UN TREN QUE NUNCA PARTE

UN TREN QUE NUNCA PARTE

Desordeno mis impulsos para llegar hasta ti,
hago giros imprudentes,
castigo mi soledad
y caigo, en el medio del placer y el espanto.

Cuando cae la noche,
la vida se ve de forma diferente, me digo,
los gatos caminando en la cornisa desaparecen,
las musas se mudan de barrio
y los cantores abandonan todo posible suspiro
arrancado del corazón.

Hubo un tiempo donde mirarte
era todo para mi,
me cambiabas la película de manera impecable,
me sentía tu actor principal,
un jinete irreverente típico de otras épocas,
una presa que no podía escapar de tus encantos.

Cuanto aparece otra vez la luna,
siento una especie de libertad que no puedo explicar,
es como si todo volviera a empezar
y los árboles erectos del destino
volvieran a bailar esa balada de amor desesperado.

Te tuve y nunca más pude partir de tus encantos,
nada fue lo mismo desde entonces,
nada de la nada que habitó, en ese momento, mi ser.

Leandro Briscioli

UN TREN QUE NUNCA PARTE

Como una habitación con párpados de sal
donde la tarde
cuenta las cajas vacías de relojes.
Como una tormenta con bastones de humo
donde la boca
no sabe leer las fotografías.
Como un hombre de tobillos de arena
amando las historias
que no supo pronunciar.
Como el equilibrio del cuerpo empapado
que teme al silencio huérfano de manos.

Hernán Kozak

UN TREN QUE NUNCA PARTE

Un beso
provocó el fundido
entre vagones.
Se espera al técnico
que ajuste este percance
pero los labios
cayeron
a las vías cortadas
por sofismas
nacidos de otro tiempo.
Remolón
para emprender
un viaje sin destino,
agotado su aliento
apenas sostiene un guante
que el viajero arrancó
a cierta despedida.
Su titubeo
adaptó un pedal a sus railes,
en derredor hoy
la estación alza cabeza,
y unos niños
recorren los vagones
del tren que canceló su partida.

Ana Velasco

COMO UN TREN QUE NUNCA PARTE

Bajo este techo que no deja de cubrirnos,
frente a esta flor obstinada en su perfume.
Junto al alto ventanal que le gusta a tu voz
y trae el azul que tiñe tus ojos de mañana.
En este déjà vu constante permanezco
como un tren que nunca parte.

Antonia López

UN TREN QUE NUNCA PARTE

Hay un tren que nunca parte
y nunca queda parado,
es de tus ojos verdugo
y de tus labios deseo.

Cruz González Cardeñosa

UN TREN QUE NUNCA PARTE

Cuando una brizna de ti se esparce por la almohada
surgen espontáneamente virutas de trenes pasados
hombres que cayeron como héroes sin estatua,
por sus malvadas artes abrigando noches de guerra.

Sucintas categorías desfilaban sobre mi piel
pero el aplauso pleno conquistó siempre tus galones.
Hay trenes que nunca parten, trenes que anidan el corazón
con la fragancia de un comienzo rectificado en cada encuentro.

Magdalena Salamanca

EL TREN QUE NUNCA PARTE

Érase una vez un tren simbólico: errante, distante,
imposible, perturbable e indigesto para comer.
Después le siguieron los enanos: saltimbanquis,
furiosos, oradores, melindrosos, suaves y sin honestidad.
Descarrilaron, fue una pura conjunción de números.
Las vías exangües mermaron tras las atrocidades.
Piernas y brazos componían tal estanque de bibelots.

Y vinieron los fanáticos: errantes, dibujantes,
sicofantes y perdurables.
Saltó la china empenachada
¿palpitamos, gustamos, groseramente en la estación?
Y unas orejas de adormidera despertaron.
La una, las dos, las tres… vidrio roto, manos locas, tiempo huido
¡Alicia! ¡El conejo tiene prisa!
Hoy no partimos, sigamos con dientes de tigre y viajes de violín.
¡Compren su billete!

Laura López

UN TREN QUE NUNCA PARTE

Es como un tren que nunca parte
aunque, en realidad, el tren
hace mucho que está en marcha,
solo que tú no te das cuenta
o finges que no lo sabes,
porque pensar en ello te llena
de miedo o de angustia,
cuando cierras los ojos
e intentas conciliar el sueño.
Pero el sueño es escurridizo
y no se deja atrapar por quien
lleva su miedo a la cama
o pretende huir, durmiendo,
de aquello que de día le reclama.
Cerrar los ojos y sentir
que el tren nunca acaba de partir
mientras tú sigues esperando
que lo irremediable no se produzca.
Pero lo irremediable tiene ese nombre
porque tú no tienes otra respuesta
a la pregunta que el destino te hace,
más que guardar silencio
y mirar para otra parte.

Ruy Henríquez


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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