LA PANTALLA INVISIBLE

LA PANTALLA INVISIBLE

Sabíamos que todo lo que nos había antecedido eran páginas, páginas en el pecho, lúbricos relieves que surcaban las vidas, los énfasis, la secreta turbulencia, los ojos listos, la huella acompañada. A él le gustaba pensar en ese vuelo donde surge el olor a glicerina y ganar. Miraba a su lado, y nadie giraba la mirada como él ¿Quién podía reír enarbolando lo vivo?
Había quedado para volver, como si fuesen dos vuelos, uno para salir más allá de la certeza nacional y otro alzándose en medio de la longitud de la cancha. Me había contado que su ánimo era tal que entraba en los cuentos de Norma para encontrarse con amigos; la bailarina a quien daba vida desde los zapatos de punta, los amores hechos palabras, el calor arropado por otra historia, la lluvia envuelta en viento. Eran atmósferas, instantáneas con todos los tiempos y más de uno será el sello de un corazón de pueblo. Entrenaba ardiente para lucir frente al alba sus cadenas lujuriosas. Cuando lo veíamos así, deseábamos seguirle, claro, atrapar la esponja de su suelo y gustosos navegar, aplanar la distancia entre el eje y la pelota.
Otras veces, que eran todas, no dar la vuelta. Quedar en firme delante de la pantalla…

Y lo presentaron al 10, en series de plomo. Estaban ciegos, no podían creerlo; el pibe de oro lo llamaban, era sudaca, avivaba pasiones por sus extravagancias. Saltar del barro a las millonadas mata al hombre antes de tiempo. Cantaba, ¡vaya payaso! Que ganar tiene su revancha decían.

Pero la burla inteligente de sus piernas se extendía hacia nuestros pulmones. Y ¿qué pensar? La cancha es el gran altavoz para amar al pueblo.
El bailarín irreverente, el artista vengador, el acelerador imposible… El cielo se extendió y se casó con la leyenda.

Que algún día, entraría como otros, en los cuentos de Norma, para ser pantalla, papel, historia infinita, pantalla invisible.

Clémence Loonis

LA PANTALLA INVISIBLE

  • Que no se lo creen, es cierto, la pantalla era invisible, sí, indivisible, espasmódica y reticular, un logro de la ciencia, un logro de la naturaleza, lo humano vistiendo de bienestar. La vi y salí corriendo, con solo acercarse a un kilómetro el resplandor era insoportable. Nunca creí que algo parecido fuera posible, llevábamos años investigando sobre la radio esfera cósmica molecular y de pronto apareció ante nuestros ojos. Nadie sabe su alcance, nadie conoce sus límites, es algo inesperado para la ciencia, una pantalla invisible que se proyecta sobre la atmosfera y que transmite a través de las ondas gravitacionales salud a todo ser vivo: animales, plantas, humanos. Algo totalmente inédito. Y, además, se produce casi de forma natural, sin coste apenas, una verdadera hazaña para la humanidad señor presidente.
  • Claro, entendemos el alcance de su descubrimiento, pero por ahora los laboratorios no quieren invertir ni un minuto de su tiempo en sus investigaciones, pospondremos los estudios para el siglo que viene, de todas formas, está obligado a entregar toda la información del proyecto y sus anotaciones personales. Entiéndalo, Williams la enfermedad fomenta la economía.
  • Pero, señor, con salud la economía se vería potenciada.
  • Agentes, acompañen a Willians a la sala de borrado de memoria.

Magdalena Salamanca

LA PANTALLA INVISIBLE

Dicen las malas lenguas, ésas que están rodeadas de cristales, esas bañadas en un ácido nauseabundo, esas que nunca se utilizaron para besar, que todos tenemos una pantalla invisible en nuestro rostro.
En algunas siempre es otoño y atardece, muy bello sí, pero hay momentos donde se extrañan los rayos de sol.
En otras se vive en un domingo perpetuo en pleno verano, fantástico sí, pero carecen de la humedad en ocasiones necesaria.
A mí me gustan las que poseen todas las estaciones y no se avergüenzan, las que por momentos parece que van a romperse, aquellas que conocen la alegría y la tristeza, la soledad y la aventura, esas que te recitan un poema o te pegan un grito, las que se acuerdan de ti, las que te olvidan.
Pero por encima de todo, a las que nunca voy a renunciar son a las que te hablan, las más difíciles de encontrar.

Hernán Kozak.

LA PANTALLA INVISIBLE

Esa mañana los lirios resplandecían su color, la despedida se presentía cargada de nuevas ilusiones. Viajaba al extranjero para quedarse unos meses y decidir qué quería hacer con su vida. Para recibirla ya tenía a alguien, que apenas conocía, pero en quien confiaba su más intensa alegría. El tren llegaría a las 8 de la mañana, seguramente el bullicio de la gente no le permitiera distinguir con claridad aquel rostro, hasta entonces desconocido. Ella llevaba un gran sombrero de ala ancha para permitir que sus sueños volaran. Por fin llegó, al bajar del tren observó detenidamente a un lado y a otro, pero no había nadie con las características del hombre que se había comprometido a acompañarla hasta el hotel donde se alojaría. Un breve gesto de tristeza se dibujó en su rostro, sin más preámbulo cogió un taxi. Cuando bajó de éste y ya situada frente al tumulto de la gran ciudad, sin ninguna pantalla invisible que la protegiera, sintió por vez primera la auténtica felicidad.

Paqui Robles

LA PANTALLA INVISIBLE

No podía ver la fantasía, la realidad se imponía indefectiblemente. Aparecía el mundo real en cada imagen. La simetría perfecta de las ventanas emergentes no hacía si no denunciar las desigualdades que esconde un sistema encubierto de clases.

Durante horas visualizaba la fotografía de una pared del mismo color exactamente que la pared que había detrás de la pantalla. La miraba insistentemente. Algo así como lo que los budistas llaman meditar. Dejaba, intentaba dejar, la mente en blanco, y observaba atentamente la fotografía de una pared igual a la pared que había detrás de la pantalla.
Entonces recordó la frase de Buda: si la cuerda está floja no suena, si esta demasiado tensa se rompe. Por eso paraba para comer, dormir y atender a sus necesidades biológicas. El resto del tiempo lo dedicaba a contemplar la fotografía maravillosa. Así fue como el maestro fundó el Ashram de la Pantalla Invisible.

Kepa Ríos Alday

LA PANTALLA INVISIBLE

Empezó a dar vueltas por el claustro, apretando las cuentas del rosario con cierto nerviosismo. Hoy tendría que hablar con las hermanas. Ya había conseguido el dinero suficiente y el obispado les prestaba durante el tiempo que necesitaran un edificio deshabitado perteneciente a la orden de los Benedictinos. Había hablado con el arquitecto que llevaría a cabo la reforma y le había expuesto con claridad todo lo que quería. Éste estaba perplejo con el coraje de la madre superiora. Pensó en la comunicación. Estaba segura de que todas se tomarían a la tremenda desbaratar sus vidas por unos días, pero estaba convencida de que, a pesar de su arriesgada decisión, sería bueno para todas y el convento no se cerraría. Había conseguido doblegar al obispo que era lo más difícil. El resto no podía ser peor.

  • “Hermanas: tendremos que recoger todo para el lunes, vamos a hacer reformas y nos mudamos al viejo edificio de los Benedictinos una temporada. Estos cambios, nos permitirán atraer más novicias al convento y vender mejor nuestros productos. Si seguimos como hasta ahora, habrá que echar el cierre y nos repartirán por toda la geografía. Rezar ya no es suficiente, tenemos que ayudarle a Dios un poquito, él sólo no puede”- dijo la madre superiora después de la oración.
  • “¿Para el lunes?”- gritaron la media docena de monjas al unísono. Posteriormente la conversación tornó como se había imaginado. La hermana Clara gimoteó que no le daba tiempo a recoger todo. Su celda estaba siempre llena de telares. La hermana Angela refunfuñó como hacía de costumbre ante cualquier propuesta que se le hiciera por buena que esta fuera. Inés y Eva mostraron un rotundo entusiasmo. Esa era siempre su actitud, aunque las mandara a la guerra y la hermana Margarita la más mayor, casi hiperventila. –“Pero en los Benedictinos hará mucho frío, está deshabitado y lleno de suciedad, habrá arañas y ratones”- dijo con la respiración entrecortada.
  • “Sólo es un mes, mantendremos en orden nuestras celdas, el horno, la cocina, la capilla y el refectorio. No transitaremos por el resto de las instancias, así no habrá que limpiarlas, seguiremos con nuestro trabajo de repostería y artesanía. He pedido una conexión wifi y podremos seguir con las ventas por Internet. Dios nos ayudará, como siempre ha hecho. Por cierto, Margarita, ratones y arañas también son criaturas del Señor, así que no se hable más”-dijo con determinación.
    Los días en los Benedictinos pasaron sin grandes sobresaltos. La madre superiora se conectaba todas las mañanas por el zoom con el arquitecto para poder supervisar la obra. Rezaba con fervor para que le saliera bien la jugada. Ora et labora, llegó el día. La noche anterior no pudieron conciliar el sueño con la emoción por lo que se encontrarían al llegar. A las nueve en punto tres taxis se disponían a llevar a las monjas a sus nuevos aposentos.
    Cuando vieron la reforma se quedaron petrificadas. –“Válgame Dios, la Virgen Maria y todos los Santos”- dijo la hermana Ángela, – “¿qué clase de herejía es esta?, es obra del mismísimo Satanás”-
    En la parte nueva del convento, edificada en ladrillo hacía varias décadas y anexa al edificio románico del siglo XI, uno de los muros de la primera planta y la más visible a la calle era completamente invisible. Una cristalera enorme, una especie de pantalla de cine gigante donde se podría contemplar la vida de las monjas en diferentes espacios. Concretamente en el obrador, la sala de artesanía, y una sala de juegos donde podían ver televisión, jugar a la play station, echar unas canastas o jugar al futbolín. El rezo, la comida y el descanso quedaban a salvo de curiosos y se seguía manteniendo en la intimidad. La madre superiora quería mostrar al mundo que eran mujeres trabajadoras y que además tenían tiempo para divertirse. Estaba convencida de que el espectáculo mejoraría las ventas y de que algunas novicias podrían sentirse atraídas por la orden. No se equivocaba. La mezcla exhibición y clausura atrajo a curiosos de todo el país y algunas jóvenes cubanas se enrolaron a la causa.
    El arquitecto perplejo le había preguntado con curiosidad cómo se le había ocurrido semejante idea, a lo que ella respondió: – “pura inspiración divina y algún librito de estrategia empresarial, el negocio es el negocio”.
    Pero la verdadera fuente de inspiración fue de su sobrina Claudia concursante de un reality de televisión en el que se mostraba como vivían los habitantes de una casa durante veinticuatro horas.
  • “¡Lideres de audiencia, tía, líderes de audiencia, tienes una sobrina famosa, a mí, que no me conocía ni Dios!”

María González

LA PANTALLA INVISIBLE

En la tienda de portátiles vendían todo tipo de pantallas. Iba buscando una sencilla, no quería invertir mucho dinero en algo que no utilizaría más que para lo necesario. Todos los dependientes estaban ocupados, y de repente, sin haberlo visto, uno de ellos, con una sonrisa amplia, se dirigió hacia mí:

  • Qué pantalla desea- me dijo.

Me quedé extrañada. Miré alrededor por ver si había algún cartel que pusiera pantallas, pero los carteles anunciaban portátiles, computadoras, móviles.
Le expliqué las características de lo que buscaba y me dijo que, exactamente, tenía ese producto, y que además me saldría muy bien de precio.

  • Estoy interesada- le dije.
  • Tengo que irla a buscar al almacén. Si lo desea puede acompañarme.
    Me pareció buena idea no esperar allí sola, y lo acompañé. El almacén estaba lleno de computadoras y distintos dispositivos tecnológicos. Yo lo seguía como quien sigue a alguien que le va a mostrar un camino secreto, o el hallazgo de un tesoro. Llegamos a un lugar y me pidió que esperara, que él me traería la pantalla.
    A los cinco minutos apareció con una caja cuadrada. Abrió la caja y allí, no había nada. Hizo como que sacó una pesada pantalla del interior, e incluso, enchufaría el cable, dijo. Yo, confusa, miré en distintas direcciones esperando ver una cámara oculta, y le dije que no estaba para bromas.
    Sin oírme empezó a enumerar las maravillas de aquella pantalla, la propiedad táctil de la que disponía, la activación mediante la voz, las pupilas. Trataba de interrumpirlo, buscando un descanso en su discurso, pero fue imposible.
    Ahora ya estoy en casa. Tecleo un nuevo cuento para el taller de escritura en mi recién estrenada pantalla.

Pino Lorenzo

LA PANTALLA INVISIBLE

Salió de su casa con el pie fijo en su país natal. Siempre lo guardó en un silencio vigil como de paisaje sereno. Creía que salía fugándose del mar, con sus espumas tránsfugas y ese voraz apetito por el aire de sus pulmones. Se sacudió unas burbujas del traje. Parecía labrado por un arado caprichoso, porque los filamentos de aquella tierra dorada se interrumpían asomando la calvicie de la llanura.
Destilaba vapores de antaño y las cápsulas se las tragaba a puñados. Le vieron muchas veces inclinarse sobre licores frutales. Nunca se precipitó en ellos, pero desde el vaho del tipo que siempre estaba en el bar, hacía una pantalla invisible del tiempo y de la caída abisal que le separaba de la descomposición del material de sus zapatos, desgastados en el absurdo de no haber dado un solo paso.

Laura López

LA PANTALLA INVISIBLE

Eran amigos de serie, solían decir, como salidos de la misma fábrica.
Nómada57968 tenía además un amplificador de memoria y le gustaba referir costumbres de los humanos de la era “Clic Away”. Precisamente sustrajo de sus archivos un tema que le llamaba la atención. Hubo al parecer un tiempo en que entre las personas se interponían unas pantallas para comunicarse, para hacer compras, jugar, proyectar películas, escuchar música, etc. y que esto les había generado en muchos casos tal dependencia que habían perdido la costumbre de mirarse cara a cara. ¿Te das cuenta? Ahora solo tenemos que pensarlo para conseguirlo, dijo Nómada9480 a Rubius14030, quien ya hacía rato que le miraba fijamente con los ojos en blanco.

Antonia López

LA PANTALLA INVISIBLE

-Qué es eso que parpadea.
-Serán unos ojos.
-No, fíjate bien ¿no lo ves? Parece que vas a ver algo y luego no ves nada.
-Yo directamente no veo nada, sólo la pared iluminada por una lámpara.
-Te aseguro que ahí hay algo, algo que no se ve.
-Pero ¿qué te pasa hoy?
-No me pasa nada, solo que sé que hay algo delante de esa pared pero no puedo verlo.
-Por qué no pruebas a darle a ese botón. Quizás hagas magia y aparezca eso que estás buscando.
-Ey, no toques ese mando.
-Qué haces tú aquí.
-Cómo que qué hago aquí, es mi casa.
-Sí pero nunca estás a esta hora.
-Pues hoy sí, me dieron vacaciones y con la paga de este mes me compré una pantalla invisible.
-Qué.
-Lo que oís. Fijaos.
Y tocando uno de los botones del aparato, frente a nosotros comenzó a aparecer una imagen.
-¿Qué os parece?
-Ves como sí había algo.
-Sí, ahora una película. Anda, calla, que empieza mi serie favorita.

Cruz González Cardeñosa

LA PANTALLA INVISIBLE

En un pueblo alejado de la ciudad y de los ruidos deformes o exaltaciones de todo tipo, vive un tal Sr. T, que atraía a los que pasaban por ahí a un viaje distinto y directo a los orígenes de todo, te sentaba en una mesa cualquiera con su licor preferido y ahí se ponía a escarbar y encontrar verdades donde nadie las veía.
Sr. T, tenía una intuición magistral que unía amplios horizontes dentro de cada humano
llegando a confrontar en esas dos partes que siempre hay en cada uno y que muchas veces son opuestas.
Esta vez, T se encontró con un viajero exótico, de apariencia normal y gran encanto en su decir.
Este, le pregunta a T: vine a verte porque un amigo me dijo que vos solucionas cualquier tipo de problemas, ¿esto es así?
Y T le dice: depende buen hombre, todo siempre depende de usted, yo solo soy un canalizador de emociones que trata de reconducirlas, pero todo siempre esta en ti, lo bueno, lo malo, todo.
¿Que necesitas?, ¿En qué te puedo ayudar?
Pues resulta que estoy algo perdido, mi vida ya no es lo que era, mis amigos se han alejado y lo poco que me queda, me mira siempre con cierta desconfianza dice.
¿Qué puedo hacer Sr. T?
Y T le responde con cierta crudeza que cuando uno no esta contento con su vida, tiene que darse cuenta que es la suma de muchas cosas hechas de cierta forma que nos llevan a diferentes lugares donde habitamos.
Y a continuación le dice: tomate un trago de este licor, lo hago yo en mi casa y todo aquel que lo toma, entra en cierta tranquilidad interesante para poder tolerarse.
Mire: si usted quiere cambiar, tómese dos pequeños vasos por día de este licor y verá que la vida empezara a cambiar…
Nos vemos en dos meses…
A los dos meses este hombre vuelve y le dice a T, no noto muchas diferencias Sr. T, con la gente todo sigue igual y yo no veo cambios.
Y T le responde: bueno, llegaste en silla de ruedas y hoy estas caminando, no está nada mal…
Para aprender a correr, primero hay que saber caminar…
Y ahí sí, todo tomo sentido y se llevo esa frase en el corazón grabada a fuego para entender
que siempre hay que ir, como diría el Cholo, paso a paso…

Leandro Briscioli


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

Visita nuestra web:
http://www.escribeycrea.com

Visita nuestro canal en Youtube
https://www.youtube.com/channel/UCQtPVp9VFU2hYjtG8xtIJfQ?view_as=subscriber

Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s