ESA LUZ

ESA LUZ

Esa luz que me ilumina,
lleva una pasión incontrolable
que abre poros entre los pasos
que todavía tengo que dar.

Quiero, de tu sombra,
su costado imperfecto,
el eco que desborda la quietud,
una cálida caricia adolescente,
el fragor que explota entre tus manos,
una leve cercanía de los cuerpos,
la mirada voraz que me asesina.

Quiero tus mañanas entregadas a la noche,
la abertura derretida en tus suspiros,
ese momento sagrado que aparece,
la magia que desborda tu piel.

Esa luz abre mis sentidos,
despega a cada instante
cuando se lo propone.

Leandro Briscioli

ESA LUZ

Salió de la indiferencia astral
el primer latido de la brutal araña,
el estallido de las consecuencias
en forma de tela asfixiante,
o cálida mortaja para la belleza.
Esa luz sonora e inmaterial
era indistinguible del todo,
ya que esa luz sabía y, por lo tanto,
no sabía y permanecía aún
en ausencia de si misma.

Salió de la saturación emocional
el rayo incipiente de la medusa
transparente veneno de la imagen
como un virus cóncavo que infecta
las formas más sanas engordando
su natural fisionomía.

Kepa Ríos Alday

ESA LUZ

Cruzábamos un oscuro túnel,
no había direcciones,
todos seguíamos el sentido único
marcado por la incertidumbre
de no saber dónde nos dirigíamos.
apenas vislumbramos una claridad
cual latido de pájaros al abrir su jaula
aletearon los ánimos.
Pero esa luz fue tan solo una ilusión,
luciérnagas surcando una zozobra
mientras los ojos rociaban ceguera
en un espacio que abriga la esperanza
de un lozano destello.

Ana Velasco

ESA LUZ

Esa luz desoladora que me invade,
me acompaña día y noche
como una sombra.

Se esconde detrás de las cortinas
esperando sentarse a mi lado
y sorprenderme.

Me escapo tontamente hacia la nada
y cuando vuelvo
está ahí, sonriente.

Me acerco y la saludo,
nos sentamos en un banco
y charlamos tranquilamente.

¿Me amará acaso?

¿O acaso vigila esperando,
o quizás anunciando
mi futura muerte?

Cruz González Cardeñosa

ESA LUZ

No despilfarres esa luz,
los colores se mecen en burbujas
que se venden a alto precio.
No calientes la casa si esta fría,
aprieta el cinturón
hasta que el calor sea suficiente.
No te bañes con agua caliente,
incrementa tus sofocos
y distribúyelos con armonía.
No conectes lavadoras, crecepelos,
ordenadores portátiles,
recurre a tu memoria
y busca en tus recuerdos.
Pero, sobre todo,
no enciendas esa luz,
mejor no verte en el espejo

Pino Lorenzo

ESA LUZ

Conspicuo resplandor de siglos conocido,
en la resiliencia del acorde más alto,
deslumbras al conspirador más vago
y al acreedor que renuncia a lo aciago.

Infausto cavernícola del pasado
deja la sangre de lado y desenfunda
el oro y la lágrima del lumbago
que se ciñe torpe a lo envidiado.

No robes lo denostado
no sacies lo almacenado,
desnudo equilibra el peso a un lado
para no tronchar todo lo logrado.

Si desapareces te espero tumbado
si me amas te espero excitado,
si me gozas en el lecho apagado
prometo darte siempre, esa luz, amado.

Magdalena Salamanca

ESA LUZ

Esa luz divina y difusa, azul, amarilla, roja, verde
revela la senda bondadosa y virgen del juicio final.
Desde hornacinas santificadas con olor a incienso
se claman liturgias donde está escrito tu nombre.
Tallas de barro policromado sosiegan el destino
con lágrimas impúdicas brotando de sus ojos muertos.

Crisol de ánimas en pena vagan con azorado disimulo
en tragaluces graníticos y fugaces de vidrieras vírgenes.
La cólera de Dios se abre paso como una daga del destino
en filigranas cinceladas, sapiencia velada del maestro cantero.
Cimientos de exquisitas flores sacuden espíritus acróbatas
que anhelan timoratos expiar su pecado original.

María González

ESA LUZ

Su blanca mano,
niebla que humedece los ojos,
atraviesa el cristal,
sin tocar las cortinas,
sin remover el polvo,
pálidos fantasmas,
constelaciones vanas,
anticipando el silencio que vendrá,
el día que vendrá, la ocupación y
el desalojo que llaman a la puerta.
El perfil rígido, la cabeza inclinada,
el ojo avizor y errante.
La sombra pegada a la materia
que nunca alcanza.
La tinta de la noche, su trágica semblanza,
se diluye en esa luz
que acaricia las cosas hasta borrarlas,
hasta hacerlas aire, palabras.
Intangible materia que se escribe
sobre las sábanas blancas del alba.
Aquí reina, aquí define sus límites.
Sus puntos de fuga traman la jornada
para el hombre que tiembla.

Ruy Henríquez

ESA LUZ

Aire, ven y comulga con el que llora
sé la Hortensia tras el leve color de la quietud,
la parábola del que se embrutece cuando el sol ya ha salido.
Llévate de la membrana de los océanos los restos salinos
y desciende a esta porción del universo.
Aún presiden cuerpos atónitos y oídos arbóreos.
¡Ah! Punza una rama mi espíritu y entonces
me digo que no tengo derecho a descender
a amortiguar las pulsaciones de los primeros ruidos
ni a apagar la luz de los vestíbulos.
Sí a la sombra,
donde lámparas perpetuas y trepidantes habitan
mientras la noche rencorosa, relampaguea.
No tengo derecho al vino cuando hay colas de espanto
ni al reposo sordo de la orilla contra el mar.
Recibo amenazas de los sepulcros hondos.
La tierra pudre, descompone y asimila.
Neguemos árboles armónicos, genitivos.
El hombre está hecho de carne y con la sed de sus cauces,
siempre abarca más allá del suspiro.

Laura López

ESA LUZ

Tenía pupilas, pupilas afianzadas,
derechas, algo juguetonas
y el alma que gritaba:
¡Pasó la ansiedad, la piedad!
y la mujer quedó sola.

¿Quién muerde la manzana
de postre, desayuno y ceniza?
¿Quién amamanta sobre la tierra
ese clamor que, con la mano,
deslizo y sacudo del agua,
hojita de hierbabuena?

La grieta abre brecha, entra el odio y, estéril,
reanima el fuego en vano.
Honda es tu luz, hondo el dolor vacío,
incapaz de segundas manos.

Hechizada por lo múltiple,
esmeralda rutilante y ácida,
la planta, idea fija,
deseo creciente e imperioso
acaricia toda tu luz.

Clémence Loonis

ESA LUZ

Esa luz
que aprisiona el pecho
contra la piel madura,
a punto de macerar,
es estremecida
por el tiempo
girando
como ruleta
sobre la luna
marítima,
amaranto empedernido.
Nutriz de esperanza.
Sombra que cobija.

Paqui Robles

ESA LUZ

Las sombras arañaban tu espalda
con el hielo afilado del amanecer.
El día que el sol decidió apagarse
una superficie lunar te saludaba
mostrándote deshecho el camino.
Esa luz te dibujó una sonrisa al pensar
que la humanidad daría un gran paso.

Antonia López


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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