

Fue la frase que dedicó su majestad el Rey Juan Carlos a Don Hugo Chávez, presidente de Venezuela. El viejo militar no llevaba bien eso de que los indios interrumpiesen las solemnes reuniones de los cristianos. Pero Hugo Chávez había tenido mucha influencia del protestantismo, se le podría decir discípulo de Martín Lutero. Esa frase representa la disputa entre el protestantismo y el catolicismo. Pero también representa la contradicción entre capitalismo y comunismo, puesto que el Rey Juan Carlos es un monarca que acepta conformarse con la cuota de poder que le dejan los capitalistas; y por otro lado Hugo Chávez además de discípulo de Jesucristo y de Martín Lutero, también lo es de Fidel Castro. Esa frase también son los capitalistas diciéndoles a los obreros que se callen. Hay una tercera confrontación que pocos saben. Se da el caso de que Hugo Chávez tiene una hija llamada Rosa a la que el entonces príncipe Felipe había conocido en el palco de un partido de béisbol en Nueva York o en Los Ángeles, no recuerdo exactamente. Según me contó el dependiente del supermercado, que es de Venezuela, Rosa había sido informada de que el príncipe Felipe era de derechas así que para saludarse le ofreció la mejilla derecha, pero Felipe había sido informado que Rosa era de izquierdas así que fue a besar su mejilla izquierda. Así que el resultado de un exceso de diplomacia fue que se besaron en la boca. Esto chocaba abiertamente con los proyectos árabes del rey don Juan Carlos. Pero como a Felipe se le encaprichó Rosa, el rey don Juan Carlos tuvo que buscar por Internet alguna opción urgentemente. No sabemos si buscó: periodista dispuesta a ser reina, o algo parecido, pero al fin dio con Leticia. En aquella época lo último que quería don Juan Carlos era oír algo, o que fuese, de Hugo Chávez. Por eso que la tercera confrontación que contiene esa frase es entre el padre rico y el pobre de unos jóvenes enamorados. Esto último no trascendió a la prensa, pero en Venezuela se sabe.

Kepa Ríos Alday

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

Quisiera irrumpir en su vida, Señor Juan, como una misiva que confiesa los alborotos de un lenguaje peregrino.
Usted, Señor, denunció la enfermedad que se destila en los vocablos. Espero que por nuestra antigua amistad, pueda tener a bien leer, hasta el final, mi propósito.
Sé que la confusión que dejan los últimos acontecimientos inquietantes y graves trastorna los órganos. Los órganos confusos pasan en revista, el vocablo que desea deslizarse de comienzo a voz, meses, tránsito, patíbulo, pero vuelve a tiempo. Yo mismo no sé si encontraré la manera apropiada para compartir el vocablo que muchos engreídos quieren hacer suyo. ¿Lo ve, Señor Juan? no estamos solos, ni en esa misiva.
Cada palabra estancada, es decir, la que no puede degollarse, expandirse, colorear los vocablos circundantes, abrirse a los prefijos y espejos, a las manos que se dan, flores y toda la pampa abierta. Cada palabra estancada, le digo, es una célula que sufre. Mire la amplitud de cada intento por insuflar vida a lo profundo, como si el aire, arraigado al que no está, pudiese levantarlo, ponerlo a flote y de allí dictar las historias. Pero no, Señor Juan, las narraciones no viven del aire, usted sí. Que la realidad haya alcanzado un grado de inverosimilitud nos permite, con facilidad, adquirir en las cumbres de la historia, nuevas historias. Y aquí viene mi propósito.
La confusión, la duda no son relieves que se dejan moldear a gusto, sino que parecen colecciones ininterrumpidas y a la vez detenidas y nunca es fácil salir del laberinto. Hay que dar al origen una fecha y olvidarla. Este denuedo hará el resto. Así que le invito a que no vuelva a romper cadenas porque sobre el vacío que planta la palabra «mañana» se acondiciona, es cierto, nuestra violencia, la crueldad abyecta pero también, y aquí recalco la importancia de la imposible palabra «mañana» aunque abonada, inexistente. El vocablo encontrará su morada y no hará falta ninguna contienda si confiamos en la coma.
Que no nos vuelva a mandar callar en el umbral de esa generación, Señor. Somos ese alboroto furioso.

Clémence Loonis


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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