MECHACHIS EN LA MAR

MECHACHIS EN LA MAR 

Asesinado, lo encontramos flotando en la orilla, moviéndose todavía por el ir y venir de la historia de una ola. ¿Vendrá del mismo lugar de donde vienen las olas a miles de kilómetros del arameo, olas superficiales, cuerpo vagabundeando desde el oriente, ardiente, a miles de kilómetros? Fue transferido por el impulso de la atmósfera del agua, subiendo a la altura del viento. Las olas mayores vienen de tiempos remotos, de tormentas distantes que agitan la superficie del océano e irradian olas hacia afuera.Cada molécula de ese cuerpo, (no sabemos cuándo fue cadáver, el médico forense, indicó una vaga fecha, días, olas, como las que viajan hacia adelante y hacia atrás, en un círculo, y regresan en su punto de partida), cada molécula de ese cuerpo, las que quedaron atadas a esta osamenta, circularon con las moléculas del agua que acumulan una energía gravitacional y se liberan cuando el agua desciende hacia la depresión de la ola. Sobre este subibaja viajó kilómetros el cuerpo, quizá murió a unas millas de la playa, quizá viene muerto desde otro océano. Lo mató la mar dijo el forense, porque quiso llegar rápido.

Clémence Loonis


MECACHIS EN LA MAR
 
Enrique tuvo dos o tres días de una tremenda tristeza y cuatro o cinco de un enfado perpetuo, ni el mismo se aguantaba.
Hasta que alguien le dijo, “no es para tanto, ya iras el año que viene”. Y ahí, asumió que ese verano no vería el mar.
Pero como el ser humano es complejo y nada es tan fácil como parece se dio en él un cambio sorprendente.
Para decir que algo le molestaba, comenzó a utilizar la expresión, “mecachis en la mar”.
Para expresar sorpresa, “la mar salada”.
Para la hora de la siesta, “calma chicha”.
Para cuando todo iba bien, “viento en popa”.
Y como si de un hechizo se tratara, el uno de septiembre, al regresar al trabajo, todas esas frases terminó por llevárselas la marea.
 
Hernán Kozak


¡¡¡MECACHIS EN LA MAR!!!
 
 No hay nada en el mar que pueda confundirse con la densidad de tus besos. 
 Magdalena Salamanca

MECACHIS EN LA MAR

Se partió el menisco. Era martes y la mar nunca le abandonaba. Llegó a confundirse con ella. Quería hablar y le salía espuma. Levantaba un brazo y el movimiento de las olas se apoderaba de su carne. Los músculos se movían en gelatina emulando un vendaval y sus ojos eran faros, luceros, donde las gentes de la acera arribaban pidiéndole un naufragio. Los gatos hacían de sus pies arena y orinaban y defecaban sepultando bajo sus insultos un maullar salvaje, como de lince. Pero lo peor fueron los arrecifes. Encallaba un abogado, un médico, el chico del supermercado, la chica de la floristería, el hombre de la tienda de videojuegos y la auxiliar del dentista, que de tanto sonreír, abrió allí mismo su consultorio. No le dejaban dormir. Montaban pleitos, salas de operaciones, los chicos le trepaban por los sueños jugando a marcianitos y la comida ya no olía a comida, todo eran flores. El menisco estaba roto, pero era lo de menos, tenía un médico en el arrecife. Le darían el alta. !Mecachis en la mar!

Laura López

MECACHIS EN LA MAR

Ha llegado la revolución para las personas con problemas de próstata. Se trata de un mecanismo para poder hacer pis en el mar. Por sólo cincuenta euros podrá adquirir este mecanismo innovador. ¿Esta pensando ir de vacaciones y le asusta la idea de tener que ir al servicio de la playa? Con el nuevo Mecachisenlamar se acabaron sus problemas.

Kepa Ríos Alday


MECACHIS EN LA MAR

Estaba en el vestuario cambiándose para marcharse a su casa, acababa de salir de la ducha y estaba en ropa interior cuando una voz la sacó de su ensimismamiento. – “Te he traído un escapulario de mi viaje a Covadonga”, la dijo, – “ya sabes que te tengo mucho aprecio”
Mariluz la miró de reojo. Había tenido operación en traumatología, veía rótulas por todos los sitios.  Estaba cansada y perpleja a partes iguales. Intentó morderse la lengua, se lo había prometido a su supervisora, pero su condición no la dejó. – “Tratándose de mí, hubiera sido mejor una botella de sidra me aliviaría más que el colgajo ese que me has traído. No sé qué pretendes, pero a estas alturas ya no me cambia ni la mismísima Virgen, ¡que no se te olvide! Y…por cierto ¿has dormido bien?”.

  • “Me cachis en la mar qué mal educada eres. Arderás en los infiernos, y no sé por qué me preguntas por cómo he dormido”-. Dijo Irene mascullando entre dientes y visiblemente nerviosa.  Mariluz sonrío pensando en cómo sería eso de arder en los infiernos. –“No puede ser peor que soportar a una beata de doble moral”-pensó. 
    Hacía una semana desde que la supervisora las llamó al orden. Se había armado la marimorena en la sala de descanso cuando Mariluz había perdido los papeles. 
    El día anterior había ingresado una mujer en estado muy grave con un aborto fallido que alguien con muy poca pericia técnica le había provocado. A la hora del descanso, las enfermeras chismorreaban sobre la pobre mujer. En un momento determinado la conversación empezó a virar por otros derroteros. Ocasión que aprovecho Irene Zapata para hablar sobre el derecho a la vida, satanás, la eutanasia, la sociedad degenerada de gays y lesbianas y la juventud de rojos sin valores. Las compañeras sonreían con disimulo y esperaban ansiosas el momento en que a Mariluz se le hinchase la vena del cuello, le faltaba muy poco.  Mientras, ésta trataba de controlarse ensañándose con una tostada, que voló por los aires cuándo escuchó a la susodicha decir que los niños deberían de ser bautizados en el hospital nada más nacer para que no vayan al limbo. 
  • “¡Coño, pero ¿nadie le va a decir a esta beata qué deje a la gente vivir como quiera? qué no la aguantamos más! Estás muy jodida Irene. Deberías de ir a psiquiatría y que te vea el Doctor Menassa. No puedes ir por ahí aleccionando a la gente. Limítate a trabajar con ética y deja esa mierda de ideas para esos tugurios a los que vas a rezar. Anda, cuéntales que, la semana pasada llamaste a tu amigo el sacerdote para que diera la extremaunción al señor de la 129, ¡que era musulmán!, Ah, y no me reproches con un me cachis en la mar…me pone enferma…”- Irene empezó a llorar desconsoladamente y se fue a buscar cobijo en la supervisora y después en su confesor, el párroco del hospital.  Parece ser que se conocían de toda la vida. Después se cogió una semana para irse a Asturias de vacaciones. 
    Era lunes, Mariluz, se levantó temprano para ir al gimnasio. Le esperaba un día muy duro y mejor estar en plena forma.  La calle estaba vacía, por suerte todos los semáforos estaban en verde, excepto el último antes de llegar al gimnasio. Se fijó en el edificio antiguo color azul, allí vivía Adolfo el párroco del hospital, le había llevado un día a casa. -” Un tipo raro, el tío este”- pensó-. Justo en el instante en que el semáforo se puso en verde, pudo ver a una mujer que salía del portal, le llamó la atención que llevará un pañuelo en la cabeza y gafas de sol a las 6.30 de la mañana. Se fijó con detenimiento y pudo comprobar que era Irene. Sus andares eran muy característicos, juntaba las rodillas al andar.  No pudo contener la risa. –“Me cachis en la mar, qué pensará Dios de todo esto”- pensó.  –“A mí la verdad me importa un bledo, a ver si con suerte llega aliviadita al trabajo”- Perdió la oportunidad. El semáforo se volvió a poner en rojo.

María González

¡ME CACHIS EN LA MAR!

Volvía de la compra y las bolsas se le cayeron de las manos, River estaba sobre el alfeizar Nico competía con las cotorras desde el almendro del porche. ¿Cómo han llegado hasta ahí se preguntó María llevándose la mano a la cabeza? ¡Me cachis en la mar! Olvidé poner la pinza en la jaula, ya me dijo la niña que el pico de estos pájaros es más despierto que la mano de un cerrajero. 

Ana Velasco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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