LA AUSENTE

LA AUSENTE

La plaza está vacía,
tiene un manto de restos de agua
que hacen que la noche congelada
busque refugio en las puertas cerradas.
Sólo ella, la ausente,
pone sus ojos a disposición del tiempo.
Se rompe y consiguen levantarla
los pájaros quemados por la luna.
Grita y las paredes esquivan su temblor.
Repite una verdad que a otros les quema la garganta.
Ahora que están durmiendo,
estrechados los oídos en la cuna,
canta con sus labios mordidos por la luz.
Es peligrosa y nadie lo sabe,
tal vez por eso
puede seguir
amando las calles.

Hernán Kozak

LA AUSENTE

Se atropella un suspiro
en el desvío perfecto de la piel y los encantos,
para volver a empezar de cero
en el lugar donde cae la luna.

Hay días,
donde mi voz alcanza lugares imposibles
y otros donde quedo detenido esperando la noche,
la sutil mirada del goce y el deseo.
Para cambiar la página, me digo,
hay que tener un nuevo plan,
algo de locura abstracta
donde los soles se coloquen
bajo una nueva melodía.

Hago de ti, sonidos que me acercan al alma,
algo de lo nuestro que sigue ahí,
algo que me impulsa y me desata,
algo de mí que sigo buscando.
Hoy no llego a la cita.
Ausente, gritaron los leones,
y así, fue difícil empezar.

Leandro Briscioli

LA AUSENTE

Siglos de lluvia se anuncian
en las noticias de los telediarios,
lluvias de espejos, de lágrimas fugitivas, de golpes dorados
en las cumbres.
Los hombres envainan sus espadas y lloran
en silencio.
Siglos de lluvia que caen,
como un muerto,
sobre la tierra,
frágil de ensueño,
de caminos agrestes y curvos
que pierden el color.
Siglos de lluvia que arrancan,
como a la madre su hijo,
mis ilusiones.

Pino Lorenzo

LA AUSENTE

Jugó con las ramas doradas
usando espigas de trigo
a modo de corona de laurel.
Su frente ocasionaba pérdidas
a los más augustos comensales
en la cuantía de su molicie.
Era una traducción primordial.
Sus ojos miraban desde cualquier
objeto de burla o de desdén
y su boca pasaba por ser el único
verdadero confín del universo.
Era entonces la madre de los dioses
porque de su vientre habrían brotado
todas las imágenes:
desde el mono danzarín hasta las oscuras
embarcaciones abandonadas
durante siglos en el inmenso océano
de las preguntas posibles.
Así era la ausente perpetua
era el pez que no se deja capturar
y el laberinto en el que pasamos
toda la existencia. Pero, sobre todo,
era ausencia en el decir porque
ella es lo que el interpelado acusa
como defecto de forma y también
el teorema basal indemostrable
que muestra el decorado humano.

Kepa Ríos Alday

LA AUSENTE

El alma se encarama anhelante en la ladera musgosa y verdinegra
en tu rasgador partir al tajo con la eterna cencellada,
serpentea en cada recoveco de la hojarasca amarga y herida,
zahurdón que ciega la mirada de la esposa ausente que escudriña
tu silueta sobre el volcán de Saturno incandescente,
avío del alma que se ciñe a la hermosa perspectiva de la luna.

Lamentos salpican el acerico de madres que bordan la espera
lloran silenciosas, simiente sagrada que dulcifica tu nombre,
jabardillos de colores te guían con su mortaja de trino ahogado
los días en que la tierra te engulle en el vespertino sangrar del alba,
ausente, aguardo en el crepúsculo, seduciendo a la muerte
sobre una cima de hulla quebradiza que te muestre la salida.

María González

LA AUSENTE

No sé lo que hay detrás de ti. Nunca lo vi.
Eres partidaria de años y recuerdos
por eso cuando estrujo tu nombre,
aparece jugo de lo absorto.
Tal vez esa sea la razón por la que no quiero baños acrílicos,
prefiero el mar con su oleaje, poniéndole sal a los barcos.
Así, poco a poco, deja de importarme cuándo fue el naufragio.

Da tristeza nadar hasta la orilla sabiendo que no volverás
por eso me sumerjo en los párpados y cuento rinocerontes.
Otra vez encontrarte en las renuncias,
otra vez empezar a querer
sin tanto nudo en las articulaciones.

Mudo los bemoles, he de apresurarme, no más ayer feliz.
Mi casa se abre como un puerto, hay mucho que hacer.
Siempre participaste de los adjetivos.
Ausente de ti, me llevaré los verbos.
En el horizonte hay otras voces.
Partir, vivir…olvidando.

Laura López


LA AUSENTE

En el estanque dorado de tu soledad
donde los abedules esconden su verdadero nombre.
Allí, en la línea infinita de la muerte, confluyen tus ausencias,
ese sin más de un instante que te lleva al regocijante encuentro
donde sólo existe uno, donde la ley aún no llegó.
Esa miserable insistencia que te anida
de volver al permanente volcán de la locura,
a la parálisis de las horas,
al ciego amor de una madre muerta, debe desaparecer.
Tú eres esa mujer que ni tus sueños alcanzaban
un fragmento del mundo que se mantiene firme
una bofetada a la perversidad del pasado que se aleja
en cada madrugada, en cada verso por escribir.

Magdalena Salamanca

LA AUSENTE

Se libraron de tus zapatos las hojas ausentes del parque.
Se atragantaron tus manos de no echar pan ni a los patos.
Se diluyeron tus ojos verdes en el espejo antiguo del lago.
Como soldados que esperan una orden de avanzadilla,
sobre la mesa se despliega este puzle de mil piezas.
Guardaré estas provisiones de memoria para otro porvenir.

Antonia López

LA AUSENTE

La ausente esconde su presencia
frente a la mirada del que quisiera ver
y no ve nada.
Huella desbordante de la danza
al compás del silencio
que nunca llegó.
Atrapada entre olas de espuma
habitas,
siempre libre,
siempre prisionera,
intentando escapar del bramido
de animales salvajes
que anuncian tu llegada.

Paqui Robles.


LA AUSENTE

Se discutía sobre una figura baja de atribuciones
de donde la razón se había exiliado.
Flechas cruzaban de un lado a otro de la conversación
todos sabían que aquellas no eran las nocivas,
tan solo lances para distraer al público.
La dañina estaba en la ballesta,
a la espera de que surgiera por la puerta
la que rotula este poema.

Ana Velasco

LA AUSENTE

I
La casi ausente noche
y los bordes desprendidos
de un corazón sin sueños
alimentaban a aquel dios
de grandes ojos verdes
y largas piernas
como zancos de fiesta.

Dejó sobre la tierra la guerra.
Cruenta, inútil, endémica guerra.

Mientras partía hacia el infinito,
su voz resonaba:
«Nunca me olvidaréis
yo soy la posibilidad de renacer».

Bajo sus pies, una flor crecía
en el inmenso desierto.

II
Tras la empalizada
dos muchachos aprendían la vida:
El trabajo, las mujeres, los compañeros,
la injusticia, el miedo.

Crecían bajo el cielo impetuoso
del invierno y, al llegar la noche,
eran los dueños: amantes, guerreros…

La muerte llegó, aunque no sobre ellos.
Saludaron con respeto y partieron.
Que siga ausente, se decían,
ya llegará el tiempo.

Y caminaban por el sendero
con bastón y sombrero.

Cruz González Cardeñosa


LA AUSENTE

De lejos miro perderse el mimbre de las horas
con la muerte balanceando mi espíritu ausente.
De todos los vestíbulos anidando en el corazón de la serpiente
surge un arpegio entre tu risa descalabrada
y mi voz se pierde ausente en esta poderosa selva ciudadana.

Paola Duchên


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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