NECESITAMOS DISCUTIR

NECESITAMOS DISCUTIR

Nos encontramos en una linda terraza con vistas al mar y notamos una especie de clima hermoso que nos conduce solos a cada minuto compartido.
Todo es ideal, las palabras vuelan solas y tocan cierta realidad que nos permite fluir sin pensarlo agarrados entre miradas y tocándonos bajo la mesa.
Es tan bello esto que no lo tolero, necesitamos discutir.

Leandro Briscioli

NECESITAMOS DISCUTIR

  • ¿Tú crees?
  • ¿Por qué lo dices?
  • Por si acaso, pero no me lo creo.
  • Ella me lo contó.
  • Jajaja, y tú te lo creíste, ingenuo.
  • No hables así de mamá.
  • Ni tú de papá.
  • Ni ella es una puta y él un hijo de puta.
  • Querido, los Reyes son los padres…
  • No te puedo creer, para mí los padres son los reyes.
  • Mira que te gusta discutir.
  • Lo mismo que a ti.

Magdalena Salamanca

NECESITAMOS DISCUTIR

Necesitamos discutir sobre la llegada del viento, dijo susurrándome al oído, aprender a tejer las banderas que ondean sus movimientos. Estaba sumergido en sus palabras, cuando llamaron a la puerta. Molesto por la interrupción me precipité a abrirla. ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? La puerta ya estaba abierta, una gran ráfaga de viento la había abierto bruscamente.

Paqui Robles.

NECESITAMOS DISCUTIR

Necesitamos discutir para no morir congelados -le dije- pero ella no contestaba. Me sentía culpable porque la idea del iglú había sido mía. Entonces me inventé esa historieta que le salvó la vida: le dije que me volvió la batería al móvil milagrosamente, a veces pasa, y justo me entraron unos mensajes de mi amiga de ballet que eran unos vídeos de la danza del cisne, entonces no pude resistir darle al play y justo cuando se empezaba a reproducir se volvió a ir la batería.
¿Quién es esa amiga de ballet…? – La que hace unos segundos parecía estar muerta, abrió súbitamente los ojos llenos de energía -¿Desde cuándo tú haces ballet?-. Bueno, cari, es que cuando fui a recoger a la niña estuve hablando con la profesora y asociando libremente llegué a darme cuenta que el ballet y la danza en general eran los grandes deseos reprimidos de mi infancia. Digo mi amiga de ballet, pero es mi profesora, lo que pasa es que también somos amigos.
Entonces ella me empezó a echar en cara la idea de veranear en el polo norte. Una idea -dijo- propia de alguien que no está en el mundo y no se entera de lo peligroso e impredecible de los deshielos. Dijo también que yo aún no había salido del coño de mi madre, que la cabeza se me había quedado dentro y por eso no podía ver nada ni leer nada ni me enteraba de nada del mundo, porque mi cabeza aún estaba adentro del chichi de mi madre. Y así pudimos sobrevivir, los dos calentitos, hasta que llegó el barco de rescate.

Kepa Ríos Alday


NECESITAMOS DISCUTIR

Apenas estuvo un minuto en la sala de espera. Tiempo suficiente para contar las baldosas de aquel suelo de cerámica roja y sacudirse una pelusilla. Un hombrecillo menudo le mandó pasar a un cálido despacho y le preguntó que le he había llevado allí.

  • “Dicen que me gusta discutir. No es verdad. Simplemente soy una persona inteligente a la que no le convence cualquier respuesta de cualquier persona”-le dijo con tono indiferente.
    Tras cuarenta minutos de un discurso similar, el psicoanalista le informó sobre el método de trabajo y sus honorarios. Narciso, que así se llamaba el sujeto, le interrumpió abruptamente:
  • ” Mire hay algo que necesitamos discutir antes de continuar ¿es Usted freudiano o lacaniano?”

María González

NECESITAMOS DISCUTIR
Era un domingo, un día como un buque sumergido, donde el tiempo a cuenta gotas descamaba el presente, levantando la piel. Había tanta luz y súbitamente tantas dimensiones del ayer… Ahí ni siquiera respiraban las hojas. Había meses en los que querían volver con los ojos cerrados, olerlos llorando y vestirse de aquellos días, como una nostalgia creciendo en torno a un gran banquete. Era como una huella confusa sin sonido ni pájaros. De nuevo comenzaba la cantinela. Porque tú dijiste, porque yo dije, y así se pasaban sin decir, sin querer queriendo y sin decir diciendo. En una de esas sobrevino el silencio, y se hizo aún más insoportable. Ahora necesitaban discutir, por lo menos algo sonaba, sonajas y no mortajas.

Laura López

NECESITAMOS DISCUTIR

Vas contando por ahí que siempre hago lo que quiero, vienes a casa y te encierras de nuevo con tus cosas y con solo nombrarte el verano te peleas con las puertas, cuando fuiste tú quien le dijo a los niños que lo pasaríamos en Soria. En unos días te dejarás crecer la barba, luego me dirás que no paro en casa, que si me estoy viendo con otro. Hace tiempo que supe que solo son los preámbulos del estallido, pero no consigo acostumbrarme a esa necesidad de discutir para encontrar el orgasmo.

Ana Velasco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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