LA HORA EQUIVOCADA

LA HORA EQUIVOCADA

En esa hora equivocada,
busco una unión al velatorio.
Busco su buen hacer, sus quebrantos,
y cuando esté edificado,
se alzarán las márgenes grotescas
y vendrán a reclamar,
ventosa para el pulpo amor,
ventosa para el espejo derramado,
y se atraen el viento y la sepultura
y lo que crecía palabra fue haciendo muros,
el muro de la paloma, el muro de cemento
arriba más alto fueron creciendo
palabras bien peinadas
palabras de polémica presencia
la llanura cambio su número
no menos de mil
y cubrió la hora de asfalto
sin coraje, toda la noche cercando
himnos de sobresalto,
toda la noche, la lágrima errante.

En esa nueva equivocada
por los caminos destilados
llamo a la boca violenta.
Que se lancen a la fuerza
que tomen sangre, mediodías y sangre.
La saliva seca se resguarda
que luzcan los puentes, las amapolas
y el silencio de ayer paralizado
entre dos frases.
Conozco el gatillo de mi voz
pero no sé girar mi chaqueta
tengo el pulso de una mujer.

Cuando se haya acostado el último secreto
¿Qué puerta dará su luz?
¿Aullará el lobo?

Clémence Loonis

LA HORA EQUIVOCADA

Cuando legué, el aliento de las palabras
jadeaba estremecido, dividido en distorsiones
como una radio del siglo pasado
que, sin dar señal, trasmitía lúgubres noticias
alfabetos de sangre y alguna que otra bendición.

No entiendo el sistema de los signos,
cuando no escucho una voz
camino por la acera de la soledad
y veo en los escaparates
cadáveres luciendo sus mejores galas.

Llegué despistado una hora contigua a la masacre
justo en el momento en que los niños
había defendido las calles
y, sin miedo, incendiado cada muerto
que germinaba hedores de soborno.

Fue la hora equivocada
aunque vi la fuerza de los ancianos,
luchando con bandas de zombis hambrientos de vida,
equilibristas del mal rastreando casas,
mientras llovían panfletos de esperanza.

¿Quién va a creer en los disparatados
hábitos de la humanidad?
Ni los seres del extramundo se acercan a la tierra.
Nadie sabe por qué el as nunca aparece.
En esta partida, el jocker ha muerto en brazos del amor.

Magdalena Salamanca Gallego

LA HORA EQUIVOCADA

Una pared aplastada por las cuerdas de un violín,
detiene su caída en círculos,
ofreciendo a los transeúntes,
un espectáculo de manos en vertical,
que llena los pasillos,
que esquiva el equilibro sin temperatura.
Por lo tanto,
antes de que la luz se gire y te señale,
la precisión de tu boca
debe acertar en mi corazón.

Hernán Kozak

LA HORA EQUIVOCADA

Las once, son las once sin adornos
sin el jubón de siglos pasados.
Ahí está.
Sigue contemplando el hueco del estómago
desde el precipicio de la tráquea
con su fondo de semillas en los ojos.

Nadie le había visto nacer,
más que un parto fue un crepúsculo de eclipse
cíclope de días pares permaneció en los impares.
El macho anciano le contaba historias ecuestres
y así despegó su estatura.

Cuando mudó la piel también cayeron los dientes de leche
formaron un círculo y creció el hombre.
De un manotazo se desciñó de lo que importa
y subió al perfil de los árboles.
Los orangutanes vencieron el aire con sus puños
y quebraron estrellas en su pecho.

¡El hombre llega a la selva!
los edificios devoran su sombra de orangután
y las ventanas atraviesan su eclipse,
ese que no pudo dejar hace años,
No es la hora equivocada, son las elecciones,
y el orangután se prepara.

Laura López

LA HORA EQUIVOCADA

Albergo una casa vacía
cuando no estás,
sin puertas ni ventanas,
que da a un monte enrojecido y violento.

No conozco el límite de mi razón,
ni lo fuerte que seré cuando te vayas.
Pero, amor,
no vengas
a la hora equivocada.

Pino Lorenzo

LA HORA EQUIVOCADA

De nuevo han dado las doce en el reloj.
Desconozco ese empeño de repetición
pasados cinco minutos de la hora exacta.
Tal vez para no quedarnos prendidos
en algún rincón del tiempo, como pasa
en los teatros antes del segundo acto,
alguien nos avisa de que la obra continúa
y no debemos llegar tarde a la función.

Antonia López

LA HORA EQUIVOCADA

Apresurada templanza alcanzada por labios de sabia
y coloridos sabores deslizándose en tu voz.
Aplastados pétalos atravesados por espinas.
Carruaje de sinónimos y antónimos para un significado,
siempre diferente.
Hilos de seda tejiendo la hora equivocada
en un segundero de cuerda y algodón
sobre almohadas escurridizas a la mañana,
al sol del mediodía.
Cancionero de cascadas salvajes por donde todos,
alguna vez, habremos de pasar.
Espeso follaje de luciérnagas entrelazadas a columnas,
abominable serpentina arrastrándose entre hojas de acanto.

Paqui Robles.

LA HORA EQUIVOCADA

Entraba un día radiante
esa madrugada de otoño,
ancianos y niños ocupaban el parque
que rodeaba la pequeña ermita,
donde el joven sacristán
recogía el altar mayor,
guardaba el cáliz para la próxima misa.
Era hora de cerrar
pero una anciana dilataba su salida
sacando unas monedas
para encender la bujía a Notre Dame.
Sabía que el paso longevo es lento,
miró el reloj y postergó el cierre
unos minutos.
El grito apresó el corazón
se dio la vuelta,
la hoja de un puñal desangraba su yugular,
el ángelus no silbó a su hora.

Ana Velasco

LA HORA EQUIVOCADA

Transito por calles desoladas
y no me explico cómo pudo ocurrir.
El tiempo fue dejándonos de lado
y caímos en un atardecer sin luna,
todo fuego. Alguien dijo a nuestro lado
que eso inexplicable que nos ocurría
era el amor. No le creímos.
Seguimos enamorados y solos,
nada conseguirá separarnos.

Cruz González Cardeñosa

LA HORA EQUIVOCADA

Desigual antítesis, herrada por la usura.
Mutilada del reloj. Huérfana del tiempo.
Encrespada silueta de una memoria
que ya es olvido y no se cansa de recordar.
Espejo que se repite como un eco
de plata y estaño, en el círculo de tu voz.
Suma la oración a tu saliva un dejo de angustia,
por si la penitencia no cumple su promesa
y sigues siendo un juguete en sus dedos de hierro.
Recupera aquí la hora equivocada
en que tu nombre se deshizo
en un ciempiés de huesos rotos
y sonámbulas ocasiones fallidas.
Venía por ti el tiempo, con sus encrucijadas
de deseos encerrados en el pétreo cajón de tu pecho.
Había que expirar un último aliento,
una penúltima desesperanza y arrojar al mar
la flor robada a tus labios entreabiertos.
Me liberé de ti, por fin, y fui ola y fui viento.
Sutil aroma que, en la tarde, sobrevuela las flores.

Ruy Henríquez

LA HORA EQUIVOCADA

Veloz relámpago sangrante del destino,
caigo entre tu piel y el deseo,
en el centro de tu verdad,
en la mirada pérfida del poeta,
que alocado canta para no morir de noche
en la muerte de su voz.

Tropezar era siempre el próximo paso,
nos pasábamos la vida tropezando,
queriendo desconocer el camino,
esa parte del futuro insoportable,
esa maldita fruta prohibida
que siempre volvía agresiva y filosa
a encadenarme en su misterio.

En la barra de un bar,
se ven muchas cosas,
amarguras desgarradas,
corazones rotos por no haber amado nuca,
lágrimas de sangre por no poder decir,
acantilados infinitos,
noche, soledad y travesuras,
una inquietante atmósfera
propia de quien no tiene nada que perder,
todo eso se ve en un bar.

Cuando le hablo al tiempo
y veo cómo su reloj devora vanidades,
veo también que estoy en la hora equivocada.

Leandro Briscioli


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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