ESCALANDO EL VIENTO

ESCALANDO EL VIENTO

Voy hacia ti
imposible roce de cercanía
que cae sobre mi boca
y se transforma en un nuevo despertar.

Cada tanto,
recorro con pasión tu mirada
buscando ese aroma perfecto
que se clava en mi,
y sube buscando una altura cósmica
para volver a caer.

Quiero de ti,
los encuentros futuros,
la lluvia que moja,
el sol que me quema
y la luna que penetra tu saber.

Escalando el viento,
encuentro el eco de tu cuerpo
mezclado con mi ambición.

Leandro Briscioli

ESCALANDO EL VIENTO

Escalando el viento que te hace arena
trepo los costados de tu cadera
y llego al vértice de nuestros besos.

Los tiempos se silencian, se violentan
se zambullen minuciosamente en pausas
por los caminos de tu pentagrama.

Quizá nadie nos encuentre,
quizá ni la luz del día despierte
al latido oculto de las horas.

El viento esparce tus arenas sobre mí.

¿Lo escuchas?
Ululan las notas de nuestra melodía
mientras se componen tambores,
salvajes partituras integras, solo para ti.

Magdalena Salamanca

ESCALANDO EL VIENTO

Escalando el viento
aproveché el olvido
para navegar entre mejillas,
que como mariposas
desplegaban sus alas
para llegar al silencio
dibujando al amor
en cada una de sus formas.
Intrépidas vertientes submarinas
se atrevieron a perseguirme
sin cansancio
hasta fundirse en una nueva piel,
eterna y lunática,
imposible.

Paqui Robles.


ESCALANDO EL VIENTO

No tiene peldaños tu sueño,
por ellos sube una mano
que te acaricia con dulces
palabras de reconciliación.
Te pide en calidad de mano
que la saludes abiertamente
como a tu propia hermana.
Entre las dos, atrás, abajo,
vamos dejando más lejos
el dominio de los perros
con nuestros movimientos
que están todos escritos.
Por eso te pido que escuches
de esta mano las lágrimas sinceras.
De esta mano ahora ardiente,
infectada del germen fatal,
vírica secuencia de la pasión,
de esta mano tendida, expuesta
a la devastación por alimañas
o envidia en capitales insanias…
De esta mano cultivada
pero también contagiada, que alberga
la cepa de la moral y de la infamia,
oye la oferta desesperada, la súplica
de su rodilla hincada, ofreciéndote
lo que quieras, lo que más te guste,
lo que prefieras tu de esta ingente
y profusa escalera transparente
o mi propia cabeza humana.

Kepa Ríos Alday


ESCALANDO EL CIELO

Diminutas flores se estremecen con el zurcir del viento
porfían a la vida entre lúcidos vericuetos volcánicos,
brotan valientes a borbotones en la tierra sin pan.
Mudas de desolación, en cárcavas purpureas y pedregosas
brindan combativas con la luz de la existencia.

Formas geométricas, trazan vergeles imaginarios
en una tierra preñada de jugos etéreos,
parábolas e hipérboles en nubes de aflicción metálica
escudriñan paisajes, trazan rendijas espirales adorando al sol,
se lanzan al abismo, a la muerte, escalando el cielo.

María González


ESCALANDO EL VIENTO

Hay un zoológico en mi selva,
el corazón de las fieras permanece quieto
los umbrales de la noche están gastados
por la inoportuna, la que caldea en los propósitos
y corre por un río interminable
hasta llegar en forma de ola
para devorar conciertos de insectos.
Ahora no podré vivir sin música.
La del vestido gris coloca trampas a los pájaros.
El tucán con el pico de azufre desmembra su canaricatura
es como un terrible húsar con el uniforme pintado por la batalla.
Déjala morir en su terrible cuadro
finge un festín de ostras con una perla dentro.
Ahora preside en mi sudor terrestre una cabellera
de motines en un cuarto.

Sucede que quiero con el alambique
destilar mi sombra y por el ojal de la aguja
hacer subir una brisa marítima
las aspiraciones crecen a la medida del traje.
Estoy cansada de las grietas que utilizan el traspiés para tragarme.
Hago la maleta con un golpe de oreja.
Cierro puertas, me destilo, paseo con calma,
con el estruendo del día y cruzo oficinas y ortopedias
donde está permitido cojear, reír y equivocarse.

Laura López


ESCALANDO EL VIENTO

No fue un huracán cualquiera
el desaliento pintaba los días
y aún estamos recogiendo las piltrafas
del implacable caníbal.
Buscamos botas para escalar
aquel viento de cenizas
pero solo encontramos calcetines.
Un aclamado silencio
mantuvo el pulso al despecho,
cuando la muerte doblaba la esquina.
Sobre esas astillas buscamos el amor
y una luciérnaga
para ascender a la alborada.

Ana Velasco


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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