LA PRINCESA SIN VESTIDO & QUIERO SEGUIR CON MI VIDA

LA PRINCESA SIN VESTIDO

Era de noche y llovía y caminando sin dirección por la calle, con el afán de perderme en sus escombros, veo una luz al final de la calle y voy en esa dirección.
Allí me encuentro una mujer sola sentada en la barra de un bar y al entrar la saludo y ella ni se inmuta.
Entonces pido algo para tomar y empiezo a notar que estaba triste, que estaba sola, que no quería nada.
Una soledad fea e innecesaria me digo, pero con calma, dejo que el tiempo pase para ver si eso me podía agregar un nuevo matiz.
Ella gira su cabeza y me dice: Yo fui princesa, ¿lo sabias?
Yo le digo que no, que no tenía ni idea quién era.
Que solo veía una mujer triste y sola.
Y ella me empieza a contar una historia tan enroscada que a mitad de su decir la interrumpo y le digo:
¿Eres algo así como una princesa sin vestido?
Si, tal cual, eso soy, todo lo que era quedo en el pasado, ya no brillo, ya no deseo, ya no me interesa nada.
Yo, por lo bajo, me digo: aquí hay mucho trabajo por hacer y ni siquiera sé si merece la pena, pero otro en mí tenia ganas de buscar una primera sonrisa en ella que permita relacionarnos mejor.
Y le pregunto en tono cercano: ¿y si te compras otro vestido y te transformas en otra princesa?
Ahí ella ríe, creo que no se esperaba algo así, le gustó de alguna manera.
Se hizo de día y fuimos juntos a buscar un vestido, ella estaba contenta, tenía otra mirada, entramos a una tienda y me dice: quiero que lo elijas vos.
Yo, que de vestidos sabía bien poco, le digo: me gusta éste, era cortito y se dejaba ver algunas partes de su cuerpo.
Ella acepta y al salir de ahí me dice: bien, ya tengo el vestido, ahora me tienes que hacer princesa…

LEANDRO BRISCIOLI

LA PRINCESA SIN VESTIDO

Fue la única que no quiso demostrar que era una princesa, por eso supimos que era ella.
El resto llevaba unos vestidos imposibles, se comportaban como si el mundo les debiera algo e incluso traían personal de servicio. Cumplían con todos los tópicos del que utiliza un traje del que desconoce su historia.

QUIERO SEGUIR CON MI VIDA
Cuando la descubrimos, nos dijo que venía obligada y que tenía la esperanza de pasar desapercibida.
• No quería venir? Pregunto la anciana mezclando en su garganta tristeza y paz.
• No, según parece quería continuar con su vida actual.

Hernán Kozak

LA PRINCESA SIN VESTIDO

Ella no era una princesa, era una mujer vendida a la cartera de los cuerpos, los grasientos dedos del hambre tocaban su vientre a la luz de una farola rota, que alumbraba la indigna manera en que él agarraba su cuello al compás de una mamá, que da todo, sin tener apenas un resto de semen en la comisura de sus labios. La princesa sin vestido, la llamaban. Aunque ella se sentía una mujer de la calle cada vez que su marido la obligaba a arrodillarse bajo la farola.

QUIERO SEGUIR CON MI VIDA

Quiero seguir la vida de mis sueños, pero en este momento no tenemos tiempo para nada, la locura ha pausado los deseos y las manos sudan por la carencia de manos y los besos no encuentran boca ni labios, ni siquiera hay tiempo ni lugar para la muerte.

Magdalena Salamanca


LA PRINCESA SIN VESTIDO

¡Te he dicho que no! Me has encerrado durante muchos días y ahora me dices que no hay tiempo de llenar el foso para que se refugien los peces, no quiero ponerme el vestido.
No te enfades princesa, mañana volveremos y levantaremos sobre la arena una nueva torre para que despunte tu castillo.
Aquello pasó, también yo volveré al trabajo, los domingos reanudaremos las visitas y abrazos a los abuelos, iremos al zoo y al circo, los mayores nos besaremos. Antes de darnos cuenta estaremos poniendo el árbol de navidad junto a la escalera y nuestros rostros volverán a ser enteros.

Ana Velasco


LA PRONCESA SIN VESTIDO

Estaban las dos en aquella pradera perdida en algún lugar de la sierra de Soria. Como una estaba sin vestido nos quedamos petrificados al verlas como si hubiésemos inadvertidamente interrumpido alguna intimidad, pero después enseguida nos dimos cuenta que ellas sí que nos debían haber oído y habían decidido, quién sabe porqué motivos, no avergonzarse en absoluto, y quedarse como estaban. Habían tenido perfecto tiempo para marcharse y no lo hicieron. Una de ellas, de la que se enamoró mi amigo, se había puesto el vestido, pero no tenía ropa interior ni tampoco intentaba ocultar las partes más femeninas de su cuerpo; la otra, de la que me enamoré yo, ni siquiera se había puesto el vestido y estaba totalmente desnuda. Eran dos rubias hermosas de ojos azules, muy parecidas, eran gemelas. Empecé a besar a una de ellas y cuando salió corriendo entre la maleza fui tras ella. Jugamos un rato e hicimos el amor. Me dijo que se llamaba Leonor, y me pareció el nombre más bello del mundo; tan dulce y delicado, de sonoridad profunda y nasal. Después volvimos al lugar donde nos habíamos encontrado y allí nos encontramos con mi amigo y la otra chica, que también parecían haber hecho muy buenas migas.
Todo fue tan mágico que ninguno de los cuatro sabíamos qué decir y todo eran miradas radiantes y sonrisas pícaras. En seguida ellas dijeron que se iban, casi no nos dió tiempo a preguntarles nada sobre quiénes eran y qué hacían allí. Ellas tampoco parecían sentir ninguna necesidad de dar explicaciones. Se fueron en la dirección descendente hacia el valle y mi amigo y yo seguimos ascendiendo hacia la sierra. Mientras caminábamos íbamos pensando si no habría sido alguna aparición sobrenatural, dos ninfas del bosque… no entendíamos el fenomenal misterio de la aparición. Entonces quise hacerle una broma a mi amigo: La mía me dijo que se llamaba Náyade, ¿no serían dos de las hijas de Zeus? -Le pregunté chistoso. Pero él, entretenido con sus recuerdos tan recientes, no entendió la broma en absoluto. No, -respondió- mientras estábamos descansando, Sofía ha recibido un mensaje de un tal Felipe, y como yo no le dejaba responder me ha dicho que es su padre. Me lo ha dicho en serio, y he visto que respondía: «todo bien papá, mañana volvemos». Y entonces me ha dicho que son de Madrid. Deben ser veraneantes como tu.

Kepa Ríos Alday


LA PRINCESA SIN VESTIDO
Arrancada de su cuarto, caminaba desnuda por el pasillo del tiempo. Versionaron su boca de fresa y la hicieron alcanzar el centro mismo del cenit de sus lamentos. Anudaron el color y la risa, lo pálida que estaba en su sillón de oro y esculpieron una sombra magnífica tras el perchero de las niñas sin sueño.Difuminada en la penumbra, marchaba hacia alguien que la adoraba sin verla, sin vestido y sin ojos.
Seguía en los cuentos, pero ahora era libre junto a la nube, a la nube en pantalones.

Laura López

LA PRINCESA SIN VESTIDO & QUIERO SEGUIR CON MI VIDA
La vio acercarse con determinación por el camino pedregoso que separaba el castillo del estanque. Se contorneaba con garra en aquel vestido rojo ceñido que la sentaba de lujo. Podía intuir aquellos pechos redondos y firmes que le resultaban tan tentadores. Con un triple salto mortal se escondió entre los juncos.

  • “Sal de ahí inmediatamente y bésame. Es una orden. Soy una princesa”- le dijo. Él rechazó la petición hasta tres veces, una firme, y dos dubitativo, una por cada seno blanco como la nieve. Ella, astuta leyó la duda en sus ojos grandes y saltones. Entonces con una risa pícara y maliciosa, empezó a quitarse el vestido y se quedó completamente desnuda.
  • “Déjame. No quiero mirar. ¡Aléjate bruja! No quiero dejar de ser un sapo para convertirme en tu príncipe, quiero seguir con mi vida en esta charca, plácida y tranquila”-dijo el incauto. Si no era un hechizo sería otro. Esa noche en venganza dejó de ser una princesa para convertirse en la garza que siempre fue. Adoraba comer sapos.
    Maria González

QUIERO SEGUIR CON MI VIDA
Ella salió del estupor, no era ni grande ni deshecho, salió, allí de donde la podían ver, salió, como Lucrecia pero sin espada.
Por un simple polvo, de esos que levantan valentía, que te cubren la piel de tramas y ramas hacia ese mortal, y te dicen: cuerpo sí, crecido y temblando, vivirás hasta el fin viva, con alas y despertares, con este indispensable que acaricias para estar, para trocar verdad por futuro.

Simple, que deja dicho su largo lugar, emblemas y palabras repetidas en los besos. Es una salud abierta a las olas, una contienda de manos estrepitosas, un cielo donde una vez caminó y ya no camina.
Abdicó de su deseo.

Actores de todo tipo participaron, vieron en esa pantalla la lujuria del sin sentido que rodó de teléfono en teléfono. La fantasía que cada cual se apropiaba nutrían las conversaciones. Las imágenes llegaban a las casas, al trabajo, a los bares, los comensales se unían compartiendo muecas de interpretación fija, al tiempo que ella se situaba en su historia de mujer, casada pero feliz.
La miraron de reojo, otros se acercaron como al deseo disponible, unas dejaron de hablarla, alguna que otra amiga la sentó y le reprochó su desfachatez. Qué el goce atrapado por la luz coloca a cada cual en su moral. La abuchearon con frases, gestos atravesados de envidia y rencor. Cuánta gente tomó su nombre al estilo de los clásicos. Meretriz o lupae, virgen desflorada, infidelis y así le cayó los epítetos que le hablaron a sus recuerdos.
Cómo deshacerse de la historia cuando tu marido la repite insolentemente y tu madre que ve su propio fantasma. Habitada de golpe por pequeñas linternas de fuego, en el cielo donde una vez caminó y ya no camina. Abdicó de su deseo.

Clémence Loonis

LA PRINCESA SIN VESTIDO

“Quizá sea demasiado pronto o quizá… muy tarde” se decía la princesa, que siempre sentía dudas. Pero, aquella vez, habían llegado demasiado lejos, ni una pizca de sentido común habían mostrado aquellos insensatos al nombrarla princesa sabiendo que aún no tenía el vestido preparado.

QUIERO SEGUIR CON MI VIDA

Caminando se puede uno caer, tropezar y volverse a levantar, tantas veces como camines, tantas veces caminar. “Quiero seguir con mi vida”, se decía al andar el caminante que sin tregua se atrevía a pasos dar. Más cuando menos lo esperó el camino se cortó. Por lo que hubo de detenerse y cambiar de dirección para lo que no imaginamos ni él, ni tú, ni yo.

Paqui Robles.


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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